El 14 de abril se realizó la última de las manifestaciones conjuntas de los trabajadores de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) y de la EMT de la capital valenciana. Una manifestación importante, animada, que marca el camino de una lucha que acumula meses de resistencia. La plantilla de la EMT está luchando, desde octubre, por el cumplimiento del convenio, contra la externalización de servicios y privatización de líneas, por el mantenimiento de la plantilla, etc. (ver El Militante número 247). La lucha ha consistido básicamente en paros parciales (en horas punta), y movilizaciones en la calle. El 18 de marzo, en plenas Fallas (es el día de la Nit del Foc), se paró gran parte del transporte público del Cap i Casal: los trenes de metro y tranvías no afectados por los abusivos servicios mínimos pararon, los autobuses también, las taquillas de billetes de tren de ADIF permanecieron en gran parte cerradas. Es evidente que el proceso de privatizaciones, destrucción de empleo, incumplimiento de convenios, es general a la empresa pública, más en esta época de ataques profundos a los derechos de los trabajadores y a las conquistas sociales.
En estos momentos el calendario de lucha, en la EMT, incluye paros de tres horas en cada turno, seis días de mayo y seis días de junio (momentos en que se realizarán concentraciones en la principal plaza valenciana, la del Ajuntament), así como huelga de 24 horas el 5 de mayo, el 23 de junio y los días 22, 23 y 24 de agosto. En el caso de FGV, se decidió en asamblea abandonar los paros y concentrarse en las manifestaciones.

Hay que conectar la lucha de FGV con el descontento social

Como ha explicado el Sindicat d’Estudiants en sus hojas (y en asamblea de trabajadores de FGV), las medidas para coordinar las diferentes plantillas y para extender la lucha son extremadamente positivas. La recién creada Plataforma en Defensa del Transporte Público debe ser puesta al servicio de la movilización. Es muy complicado que con sus solas fuerzas cada plantilla pueda parar los ataques. El Ayuntamiento de Rita Barberá y el Consell de Camps, muy posiblemente reforzados tras las próximas elecciones, juegan al desgaste, el tiempo va a su favor. Las molestias que puedan ocasionar los paros en autobuses (mucho menores, por otra parte, que las causadas por los recortes en la frecuencia) no preocupan a los políticos del PP. Sólo difundir las causas de la lucha, explicar la dejación de la derecha hacia los servicios públicos, ganar simpatía y apoyo entre todos los trabajadores y jóvenes, podría revertir la situación. Pese a lo que algunos digan tras las elecciones, existe un profundo malestar contra la política del PP, que en parte se expresa en ellas (a través de la abstención, básicamente), y en parte en la calle (las recientes y masivas manifestaciones del 26 de marzo —60.000 valencianos contra la corrupción— y del 16 de abril —contra el cierre de TV3 y las medidas antidemocráticas de la Generalitat— dan fe de ello). Si este malestar no se expresa de forma más clara es por la política antiobrera de Zapatero, y por la estrategia de pactar los recortes de las cúpulas de CCOO y UGT (estrategia que temporalmente desanima a la lucha).
Animamos a los trabajadores de transportes públicos a tomar todas las medidas posibles para ganar el apoyo del resto de trabajadores: reparto masivo de hojas informativas, charlas en empresas importantes, barrios obreros y facultades, etc. Para organizar la lucha sería enormemente útil organizar una asamblea conjunta de trabajadores de EMT y FGV, abierta a otros trabajadores y a estudiantes. Sería una forma de aprender de las diferentes experiencias y de decidir entre todos cómo aplicar e impulsar la necesaria coordinación.


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