El 1 de mayo de 2006 salió por primera vez a las calles el Euskal Herria Sozialista, con el subtítulo "el periódico marxista de Euskal Herria". No era casualidad que en aquella primera portada aparecieran los mineros bolivianos que acababan de protagonizar un formidable levantamiento revolucionario.En realidad, había una profunda razón histórica para ello. La revolución en Latinoamérica y especialmente en Venezuela supuso una ruptura con los años 90, y encendió la llama de la esperanza revolucionaria en una nueva generación de jóvenes y trabajadores. Pudimos comprobar en vivo y directo como la fuerza de las masas oprimidas tenía el poder de cambiarlo todo. Así pues, teníamos una tarea clara: rescatar las ideas del marxismo revolucionario de las distorsiones que habían sufrido bajo el estalinismo, y dotarnos de un programa revolucionario para acabar con este sistema cruel.
La reacción ideológica contra el socialismo que siguió al colapso de la Unión Soviética afectó fuertemente también a las organizaciones y sindicatos de clase en Euskal Herria, sobre todo a la Izquierda Abertzale, con una enorme influencia política y una militancia muy sacrificada. Desde la dirección se insistía una y otra vez en que había que abandonar los sueños infantiles del socialismo y que, tanto la lucha de clases como propia existencia de la clase obrera, eran cosas del pasado. Se trataba de colaborar con la derecha vasca y, en consecuencia, no molestar demasiado a los capitalistas vascos, y conformar "marcos democráticos" en el camino hacia la independencia, es decir, mesas de negociación con el Estado español y con el PNV.

Desde los primeros números del Euskal Herria Sozialista señalamos que la liberación de la clase trabajadora de Euskal Herria, tanto a nivel nacional como social, sólo podía venir de la mano de la lucha revolucionaria e internacionalista de la clase obrera y los oprimidos; por tanto, necesitábamos una estrategia de independencia de clase que se basara en la lucha de masas y que unificara las reivindicaciones por los derechos democráticos nacionales con las reivindicaciones de clase, bajo un programa que desafiara directamente la propiedad burguesa de los bancos y las grandes empresas.
Lo cierto es que la revista y los artículos que escribíamos tuvieron desde el principio una amplia recepción. Nos pusimos manos a la obra, ofreciendo la revista en movilizaciones, fábricas, conflictos laborales, etc.; organizamos numerosas charlas en gaztetxes, herriko tabernas, universidades... Éramos conscientes que chocábamos con los dirigentes, pero teníamos plena confianza en nuestro programa y en nuestra clase. Por eso, los miembros que nos organizamos en la revista seguimos militando y dando la batalla en nuestros sindicatos y espacios políticos y sociales, la mayoría organizaciones vinculadas a la Izquierda Abertzale.
Crisis capitalista y creación de Sortu y EH Bildu
La crisis de 2008 supuso una inmensa reafirmación de las ideas del marxismo. Las contradicciones que supuraban en la economía capitalista, que veníamos señalando, estallaron violentamente en una gran crisis financiera y económica. Los Gobiernos de todo el mundo mostraron su carácter de clase capitalista rescatando al gran capital financiero, a la banca y a los grandes capitalistas, mientras imponían una austeridad salvaje a la clase obrera. El capitalismo se desnudó ante millones de personas.
En Euskal Herria también sufrimos una cascada de EREs, despidos y cierres de fábrica, la tragedia de los desahucios, y un crecimiento exponencial de la pobreza y la desigualdad. Ante esta ofensiva del capital, planteamos la necesidad de impulsar un sindicalismo combativo, asambleario, democrático y de clase, pero, sobre todo, con un programa político de transición que pusiera en cuestión la propiedad capitalista. Lanzamos una intensa campaña de agitación a favor de unificar las luchas con convocatorias de huelgas generales, y también pusimos encima de la mesa reivindicaciones como la nacionalización bajo control obrero, como alternativa en u de cara a defender todos los puestos de trabajo.

