La aparición en la prensa del la última “oferta” de la dirección de Arcelor Mittal al comité de empresa es una auténtica declaración de guerra y significaría una reducción en torno al 25% de los costes salariales. “Un recorte salarial de hasta el 10% mediante la modificación de la prima de producción, la congelación del resto de la masa salarial durante tres años, la congelación del plus de antigüedad y el aumento de la jornada laboral en el 6%” (La Nueva España, 06/09/2012). Además, señalan que aceptar este nuevo ataque es “condición preceptiva para que la compañía reactive a primeros de octubre el horno alto de Veriña”. Y para rematarlo han planteado que o se acepta por las buenas o “aplicará de forma unilateral los recortes con carácter inmediato”.

¿Cómo se ha llegado a esta situación?

En el último periodo las condiciones en la empresa no han hecho sino empeorar. En el mes de marzo, en relación con la eliminación de casi 200 puestos de trabajo en Veriña,  explicábamos: “¿Todos estos recortes servirán para algo? ¿Cuántos pasos atrás hay que seguir dando? (…) Con el chantaje constante del cierre o los despidos, pretenden imponer unas condiciones laborales que de otra forma sería muy difícil hacernos tragar... Recortar plantilla de todas las formas posibles, y machacar las condiciones laborales (…)”.
En numerosas ocasiones hemos señalado que la política del “mal menor” era profundamente errónea porque aceptando el desmantelamiento paulatino de los derechos que tan duramente cuesta conseguir se sitúa a los trabajadores constantemente en peores condiciones para enfrentarse al siguiente ataque. Lo que tenemos ahora es la consecuencia natural de la aceptación, por parte de las direcciones sindicales de diferentes EREs, y del desarrollo del plan ARCO que, en sí mismo, suponía abrir la puerta al deterioro de las condiciones de trabajo, etc.
La empresa ha emplazado al comité a una reunión el 10 de septiembre. Sin duda su intención es jugar una vez más la baza del chantaje. Según La Nueva España: “Varios consultados dijeron que, si se optase por negociar (…) podría haber algún margen para aliviar algunas de las pretensiones patronales”. Pero hacer esto sería un profundo error. Los sindicatos tienen que rechazar cualquier acuerdo que suponga pasos atrás, porque no servirá para parar los ataques de la empresa, sino para envalentonarla aún más.
Tenemos encima de la mesa el mayor ataque que se ha planteado nunca en la empresa, y la respuesta que debemos darle tiene que ser inmediata. Declaraciones como las de Lito: “En esta empresa no hay titubeos, se va muy en serio. La empresa hace sus cuentas y donde no se cumplen sus intereses, si puede, cerrará. Tenemos que ser mejores que otros colegas”, más propias del capataz de una plantación que de un sindicalista honesto, solo benefician a la empresa, lanzando un mensaje de enfrentamiento entre los trabajadores, en total sintonía con el discurso del gobierno y de la patronal de que somos los trabajadores los que tenemos que hacer sacrificios y matarnos por las migajas que nos quieran dar.

Podemos parar este ataque con la movilización y la extensión de la lucha

Todo lo contrario, un ataque de este calado no puede abordarse de forma aislada. Sin tener en cuenta lo que está ocurriendo en todos los sectores, la totalidad de las medidas que el gobierno, con el aplauso entusiasta de los empresarios está llevando a cabo, no es posible comprender el calado real de este ataque. Para la patronal, desmantelar las condiciones laborales en Arcelor y otras grandes empresas es una cuestión vital Una caída en las condiciones de trabajo en Arcelor se trasladará de forma más o menos inmediata a las empresas auxiliares y al resto de la industria, de la misma forma que todo el retroceso de los trabajadores en general en estos últimos años ha terminado por materializarse también en este ultimátum de la empresa. La patronal y el gobierno están unidos en esta estrategia y para enfrentarlos es necesaria una posición de máxima contundencia por parte de los dirigentes sindicales, que es la mejor manera de garantizar la máxima participación y la unidad de todos los trabajadores.
Pero la empresa no es omnipotente. Para nosotros, lo más urgente es la convocatoria, por parte del comité de empresa, de asambleas generales conjuntas donde los trabajadores puedan decidir y votar un plan de movilizaciones contundente. Es preciso señalar un calendario de huelgas y movilizaciones claro, que de confianza a los trabajadores en sus propias fuerzas. Hay que fijar ya la fecha de la primera huelga de las plantas de Mittal en Asturias y el resto del Estado, acompañada de manifestaciones masivas, con un llamamiento claro a la participación del resto de la clase obrera y la juventud. Pero, por encima de todo, hay que volcar el conflicto hacia fuera desde el primer momento, y buscar la solidaridad y la unificación con el resto de las plantas de Arcelor en Europa, y con todos los sectores en lucha en Asturias y en el resto del estado.
Si Mittal juega a la división y al miedo para enfrentar entre sí a las plantillas, nosotros debemos apostar por la unidad y la solidaridad de todas ellas. En la actual situación, la lucha de Arcelor puede convertirse con rapidez en un punto de referencia para miles de trabajadores, si hay voluntad sindical para impulsarla.
Pero incluso el mejor plan de lucha no servirá de nada si no somos capaces de responder al chantaje empresarial con nuestros propios argumentos: la “desafortunada” frase de Lito de “ojalá que no se cierre nada pero si hay que cerrar algo que no sea en España”, debemos sustituirla por la reivindicación de la renacionalización de la empresa en el caso de amenaza de deslocalización. Y tratar de extender esa consigna al resto de empresas amenazadas, como es por ejemplo el caso de Alcoa en Avilés.


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