La izquierda revolucionaria del FIT-U ante una oportunidad histórica
Durante los últimos meses la situación política en Argentina ha experimentado un cambio que puede tener una trascendencia histórica. La profundidad de la crisis del capitalismo argentino y la brutal agenda de recortes, el saqueo de los recursos naturales y los ataques a los derechos democráticos y sociales que está aplicando la oligarquía a través del Gobierno ultraderechista de Javier Milei está disparando la indignación social a niveles que no se veían desde el estallido revolucionario del Argentinazo, en 2001.
Entonces millones de jóvenes y trabajadores formaron asambleas populares por todo el país y tumbaron a cinco presidentes en una semana al grito de “Que se vayan todos”. El panorama actual no ha alcanzado ese punto crítico. Pero sería de una extraordinaria ceguera política no ver cómo cada vez más elementos de la situación económica y política, y del desarrollo de la lucha de clases, apuntan en esa dirección.

¿Hacia una crisis revolucionaria?
Hoy, como hace 25 años, el cierre masivo de empresas y la destrucción de puestos de trabajo están convirtiendo la vida cotidiana de millones de familias obreras, y de sectores importantes de las capas medias, en una pesadilla.
En dos años y medio de mandato de Milei 30.633 empresas han cerrado sus puertas, destruyendo 411.613 empleos, 450 al día.[1] Esta auténtica declaración de guerra contra los salarios y los derechos laborales mantiene a uno de cada cinco asalariados subsistiendo a duras penas con ingresos por debajo del umbral de la pobreza. Este porcentaje sube al 30% entre los trabajadores en situación informal, que en la última década pasaron del 33% al 44% del total.[2]
Las estadísticas oficiales reconocen una pobreza del 20%. Pero estudios serios denuncian un maquillaje descarado para minimizar la gravedad real. “Si actualizamos la línea de pobreza en base a los patrones de consumo 2017/18 y los hogares que viven en alquiler, entonces, la pobreza real en Argentina es del 39% y no del 20% como se indica oficialmente (…) Eso significa que habría 4 millones de hogares pobres en realidad, y no 2,1 millones como dice el INDEC (…) este 39% de hogares pobres, en términos de personas, equivale al 48%.[3]
Todo esto, como también ocurría en 2001, alimenta un malestar social que no se limita a la clase trabajadora ni se dirige exclusivamente contra el Gobierno. Amplios sectores de las capas medias que votaron por Milei, golpeados por sus recortes sociales y medidas de ajuste (y escandalizados por los casos de corrupción de la casta de pijos fascistas que integra su Gobierno) están girando de forma abrupta a la izquierda.
El rechazo a Milei alcanza el mayor nivel desde su toma de posesión: 62%, y este ambiente de bronca se extiende al resto de partidos de la derecha tradicional que le apoyan y al conjunto del sistema: policía, jueces, banqueros y grandes empresarios. Y uno de los aspectos más significativos es que golpea también a los dirigentes peronistas y kirchneristas del Partido Justicialista (PJ), principal fuerza de la oposición parlamentaria, que está sumido en una de las crisis más profundas de su historia reciente.
Los gobiernos del PJ —especialmente los dos últimos, 2011-2015 y 2019-2023— aplicaron también duros recortes sociales, traicionando las expectativas de las bases obreras y populares del peronismo, que les habían llevado al poder. Millones de jóvenes y trabajadores que se siguen sintiendo peronistas y kirchneristas empiezan a ver a los dirigentes del PJ como parte del problema, no como la solución.
Una diferencia cualitativa con la situación que desembocó en el Argentinazo es que muchos de esos jóvenes y trabajadores se están orientando en estos momentos hacia la izquierda revolucionaria agrupada en el Frente de la Izquierda y los Trabajadores-Unidad (FIT-U).
Las cuatro fuerzas revolucionarias que integran el FIT-U no solo aparecen como quienes impulsan la lucha en la calle de forma más consecuente. Además, el apoyo al Frente está aumentando con fuerza también en las encuestas electorales. Por primera vez en la historia argentina, millones de oprimidos ven en esta confluencia unitaria de la izquierda revolucionaria una opción real para luchar por el poder, y esperan de sus dirigentes un programa y un plan de lucha que haga realidad un Gobierno de los trabajadores y la transformación revolucionaria de la sociedad.

Organizar la bronca para forzar una nueva huelga general. ¡Fuera Milei ya!
El ambiente de lucha que existe no se refleja en este momento en las estadísticas de huelgas. El cierre masivo de empresas, combinado con el papel de freno a las luchas que desempeña la burocracia sindical vinculada al PJ, dificulta enormemente la lucha económica en las empresas.
