El pasado 30 de julio, 145 personas murieron intentando llegar a Ceuta, huyendo de una miseria insoportable y de la sanguinaria dictadura de Mohamed VI. Desde Izquierda Revolucionaria reiteramos toda nuestra solidaridad con los y las migrantes marroquíes. Sois nuestros hermanos y hermanas. Todo nuestro apoyo a los que habéis perdido un ser querido. No estáis solos, no estáis solas.
Esta tragedia está siendo utilizada inhumanamente por la derecha extrema y la extrema derecha para diseminar su veneno racista. La ofensiva del PP y Vox para hacer caer a Sánchez y recuperar La Moncloa sigue con fuerza.
Mientras agitan la bandera de la “invasión” y la “sustitución”, lanzan a sus perros de presa para que entren en acción. Muchos y muchas vimos con profunda rabia como una marea racista, que llegaba desde diferentes puntos del Estado, incendiaba y destrozaba las precarias chabolas en las que se refugiaban migrantes, en la playa de El Trampolín. Antes, había bloqueado un convoy de la Cruz Roja con ayuda humanitaria. Los medios de comunicación disfrazan todo como protestas de vecinos, dibujando un escenario falso en el que el conjunto de la población ceutí, vive aterrorizada por la llegada de inmigrantes violentos.

Estas agresiones escuadristas, cuentan con plena complicidad del aparato del Estado, de una policía, ejército y judicatura plagados de franquistas. Al mismo tiempo, la práctica del Gobierno central es completamente vergonzosa. El Ejecutivo de Pedro Sánchez no pone fin a la impunidad de estas bandas nazisionistas, que han continuado en Ceuta la barbarie que generaron en Torre Pacheco el año pasado.
De esta manera, afianza sus vínculos con Mohamed VI, firme aliado de Trump. Cataloga lo vivido en Ceuta como un “ataque a la integridad territorial de España” (que es lo mismo que decir “invasión”) y anuncia la inversión de millones de euros para reforzar la frontera con “medidas extraordinarias”: alargamiento de espigones, nuevo sistema permanente de contención marítima con boyas fondeadas y otro de aéreo mediante drones, más embarcaciones ligeras de intervención y dispositivos remotos de actuación subacuática. Todo eso mientras mantiene abandonados a los inmigrantes que sobreviven como pueden en Ceuta y a sus alrededores, endurece las leyes de extranjería y asilo, y permite a las patrullas militares llevar fusiles.
Este Gobierno, que se autoproclamó como el más progresista de la historia, vuelve a demostrar que no va más allá de las palabras vacías con el “apoyo” al pueblo palestino o contra la extrema derecha. Sus hechos, desgraciadamente, van en dirección contraria, como demuestra el abandono del pueblo saharaui. Ahora, Sánchez se acerca a sus colegas de la socialdemocracia europea, que ya hace tiempo que asumieron posicionamientos xenófobos de la reacción. En la práctica, están dando la razón a los argumentos de la extrema derecha. Por su parte CCOO y UGT de Ceuta, han publicado un comunicado infame que podría firmar Abascal. Mientras tanto, la izquierda reformista gubernamental se mantiene en silencio en sus sillones ministeriales.
Esta política, en un escenario de mayor desigualdad y polarización social, supone una autopista para que la extrema derecha siga avanzando.
Al crecimiento electoral de Vox y el refuerzo de un PP cada vez más trumpista, en Catalunya es necesario añadir el desarrollo de los fascistas de Aliança Catalana. ¿Por qué ocurre esto en la tierra del 1-O, de la solidaridad con Palestina y las huelgas en defensa de la educación pública? ¿Cuáles son las tareas de la izquierda combativa para hacerle frente? En este editorial tratamos de aportar las claves de las respuestas a dichas preguntas.

