¡Frenar a la reacción con una izquierda combativa!

Las pasadas elecciones generales en Andalucía arrojan un resultado preocupante: un ascenso de más del 40% de Vox en todas las ciudades, pueblos y provincias. Además, por primera vez en la historia de esta comunidad, la suma del bloque reaccionario, PP, Cs y Vox, supera en 53.000 votos al bloque del PSOE, UP y Más País; invirtiendo la relación respecto a los recientes comicios de abril, cuando el Partido Socialista y Adelante Andalucía superaban en casi 12.000 votos al bloque de la derecha.

Los medios de comunicación están haciendo un análisis superficial con el objetivo de desmoralizar a la clase obrera y la juventud, mientras siguen con su operación de blanqueo del gobierno trifachito que tenemos actualmente en la Junta de Andalucía. Sin embargo, para la izquierda revolucionaria esta seria advertencia en las urnas está llena de lecciones políticas que nada tienen que ver con los análisis de las y los tertulianos.

Desmovilización y españolismo: alimento del trifachito

La paz social siempre beneficia a la derecha. Esta realidad tiene consecuencias especialmente negativas en Andalucía, donde tras un año de gobierno autonómico con ataques en todos los terrenos —desde la memoria histórica a la lucha contra la violencia machista, pasando por la reducción de los impuestos a los ricos y los recortes en educación y sanidad públicas—, la ausencia de un plan de lucha serio y consecuente ha sido palmaria. Tanto el PSOE, CCOO ó UGT y, hay que decirlo, también Unidos Podemos, han sido incapaces de presentar dicho plan para enfrentar al trifachito.

Otro aspecto de gran importancia es la nefasta política del PSOE. La despreciable campaña contra el pueblo catalán de Pedro Sánchez ha dado alas a la extrema derecha. La dirección del Partido Socialista se ha embarcado en una competición con Ciudadanos y el PP para ver quién defendía la política más salvaje contra el derecho a decidir en Catalunya. Esta postura, que alimenta los sentimientos más atrasados y la división en el seno de la clase obrera, tampoco ha sido combatida con la tibia equidistancia que UP ha mantenido entre un Estado represor y un pueblo que lucha.

La ausencia de un discurso de clase que limpie toda la arena que se ha echado a los ojos del movimiento obrero que nuestro enemigo no es el pueblo catalán sino los capitalistas —ya sean españoles o catalanes, sin olvidar a los terratenientes andaluces—, ha allanado el camino a Vox.

Una posición de clase ante la cuestión catalana

Aunque no sea fácil, tenemos la obligación de explicar a muchos trabajadores intoxicados por el españolismo —santo y seña de la ‘una y grande’ franquista—, que tanto el pueblo catalán, como el vasco y el gallego tienen derecho a decidir libremente qué relación quieren mantener con el Estado español. También tenemos el deber de desmentir las constantes calumnias contra la imponente rebelión en Catalunya. Es una falsedad afirmar que las élites son quiénes están detrás de esta insurrección. Muy al contrario, las grandes empresas catalanas participan con la burguesía española en la campaña contra el pueblo catalán. Recordemos como los capitalistas catalanes tardaron pocos días en trasladar sus sedes fiscales a Madrid y otras ciudades para sabotear el movimiento.

Es francamente detestable que desde posiciones supuestamente comunistas, como es el caso de Alberto Garzón, se afirme que hay que acatar la sentencia antidemocrática del Supremo contra los dirigentes independentistas, una sentencia que considera delito organizar un referéndum, o que se culpe a la juventud de la violencia mientras hay miles de videos —que, evidentemente, los grandes medios de comunicación, incluida la Sexta, censuran— que prueba una salvaje represión policial. Parece mentira que dirigentes de la izquierda que conocen sentencias terroríficamente injustas como la de Alfon o la de los jóvenes de Altsasu, no comprendan que bajo el capitalismo la legislación represiva es una amenaza paro el conjunto de nuestra clase.

