Con un PIB superior a los 4,18 billones de dólares y una tasa de crecimiento del 7,6 % en el año fiscal 2025-2026, la India acaba de convertirse en la cuarta economía del planeta, superando a Japón. Pero detrás de esa fachada de crecimiento, y modernización las contradicciones económicas, políticas y sociales se agudizan.

El estallido protagonizado por la juventud  estudiantil entre mayo y junio de este año actuó como termómetro del malestar social, evidenciando  que  bajo la superficie de los datos macroeconómicos se acumulan contradicciones económicas, políticas y sociales muy poderosas.

Un régimen reaccionario sostenido sobre una explotación brutal   

Modi llegó al poder apoyándose en el nacionalismo hindú más reaccionario, prometiendo demagógicamente  acabar con la corrupción  que se había extendido bajo los Gobiernos del principal partido de la burguesía india hasta entonces, el Partido del Congreso, y reforzar el poder de la India como potencia regional.  

Durante todos estos años, ha utilizado el crecimiento económico  y el veneno del chovinismo, la xenofobia y la islamofobia contra la minoría musulmana y los migrantes procedentes de países donde esta religión es mayoritaria como Bangladés para forjarse una base de masas basándose en las capas medias y los sectores más atrasados y lumpenizados de la población.

La burguesía india y las multinacionales imperialistas extendieron la llamada “economía de plataforma”, un modelo basado en el trabajo precario de repartidores, conductores, call centers, aunque también sectores como la informática.

Modi llegó al poder apoyándose en el nacionalismo hindú más reaccionario. Durante todos estos años, ha utilizado el crecimiento económico  y el veneno del chovinismo, la xenofobia y la islamofobial.

Las cifras de paro son relativamente bajas, un 9,9%  pero la economía informal, el desempleo juvenil y una economía eminentemente agrícola (que emplea a un 45.5% de la fuerza laboral, pero solo representa el 20% del PIB)  mantienen a India  lejos de ser una gran economía exportadora y fiable para las inversiones de las grandes multinacionales como lo fue China en los años 90.  Sus exportaciones, según datos oficiales, representan solo el 2% mundial.

Algunas compañías como Apple, han comenzado a trasladar parte de su producción al país. Pero aún falta que las cifras constaten el giro. La inversión extranjera directa cayó un 16% en los últimos años, según datos del Banco Central del país.

A diferencia de China, que lideró el cambio hacia la economía de mercado viniendo de una economía planificada controlada con mano de hierro por parte de la burocracia, la India asumió desde el principio de su conformación como país la economía de mercado heredada de la dominación británica, lo que profundizó en la década de los 80 abrazando el liberalismo económico descarnado imperante, profundizando aún más en las desigualdades ya existentes.

Para lograr una estabilidad capaz de atraer inversiones a un nivel superior habría que elevar los niveles de vida, aumentar considerablemente el consumo interno, así como una inversión millonaria en infraestructuras, algo difícil de hacer realidad en la coyuntura actual de crisis en  que se encuentra el capitalismo.

Esta contradicción es irresoluble para Occidente. Sueñan con un gigante que les proporcione mano de obra barata de forma ilimitada, al mismo tiempo que exigen estabilidad para sus negocios, pero Modi, si bien se deja querer por Occidente, tiene su propia agenda en el nuevo contexto mundial.

India no aceptó las sanciones de EEUU y la UE a Rusia con motivo de la guerra de Ucrania, estableciendo acuerdos en materia de energía y armamento con Moscú y también ha estrechado lazos con China.

En la última cumbre de los BRICS, celebrada  el 12 y 13 de septiembre de este año precisamente en Nueva Delhi, Modi se sumó a las críticas a Trump de Putin y Xi Jinping, condenando sus ataques y sanciones unilaterales y apostando por un acuerdo que consolide la paz.

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India no aceptó las sanciones de EEUU y la UE a Rusia con motivo de la guerra de Ucrania, estableciendo acuerdos en materia de energía y armamento con Moscú y también ha estrechado lazos con China.

