CCOO y UGT organizaron a primeros de septiembre una concentración en la ciudad contra la reforma de la Constitución. Participamos unos 500 delegados sindicales y un nutrido grupo de personas muy activas en la asamblea del 15-M.  Durante estos meses, miles de jóvenes y trabajadores a través de este movimiento hemos discutido muchísimo sobre el papel de los sindicatos en la situación que estamos viviendo. Hay muchísimo descontento y desconfianza hacia la dirección de los dos grandes sindicatos, ya que la política de aceptar los ataques no tiene ninguna justificación.
Eso es lo que se plasmó de forma gráfica en esta concentración. Los miembros del 15-M, aunque conformaban un bloque diferenciado, de forma respetuosa escucharon el discurso y los argumentos contra la reforma constitucional, incluso cuando el megáfono utilizado por los secretarios generales provinciales de CCOO y UGT se quedó sin pilas, un compañero del 15-M le cedió otro megáfono para que pudieran seguir explicando su postura.
El discurso sindical volvió a ser cojo y decepcionante. Después de arremeter contundentemente contra la reforma constitucional, en el momento en el que hay que concretar qué hacer para evitarlo y plantear un plan de lucha que vincule este nuevo ataque a todos los que ya se han aplicado… nada de nada.
En ese momento, pasó algo realmente importante. Los compañeros del 15-M comenzaron a corear consignas a favor de la huelga general y muchos de los delegados sindicales empezaron a corearlas también.
Cuando con argumentos, sin sectarismo y de forma organizada se pone encima de la mesa que se puede luchar, y tenemos que hacerlo juntos, como ocurrió en esta concentración, el castillo de naipes argumental que se resiste a unificar la lucha, que niega la posibilidad de convocar una huelga general se derrumba inmediatamente ante miles de trabajadores y afiliados a CCOO y UGT. Esta es la mejor manera, sin callarnos nada y tendiendo la mano a la base y delegados sindicales (sean de la organización que sean) para luchar juntos, de denunciar la política pactista de las direcciones sindicales, además de la forma más coherente de que la lucha empezada en mayo de un paso adelante, incorporando decisivamente al movimiento obrero.


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