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Una serie sobre la estigmatización, la solidaridad y la lucha

Con la forma de un coming of age de temática LGTBI, la serie It’s a Sin nos transporta a uno de los episodios más oscuros y dolorosos de la historia del colectivo LGTBI en Gran Bretaña: la crisis del VIH en la década de los 80 y principios de los 90 en Londres. Creada por Russell T Davies, esta miniserie de cinco capítulos retrata de forma magistral el sentimiento de incertidumbre, el miedo al contagio y la falta de información que sintieron, en su gran mayoría, hombres y chicos homosexuales con pocos recursos económicos.

La serie narra las relaciones personales y familiares de un grupo de jóvenes, la aceptación de la identidad y la orientación sexual, la batalla diaria contra la discriminación, etc. Así mismo, la serie va más allá: se rememoran las manifestaciones contra las políticas homófobas de Thatcher, la represión policial y denuncia el papel criminal de las grandes farmacéuticas al negarse a investigar un virus que estaba arrebatando miles de vidas. Pero como los que morían eran gays de clase obrera, sus vidas no importaban.

It’s a Sin nos muestra una realidad dura pero que en ningún momento debemos olvidar. Es un ejercicio para recuperar la memoria histórica de quienes murieron solos en hospitales sin saber lo que les estaba pasando, víctimas de la discriminación y la estigmatización. La serie, estrenada en 2021, tuvo un impacto tan grande entre la población inglesa que las pruebas de detección del VIH en el Reino Unido llegaron a la cifra récord de 8.200 test el 1 de febrero de ese mismo año.

Una masacre que era evitable

Se estima que más de 32 millones de personas en todo el mundo han muerto por enfermedades derivadas del sida[1]. A finales de 1984, en Reino Unido, había 108 casos.

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La serie nos transporta a uno de los episodios más dolorosos de la historia del colectivo LGTBI en Gran Bretaña: la crisis del VIH en la década de los 80 en Londres. 

La criminalización y la discriminación que sufrían quienes se contagiaban de este nuevo virus eran brutales. Miles de jóvenes del colectivo LGTBI no recibieron ningún tipo de información fiable, científica y entendible sobre cómo protegerse ante esta pandemia. El periódico conservador The Sun describía a los hombres homosexuales como “bombas de relojería andantes con enfermedades mortales” o como una “amenaza para toda la sociedad”. Una de sus editoriales preguntaba “¿Por qué los homosexuales continúan compartiendo la cama entre ellos?” afirmando que “profanar el acto del amor no solo es antinatural, sino que en el mundo actual afectado por el sida es letal”[2]. Como muestra It’s a Sin, los grupos de personas LGTBI tuvieron que vivir una época en la que sus amistades se morían sin ningún tipo de explicación ni ayuda, sumidos en el miedo y la vergüenza.

Este infierno al que condenaron a miles de personas tiene responsables con nombres y apellidos. Para empezar, Margaret Thatcher.

La ex primera ministra fue conocida por declarar una guerra abierta contra la clase obrera británica: privatización de los servicios públicos, oleada de despidos, represión contra la lucha en las calles, discursos machistas, racistas y LGTBIfóbicos… La sanidad pública fue uno de los sectores que más recortó, impulsando programas como el Compulsory Competitive Tendering, que obligaba a los gestores de los centros de salud a sacar a concurso los servicios secundarios como los de lavandería, limpieza,  restauración o las conserjerías de los hospitales[3]. También aprobó el conocido como Artículo 28, en el que además de relacionar la homosexualidad con la pedofilia, prohibía a los profesores y profesoras informar sobre relaciones entre personas del mismo sexo –una normativa que no fue eliminada hasta el año 2003 gracias a la larga batalla del colectivo LGTBI–[4].

Hace poco se han publicado algunos documentos gubernamentales de la época Thatcher, conscientemente ocultados, que revelan los intentos de la dama de hierro y su Gabinete de no informar bajo ningún concepto sobre los consejos de la comunidad médica para tratar de prevenir el virus bajo la excusa de no querer publicitar “descripciones explícitas sexuales”. Una actitud tan escandalosa que incluso provocó discrepancias dentro de los tories: el secretario de Salud y Seguridad Social desde 1981 a 1987, Norman Fowler, saltándose las directrices de los conservadores, puso en marcha la campaña “SIDA: no te mueras de ignorancia” ("AIDS: Don't Die Of Ignorance"). En 1986, por orden directa de Thatcher, se prohibió su retransmisión televisiva.

Esta triple alianza entre los tories, las farmacéuticas y la Iglesia, representando a los sectores más reaccionarios de la sociedad, fue denunciada con firmeza por un colectivo LGTBI que empezaba a organizarse de forma intuitiva.

Como se demuestra en It’s a Sin, desde las pequeñas protestas protagonizadas por núcleos de activistas hasta las multitudinarias manifestaciones, como las contrarias al Artículo 28 en 1988 que cubrieron toda la geografía del Reino Unido o las que dieron origen al movimiento Lesbians and Gays support the miners, fueron reprimidas con una violencia desconocida por la policía. A los cadáveres que se acumulaban en los centros médicos y las casas de los barrios obreros, se sumaron miles de heridos y detenidos.

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Las protestas masivas contra el Artículo 28 aprobado por Margaret Thatcher fueron respondidas con una violencia desconocida por parte de la policía. 

Conocer el pasado para luchar en el presente. ¡Asignatura de educación sexual ya!

Desde los años 80 hasta ahora han sucedido muchas cosas y se ha avanzado mucho en los derechos LGTBI, pero en la actualidad sigue habiendo un gran silencio y estigma respecto al VIH –a nivel mundial, 38,4 millones de personas conviven con este virus según datos de 2021– o cualquier otra infección de transmisión sexual.

La lección más importante que nos deja It’s A Sin es que gracias a la lucha se consiguió poner en el foco político y mediático una epidemia de estas dimensiones, y que, a día de hoy, es fundamental seguir educando en la diversidad, en el respeto al colectivo LGTBI y en relaciones sexo-afectivas sanas. Para eso, la educación pública debe jugar un papel de primer orden, y la asignatura de educación sexual que llevamos años exigiendo no puede postergarse más. Debemos rememorar la historia del colectivo LGTBI para prepararnos para los combates del futuro, para defender nuestros derechos, nuestra identidad y orientación sexual y luchar contra los reaccionarios que quieren aplastarnos.

Este es el mejor homenaje que podemos hacer a todos nuestros compañeros y compañeras, gays, lesbianas, bisexuales o trans, que fueron asesinados a manos de políticas criminales: levantar un orgullo combativo, de clase y revolucionario.

 

 Notas:

[1] Aids campaign: Thatcher 'fought against risky sex warnings'

[2] ‘ No mueras de ignorancia ’: Recordando la crisis del SIDA

[3] Hospitales ocupados en Inglaterra: retales de una resistencia a la privatización

[4] ‘ No mueras de ignorancia ’: Recordando la crisis del SIDA


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