¿Cuál es la genuina posición de un revolucionario en esta cuestión? No solo apoyar una movilización profundamente progresista por su reivindicación de la república, por su denuncia de la represión del Estado y la justicia burgueses, sino ser parte de ella desplegando la bandera de una república de los trabajadores y la juventud, una república socialista.

Reorganización del voto de la derecha

Volviendo a Andalucía, cometeríamos un error si ignoráramos el peligro que supone el avance de Vox y la victoria del bloque de la derecha, pero tampoco nos ayudará hacer un análisis desequilibrado que infravalore la fuerza de nuestra clase para desafiarlo.

Partiendo de que esta convocatoria electoral se produjo en un escenario extremadamente favorable para la reacción españolista y, sin olvidar que el trifachito cuenta con el gobierno autonómico, situamos en su auténtica dimensión el avance de la derecha, que no es tan amplio ni demoledor. La subida del PP —por debajo de sus expectativas— y de Vox, se produce a costa del naufragio de Ciudadanos y no llega a compensar la sangría de votos del partido de Albert Rivera.

Prueba de ello es que en el reparto de diputados la izquierda, a pesar de obtener menos votos, consigue 31 frente a los 30 del bloque PP, Cd y Vox. Realmente no hemos asistido a un incremento considerable de la base social de la derecha, sino de un giro aún más a la derecha, donde la redistribución del voto ha sido rentabilizado por Vox y no por el PP.

De hecho, el Partido Popular alcanza 875.000 sufragios —85.000 más que en las anteriores elecciones— y se eleva a segunda fuerza regional con Vox pisándole los talones y un empate técnico en las urnas, menos de siete mil votos. PP y Vox suman entre los dos un aumento en la comunidad andaluza de 335.000 votos, en realidad, la explicación de este crecimiento la encontramos en el colapso de Ciudadanos, que en Andalucía pierde medio millón de votos. Así pues la derecha tiene una pérdida general de casi 170.000 votos.

El descalabro de Cs, al igual que en todo el Estado, es monumental. En tan sólo seis meses ha pasado de ser el partido más votado y de 11 diputados a 3 y poco más de 300.000 votos. La apuesta del IBEX 35 por un patriotismo “liberal y de centro” tiene que dejar paso a la derecha de toda la vida, rancia y casposa de Vox.

El discurso españolista rabioso y anticatalán tiene como principal beneficiario a Vox, que se eleva en estas elecciones en Andalucía hasta los 870.000 votos desde los 250.000 que había cosechado, alcanzando 12 diputados, y es segunda fuerza en las provincias de Sevilla, Almería, Cádiz y Huelva.

Vox o cómo el racismo genera beneficios empresariales

El avance fundamental de Vox en las ciudades se produce en los distritos tradicionales del voto al PP y Cs. Sin duda, el veneno racista es una de las palancas electorales de Vox en las zonas rurales y agrícolas que requieren de una ingente mano de obra inmigrante que es superexplotada.

En Almería, feudo de los últimos años del PP, Vox obtiene su mejor resultado relativo y se queda muy cerca del PSOE. En Málaga tiene un crecimiento exponencial en localidades como Marbella y Estepona. En el poniente almeriense, El Egido, Roquetas de Mar, etc… donde miles de inmigrantes se hacinan para trabajar en los invernaderos, Vox es la primera fuerza donde antes ganaba el PP.

En los pueblos freseros de Huelva, Vox gana en Lepe, Cartaya y Lucena del Puerto. De igual manera, en la provincia de Sevilla con población inmigrante que vive de las campañas en la recolección de naranjas y aceitunas, Vox es segunda fuerza en más de 40 municipios. La cuestión es que la producción agrícola de estas campañas, que constituye la principal riqueza de estas zonas, sería imposible sin la explotación de la mano de obra inmigrante y autóctona, a la que se fuerza a entrar en competencia por el puesto de trabajo y los derechos sociales, sanitarios, educativos y habitacionales de estas poblaciones, masificados en las temporadas agrícolas, sin que la administración pública invierta recursos para atender la demanda. Las políticas de recortes y austeridad del gobierno autonómico del PSOE y así como las del trifachito, fortalecen a la extrema derecha.