La clase obrera y la juventud plantan cara al régimen

La India tampoco escapa al enconamiento de la lucha de clases que sacude el mundo, y que añade un elemento más (y poderoso) de incertidumbre a este gigante asiático.

El 16 febrero la clase obrera y los campesinos llevaron a cabo una poderosa demostración de fuerza, protagonizando una huelga general que paralizó gran parte del país contra las políticas antiobreras de Modi. Más de 300 millones de trabajadores, agricultores y otros sectores de la población participaron en huelgas y movilizaciones masivas en más de 600 distritos.

El mes de mayo los estudiantes saltaban a la lucha protagonizando la rebelión juvenil más importante y extensa que ha visto el país en décadas. El detonante fue la anulación del Examen Nacional de Elegibilidad y Acceso, la única vía que permite acceder a la carrera de medicina. Cerca de dos millones de estudiantes realizaron la prueba, pero tuvo que cancelarse y repetirse al descubrirse la filtración de las preguntas. Por supuesto, no se trataba de un accidente o una negligencia, la filtración se había hecho para facilitar el acceso a los estudiantes de familias más pudientes.

La competencia por una plaza es desesperada. Más de dos millones de estudiantes compitiendo por 150000 plazas. Esta situación lleva a muchas familias a endeudarse para poder pagar academias privadas.  La anulación significaba tirar por la borda años de estudio, y dejar en la ruina a las familias más humildes. La angustia y desesperación generada fue tal, que al menos diez estudiantes se suicidaron.

El 15 de mayo el presidente del Tribunal Supremo, Surya Kant, afirmaba ante un tribunal que los jóvenes que protestaban en las calles y a través de las redes sociales eran “cucarachas”. Este despreciable insulto hacia los jóvenes que estaban protagonizando estas históricas movilizaciones echó más leña al fuego. Los jóvenes recogieron el guante y  adoptaron el nombre de  “el movimiento de las cucarachas”.

La filtración no era la primera vez que ocurría, pero fue la gota que colmó el vaso. Millones de jóvenes dijeron basta  a la situación de miseria, desempleo, falta de oportunidades y represión que sufren. A los pocos días del insulto público del alto magistrado, reflejando el hartazgo social, se desató un movimiento de masas en las calles, que tuvo también gran incidencia en las redes sociales y dio lugar a la formación del Partido Popular Cucaracha (Cockroach Janta Party) con el que millones de jóvenes en todo el país se han identificado.

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En febrero la clase obrera y los campesinos protagonizaron una huelga general que paralizó gran parte del país contra las políticas antiobreras de Modi. Más de 300 millones de trabajadores, agricultores y otros sectores de la población participaron.

El “movimiento de las cucarachas” muestra el potencial  para una alternativa revolucionaria

Durante el verano las movilizaciones se extendieron por todo el país con acampadas permanentes y manifestaciones masivas. La repercusión ha sido tal, que ha arrastrado a miles de ciudadanos que se han identificado con las reivindicaciones de la juventud y su malestar.

Ciudadanos de todas las edades se han solidarizado con los jóvenes llevándoles alimentos, ropa y medicamentos a las acampadas, al mismo tiempo que marchaban codo con codo en las manifestaciones.

El régimen de Modi inicialmente optó por ignorar las protestas, pero pronto recurrió  a una represión brutal que dejó miles de heridos y detenidos. Esto encendió aún más los ánimos de los jóvenes, que redoblaron las movilizaciones.

El 26 de julio Modi se veía obliga destituir al ministro de Educación, Dharmendra Pradhan,  una de las principales reivindicaciones del movimiento. Esto ha sido visto como una gran victoria. Los dirigentes plantearon una tregua en las movilizaciones, pero las bases del movimiento  consideran la medida absolutamente insuficiente y no ha sofocado la indignación.

Esta movilización de la juventud ha sido el desafío más serio al régimen de Modi en sus 12 años de Gobierno, incluso más que el movimiento campesino del 2021, que también le obligó a hacer concesiones.  La rabia acumulada ha vuelto a ponerse de manifiesto.

