El pasado mes de marzo la multinacional francesa FNAC, que cuenta con 25 centros en el Estado español y 2.400 trabajadores, lanzaba a la plantilla su intención de aplicar un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) hasta 2016. La empresa se descolgaba del ya de por sí duro convenio de comercios y grandes almacenes aplicando una reducción salarial del 12% con reducción de jornada, más una bajada anual del 3% y la retirada del principal beneficio social, el seguro médico (gratuito desde hace trece años). Una demostración palpable de que los convenios son papel mojado para las empresas que, amparadas por las leyes incluidas en la nueva reforma laboral, aprovechan la mínima oportunidad para atacar a los trabajadores.

Demostrando la poca vergüenza que le caracteriza, la dirección de la compañía argumentaba que en 2012 había obtenido unos beneficios de 4,5 millones de euros frente a los 12,5 de 2011. Incluso esta cifra muy posiblemente esté manipulada. Según UGT, la empresa ha maquillado las cuentas desviando recursos al grupo PPR, al que pertenece FNAC y marcas de lujo como Gucci. También fuentes sindicales han denunciado que durante 2012 entre disminución de contratos temporales y despidos, la plantilla se habría visto reducida en un 9% (justo un punto menos del límite establecido en la ley para la aplicación del ERTE) y que cerca del 60% de estos despidos serían improcedentes. Una muestra más de que la legislación burguesa solo beneficia a los intereses de su propia clase, evidenciando la relación directa con sus representantes en el gobierno.

Repuesta contundente de la plantilla

Pero había algo que fallaba en su fórmula, no habían contado con la inmediata reacción de los trabajadores ante este nuevo atropello que, en la práctica, suponía dejarles al borde del salario mínimo. El centro de A Coruña anunciaba una huelga indefinida. Madrid se sumaba anunciando dos jornadas de paro en marzo, a los cuales se esperaba que se sumaran al menos los centros de Valencia, Alicante y Zaragoza en un paro general conjunto el 23 de abril en las tiendas de todo el Estado. Los trabajadores se organizaron unificando la lucha y haciendo público el conflicto. La participación en asambleas y la movilización de la plantilla fue tremenda, mayor incluso que durante convocatorias de huelga general, y todo ello a pesar de tratarse de un sector tradicionalmente poco organizado y muy explotado y reprimido. Esta presión ha hecho retroceder a la empresa en su empeño y ha demostrado cuál es el camino. El representante de CGT reconocía: “Los sindicatos hemos ido a remolque de la plantilla, que es la que se ha organizado”.
A los pocos días de anunciarse las convocatorias la patronal reunía de urgencia al comité intercentros, y los representantes de CCOO, UGT, FETICO y CGT retiraban las convocatorias de paros tras firmar un acuerdo que suponía la retirada del ERTE y la pretensión de terminar con el seguro médico (aunque se establece un copago durante un año). Se trata de una victoria clarísima que, sin duda, llena de confianza a la plantilla y debe ser un ejemplo para todo el sector.


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