El Gobierno de Nueva Democracia en Grecia ha firmado un acuerdo con Israel para el llamado «Escudo de Aquiles», un programa de armamento de aproximadamente 3.000 millones de euros destinado a crear un sistema de «defensa», celebrando así otro «gran éxito nacional». Tres mil millones de euros para misiles y sistemas de armamento, en un momento en el que los trabajadores y los jóvenes están sufriendo un elevado coste de la vida, los hospitales y la educación pública se están hundiendo, y la vivienda se está convirtiendo en un sueño inalcanzable. Estas armas extremadamente caras han demostrado ser casi inútiles en las condiciones actuales de la guerra, con una eficacia inferior a la del uso masivo de drones muy baratos.

Sin embargo, tras las grandilocuentes palabras sobre la «seguridad nacional» se esconde una política muy concreta: Grecia se está armando, se está militarizando cada vez más y está intensificando su participación en las rivalidades militares. No se trata simplemente de otra compra de armas. El «Escudo de Aquiles» forma parte de una elección estratégica más amplia por parte del Estado y el capital griegos: mayor preparación para la guerra, una alineación más estrecha con la OTAN y EE.UU., una cooperación militar más profunda con Israel y la búsqueda de un papel más destacado en la competencia por el Mediterráneo Oriental.
Y precisamente por eso hay que dar la voz de alarma. La elección de Israel como socio estratégico no es circunstancial. El Gobierno griego, el establishment militar y los medios de comunicación dominantes presentan a Israel como un modelo de poder militar y de preparación permanente para la guerra. Israel representa hoy en día un modelo de una tendencia fundamental del capitalismo contemporáneo: una sociedad en permanente preparación militar, de vigilancia y control en nombre de la «seguridad», y de militarización y fascistización de la vida social. Grecia no se limita a comprar armas israelíes. El Estado griego también está «comprando» y adoptando un modelo. Y este modelo es profundamente reaccionario. Porque detrás de la «innovación» y la «tecnología de defensa» se esconden el genocidio en Gaza, la ocupación y el apartheid en Cisjordania, la tortura y la limpieza étnica. Eso es lo que admiran. Eso es lo que quieren replicar. Y ese es el modelo que no queremos importar a Grecia.
Queremos derrocarlo.
No pagaremos por la «seguridad nacional» del capital
Al mismo tiempo que el Gobierno pide a los trabajadores que «tengan paciencia», se destinan miles de millones a sistemas de armamento. Esta es la verdadera cara de la «economía de guerra». Hay dinero. Simplemente no es para la sociedad. Es para fragatas, aviones de combate, misiles y «escudos». El Gobierno dice que las armas son necesarias para la «seguridad del país». ¿Pero de quién es ese país? ¿Un país donde los trabajadores no pueden permitirse pagar un alquiler? ¿Donde los jóvenes trabajan por salarios de miseria? ¿En el que los pacientes esperan meses para una revisión médica? ¿O el país de los armadores, las corporaciones energéticas y los intereses empresariales que buscan la ascensión geopolítica del capitalismo griego?

