Los días 21 y 23 de junio más de 1.000 trabajadores de la fábrica Mercedes Benz de Vitoria se concentraron delante de la sede de la patronal alavesa. El motivo era protestar por los ataques que la multinacional pretende aplicar a los trabajadores en el nuevo convenio. Completamente envalentonada, la empresa ha dicho claramente cuáles son las medidas mínimas que hay que aceptar: reducción de un 10% de los sueldos sobre la base de 2008, la rebaja de un 25% de los costes de producción, más productividad y más movilidad funcional. Además, amenazan con que si esto no se acepta paralizarán el proceso de fabricación del nuevo modelo de furgoneta VS20, que va a ser otorgado a la planta de Vitoria.

Esta fábrica emblemática en la ciudad no lo es por casualidad. A pesar de la reducción de plantilla en las últimas décadas, mantiene 3.200 empleos directos y otros 13.000 indirectos (34 empresas le suministran componentes y 56 le prestan servicios, muchas de ellas prácticamente en exclusiva, por lo que su supervivencia está íntimamente ligada a la de la multinacional). La repercusión económica es de un 3% del PIB de la Comunidad Autónoma Vasca y de un 11% de sus exportaciones. Un gigante.
Esto, traducido al lenguaje de la lucha de clases significa un poder muy grande en manos de estos obreros, con una capacidad colosal para arrastrar a la lucha a miles de trabajadores. De hecho, la lucha de Mercedes, si se extendiera a otras empresas en conflicto como Arregui, Fibertécnic, etc., y a la juventud, podría lanzar a la burguesía un aviso muy serio: el conjunto de la clase obrera, unida, está dispuesta a enfrentarse a sus políticas, por tanto: “¡cuidado hasta donde llegáis con vuestros planes!”.
Por eso es tan importante para toda la clase trabajadora de Vitoria lo que ocurra con este conflicto. La rabia acumulada en la plantilla ha llevado a no admitir este nuevo ataque y ha empujado a la unidad de los ocho sindicatos presentes en la fábrica. Pero es necesario que esta unidad sirva para luchar. Después de las dos concentraciones del 21 y 23 habrá otra más el 30 de junio, pero el comité ha decidido desconvocar la asamblea del 24 de junio, con paros de 3 horas incluidos, diciendo que la harán después del verano. Esto no es correcto pues la plantilla debe estar continuamente informada y además, muy importante, debe ser la que apruebe o no cada paso que dé el comité. Por eso, las asambleas generales de trabajadores donde se fomente la participación y la democracia son fundamentales.
Con el movimiento 15-M ha salido a la luz la durísima crítica de jóvenes y trabajadores a las direcciones sindicales por tomar decisiones que afectan a sus vidas sin contar con ellos. Es necesario romper con esos métodos y recuperar el método asambleario de discutir las diferentes posiciones y luego que los trabajadores decidan a través de su voto. Si la dirección de Mercedes mantiene sus ataques la lucha que tendrán sus trabajadores por delante será dura y difícil, pero será más fácil ganarla si está basada en los métodos de la democracia obrera y de la extensión de la lucha.


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