En Euskal Herria, los numerosos conflictos laborales que surgieron y la existencia de una mayoría sindical de ELA y LAB combativa supuso la convocatoria de ocho huelgas generales entre 2009 y 2013 que sirvieron para sacar a las calles la fuerza de la clase obrera organizada y su voluntad de lucha. Unas movilizaciones que rápidamente se encadenaron con masivas rebeliones sociales como el 15M, la Primavera Árabe, en EEUU y Europa, destacando la resistencia de la clase obrera griega frente a los criminales planes de la Troika.
La impresionante movilización social que provocó la crisis y los planes de austeridad, así como las crisis revolucionarias en América Latina, resultaron clave en el final de la estrategia de lucha armada de ETA. Esta lucha de masas, y no a la victoria represiva y policial del Estado, como ha venido intentando relatar la historia oficial, fue lo fundamental.
Desde las páginas del EHS veníamos desarrollando una crítica revolucionaria a los métodos del terrorismo individual, basándonos en las ideas que ya plantearon los bolcheviques. Estos métodos, relegando a un segundo plano el papel de las masas y acompañados de un programa político etapista, de alianza con el PNV y la burguesía vasca, resultaron muy contraproducentes. Sobre todo, aislaron a sectores muy combativos, especialmente entre la juventud, de amplias capas de la clase trabajadora en Euskal Herria, y más aún, en el resto del Estado. Sobre este terreno la propaganda reaccionaria se hinchaba para justificar más medidas represivas y más ataques a los derechos democráticos.
La represión durante el periodo de ilegalización y los años posteriores fue tremendamente dura, y nosotros mismos sufrimos el acoso policial, las cargas en las manifestaciones o los encarcelamientos de amigos y familiares. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que esa crítica, ajena a las condenas en abstracto de la “violencia y el sufrimiento” -la trampa en que han caído posteriormente los dirigentes de la Izquierda Abertzale-, era absolutamente necesaria.

El parlamentarismo y lucha en las calles
Tras el fin de la lucha armada de ETA, participamos en la fundación de Sortu y EH Bildu defendiendo un programa revolucionario, marxista, frente a las tesis reformistas. Unas tesis que coincidieron con las defendidas por la “nueva izquierda” surgida al calor de la crisis financiera, y cuyo máximo exponente en el Estado español fue Podemos. Ideas que se presentaban como novedosas pero que resultaban muy conocidas: impulsar reformas dentro del marco capitalista, sin cuestionar la propiedad privada, y centrarse para ello en el terreno electoral, y no en la lucha de masas en las calles, ganando espacio y poder en los parlamentos y las instituciones capitalistas de cara a hacer políticas "diferentes".
Aunque en 2016, tras salir de la cárcel, Arnaldo Otegi hizo autocrítica en un gigantesco mitin en el Velódromo de Anoeta señalando que "mientras la gente salía a las calles, nosotros nos metíamos en las instituciones", sus palabras se quedaron en eso, no sacando las conclusiones necesarias, y reforzando ya al frente de Sortu y Bildu la misma línea política que criticó en aquel momento.
La meteórica irrupción de Podemos no solo en el Estado español, sino también en Euskal Herria, donde llegó a ser primera fuerza en las elecciones generales, estaba detrás de estas palabras de Otegi. El surgimiento de Podemos -al igual que Syriza en Grecia o que Corbyn y Sanders en Gran Bretaña o EEUU- fue una consecuencia directa de esta lucha de masas desatada a partir de 2011, desde abajo, mediante la acción directa, y que ponía en cuestión los fundamentos del sistema capitalista. Sin embargo, en lugar de apoyarse en aquel formidable movimiento que le había aupado para tomar el cielo por asalto, le dio la espalda y redujo toda su acción política a la aritmética parlamentaria y a la acción de Gobierno, insistiendo que las cosas se cambiaban desde el BOE.

