Exculpar al régimen marroquí de Mohamed VI y presentarlo como un aliado fiable ha sido uno de los lamentables ejes del discurso de Pedro Sánchez desde que este verano estalló la crisis en Ceuta.
En lugar de señalar el papel esencial que ha tenido la dictadura alauita en estos acontecimientos —en connivencia con la Administración Trump y el régimen sionista de Netanyahu—, en la entrevista realizada el 31 de agosto en la Cadena Ser, el presidente afirmaba que “Marruecos ofreció una cooperación instantánea, inmediata” y recalcó que dicha colaboración es indispensable para evitar que la situación fronteriza se agrave. Argumento reiterado en su comparecencia en el Congreso de los Diputados días después.
En política nada es casual. Y tras esta posición, que obviamente choca con la realidad, hay razones poderosas. Se trata, entre otras cosas, de proteger los enormes intereses económicos de la burguesía española al otro lado del Estrecho.

Marruecos: fuente de negocios para los capitalistas españoles
El Estado español es el primer socio comercial y el principal proveedor de Marruecos, con un intercambio superior a los 22.500 millones de euros anuales. Según el Instituto Español de Comercio Exterior, unas 17.000 empresas españolas operan en territorio marroquí y más de 350 cuentan allí con operaciones permanentes: fábricas, plantaciones...
Su posición geográfica, su proximidad al mercado europeo y los costes laborales mucho más bajos que ofrece a costa de la explotación y represión de la clase obrera, lo convierten en una plataforma especialmente atractiva, lo que está permitiendo una creciente y muy lucrativa integración del país norteafricano en las cadenas productivas del capitalismo europeo y español.
Los datos son reveladores. El coste real de una hora de trabajo en Marruecos es cinco veces más barato que en el Estado español. La diferencia entre los dos países es abismal respecto al salario mínimo: 1.424,5 euros brutos mensuales frente a 297.
Acciona, CAF, Gestamp, Grupo Antolín, Ficosa, CIE Automotive, Meliá, Barceló... están presentes en sectores estratégicos como infraestructuras, energía, automoción, banca, tecnología y turismo.
Y en esta estrategia de deslocalización de las empresas españolas al vecino africano, el Gobierno de PSOE-Sumar está jugando un papel clave, destinando multimillonarios recursos y diplomacia al servicio de la expansión del capital español.
En febrero de 2025, la secretaria de Estado de Comercio aprobó más de 750 millones de euros para financiar un plan estratégico de suministro de material ferroviario en el país vecino. Tres meses después, anunciaba que la planta desaladora de Casablanca —adjudicada a un consorcio liderado por Acciona— contaría con el apoyo del Ministerio de Economía, en uno de los proyectos más importantes de cooperación financiera bilateral en infraestructuras sostenibles.
Otro ejemplo significativo es Inditex. Para la familia Ortega, Marruecos es una pieza clave en su cadena internacional de producción. El territorio marroquí es uno de los diez clústeres estratégicos de suministro de Inditex, donde tiene a más de 90.000 personas trabajando. Su peso aumentó tras la pandemia, cuando decidió acercar parte de la producción a los mercados europeos para minimizar la dependencia asiática del textil. En 2025, el 95% de la producción textil de Tánger la absorbía Inditex. El Corte Inglés o Tendam (Cortefiel, Springfield y Women'secret) también utilizan este país como plataforma productiva.
La misma lógica se reproduce en el sector del automóvil, principal sector exportador del país norteafricano y donde se han instalado grandes empresas españolas de componentes acompañando a gigantes internacionales como Renault o Stellantis.
Otro de los grandes nichos de negocio es la agricultura, para la que nuestro vecino del sur dispone de 8,7 millones de hectáreas de superficie. La almeriense Agroatlas ha extendido su actividad desde El Ejido hasta Agadir y cuenta con plantaciones que suman unas mil hectáreas, destinadas a suministrar verduras a grandes cadenas como Mercadona. También operan allí empresas murcianas como Alicomar, Agrícola Perichán o Agrucapers, acompañadas por otras especializadas en invernaderos, semillas, logística frigorífica y ultracongelados.