Aliança Catalana: la extrema derecha surgida del barro del Procés
La última encuesta publicada en julio por el CEO, apunta a una vertiginosa subida de Aliança Catalana en las próximas elecciones al Parlament de Catalunya. Según este barómetro, AC pasaría de 2 diputados a 23-25, y de un 3.77% de los votos a 14-16%, apreciándose un desplazamiento de votantes desde Junts. Aliança Catalana ganó las elecciones de 2023 en Ripoll, con más de un 30%, y en 2024 consiguió entrar al Parlament, posición que Silvia Orriols ha podido utilizar como altavoz para sus discursos islamofóbicos.
Pese a que las encuestas pueden equivocarse, es evidente que en el último periodo, el crecimiento de AC es constante. La consolidación de una nueva fuerza de ultraderecha, racista y sionista, es una amenaza seria. Según la encuesta mencionada, el PP, Vox y AC sumarían más de un tercio del Parlament. Y ello sin contar que Junts ya expresa sin reparos su ideario derechista y racista, totalmente alineado con los intereses de la explotadora oligarquía catalana.
El surgimiento y desarrollo de AC a expensas de Junts tiene puntos en común con el de Vox sobre el PP. La polarización social que recorre la sociedad se ha expresado en la izquierda y en la derecha. La base social tradicional de la derecha, nutrida destacadamente por sectores de la pequeña burguesía y, en general, las capas medias, ha girado más hacia la derecha. Eso ha causado desgajamientos en los partidos tradicionales de la derecha (Junts y el PP), y la creación de nuevas formaciones de extrema derecha (AO y Vox), que presiona Junts y PP a girar más a la derecha para intentar evitar la fuga de su base electoral.
El programa de Aliança Catalana da pistas de la composición social de los que la apoyan. Avalando el ICE, asocia la degradación de los barrios y la sanidad y la educación públicas a los migrantes y al islam, y reivindica la deportación masiva. También, al estilo Trump a la catalana, defiende aranceles y medidas proteccionistas para el sector primario, y clama por una reindustrialización basándose en el lobby nuclear y el rechazo al cambio climático. Hace bandera de la lucha contra la «okupación» y de no poner ningún tope a los precios de los alquileres, además de facilitar ayudas a los propietarios. Defiende reducir el peso de la Administración pública hasta “gasto social 0” y enfocar institutos y universidades hacia la empresa privada, y que los centros reciban financiación pública según sus resultados. Aboga por los macroproyectos, recuperar la “disciplina” en las aulas, que los funcionarios de las cárceles sean “agentes de la autoridad”, aumentar drásticamente el número de Mossos d’Esquadra, eliminar el impuesto de sucesiones y transmisiones, dejar de “subvencionar la pereza”, fomentar la natalidad y la familia…
Efectivamente, los agricultores y ganaderos explotadores del campo, los rentistas que se enriquecen con la especulación de la vivienda, sectores del aparato represivo y capas medias acomodadas, le dan apoyo activo, a estos se unen gran parte de la pequeña burguesía arruinada y el lumpenproletariado más desesperado, que son presas fáciles de la demagogia fascista.
Además, cada vez más sectores empresariales se están acercando a Aliança Catalana. A inicios de este año, Emili Cuatrecasas, empresario defraudador y presidente de honor del prestigioso bufete de abogados Cuatrecasas, organizó un encuentro con Sílvia Orriols al que asistieron 250 empresarios. Poco después, Orriols fue invitada a un evento de Nova Economia Fòrum, recibiendo los aplausos de las decenas de empresarios presentes. Como sucede alrededor del mundo, sectores de la burguesía catalana se desplazan hacia alternativas cada vez más autoritarias para contener la movilización social y defender con uñas y dientes, sus privilegios de clase dominante.

Pero el crecimiento de Aliança Catalana no se puede comprender sin la experiencia del Procés. La catapulta de AC fue la traición de los dirigentes de Junts y de ERC, a la movilización popular por la autodeterminación y la república catalana. El Procés reflejó un enorme giro a la izquierda. Pero después del 1-O, huelgas generales exitosas, e innumerables manifestaciones masivas –en las que se destacaba su carácter progresista y la lucha por la independencia, e iban unidas al deseo de transformar la sociedad–, los dirigentes dieron la espalda al movimiento de liberación nacional y reconstruyeron puentes con el Estado español y el régimen del 78. Ello ha provocado una profunda frustración y desilusión, que se ha transformado en reflujo. Un escenario ideal para que los sectores más reaccionarios hayan ganado peso, retroalimentado por la derechización general de sectores de la pequeña burguesía que vemos en el Estado español e internacionalmente.
Por ende, el discurso racista y supremacista de AC, que reivindica el resurgimiento de la nación catalana y la lengua, conecta con la pequeña burguesía independentista, enfurecida con los dirigentes del Procés y ansiosa de proteger sus propiedades y privilegios ante la fuerza de las movilizaciones sociales. Con estas banderas, agrupa también al polvo social, a los sectores más políticamente atrasados, desclasados y reaccionarios de la sociedad.
Combatir AC con independencia de clase y la lucha en las calles
Los dirigentes de Junts comparten muchos de los planteamientos ultras de AC, empezando por asociar la emergencia lingüística en la que se encuentra el catalán, con la entrada de personas recién llegadas. Lamentablemente, a la socialdemocracia de ERC, le hemos tenido que escuchar discursos contra “la okupación y la multirresidencia delictiva”. Eso es trasladar más agua al molino de la reacción.
Por su lado, los dirigentes de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), mantienen una posición tibia respecto de Aliança Catalana, hasta el punto de que AC está siendo capaz de formar bloques en manifestaciones de La Diada. Además, la indignante ausencia de apoyo de las altas instancias del ANC al pueblo palestino, que contrasta con lo que piensa una parte relevante de las bases, favorece aún más a AC.
Aliança Catalana es un enemigo acérrimo de la clase obrera y de todos aquellos y aquellas que defendemos el derecho a la autodeterminación y la república catalana al servicio del pueblo. El apoyo de Orriols a Abascal, defendiendo hundir el barco de Open Arms de ayuda a los refugiados y las políticas de Ayuso, son las expresiones más escandalosas de toda la situación.

