Pocos días antes de su toma de posesión al frente del Gobierno de EEUU, Donald Trump lanzaba una nueva amenaza para América Latina: “la recuperación del canal de Panamá” que, según su discurso, está controlado por China. La historia del intervencionismo estadounidense en el continente no nos permite ser ingenuos. Aunque los ataques de Trump buscan desviar la atención de los problemas internos de EEUU y mantener el apoyo de sus bases de ultraderecha, la realidad es que estas amenazas intervencionistas tienen una base real: este canal es estratégico para EEUU.
Por él pasa el 6% del comercio mundial y el 57% de la carga de contenedores de Asia a la costa este de EEUU. EEUU es el mayor usuario del canal, con tres cuartas partes de la carga total, mientras China traslada el 20% de sus mercancías por esta ruta. El interés estratégico y comercial es indudable, hacerse con el control de al menos dos o tres estrechos marítimos de estas características le permitirían a cualquier potencia controlar la mayor parte del comercio internacional y trastornar a la mayoría.
Este mismo interés por controlar rutas comerciales para bloquear el comercio chino es el que está detrás de las intenciones de apropiarse de Groenlandia, además de sus tierras raras y riqueza de recursos naturales. No es la primera vez que Estados Unidos intenta comprarla. Debido al deshielo el tráfico de barcos se ha facilitado por el Ártico, aumentando un 37% en la última década. EEUU intenta adelantarse a China y Rusia que, en noviembre del 2024, ya se reunieron para acordar colaborar en el desarrollo de rutas marítimas árticas. Hablamos de un asunto serio, por muy estrambótico que parezca. No hay que perder de vista que Estados Unidos ya compró Alaska a Rusia en 1867 por 7,2 millones de dólares.
Tan seria es la amenaza que Trump ha declarado abiertamente su intención de usar la vía militar en ambos casos.
Si bien es falso que el ejército chino maneje el Canal de Panamá, como dice Trump, sí es cierto que empresarios hongkoneses tienen mayoritariamente la administración del canal. China ha invertido en el cuarto puente del canal y tiene en su propiedad dos puertos para cargas de gran calado, el Balboa y el Cristóbal.

Un punto clave en la pugna entre EEUU y China por el continente
Además, China ha avanzado vertiginosamente en el vínculo comercial y político con Panamá desde 2017, año en que desconoce a Taiwán y estrecha lazos con China. Panamá es el segundo país latinoamericano con mayor influencia china y fue el primero en adherirse al proyecto de la Franja y la Ruta de la Seda. Desde 2003 a 2022 las inversiones del gigante asiático en el continente fueron de 187.500 millones de dólares. Si bien en 2023 las presiones estadounidenses provocaron la reducción de las inversiones hasta 5.000 millones de dólares, China sigue avanzando en su peso económico e influencia en la región, incluyendo México.
En el año 2000, las exportaciones latinoamericanas al mercado chino eran de menos del 2%. Pero de 2000 a 2008 el comercio entre ambos creció un promedio anual de 31%, siendo hoy China el principal socio comercial de América del Sur. Esto ha generado una dinámica de integración y dependencia sin precedentes. Por ejemplo, Chile envía el 39% de todas sus exportaciones a China. Además Pekín controla la totalidad de la electricidad de Perú. Actualmente, 23 de los 33 países que componen América Latina se han sumado a algún plan en torno al proyecto de la Nueva Ruta de la Seda.
En noviembre pasado tuvimos una demostración muy gráfica del contraste entre EEUU y China en la región. Durante la celebración de la cumbre del G20 y el encuentro de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) China inauguró el puerto de Chancay en el cual invirtió 3.400 millones de dólares. Mientras, el imperialismo estadounidense golpeado por su decadencia productiva se ve incapaz de competir en inversiones y proyectos de infraestructuras, recurriendo a medidas cada vez más amenazantes y rabiosas.
EEUU no tiene posibilidad de incrementar sus inversiones en América Latina, pero además quiere hacer justo lo contrario: obligar a sus empresas a retraer sus inversiones y llevarlas a territorio estadounidense para reanimar su economía y el empleo. Así que EEUU ha acudido al viejo recurso del enemigo interno extrapolado a Latinoamérica mediante la supuesta “lucha contra el crimen organizado” y en el caso de Panamá reclamando el Canal como suyo y como si hubiese sido un regalo otorgado a Panamá.
La realidad es que el pueblo panameño luchó por el canal por décadas, combatiendo en las calles y con movilizaciones multitudinarias al intervencionismo estadounidense, costando decenas de muertos y cientos de heridos, hasta que por fin lograron recuperar su territorio y encargarse de la gestión del canal que representa el 30% de su PIB.
El Gobierno de EEUU pasó de proponer la aplicación de aranceles del 60% a “cualquier producto que pase por un puerto de propiedad o control chino en la región” y que tenga como destino final Estados Unidos a las amenazas directas de intervención militar. En febrero pidió al Pentágono un plan de intervención incluyendo la vía militar. “Vamos a recuperarlo, o algo muy potente va a suceder”, advirtió.