Esta experiencia de Podemos en el Gobierno, que ha resultado desastrosa, es la que EH Bildu reivindica para sí hoy en Euskal Herria pidiendo participar en el Gobierno vasco. Los grandes éxitos electorales -lo hemos visto muchas veces a lo largo de la historia- pueden terminar convirtiéndose en su contrario, destruyendo organizaciones poderosas con fuertes raíces en el movimiento obrero y entre la juventud. Así ocurrió en los años 70 y 80 con el PCE.
Relegar a un segundo plano la movilización en la calle, menospreciar el papel de la militancia, o centrarse en colocar a cientos de militantes en cargos institucionales, que es la consecuencia inevitable de una política basada en el peor de los cretinismos parlamentarios, ha llevado a abrir una brecha cada vez más acentuada entre la dirección y la base de la izquierda abertzale. Una fractura que llevó a que amplios sectores de la juventud, hartos de concesiones, parlamentarismo y burocracia, empezara a buscar la inspiración en las ideas del comunismo.
La experiencia de nuestra revista, EHS, tras casi 20 años de existencia, demuestra la importancia de contar con una comprensión adecuada del marxismo, del comunismo revolucionario, y contar con un órgano de expresión que lleve dicha ideas y análisis al movimiento. Sin teoría revolucionaria no puede haber práctica revolucionaria. De ahí la importancia que hemos dado a analizar cada fenómeno de la lucha de clases que hemos presenciado en estos 18 años.
El futuro será de la revolución socialista
Uno de estos fenómenos fue la crisis revolucionaria desatada en Catalunya tanto en 2017 como en 2019 que nos ofreció lecciones realmente valiosas. La experiencia práctica de aquella crisis puso en evidencia el carácter de clase de la lucha de liberación nacional.

Fue el levantamiento de las masas quien puso en serios aprietos al régimen del 78, utilizando los métodos de la lucha de clase, la desobediencia y la acción directa, las ocupaciones, los comités de lucha y la huelga general. La burguesía catalana, que algunos señalaban como aliada en esta batalla, amenazó con una fuga de capitales y recurrió a todo tipo de maniobras apoyando firmemente tanto la represión del régimen como la aplicación del 155. Los partidos burgueses y pequeños burgueses catalanistas, tanto Junts como la socialdemocracia de ERC, asustados por el ímpetu del movimiento y por su carácter anticapitalista, finalmente lo traicionaron en aras de la "paz social" reconstruyendo los puentes con el régimen capitalista del 78.
El propio lehendakari y el PNV, conscientes de la profundidad y del peligro de contagio de aquella rebelión, maniobraron presentándose como mediadores para frenar la celebración del referéndum y la declaración de la República catalana. En esos momentos decisivos, como subrayábamos desde la revista, en EH había fuerza y mayoría sindical para levantar la insurrección en las calles, pero eso pasaba por impulsar la huelga general y la movilización más decidida de la clase trabajadora, denunciando claramente el papel del PNV como un partido del régimen y de la patronal y no limitándose a gestos de solidaridad de movimientos cívicos donde la derecha pudiera sentirse cómoda. La contradicción de los dirigentes de la Izquierda Abertzale quedó patente cuando en 2018 EH Bildu firmó junto al PNV el papel mojado del borrador para un Nuevo Estatus Político para Euskadi y, el mismo día, los jeltzales apoyaron los presupuestos del Gobierno del 155 de Rajoy.

