“Me cuidan mis amigas y no la policía” es la frase que nos repetimos estos días miles de mujeres que estamos estremecidas e indignadas ante el último escándalo de agresión sexual protagonizado por un alto cargo del Ministerio del Interior. Sentimos mucho asco y mucha rabia. Y no es para menos.
El 17 de febrero conocíamos que José Ángel González, el ya exdirector adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, dimitió al hacerse pública la denuncia que ha presentado una de sus subordinadas contra él por una violación cometida en abril de 2025.
Es desgarrador leer cómo este elemento le preparó una encerrona hasta que consiguió lo que quería. Le obligó a ir a recogerle a un restaurante para que lo acompañara a su vivienda. Después de estar más de 40 minutos intimidándola, diciéndole que él era el DAO y que debía de hacerle caso, la agredió sexualmente y, ese mismo día, la llamó hasta en 17 ocasiones para amedrentarla y asegurarse de que no abría la boca. Pero aquí no acaba este relato de terror. En julio, Fernando Óscar San Juan, asesor del agresor, coaccionó a la víctima para tratar de comprar su silencio ofreciéndole un ascenso. Presionó tanto que ella tuvo que solicitar la baja médica por ansiedad. No es casualidad que este encubridor de violación recibiera de manos de su jefe en 2025 la Medalla de Plata, un reconocimiento que conlleva un 15% adicional a su salario de por vida.
Sí, este machista campaba a sus anchas porque se sentía impune para poder hacer lo que quisiera. Todo ello, pese a que los “comportamientos inapropiados” del ex DAO —“era un tocón” y “a Jota le costaba subirse la bragueta”— en el trato con mujeres eran “un secreto a voces”, según aseguran fuentes policiales a distintos medios de comunicación.
Aquí tenemos a los supuestos “salvadores” que nos protegen de la violencia machista. Pero qué cinismo. Por si fuera poco lo ocurrido, ahora —como ha denunciado el abogado de la mujer agredida— la policía ha filtrado su identidad. Hay que ser miserable. Esta es la jauría de agresores machistas y reaccionarios que campa a sus anchas en el aparato del Estado, que jamás fue depurado tras la caída de la dictadura franquista. Estas, entre otras, son sus consecuencias.
No es un caso aislado, es el sistema
Este sinvergüenza ha declarado que ha dimitido porque no quiere perjudicar el “buen nombre de la policía”. Esto lo dice todo: evidentemente no lo hace porque sienta ningún tipo de remordimiento o arrepentimiento por lo que ha hecho. ¿Pero de qué nos habla? No es difícil hacer un repaso para saber que de “buen nombre” no hay mucho.
Esta misma semana hemos conocido que el jefe de la policía de Alcalá de Henares, Luis Antonio Moreno, está siendo investigado por violencia de género contra dos mujeres. El 15 de febrero salía también a la luz que dos policías han sido citados a declarar por su participación en una red de prostitución infantil en Almería. A mediados de enero un agente de policía valenciano fue detenido por agredir sexualmente a una compañera en prácticas. Tampoco nos olvidamos de los dos policías locales que agredieron sexualmente a una chica en Estepona en 2022 después de ir a su casa. Y la lista podría continuar. Así que, por favor, que no nos diga este elemento indeseable que dimite por el honor de la policía y por lo bueno que hacen, porque de “buenismo” y de humanidad tienen bien poco.
Es bochornoso. Los mismos que cada 25 de noviembre hacen vídeos publicitarios con la Real Federación Española de Fútbol —el cinismo es máximo, no olvidemos que han protegido a Rubiales hasta la saciedad— diciéndonos que está en nuestras manos acabar con esta lacra que sufrimos millones de mujeres, animándonos a denunciar y a que no nos callemos porque la policía nos ayudará y protegerá. Pero qué nos están contando, no nos engañan.
Nosotras sabemos muy bien quiénes son los que se ponen del lado del agresor cuando vamos a denunciar y quiénes nos señalan a nosotras como culpables. Sabemos también quiénes son los que participan en los desahucios de vecinas y nos agreden por manifestarnos. Lo decimos alto y claro: no, no es un caso aislado.
La consecuencia directa de no depurar el aparato del Estado
¿Y qué tiene que decirnos Grande-Marlaska? ¡Que no sabe nada! No solo eso. Que no dimitirá si no se lo pide la víctima porque se haya sentido desprotegida o crea “que le he fallado”. Hay que tener la cara muy dura y cero empatía para decir algo así. No queremos ser suspicaces, pero igual que el jefe de la Policía Nacional sea un agresor sexual sí que nos hace sentir desprotegidas.
Nosotras ya hemos visto cómo actúa Marlaska. Es el mismo ministro del Interior que ha amparado la infiltración policial en los movimientos, en Catalunya la de un policía que abusó sexualmente de varias activistas de la izquierda y que después condecoró y ascendió a una embajada con una subida salarial de 20.000 euros. Es el mismo que amparó la masacre de inmigrantes en la valla de Melilla, que permite los cursos de formación de los fascistas de Desokupa a los agentes policiales o las redadas racistas en nuestros barrios. Y sí, nosotras también hemos estado presentes cuando envió a los antidisturbios a reprimirnos en las ejemplares movilizaciones contra el genocidio sionista o cuando nos levantamos contra los provocadores fascistas en las universidades.
No podemos engañarnos. Todos los cuerpos de seguridad del Estado siguen estando infestados con la misma basura reaccionaria y franquista de hace cincuenta años. Son sus herederos. Siguen siendo unos machistas, clasistas y racistas, no pueden soportar que nos hayamos levantado contra ellos y su sistema, y por eso no dudan en ir a por nosotras. Nos lo han dejado claro muchas veces.
Tenemos que seguir luchando para acabar con un sistema capitalista y patriarcal que ha cogido el testigo del franquismo, una época en la que las mujeres no valíamos nada. Mientras que no se depure el aparato del Estado, los jueces, fiscales, policías, guardias civiles y militares van a seguir con su cruzada contra nosotras: dictaminando sentencias que nos aplastan, agrediéndonos y acosándonos.
Desde Libres y Combativas mandamos todo nuestro apoyo a la víctima. Y no vamos a parar de luchar hasta acabar con la impunidad con la que actúan nuestros agresores y con el sistema que ampara esta violencia que sufrimos miles de mujeres.



