Contraofensiva china y recrudecimiento de la pugna imperialista
Finalmente las amenazas y presión de Trump consiguieron que la empresa hongkonesa CK Hutchinson, propiedad del magnate Li Ka-Shing, vendiese los puertos de Cristóbal y Balboa a BlackRock, esta empresa estadounidense ha hecho la mayor transacción de infraestructura en su historia. Pero China ha contraatacado, vetando a Shing y a CK Hutchinson para hacer negocios con empresas chinas.
Tras la gira por Centroamérica del secretario de Estado de Trump, Marco Rubio, para presionar y amenazar a diferentes países, el Gobierno panameño de José Mulino (derechista y con conocidos vínculos con el imperialismo) cedió a las amenazas y presiones estadounidenses anunciando que no renovaría el acuerdo de colaboración con China como parte de la Nueva Ruta de la Seda. “El memorando de entendimiento del año 2017 sobre la iniciativa de la Ruta de la Seda no será renovado por mi Gobierno. Vamos a estudiar la posibilidad de si se puede terminar antes o no, pero creo que le toca en uno o dos años”[i], anunció el presidente panameño ofreciendo, además, el país como puente para la deportación masiva de migrantes desde Estados Unidos.
Pero no ha sido dicha la última palabra. Sectores de la propia clase dominante temen que ceder totalmente ante Washington, además de renunciar a lucrativos negocios con Beijing, produzca un impacto en la economía que alimente el descontento social. Este ya se ha expresado en diferentes oleadas de luchas, la más reciente el levantamiento que paralizó el país a finales de 2023.[ii]

No hay un imperialismo bueno
La penetración salvaje de China en América Latina no puede ser considerada una salvación para el continente. Esto no es más que una ilusión reaccionaria difundida por el reformismo para renunciar a confrontar el capitalismo, intentando balancearse entre un imperialismo y otro y disfrazando a China de imperialismo de rostro humano. Estas ideas solo traen confusión entre las bases de los partidos de la izquierda institucional y las y los activistas.
El avance de China se ha facilitado por la pérdida de fuerza del imperialismo estadounidense debido a sus propias contradicciones, por el vacío de inversiones y por la atención a otros asuntos prioritarios, tanto internamente como en Medio Oriente y Europa. Pero también por la bancarrota del reformismo y la ausencia de una alternativa revolucionaria consecuente. Los levantamientos y procesos revolucionarios que han vivido en lo que va de siglo diferentes países del continente mostraron la enorme fuerza y disposición a luchar de las masas y que ese es el camino para combatir al imperialismo y el capitalismo. Renunciar a la revolución para encauzar las insurrecciones a la vía institucional, ya sea planteando el “capitalismo andino”, el “socialismo del siglo XXI”, el “humanismo mexicano” o la “Asamblea Constituyente”, ha tenido un costo muy alto.
Las confrontaciones entre las clases en América Latina aún no han logrado dar paso a la destrucción del capitalismo, pero sí han abierto fisuras en el imperialismo estadounidense que China ha sabido aprovechar. Está explotando al máximo en su beneficio el espíritu profundamente antiimperialista que atraviesa toda América Latina y los discursos del mundo multipolar no hacen más que profundizar esta confusión.
Es claro que su avance representa una gran amenaza para EEUU. América Latina ha sido fundamental en el encumbramiento de EEUU como potencia imperialista, aportándole mano de obra y materias primas baratas y recursos naturales a demanda.
Pero no será tan fácil retomar el control del canal, ni por EEUU ni por China. La clase trabajadora de Panamá ha rechazado tajantemente cualquier tipo de control mayoritario que no sea del Gobierno panameño. Las movilizaciones echaron atrás la creación de la nueva embajada de China que pretendía ubicarse a la entrada del Canal y varios proyectos chinos fueron cancelados por la presión desde abajo. Igualmente desde el primer día tras las amenazas de Trump, el pueblo panameño se ha levantado y los principales sindicatos han convocado movilizaciones durante varias semanas para rechazar las declaraciones trumpistas.
Sin duda, la Administración Trump representa una seria amenaza para la clase trabajadora latina, tanto dentro como fuera de EEUU. La clase obrera, la juventud y lxs compesinos en Panamá y en toda Latinoamérica hemos estado en lucha constante. Las fuerzas del movimiento obrero no están agotadas, como lo demuestran las masas argentinas que han salido a darnos una demostración de su fuerza y disposición a luchar.
La única forma de enfrentar esta nueva ofensiva imperialista es con la expropiación de todas las empresas transnacionales pero también de la burguesía nacional, la principal responsable del grado de dependencia y parasitismo del capitalismo latinoamericano. Los discursos de unidad nacional solo sirven para que las burguesías latinoamericanas, lacayas del imperialismo, sigan saqueando y oprimiendo. Lo que se necesita verdaderamente para enfrentar al imperialismo fascistoide es la lucha internacionalista con el programa del comunismo. Desde Izquierda Revolucionaria levantamos la bandera del internacionalismo proletario, el antirracismo, el antiimperialismo y el antifascismo.
[i] Panamá no renovará el memorando de la Ruta de la Seda con China luego de presiones de EEUU
[ii] ¿Qué está pasando en Panamá? Las masivas protestas antimineras que tienen paralizado al país