Como con el resto de fuerzas de extrema derecha, se debe combatir Aliança Catalana desde las calles. Las movilizaciones a Ripoll, impulsadas por los movimientos sociales y sectores combativos, así como la concentración del 10S –organizada por la Izquierda Independentista–, son el ejemplo a seguir.
Y desde nuestro punto de vista, es necesario dar un paso más. Debemos aprender de la experiencia de la lucha de masas por la república de los últimos diez años. La colaboración de clases y aparecer de la mano de Junts y de una ERC plegada a la política de Junts, especialmente en los momentos clave, causó un evidente impacto negativo dentro de la militancia independentista combativa y en el desarrollo de la CUP. Debemos extraer las conclusiones de los errores cometidos.
La solución no es poner como modelo, el pacto entre Junts y ERC, con el Ayuntamiento de Girona, o hablar de hacer “un país para todos”. Por descontado, no lo es tampoco el rechazar la defensa del derecho a la autodeterminación. Pero la república catalana, que supuestamente defienden los capitalistas, no significaría terminar con todos los tipos de opresión contra los que nos levantamos y llenamos las calles años atrás.
Fomentar la unidad de acción contra la extrema derecha, levantar una alternativa revolucionaria que se fusione e impulse las luchas de la clase trabajadora por los servicios públicos y el derecho a la vivienda, contra la ampliación del aeropuerto, de solidaridad con Palestina, contra la violencia machista y por los derechos LGTBI… Defender la republica catalana socialista. ¡Este es el camino!
Siempre antirracistas. Siempre antifascistas. ¡Organízate!
La tragedia y los acontecimientos posteriores en Ceuta son una apelación directa a todos y a todas esas personas que luchamos por vencer a la extrema derecha y transformar la sociedad.
Desde Izquierda Revolucionaria, exigimos que se movilicen inmediatamente todos los medios necesarios para acoger dignamente a todas las personas migrantes. Hacemos un llamado a la solidaridad, a salir a las calles para hacer frente a los fascistas. ¡No pasarán! Nos comprometemos a dedicar toda nuestra fuerza a luchar contra la extrema derecha racista y denunciamos la política de la socialdemocracia en el gobierno, que vuelve a demostrar que en los hechos está más del lado de los opresores y de este sistema criminal e inhumano, que de las oprimidas y oprimidos, independientemente de dónde hayamos nacido.

Enfrentar el racismo, defender la unidad de la clase trabajadora y señalar a los verdaderos culpables de nuestra miseria es una tarea prioritaria para los y las comunistas.
Todo, absolutamente todo lo que hemos conseguido, sea poco o mucho, se consiguió gracias a la unidad de los oprimidos, delante de los opresores. Lo que nos une no es el pedazo de tierra en el que nacimos, y que, por cierto, tampoco escogimos; tampoco el color de piel, nuestro género o nuestra religión. Lo que decide en qué lado de la barricada estamos y con quién la compartimos, es si nuestro mantenimiento proviene de nuestro trabajo, o bien de explotar a otros seres humanos. Por eso es tan importante la unidad como a clase.
El sistema capitalista es imperialismo y extrema derecha. Nos empuja a la barbarie. Derrocarlo es necesario. Y también posible. ¡Únete a Izquierda Revolucionaria!




















