"No hemos podido de momento hacer retroceder a la Administración. Pero, este hecho sólo nos confirma en la idea de que es necesario luchar más duramente y más unidos para lograrlo. ¡Compañeros! Todo el sector público está bajo ataque. Hoy somos nosotros los despedidos, mañana serán algunas condiciones laborales que nos empeoren, pasado la privatización de determinados servicios. Por eso, estamos seguros que, tarde o temprano, es inevitable la movilización conjunta no sólo del sector público, sino de todos los trabajadores". Extracto del comunicado del Comité de Bomberos en Lucha (15 de diciembre de 2010
En noviembre informábamos de la intención de la Consejería de Presidencia, Justicia e Igualdad de despedir a 20 trabajadores de Bomberos del Principado de Asturias (BPA). Los trabajadores, todos personal de BPA, con una larga trayectoria en la empresa, en algunos casos de hasta 20 años y altamente cualificados, cesaron en la entidad el 14 de diciembre. Así se materializan los despidos, que los afectados denunciarán en los juzgados por improcedentes1.
Desde que conocieron las intenciones de la consejería, los bomberos afectados se organizaron para hacer frente a este ataque en las mejores condiciones posibles. Si bien las dificultades para evitar los despidos eran muchas, estos compañeros han puesto todo lo que estaba en su mano para lograrlo, y han conseguido generar una amplia solidaridad no sólo entre la plantilla sino entre la población en general.

Surge el Comité de Bomberos en Lucha ante la pasividad del comité de empresa

La orientación que han dado a esta lucha ha supuesto también una ruptura con la práctica sindical habitual en los últimos tiempos. En  primer lugar, y ante la escasa iniciativa demostrada por el comité de empresa, formaron el Comité de Bomberos de Asturias en Lucha para poder discutir y organizar las diferentes movilizaciones. Este comité, que fue el auténtico motor de la lucha, planteó desde el principio los despidos como parte de la brutal política de recortes del gobierno, y vinculó estos a la disminución de personal en la Administración pública.
Por otro lado, hizo constantes llamamientos a la unidad de las luchas, no sólo de los empleados públicos sino del conjunto de los trabajadores, para forzar un cambio drástico en la política del gobierno. Como explicaban en uno de los panfletos que repartieron: "El gobierno del PSOE debe dejar de gobernar para la banca y los grandes empresarios y llevar a cabo una política en beneficio de la mayoría de la sociedad. Por nuestra parte, no estamos dispuestos a aceptar pasivamente que se nos prive de nuestro medio de vida, y haremos todo lo que esté en nuestra mano para cambiar esta situación injusta."
Lamentablemente, esta posición tan clara y firme contrasta vivamente con la actitud del comité de empresa, cuya implicación se limitó a firmar los primeros panfletos que redactaron los trabajadores y a legalizar algunas movilizaciones, que no todas. De hecho, lejos de contribuir al desarrollo de la lucha, la actitud del comité supuso un obstáculo más. De boca de miembros del propio comité de empresa tuvieron que escuchar los trabajadores cosas como que "si organizamos una asamblea general no vendrá nadie, porque a la gente sólo le interesa lo suyo", "si organizamos una huelga de horas extras, enfrentaremos a la plantilla", o que ni siquiera les facilitaran pancartas porque "no sabían donde las habían metido" ni tampoco apoyo económico para afrontar los gastos de las movilizaciones porque "no había dinero para esas cosas".
Esta actitud provocó que desde el Comité de Bomberos en Lucha tuvieran que lidiar, además de con la empresa con sus propios representantes sindicales y desmontar en la práctica todos los prejuicios que ellos iban sembrando. Así, se vieron obligados a recoger firmas para forzar la convocatoria de una asamblea general que venían solicitando desde el inicio del conflicto (y que el comité de empresa convocó poco después de que iniciaran la recogida de firmas). Posteriormente, tuvieron que defender ellos mismos ante la asamblea la propuesta de realizar la huelga de horas extras, mientras el comité intentó atemorizar a la plantilla haciendo hincapié en las posibles "consecuencias". Y por último, asistieron atónitos a la pretensión del comité de empresa de que la votación fuese secreta, cuando siempre se había votado a mano alzada.

Disposición a la lucha y solidaridad de la plantilla

Pero todo esto no impidió que la plantilla se posicionara aplastantemente a favor de realizar la huelga, echando por tierra todo el discurso sobre la "insolidaridad" de este sector, etc. Lamentablemente, esta medida por sí misma no era suficiente para obligar a la Administración a rectificar, aunque sí demostraba que había disposición para dar un paso adelante en la lucha, tras el éxito de las concentraciones anteriores. Sin embargo, ninguna orientación más salió del comité de empresa.
Tampoco la colaboración que los trabajadores pidieron a las Federaciones de CCOO y UGT se concretó en nada más que el envío de un comunicado y el apoyo verbal de CCOO a una manifestación. En nuestra opinión, nada que no pueda hacer cualquier pequeña organización e incluso personas a título individual. ¿Para qué tenemos la estructura, los recursos, los delegados y liberados si no es para ponerlos a disposición de las luchas obreras?
Estas cuestiones son fundamentales para comprender el desenlace, no sólo de este conflicto, sino de cientos o miles más. ¿Se podrían haber parado los despidos? O en todo caso, ¿se ha hecho todo lo posible para parar los despidos, es decir, para ganar esta lucha? Pensamos que en lo que atañe a los propios trabajadores, a la plantilla de bomberos la respuesta es sí. El problema es que, en la situación actual, no es posible obtener una victoria luchando aisladamente, empresa a empresa. Sólo es posible extendiendo y unificando las movilizaciones, haciendo conscientes a los trabajadores de su propia fortaleza y demostrándole al gobierno que no vamos a ceder sin lucha. Y en ese sentido, quien tiene la capacidad de hacer esto, las federaciones sindicales de CCOO y UGT, continúan paralizadas, desconcertadas, ancladas en un tipo de sindicalismo que, si ya no daba frutos durante los años de boom económico, ahora es absolutamente inútil.
No podemos saber si se hubieran podido parar los despidos de haberse planteado la lucha de esta forma. Pero, sin duda, hubiera contribuido a reorganizar a los trabajadores y a prepararnos para las batallas, que, nos guste o no, vamos a tener que afrontar en muy poco tiempo.

1. Ver entrevistas a los afectados en los números 243 y 244 de El Militante (noviembre y diciembre).


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