Tras la experiencia de Catalunya, que la dirección de EH Bildu siga insistiendo en que la liberación nacional de Euskal Herria pasa por una solución democrática en el marco del régimen del 78, y por formar una alianza táctica con la derecha vasca, pone de relieve su incapacidad para sacar lecciones de aquellos acontecimientos. Nuestros materiales y declaraciones, publicados en el EHS al calor de esta batalla, han reivindicado completamente su vigencia. No es posible la liberación nacional de Catalunya o Euskal Herria, si esa batalla no se vincula a un programa de clase que ponga en cuestión el marco capitalista.
Otro punto de inflexión, a partir del 2017, fue la irrupción de movimiento feminista. Un movimiento que adquirió rápidamente un carácter anticapitalista de clase, y que puso en cuestión una de las banderas de la reacción españolista, la lucha contra la ideología machista y patriarcal, seña de identidad esencial del régimen del 78.
Desde EHS defendimos el carácter completamente progresista de este movimiento, y luchamos ideológicamente para que tanto el movimiento como las huelgas feministas se desarrollasen en términos de clase -incluyendo la participación de los hombres- y vinculando la lucha con un programa anticapitalista para la liberación de la mujer trabajadora y del colectivo LGTBI, contra los y las capitalistas que nos explotan, oponiéndonos a las lacras de los vientres de alquiler o la esclavitud sexual de la prostitución, etc.
El surgimiento en este contexto, fruto de la escisión en la juventud abertzale, de GKS, y su expansión, ha supuesto un paso adelante muy positivo en términos ideológicos, cuestionando los planteamientos paralizantes de la izquierda institucional y parlamentaria, y poniendo en el debate la idea de la lucha por una sociedad socialista.
Sin embargo, para el avance y el fortalecimiento del movimiento socialista creemos de forma honesta que es necesario corregir importantes errores políticos de argumentación y de estrategia. Errores y polémicas que, con un método fraternal y compañero, hemos planteado desde las páginas de EHS, basándonos en la experiencia histórica del movimiento obrero y revolucionario, y especialmente en la rica experiencia del Partido Bolchevique.
Tal y como señaló Lenin, es imprescindible llevar a las masas las ideas del comunismo revolucionario allí donde estas se expresan políticamente, ya sea en los sindicatos e incluso en el propio parlamento, pero manteniendo siempre una postura principista de independencia de clase. Para una organización revolucionaria es totalmente necesario trasladar el programa socialista, la polémica y la lucha ideológica contra el reformismo, al interior del movimiento de masas.
En esta batalla importante batalla ideológica agruparnos en torno a nuestro periódico, al EHS, ha sido decisivo de cara a enfrentar tanto las presión de los reformistas como de la opinión pública burguesa, pero con un método que nos permita ganarnos el oído de amplios sectores de las masas que siguen, queramos o no, bajo la influencia ideológica de los reformistas.

Desde que sacamos el primer ejemplar del Euskal Herria Sozialista hemos vivido un periodo histórico convulso y apasionante. Además de la crisis orgánica de la economía capitalista, hemos analizado a fondo el auge de China como potencia económica, su desafió al decadente imperialismo norteamericano por la hegemonía mundial, los conflictos y guerras imperialistas impulsadas por esta lucha a muerte, y sus profundas consecuencias en la lucha de clases. También hemos prestado especial atención a la catástrofe climática o a las causas históricas y sociales que conlleva la amenaza de la extrema derecha, cada vez más real para la clase obrera, así como el programa que necesitamos para combatirla.
Sin embargo, si en este recorrido tuviéramos que destacar una sola conclusión sería la siguiente: en las dos últimas décadas hemos visto en todos los continentes del mundo tremendos levantamientos de masas y revoluciones que han demostrado de sobra la capacidad para trasformar de arriba abajo la sociedad. No ha sido por falta de conciencia, de fuerza o de voluntad, sino por la ausencia de una estrategia y un programa claro para garantizar la victoria de la clase trabajadora. Una realidad que solo será posible levantando una alternativa, un partido revolucionario, con raíces entre la clase trabajadora y la juventud. En una época en la que el futuro de la humanidad se acerca violentamente a la encrucijada de socialismo o barbarie, tenemos este deber ineludible, ¡luchar por el partido de la revolución mundial!
No hay tiempo que perder, ¡únete a la Euskal Herria Sozialista y Izquierda Revolucionaria!