Han pasado ya dos años desde que se conformó la coalición entre el PSOE y UP, un aniversario que ha coincidido con uno de los incumplimientos más flagrantes del Acuerdo de Gobierno: la no derogación de la reforma laboral del PP de 2012(1). Es tiempo, por tanto, de hacer balance y reflexionar si la participación de UP en un Gobierno capitalista ha supuesto un beneficio real para los trabajadores y la juventud.

“Arrastraremos al PSOE a la izquierda”

Unidas Podemos, y especialmente Pablo Iglesias, defendieron con extrema vehemencia su entrada en el Consejo de Ministros como la única forma de cambiar la realidad de la gente y arrastrar al PSOE hacia la izquierda, pero los hechos se han desarrollado de manera muy diferente.

Cuando se analiza la gestión de estos dos años y se deja de lado la propaganda hueca, quién se ha acercado abiertamente a los planteamientos y políticas del PSOE es UP, y no al revés:

1. La ley mordaza no ha sido derogada. Su futura reforma, mínima, ha sido denunciada por organizaciones como Amnistía Internacional, porque sigue manteniendo graves violaciones de los derechos fundamentales de expresión, manifestación y organización. La explosión de movilizaciones juveniles contra el encarcelamiento de Pablo Hassel, la prohibición de las manifestaciones del 8M, o la brutal represión de las luchas obreras en Cádiz, dan la medida de los nulos avances en este terreno.

2. Unidas Podemos ha entrado de lleno en el mercadeo de acuerdos podridos con la derecha que han llevado a sus parlamentarios a votar a dos ultraderechistas para el Tribunal Constitucional.

3. El PSOE ha arrebatado su escaño a Alberto Rodríguez tras una sentencia infame del Tribunal Supremo, pero los dirigentes de UP, en aras de no tensar la coalición de Gobierno, no han movido un solo dedo para defenderlo.

4. UP ha dado la espalda a la ley promovida por la PAH y el sindicato de inquilinas e inquilinos, y se ha conformado con el fraude que ha cocinado el PSOE en una nueva futura ley de vivienda que protege a los grandes especuladores y fondos buitres. Solo en 2021 se ejecutaron más de 21.000 desahucios, como ha denunciado la PAH.

5. La reforma de las pensiones ha sido una nueva contrarreforma, que ha puesto en pie de guerra a la Marea Pensionista.

6. El Ingreso Mínimo Vital es un fiasco imposible de ocultar. No ha llegado ni al 12% de las 800.000 familias que, en teoría, deberían haberse beneficiado de él.

7. La sanidad pública ha sido arrasada en estos dos años de pandemia. La situación de la atención primaria es de colapso en todas las CCAA, y la política de recortes se ha acentuado. Es un escándalo que se argumente que es un problema de las autonomías. Si el Gobierno central puede aprobar leyes para rescatar al IBEX 35 y la banca, también lo puede hacer para imponer planes drásticos de inversión sanitaria y contratar a decenas de miles de profesionales. La renuncia a nacionalizar la sanidad privada, unida a la destrucción de la pública, ha convertido nuestra salud en un negocio fabuloso para las farmacéuticas y los grandes monopolios privados.

8. La educación pública sufre la misma degradación. En estos dos años el embate de los recortes no ha cesado, y las nuevas leyes educativas han blindado las subvenciones a la concertada que crecen año tras año. El Ejecutivo podría legislar en defensa de una educación pública, de calidad y gratuita, pero eso implica enfrentarse con la Iglesia Católica y el poderoso lobby de la enseñanza privada.

9. El Gobierno de coalición inyectó en marzo de 2020 más de 100.000 millones al IBEX 35 y la banca. La política de los ERTE garantizó el pago de los salarios por parte del Estado, pero se han cerrado empresas emblemáticas (Nissan, Alcoa, Airbus…) y la reconversión bancaria ha suprimido más de 20.000 empleos en estos dos años. La incapacidad para frenar la escalada de los precios de la luz y el gas clama al cielo, y los fondos europeos, que se presentan como la medida estrella, regarán de millones a los bancos y a las grandes empresas.

10. Los compromisos con las potencias imperialistas occidentales se han mantenido inalterables, igual que los acuerdos con la dictadura marroquí traicionando la causa saharaui, o el respaldo a la legislación racista y xenófoba de la UE contra nuestros hermanos y hermanas inmigrantes.

La lista podría ser mucho más extensa, como la renuncia a reconocer el derecho a decidir de Catalunya, Euskal Herria y Galiza, o la fuga concertada del rey emérito para blanquear a Felipe VI y una monarquía podrida hasta la médula.

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La ley mordaza no ha sido derogada. Su futura reforma, mínima, sigue manteniendo graves violaciones de los derechos fundamentales de expresión, manifestación y organización.

Los dirigentes de UP han tratado de justificar lo injustificable apelando a dos ideas: se han visto obligados a sostener la “gobernabilidad” y la “estabilidad institucional” para evitar la llegada al poder de la ultraderecha y, por otro lado, son “víctimas” de una “correlación de fuerzas desfavorable” que no les permite ir más allá. Este argumentario ha sido machacado en redes sociales y entre los activistas de izquierda, pero no se sostiene ni en la teoría ni en la práctica.

La correlación de fuerzas y lo que realmente hace el juego a la derecha

En primer lugar, si Pablo Iglesias ejerció de vicepresidente del Gobierno hasta el mes de abril es precisamente porque la correlación de fuerzas era claramente favorable. A pesar de que Pedro Sánchez repitió unas elecciones en noviembre de 2019 buscando un acuerdo desesperado con Ciudadanos, el resultado les fue adverso tanto a ellos como al PP. Hay que volver a recordar que Casado obtuvo uno de los peores registros de la historia del Partido Popular, y Albert Rivera dimitió después de cosechar un fracaso monumental.