Las huelgas que se están produciendo son muy duras y suelen empezar como acciones defensivas. Un ejemplo destacado es la impresionante lucha que sostienen desde hace más de seis meses los trabajadores de la empresa FATE, dirigidos por el sindicato combativo SUTNA, contra el cierre de la planta y el despido de toda la plantilla.
Los trabajadores tienen ocupada la factoría, enfrentando la represión del Estado (con varios dirigentes sometidos a denuncias judiciales), una brutal campaña de ataques, calumnias y maniobras constantes de la burocracia sindical para intentar aislar y derrotar la lucha.
La radicalización de las masas se expresa con una fuerte resistencia en una lucha tan dura como esta, y en otras que se han producido, y en el carácter extraordinariamente masivo y combativo de distintas movilizaciones de masas que han tomado las calles en los últimos meses.
El 19 de febrero se producía la cuarta huelga general masiva desde que gobierna Milei. Esta vez el motivo fue la reforma laboral.[4] Como en las anteriores, la burocracia sindical de la CGT, central mayoritaria, se negó a darle continuidad. Pero tampoco rompieron ese bloqueo los dirigentes de la CTA y el FRESU, fuerzas sindicales a su izquierda pero la mayoría de cuyos dirigentes a nivel nacional se mantiene también bajo la influencia del peronismo y el reformismo.
La bronca volvió a expresarse el 8M y el 24M, día de la memoria histórica, que recuerda a las víctimas de la dictadura militar. Ambas manifestaciones, un año más, fueron multitudinarias y acabaron convirtiéndose en un clamor contra la ultraderecha. El 12 de mayo más de un millón de estudiantes y docentes salían por todo el país en la cuarta gran marcha universitaria contra el veto presidencial a la financiación de las universidades públicas.[5]
Más recientemente, este 6 de agosto, una nueva y enorme manifestación tomaba las calles de Buenos Aires contra la “Ley de inviolabilidad de la propiedad privada”, desafiando la brutal represión policial que dejó varios heridos y detenidos.
Esta ley es un ejemplo de las políticas que está decidida a aplicar la burguesía argentina siguiendo los dictados del imperialismo estadounidense. Si consiguen imponerla, supondrá un acaparamiento sin precedentes de tierras en manos de los grandes grupos empresariales y extranjeros, despojando de derechos básicos y cualquier propiedad a las comunidades originarias y a centenares de miles de pequeños propietarios agrarios. Además, blinda los intereses empresariales y de los caseros rentistas obstaculizando cualquier posible expropiación, penalizando las ocupaciones de empresas o tierras y facilitando los desahucios masivos de inquilinos con deudas.
Todo ello en un país donde el déficit habitacional afecta a 5,7 millones de hogares (¡el 40%!)[6] y, según datos del BBVA, poco sospechoso de combatir la especulación inmobiliaria, los alquileres casi triplicaron su precio en 2024 (250% de aumento) y prácticamente volvieron a doblarlo en 2025, con una subida del 80%.[7]

Por un plan unitario del FIT-U para echar a Milei y luchar por un Gobierno obrero con un programa socialista
Una semana después de la movilización contra esta ley criminal, el 13 de agosto, una asamblea con participación de sindicatos combativos, organizaciones piqueteras, movimientos sociales y las cuatro fuerzas políticas del FIT-U convocaba una gran movilización unitaria, “la Marcha de la Bronca”, para el 19 de septiembre.
Esta cita debería ser una oportunidad para que las fuerzas integrantes del FIT-U la convoquen de forma conjunta, y no por separado como ha ocurrido hasta ahora, y para que presenten un plan unitario de lucha al movimiento de masas llamando a las centrales sindicales, al movimiento piquetero, a los colectivos feministas y LGTBI, organizaciones barriales y populares, etc. Un plan que impulse comités y asambleas de forma unificada en cada centro de trabajo, cada barrio y cada centro de estudios para organizar la lucha desde abajo, proponiendo una movilización sostenida y en ascenso que empiece por forzar una nueva huelga general, y que continúe hasta echar a Milei.
Uno de los aspectos más destacables de todas las movilizaciones anteriores es que se han desarrollado desafiando el brutal protocolo antimanifestaciones del Gobierno y la represión del aparato del Estado, también desbordando a la burocracia política y sindical del PJ y la CGT.
Un plan de estas características no solo arroparía y fortalecería las luchas que ya están en marcha, permitiría a la clase obrera desplegar toda su fuerza, ser plenamente consciente de ella y desbancar a la burocracia sindical. Este es el mejor modo de ganar para el programa revolucionario del FIT-U a esos millones de jóvenes y trabajadores peronistas y a los sectores de las capas medias que están girando a la izquierda y entusiasmarlos, dejando claro que hay fuerza, un programa y una estrategia para echar a Milei y tomar el poder.
