El pasado 10 de mayo comenzamos un plan de movilizaciones en demanda de carga de trabajo para las factorías de Navantia en la ría de Ferrol, que consistió en un reparto de octavillas por la ciudad el día 10, un encierro de 24 horas de los comités de empresa y los delegados de las compañías auxiliares en el ayuntamiento el día 11, una manifestación de las plantillas el día 12 (participaron unos 5.000 trabajadores) y un encierro de todos los trabajadores en las factorías el día 19 hasta las ocho de la tarde, con una manifestación posterior por las calles de Ferrol, con una asistencia similar a la primera.

Por tanto, el calendario comenzó el 10 de mayo y se terminó el 19, apenas una semana después. En esencia, todo ha consistido en dos manifestaciones de las plantillas, orientadas a presionar al gobierno de Zapatero, que obviamente no han sido suficientes para conseguir nuestro objetivo, como el propio presidente del comité de empresa de Navantia-Ferrol reconoció al finalizar la manifestación del 19.

La lucha debe continuar

Evidentemente, si ese calendario de una semana fuese un comienzo, podría valer. Pero el detalle estriba en que, a pesar de que la movilización ya empezó tarde, como el propio comité de empresa reconoce, después del 19 todo ha quedado paralizado. La gran complejidad constructiva de la construcción naval militar provoca que el tiempo que pasa desde que se firma un contrato hasta el inicio del trabajo en los talleres supere el año. De hecho, aunque Navantia consiguiese un contrato ahora mismo para Ferrol, ya es inevitable un valle en la carga de trabajo. El reciente encargo de cinco bloques realizado por Australia es positivo, pero no es más que un pequeño parche que no cambia sustancialmente este panorama.
El parón en las movilizaciones tiene dos causas, una general y otra inmediata. La causa general es que los dirigentes sindicales practican un sindicalismo pactista y sólo luchan cuando no les queda más remedio por la presión de las circunstancias o cuando entienden que les conviene por algún cálculo estrecho. La causa inmediata son las elecciones sindicales de Navantia, a celebrar el 16 de junio y que están centrando sus energías. Pero por muy importantes que sean las elecciones sindicales, el empleo de miles de trabajadores es mucho más importante y, por tanto, con o sin elecciones la lucha debe continuar.

Es necesaria una coordinadora
de la industria auxiliar

Este parón pone de relieve la necesidad de formar una coordinadora de las compañías auxiliares. La coordinadora es necesaria para organizar mejor a los trabajadores subcontratados. Pero además, la coordinadora también permitiría tener una dirección sindical en circunstancias como las actuales, cuando los dirigentes de la empresa principal tienen otras ocupaciones. Lo que no pude ser es que ante un problema tan grave que afecta a miles de trabajadores todo quede paralizado porque un puñado de dirigentes no son capaces de hacer frente a todas las tareas. Algo funciona muy mal en el movimiento sindical cuando ocurre esto.
La coordinadora de compañías auxiliares es muy necesaria. Pero aunque la organización es importante, la clave de la lucha depende de la estrategia. No podemos limitarnos a objetivos locales. Del mismo modo que un trabajador aislado carece de fuerza, en este contexto de crisis una fábrica aislada también carece de fuerza, por mucho que se movilice. Las luchas aisladas son en gran medida impotentes. Tenemos que insertar nuestra lucha en la lucha general de la clase obrera de todo el Estado por evitar que los trabajadores paguemos los platos rotos de la crisis del capitalismo.

¡Por la unidad de los trabajadores!

Y precisamente esa unidad imprescindible, la unidad de la clase obrera, es la unidad que no quiere el comité de empresa, que lleva años haciendo todo lo posible para evitar las asambleas generales conjuntas entre trabajadores de la principal y la industria auxiliar. Sin ir más lejos, el mes pasado se opusieron a celebrar una asamblea conjunta para votar el calendario de movilizaciones, con el argumento (dado por el presidente del comité) de que “los trabajadores de la principal no podemos permitir que los trabajadores de la industria auxiliar condicionen nuestro voto”. Los mismos que nos dicen que en nuestra lucha debemos unirnos con toda la sociedad ferrolana, derecha y empresarios incluidos, dinamitan la unidad de los trabajadores dentro del astillero.
Los sindicalistas marxistas vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para contribuir a la organización del movimiento obrero en la industria auxiliar porque esto sólo puede ser positivo para los intereses de clase de los trabajadores. Nosotros no le tenemos miedo a que la actual realidad laboral de las factorías de Navantia, donde los trabajadores subcontratados son mayoría, tenga su reflejo en el plano sindical. Flaco favor le hace al movimiento obrero quien fomenta prejuicios y divide a los trabajadores, ya sea presentando a los subcontratados como una amenaza para los de la principal, o presentando a todos los de la principal como cómplices de la patronal.


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