La «seguridad nacional» del Gobierno es la seguridad de los intereses del capital griego.
El «Escudo de Aquiles» también forma parte de la rivalidad greco-turca. El Gobierno presenta las compras de armas y su relación estratégica con Israel como una respuesta necesaria frente a Turquía. Pretende presentar a Grecia como un país que se «defiende» frente a una Turquía supuestamente siempre agresiva. Es la misma lógica que se ha utilizado durante décadas: «Turquía nos amenaza; por lo tanto, debemos armarnos». Y así, una carrera armamentística lleva a otra. Un ejército se refuerza porque el otro se refuerza. Una burguesía invoca la amenaza que representa la otra. Y los trabajadores pagan la factura.
La burguesía turca tiene sus propios intereses y ambiciones agresivas. Esto, sin embargo, no convierte las decisiones del Gobierno y del ejército griegos en «defensivas» por naturaleza. La rivalidad greco-turca es una competencia entre dos clases burguesas y dos Estados por el poder geopolítico, las rutas energéticas, las zonas marítimas, los mercados y la influencia regional. El Gobierno griego no puede presentarse como «amante de la paz» mientras intensifica la cooperación militar con el Estado israelí. El «Escudo de Aquiles» forma parte de esta relación. También lo es la participación de Grecia en los planes más amplios de EEUU, la OTAN y la UE.
Grecia no es una mera observadora de las guerras. Es parte activa de la red belicista. Por eso se desplegaron sistemas Patriot en Arabia Saudí, para proteger las instalaciones petroleras de su príncipe, igualmente sanguinario. Por eso se enviaron fragatas al Mar Rojo, para proteger a los armadores y sus beneficios. Todo esto ha costado muchos miles de millones más, que nosotros, los trabajadores, hemos pagado a través de los impuestos, la deuda y el saqueo de los bienes públicos.
El enemigo de los trabajadores de Grecia y Turquía no se encuentra, por tanto, al otro lado del Egeo. Está por encima de ellos, dentro de sus propias sociedades: el capital, sus gobiernos y sus planes bélicos. La clase trabajadora no tiene nada que ganar con esta carrera armamentística. No aceptaremos que los trabajadores paguen el armamento de la burguesía griega para que esta pueda hacerse «más fuerte» en su competencia con Turquía.
Y aquí radica una responsabilidad crucial para la izquierda griega, ya que algunos sectores de la misma son incapaces de responder a esta realidad. En diferentes versiones, reproducen el núcleo básico de la narrativa nacionalista dominante: Turquía es la amenaza permanente, Grecia se encuentra constantemente en posición defensiva, las reivindicaciones griegas son evidentemente justas y, por lo tanto, el armamento es necesario.
Esta lógica puede revestirse de un vocabulario «antiimperialista», pero sigue conduciendo a la misma conclusión: Grecia debe armarse contra Turquía. No puede haber una izquierda antibélica e internacionalista que reproduzca la misma narrativa básica que el Estado griego. Es imposible denunciar el gasto en armamento en general y, al mismo tiempo, considerar «necesario» el gasto griego en armamento porque existe Turquía. Es imposible denunciar el nacionalismo cuando afecta a otros y llamarlo «defensa» cuando afecta a nuestra propia burguesía.

¡Con los pueblos, no con las clases burguesas!
La izquierda no existe para explicar por qué la burguesía griega tiene «razón». Existe para organizar a la clase trabajadora contra su propia burguesía. La clase trabajadora de Grecia no tiene ningún interés en la ascensión geopolítica del capitalismo griego. Tampoco la clase trabajadora de Turquía tiene ningún interés en la ascensión geopolítica del capitalismo turco.
No nos convertiremos en jaleadores de una «Grecia fuerte».
La respuesta a los preparativos bélicos no puede ser otra alianza militar. La respuesta es la lucha internacionalista de los trabajadores. Nuestro propio «escudo» es la lucha común de los trabajadores de Grecia y Turquía contra el gasto en armamento y la guerra.
• Frente al eje greco-israelí, oponemos la solidaridad internacionalista con Palestina.
• Anulación de los acuerdos militares, fin de la cooperación militar, ninguna facilitación de ningún tipo al Estado de Israel.
• Contra el gasto en armamento, exigimos una reducción drástica del gasto militar.
• Contra la OTAN, las bases militares y los planes imperialistas, luchamos por la retirada de las estructuras de guerra.
• No pagaremos su «modernización nacional».
• No aceptaremos recortes en el gasto social para comprar armas.
• No aceptaremos que Grecia se convierta en una máquina de guerra.
• ¡Dinero para las necesidades sociales, no para armamento!
• ¡Con los pueblos de Grecia, Turquía, Palestina y toda la región, no con los Estados, los ejércitos y los intereses del capital!
Nuestra perspectiva no es una «Grecia fuerte» en el marco de la competencia capitalista e imperialista. Es el derrocamiento de la guerra, el nacionalismo y el capitalismo.




