Una victoria revolucionaria es posible. ¡Fortalecer y desarrollar el FIT-U para hacer la revolución socialista!
Según diferentes sondeos, Myriam Bregman, dirigente del PTS y una de las figuras más conocidas del FIT-U, es actualmente la política mejor valorada de Argentina, superando claramente a Alex Kicillof, gobernador peronista de Buenos Aires y posible candidato del PJ en las presidenciales de 2027, y a Cristina Kirchner, su principal rival. La diferencia es incluso más amplia sobre las principales figuras de la derecha extrema y la ultraderecha: la ministra de Seguridad Patricia Bulrich y el propio Milei.
Encuestas posteriores muestran que la intención de voto a los candidatos del FIT-U va en ascenso. Según algunas proyecciones, podría incluso llevar a Bregman a una hipotética segunda vuelta contra Milei. Sin embargo, sería un grave error dar esto por hecho. Y más aún hacer de la batalla electoral el eje central, separándola de la lucha para derrotar a las fuerzas del sistema mediante la movilización y organización de las masas en los barrios y centros de trabajo.
El terreno electoral siempre es el más complejo para los revolucionarios porque en las elecciones no solo participan los sectores más conscientes y combativos, también lo hacen los más reaccionarios y atrasados. Este frente refleja con mucho más retraso y de forma mucho más distorsionada la verdadera relación de fuerzas entre las clases, prestándose más que cualquier otro a las maniobras de la burguesía.
Esta utilizará todos los medios para impedir una posible victoria del FIT-U: virulentos ataques, campañas de desprestigio contra sus militantes y dirigentes, intentos de fraude... combinados con el “abrazo del oso”, es decir, ofrecimiento de pactos, incluso —como vimos en Chile— llamamientos a abrir un proceso constituyente para desactivar y desmoralizar a las masas en lucha.

En ese sentido, la consigna de Asamblea Constituyente Libre y Soberana, que incluyen en sus manifiestos programáticos algunas fuerzas integrantes del FIT-U, nos parece un error. En un momento determinado, enfrentados a la posibilidad de un Gobierno de la izquierda revolucionaria, la burguesía y los reformistas no dudarían en utilizar esta consigna para frenar y sabotear cualquier medida revolucionaria y cambiar la correlación de fuerzas a su favor.
Existen las condiciones para que el FIT-U pueda transformarse en la gran fuerza revolucionaria de masas que necesita la clase obrera argentina como instrumento para tomar el poder. Sus dirigentes y militantes han conquistado el derecho a que el Frente sea visto como un punto de referencia, poniendo el cuerpo en cada batalla contra los ataques y recortes de la clase dominante.
Su existencia como frente único de las fuerzas revolucionarias argentinas representa, como decíamos al inicio, una conquista histórica y un salto cuantitativo y cualitativo respecto a anteriores oportunidades revolucionarias que no pudieron ser aprovechadas por los errores cometidos, la división de las fuerzas revolucionarias y la ausencia de una masa crítica de militantes y cuadros para conquistar el poder.
Una ruptura del FIT-U, más en un momento decisivo como el actual, representaría un desastre no solo para quienes lo forman sino para el conjunto de la clase obrera. La clave para impedirlo, derrotar las maniobras de la burguesía y conquistar el apoyo de esos millones que están girando a la izquierda, es basarse en la organización y acción directa de las masas y en la defensa firme del programa socialista. Hacer de la batalla electoral una parte más de la lucha por acabar con el capitalismo y construir un régimen de democracia obrera. Explicar que solo la nacionalización de la banca, las grandes empresas y la tierra bajo control de los trabajadores, desarrollando una economía planificada y levantando un Estado de los trabajadores, puede acabar con la miseria y barbarie capitalistas y conquistar un futuro digno y libre para millones de oprimidas y oprimidos.
Notas:
[1]Unas 30.000 empresas cerraron en Argentina en lo que va del Gobierno de Milei
[2] En los últimos dos años, la cantidad de ocupados informales subió más de 11%
[3] La pobreza real en Argentina no es la que mide el INDEC
[4] Argentina. Hay que continuar la lucha hasta tumbar la reforma laboral esclavista de Milei
[5] Argentina: La movilización social pone a Milei contra las cuerdas e impulsa a la izquierda combativa
[6] Se derriba un mito: 4 de cada 10 hogares tienen déficit habitacional en la Argentina




















