Dos días antes de la huelga general del 29 de septiembre la Empresa Emte Service despedía en Tarragona a Manu Vidal, sindicalista de CGT y miembro de la Corriente Marxista El Militante. El “delito” de Manu fue luchar honestamente por los derechos de los trabajadores y defender tenazmente un sindicalismo democrático, de clase y combativo. Casi cinco meses después, tras una impactante campaña de solidaridad, una sentencia del Juzgado de lo Social de Barcelona declaraba nulo el despido. El 23 de febrero Manu Vidal volvía a la empresa. La sentencia deja claro que “la decisión empresarial responde a una mera represalia” (página 9, párrafo 3) y que “las causas que alega la empresa carecen de cualquier lógica y justificación, apareciendo el despido objetivo como una mera excusa y como reacción a su previa actividad sindical, de representación de los trabajadores y de reclamación frente a la empresa” (página 10, párrafo 1). La sentencia también señala que la empresa ha actuado “con flagrante vulneración de los derechos fundamentales del trabajador (...) con una justificación burda y ajena a lo probado en autos en cuanto al contenido de la carta de despido” y la condena a pagar una indemnización por daños morales y vulneración de derechos fundamentales de 6.000 euros, lo cual también es una cantidad excepcional en estos casos, a parte de los salarios de tramitación.