Nepal, Indonesia, Marruecos, Perú, Bangladés y ahora  India, son algunos ejemplos de cómo la llamada “Generación Z” está sacando conclusiones muy avanzadas. Los y las jóvenes  están protagonizado las luchas más importantes, poniendo contra las cuerdas  a varios Gobiernos e  incluso derribando a alguno de ellos. 

Ante la fuerza y repercusión internacional de estos movimientos, muchos analistas intentan tergiversarlos insistiendo en su carácter “apolítico”. Nada más lejos de la realidad. Las protestas de la juventud entroncan directamente con el proceso de la lucha de clases creciente a nivel mundial.

El descredito del sistema es total. La necesidad de superar sus límites impulsa a millones de jóvenes en todo el mundo a luchar. Hartos de promesas incumplidas, de falta de alternativas y de un futuro inevitablemente incierto, la juventud  está dejando claro su potencial revolucionario  y la necesidad de construir una izquierda revolucionaria de masas que dote a toda esa fuerza y disposición a luchar de un programa y una estrategia para llevar adelante la transformación revolucionaria de la sociedad.

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El movimiento de las "cucarachas", la movilización de la juventud ha sido el desafío más serio al régimen de Modi en sus 12 años de Gobierno, más que el movimiento campesino del 2021.  La rabia acumulada ha vuelto a ponerse de manifiesto.

Una de las grandes contradicciones que vemos en la India (como también ha ocurrido en otros de los países donde se han producido explosiones masivas de la juventud) es que todo este ambiente de malestar y radicalización contrasta con la pérdida de apoyo y crisis interna que sufren  las organizaciones tradicionales de la izquierda.

El Partido Comunista, pierde sus posiciones en un momento histórico

Las últimas elecciones celebradas, en mayo en el estado de Kerala, han certificado la debacle definitiva del Partido Comunista de la India (marxista) escisión del Partido Comunista de la India. Tras 11 años, el último bastión del Partido ha caído, como ya ocurriera en los estados de Bengala Occidental y Tripura después de haber mantenido posiciones de masas en el sur del país durante 70 años.

Resulta paradójico qué en un momento de polarización, y de auge de la lucha de clases el Partido Comunista, lejos de jugar un papel de dirección se hunda con estrépito en las urnas. Una vez más, esta situación muestra los riesgos de aplicar políticas aceptando las reglas del juego capitalista.

La autoridad ganada durante décadas, fruto de una mejora sustancial en la calidad de vida de la clase trabajadora durante un periodo prolongado, se ha venido abajo cuando la coyuntura del capitalismo global ha cambiado. Las políticas llevadas a cabo dependían en gran medida de la recaudación de impuestos de las empresas privadas y sus inversiones, así como de las remesas del exterior.

Con la crisis global del capitalismo, los estados gobernados por el Partido Comunista, fruto de la dependencia de la economía capitalista, no pudieron mantener el gasto social. Esto era inevitable en la medida que no se basaban en un programa revolucionario que cambiara las bases de la sociedad, rompiendo con el capitalismo, nacionalizando la economía y poniéndola bajo control de las masas.

Cuando el ciclo cambió aplicaron políticas de recortes, y en momentos determinados, recurrieron incluso a la represión para imponerlas. Esto ha  provocado una profunda pérdida de autoridad, y ha tenido como consecuencia que en un momento histórico como este, los partidos comunistas indios  (que fueron muy poderosos) no jueguen  un papel determinante.

Si bien han apoyado abiertamente las movilizaciones de la juventud, no están jugando en absoluto un papel destacado en impulsarlas y extenderlas al resto de los oprimidos.

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La determinación es total. La India continúa la lista de países en donde una vez más se demuestra que la juventud es “la llama de la revolución”.

Aplazar las tareas de la revolución, aceptando las reglas capitalistas, tiene un precio muy caro. El movimiento de la juventud en la India, conectado con el resto de movimientos de la juventud a nivel mundial nos demuestra quee tenemos la fuerza suficiente para cambiar el mundo.

La determinación es total. La India continúa la lista de países en donde una vez más se demuestra que la juventud es “la llama de la revolución”.

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