El capitalismo español encuentra en Marruecos una combinación difícil de igualar: mano de obra tirada de precio, tierra, proximidad y acceso privilegiado al mercado europeo. He aquí el quid de la cuestión y los intereses de clase que defiende Pedro Sánchez cuando renuncia a desnudar la responsabilidad de la dictadura marroquí en todo lo que está sucediendo.
La alianza de Mohamed VI con EEUU e Israel
La política exterior marroquí ha estrechado mucho sus vínculos con Estados Unidos e Israel. Uno de los puntos de inflexión fue diciembre de 2020, cuando la primera Administración Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental al mismo tiempo que Marruecos firmaba los Acuerdos de Abraham con Israel, normalizando sus relaciones. Washington proporcionaba así a Rabat un respaldo decisivo para sus reivindicaciones sobre el Sáhara y Marruecos se incorporaba a la nueva arquitectura regional impulsada por Trump en su disputa por la hegemonía mundial frente al bloque chino.
Por su parte, el Gobierno de Netanyahu reconoció oficialmente en 2023 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Desde entonces se han profundizado los vínculos militares y tecnológicos.
Con este telón de fondo, en 2022 el Gobierno del PSOE, entonces con Unidas Podemos, ya claudicó de forma vergonzosa ante la presión del imperialismo norteamericano y la dictadura de Mohamed VI: abandonó al pueblo saharaui renunciando a defender su derecho a la autodeterminación y aceptó la fórmula de “autonomía” bajo soberanía marroquí.
La segunda presidencia de Trump ha profundizado en esta relación geopolítica y económica. Pocos días antes de la llegada de los 80.000 migrantes a Ceuta, el tirano Mohamed VI anunciaba que la nueva autopista de 1.055 kilómetros —que conecta Tiznit con Dajla atravesando el territorio del Sáhara Occidental ocupado— llevaría el nombre de Donald Trump.
Una tiranía al servicio de la oligarquía y del imperialismo
Las señas de identidad de esta monarquía totalitaria son la pobreza, la precariedad, la máxima desigualdad y la persecución política más feroz.
Lo vimos a finales de 2025 con una rebelión de la juventud obrera y estudiantil —que padece una tasa de paro superior al 40%— que exigía inversiones en sanidad y educación y acabar con el despilfarro de dinero para las infraestructuras del Mundial 2030. Unas movilizaciones masivas que fueron reprimidas salvajemente. Activistas, periodistas y opositores son perseguidos a diario. Decenas de dirigentes y activistas saharauis favorables a la autodeterminación son detenidos y encarcelados.

Mohamed VI es uno de los mayores capitalistas del país, un lacayo del imperialismo estadounidense y del sionismo, un represor consumado —como su padre— que mantiene a cientos de presos políticos en condiciones inhumanas.
Pero en lugar de denunciar que este es el verdadero carácter del régimen capitalista marroquí, la socialdemocracia de Pedro Sánchez —que se autoproclama como el muro de contención contra el avance del fascismo— lo blanquea y le adjudica el título de aliado legítimo y necesario para proteger las inversiones de los grandes empresarios y banqueros españoles, y para garantizar que las fronteras de la UE permanezcan cerradas a cal y canto. Entre 2021 y 2027 el Estado español tiene comprometidos con Marruecos 500 millones de euros para la vigilancia y el control migratorio.
Frente a los cínicos discursos que claman por los derechos humanos tan del gusto de la socialdemocracia, mientras contribuye en los hechos a mantener el engranaje de opresión y represión capitalista, los comunistas revolucionarios levantamos el programa del internacionalismo proletario y la lucha por construir una sociedad socialista que ponga la enorme riqueza creada por la clase obrera al servicio de las necesidades de la mayoría y no de los beneficios de la minoría criminal responsable de que nuestros hermanos y hermanas migrantes pierdan la vida huyendo de la barbarie que ellos mismos generan.




