El Militante.— Explícanos los antecedentes de tu despido y cuál fue el objetivo de la empresa al echarte a la calle.
Manu Vidal.—
Hace tres años la empresa lanzó un ataque “a degüello” contra todos los trabajadores. Despidió a un compañero rumano con contrato fijo y padre de un niño enfermo de cancer, tras tomar varios permisos y pedir vacaciones para acompañar a su hijo al Hospital de Barcelona, donde recibía tratamiento. Esta injusticia formaba parte de un plan claro para despedir a más compañeros y recortar derechos mediante el incumplimiento del convenio y del pacto de empresa. Frente a estos ataques  planteamos diversas movilizaciones para defender nuestros derechos. A partir de ese momento la empresa dedicó todas sus fuerzas a planear cómo acabar con nosotros y aplicó toda una seríe de medidas para atemorizar a todo aquel que se atreviese a luchar: despidió al compañero Carrillo, nos suspendieron  de empleo y sueldo a Isma y a mi, y subrrogaron a parte de la plantilla a una empresa del grupo. A pesar de todo, no consiguieron anularnos.
Nuestra lucha tuvo un enorme eco en toda la petroquímica y en los barrios obreros a los que nos dirigimos para explicar que lo que había pasado en EMTE sucedería en muchas otras empresas y que era necesario extender la lucha y plantarle cara a la patronal. De esta manera ganamos una enorme simpatía y el apoyo económico de muchísimos trabajadores en las colectas que hicimos para financiar las miles de hojas y carteles que distribuimos y parte de los gastos judiciales. Finalmente, gracias a la lucha Carrillo fue readmitido y las sanciones de Isma y la mía fueron retiradas. Todas las mentiras y maniobras traperas de la empresa quedaron en evidencia.
Aún así la patronal tenía claro que no quería sindicalistas combativos que organizasen a los trabajadores para reclamar sus derechos y no tardó en volver a la carga y organizar una campaña de acoso contra nosotros, que denunciamos enérgicamente, mediante escritos y denuncias. El golpe último de la empresa se produjo dos días antes de la huelga general del 29-S con mi despido. Pensaban que lograrían estrangularnos de una vez por todas, pero se equivocaron otra vez.
EM.— ¿Qué valoración haces de la sentencia que declara la nulidad del despido?
MV.—
La sentencia, dictada a mediados de febrero, es ejemplar. Dice que el despido es una mera reacción de la empresa como represalia a la actividad sindical ejercida estos años, detallando los conflictos uno a uno y  las denucias hechas a Inspección de Trabajo. Esta sentencia supone un palo para la empresa porque detalla y desmiente uno a uno los motivos que alega, dejando al descubierto sus intenciones.
Una vez más la empresa no pudo, como diría el compañero Marcelino Camacho “ni domarnos, ni doblegarnos”. Hemos luchado hasta el final y hemos ganado. Ha sido una victoria de todos los trabajadores, de todos los activistas obreros, de toda la CGT, pero también de muchos compañeros que militan en CCOO, UGT, USTEC, COBAS, Sindicat d’Estudiants, las CUP de Reus, la AERV y la Corriente Marxista El Militante que han participado en la campaña de denuncia de esta agresión contra nuestros derechos. A todos ellos nuestro agradecimiento y nuestro llamamiento fraternal a continuar la lucha. Quiero agradecer también el excelente trabajo realizado por nuestro abogado del Colectivo Ronda, Vidal Aragonés, que siempre está, de una forma ejemplar, del lado de los trabajadores.
Esta victoria tiene que servir de referencia para todos los trabajadores. Es un ejemplo de que hay que luchar hasta el final y de que la lucha sirve.
EM.— ¿Qué valoración haces de toda la campaña para lograr tu readmisión?
MV.—
Ha sido una campaña extraordinaria, que ha logrado implicar a muchos compañeros,  a todos los sindicatos de clase y a la mayoría de colectivos de izquierda. Pero ello no ha sido fruto del azar, sino de un trabajo previo de organización de las tareas y del método empleado para llevarlas a cabo. Había que actuar con rapidez, llegar directamente a los trabajadores y tener confianza en el movimiento, conseguir la máxima unidad para la lucha evitando cualquier tipo de sectarismo, sacar dinero para la propaganda, dar una proyección estatal a la campaña. Todo eso lo tuvimos muy claro desde el principio.
Dimos una respuesta imediata convocando, al día siguiente de la comunicación del despido, una rueda de prensa en los locales de CGT para denunciarlo —en la que participaron los secretarios generales de CGT, UGT y del Sindicat d’Estudiants de Tarragona—. Hicimos un trabajo tremendo, repartimos hojas informativas el mismo día de la huelga general del 29-S, hablamos con todas las organizaciones obreras de Tarragona, y con el máximo número de comités de empresa que pudimos.
Como en campañas anteriores, convocamos una asamblea en el parking de un restaurante del polígono SUR de la Petroquímica, frente a la empresa BASF, el 7 de octubre a la que asistieron 40 trabajadores y donde se formó un comité de apoyo a la lucha y se sacaron 80 euros de colecta. Ahí se lanzó la campaña de firmas, que fue un auténtico éxito, recogiéndose más de 500 a lo largo de la campaña. Desplegamos también una pancarta en el pleno del ayuntamiento de Tarragona; hicimos una concentración delante de la patronal el 2 diciembre, con un centenar de asistentes, convocada por todos los sindicatos y organizaciones de izquierdas. A esa concentración acudieron compañeros de comités de empresa, como Emmsa, CCI o Cotinsa entre otros; estuvieron también el secretario estatal del Metal de la CGT, Diego Rejón, y los secretarios generales de la CGT, de CCOO y de UGT de Tarragona. A lo largo de estos meses realizamos numerosas colectas entre los trabajadores para financiar la lucha. Con todo el apoyo pudimos hacer más octavillas, más carteles y pancartas. Una campaña construida totalmente por el esfuerzo de muchos compañeros, siguiendo las mejores tradiciones obreras.
Algo muy positivo fue el apoyo del conjunto de los sindicatos y organizaciones de izquierdas. Para nosotros es un ejemplo de que es posible la unidad de los trabajadores. Esta campaña unitaria es un precedente muy positivo para el movimiento obrero en Tarragona, un precalentamiento para poder unificarnos mejor la próxima vez, unir todas nuetras fuerzas a través de nuestras organizaciones y demostrarle a la patronal lo fuertes que somos. Independientemente de la sentencia, esta campaña hubiera sido, en sí misma, un paso importante para el movimiento obrero y del que estoy orgulloso de haber podido participar.
EM.— A parte de tu afiliación sindical a la CGT, militas en la Corriente Marxista El Militante. ¿Por qué consideras importante militar políticamente?
MV.—
Creo que la única manera consecuente de practicar un sindicalismo combativo es teniendo una alternativa a la sociedad capitalista porque si no, como estamos viendo, la política de “realismo”, del “mal menor” que están practicando los dirigentes políticos y sindicales reformistas, les lleva a ser copartícipes de los ataques y recortes que sufrimos los trabajadores. Hoy estoy más convencido que nunca de que no basta con luchar por derechos laborales concretos, hay que tener una alternativa.
¿Por qué nuestro trabajo sólo puede servir para enriquecer a una minoría capitalista? Una minoría que  cuanto más se enriquece, más explotados estamos los trabajadores, ¿por qué tenemos que seguir manteniendo a una minoría parásita? ¿Por qué nuestro trabajo no puede servir para beneficiar a toda la sociedad? Teniendo en cuenta que los medios de producción y la tecnología hoy en día están más desarrollados que nunca y que sólo nosotros los trabajadores podemos hacer funcionar esos medios, no veo por qué no pueden ser propiedad de toda la sociedad, controlados y gestionados totalmente por trabajadores. Por eso digo que no tenemos que conformarnos con las miguillas que nos dan los capitalistas, tenemos que luchar de forma sistemática y persistente para transformar la sociedad y para eso es fundamental construir una referencia política e ideológica. Por ese motivo estoy organizado en la Corriente Marxista El Militante, a la que he decidido aportar el dinero conseguido de la indemnización.
Desde aquí hago un llamamiento a todos los trabajadores y jovenes a unirse a nosotros para luchar por la transformación socialista de la sociedad.

 

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