Estas son las contradicciones que explota la demagogia de Vox en los pueblos andaluces y el mundo rural que continúa en un estado de atraso, a pesar de la “modernización” que vende la propaganda de la Junta. Es un legado de décadas de gobiernos socialistas desarrollando políticas liberales en beneficio del capital y salpicado de escándalos de corrupción, con tramas millonarias de la envergadura del fraude de los ERE y los Cursos de Formación, donde el dinero público ha servido para alimentar políticas clientelares y chanchullos empresariales que hacían su agosto cerrando empresas y despidiendo trabajadores.

Adelante Andalucía incapaz de rentabilizar el descontento con el PSOE

Aunque el PSOE parece perder poco respecto a las generales de abril y se mantiene como primera fuerza política en las ocho provincias con 1.420.000 votos —perdiendo el 10% de su electorado—, lo cierto es que incapaz de recuperarse del hundimiento que sufrió hace unos años. Basta recordar las autonómicas de 2004 y 2008, cuando conseguía un 50% y 48% de los votos respectivamente, situándose a más de 18 y 10 puntos del PP —en 2004 los populares consiguieron el 31,8% y en 2008 el 38,4%—.

Dicho esto, la provincia de Sevilla, la más poblada de Andalucía, sigue siendo un bastión socialista, logrando el primer puesto en 101 de los 106 municipios, incluyendo la capital. El incremento de la abstención en este caso es más acusado en los barrios obreros. Por ejemplo en Sevilla ciudad, la diferencia es de hasta 18 puntos entre los distritos acomodados de Nervión o Los Remedios donde la suma de PP y Vox se aproxima al 75%, y los barrios clásicos de clase obrera como Cerro Amate, Sur y Macarena, donde PSOE es de largo el más votado y en segundo lugar se sitúa Unidas Podemos en todos los casos. En cualquier caso, es necesario destacar que se trata de la única provincia en la que se doblega a la derecha, que es mayoritaria en el resto de las provincias andaluzas.

Una de las claves de este resultado electoral, ha sido la incapacidad de UP de rentabilizar el descontento provocado por el Partido Socialista. A pesar de la merma de votos del PSOE, pasa de 650.000 a 550.000 votos, es decir, se dejan por el camino 100.000 votos y tres escaños. Si nos retrotraemos a las generales de 2016 tendremos una panorámica del retroceso de Podemos e IU, entonces consiguieron 787.055 y 11 diputados, es decir, ¡pierden un tercio de su electorado y casi la mitad de sus escaños!

También aquí hay alguna excepción. En la bahía industrial gaditana, las ciudades de Cádiz y Puerto Real sostienen el voto de UP, sumando junto al PSOE el 52% y el 65% respectivamente. En Córdoba retiene su diputado gracias al histórico apoyo en la capital y la fidelidad de su voto en la “campiña roja”.

Más País obtiene 56.000 votos, es decir, no compensa el descenso de la izquierda y sí tiene relevancia en la pérdida de 1 diputado de UP en Málaga.

PP, Cs y VOX: bloque patronal, franquista y machista.

¡Sólo con la lucha en las calles los derrotaremos!

Miles y miles salimos a manifestarnos el 3 de diciembre de 2018 en las principales capitales andaluzas en rechazo a la entrada de fascistas en el parlamento andaluz en las elecciones autonómicas de noviembre del pasado año. ¡Ese es el camino! Tenemos un reto: cerrar el paso a la extrema derecha. Para lograrlo hace falta una movilización enérgica y un programa anticapitalista. Hoy más que nunca es necesario construir una sólida organización de combate que defienda el programa de la revolución socialista. ¡Únete a Izquierda Revolucionaria!

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