Esa “correlación de fuerzas” electoral, aún a pesar del descenso de UP (en 2015 Podemos e IU superaron los seis millones de votos) y del avance de Vox, era el reflejo indirecto de la enorme rebelión social que había sacudido el Estado español. Las huelgas generales, el movimiento 15M, las mareas en defensa de la sanidad y la educación públicas, la formación de Podemos y la ruptura del bipartidismo, las movilizaciones feministas y pensionistas, la lucha del pueblo catalán por la república… marcaron el auge de la lucha de clases durante años. Es de una deshonestidad intelectual enorme que los mismos que han sido catapultados por el movimiento de masas… intenten encubrir sus errores y concesiones hablando de una “correlación de fuerzas desfavorable”.

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La favorable “correlación de fuerzas” electoral que permitió a Pablo Iglesias ejercer de vicepresidente del Gobierno era el reflejo indirecto de la enorme rebelión social que había sacudido el Estado español. 

 
Los elogios encendidos de la patronal, FAES y la derecha mediática a la reforma laboral deberían abrir los ojos a los dirigentes de UP. Acuerdos como este y la renuncia a confrontar con los enemigos de los trabajadores y buscar el consenso con ellos, es lo que realmente da alas a la reacción, desarma ideológicamente a la izquierda y desmoraliza a amplios sectores de la clase obrera.


Urdir esta coartada teórica, y combinarla con discursos triunfalistas que nos hablan del fin de la austeridad, de un “escudo social” que no deja a nadie atrás, o de la mayor creación de empleo de toda la historia a pesar de que el 88% de los contratos siguen siendo temporales, es lo que asfalta el camino a la demagogia de la extrema derecha.

Los datos objetivos desmienten esta propaganda desmesurada. Según un estudio reciente, en estos dos años un millón de personas han caído en la pobreza extrema, que ha pasado del 4,7% al 7% de la población; la pobreza relativa ha crecido desde el 20,7% al 22,9%, y un millón y medio de familias dependen de las colas del hambre. Al mismo tiempo, el 10% más rico concentra el 57,6% de todo el patrimonio, ¡y el 1% de esta minoría el 25%! Las grandes empresas del Ibex35, tras incrementar sus beneficios en 2021 en un 10,8%, acabarán 2021 superando los 50.000 millones de euros en ganancias, un nuevo record histórico.(2)

El PSOE, no ha dudado en incumplir cada punto del Acuerdo de Gobierno y pone en evidencia su deslealtad siempre que puede, ahora sumándose a la campaña de la derecha contra Alberto Garzón por su crítica a las macrogranjas, y hace unos meses robando el escaño a Alberto Rodríguez. Pero está dejando en manos de UP vender la gestión gubernamental como un ejemplo de políticas de “izquierdas”, y lo que están vendiendo es fundamentalmente humo.

La reciente encuesta publicada por El País sobre intención de voto incide en lo que decimos.(3) Por un lado, el avance del bloque de la derecha y especialmente de Vox —que supera los 60 diputados y llega hasta el 18%— les podría dar la mayoría absoluta. Pero lo más significativo es la percepción del Gobierno PSOE-UP: “...más del 70% de los votantes de la coalición cree que su gestión beneficia a las grandes empresas y a las clases más adineradas y que sus políticas sociales pudieron haber sido más decididas…”.(4)

¡Hay que construir una izquierda combativa!

La historia ha demostrado una y otra vez que los cambios sociales profundos no nacen de meros ardides parlamentarios, sino de la defensa de una política transformadora, de la lucha y la movilización en las calles. No hay que remontarse a la Revolución de Octubre de 1917 para entender lo que decimos. La batalla sin cuartel que millones de trabajadores y trabajadoras libraron contra la dictadura franquista, cuando todavía no existía un parlamento ni se podía votar, es un buen ejemplo.

Como explica el abogado laboralista y exdiputado de la CUP Vidal Aragonés (5), “la cota más alta de derechos laborales individuales que jamás hemos alcanzado” se plasmó en la Ley de Relaciones Laborales de abril de 1976, tras oleadas de huelgas obreras muy duras y masivas, cuando CCOO y el PCE, como otros sindicatos y organizaciones de izquierda, seguían ilegalizados pero tenían la capacidad de movilizar a millones. Subidas salariales de dos dígitos, el propio derecho de huelga regulado mediante una ley predemocrática de marzo de 1977, o la construcción de barrios enteros producto de la movilización vecinal, desmienten el “cretinismo parlamentario” enfermizo del que hacen gala los dirigentes de UP.

También en ese momento, cuando una movilización revolucionaria de tal magnitud obligaba a los estertores del franquismo a legislar contra su propio régimen, los dirigentes del PCE y del PSOE apelaron a una supuesta correlación de fuerzas desfavorable para llegar a acuerdos con los prohombres de la dictadura, El régimen del 78 fue el resultado de ese pacto, y aunque legalizó derechos que fueron conquistados previamente con la lucha de masas, sirvió para impedir el derrocamiento del capitalismo y que, en lugar de la transformación socialista de la sociedad, la burguesía pudiera recomponer sus maltrechas fuerzas y tomar la iniciativa.

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La cota más alta de derechos laborales individuales jamás alcanzada se plasmó en la Ley de Relaciones Laborales de abril de 1976, tras oleadas de huelgas obreras muy duras y masivas. Esto desmiente el “cretinismo parlamentario” que sufren los dirigentes de UP. 

 
Pablo Iglesias se lamenta de una correlación de fuerzas desfavorable por estar en minoría en el Consejo de Ministros y contar solo con 35 escaños. Pero ese mismo argumento fue utilizado por Pablo Iglesias para justificar la traición de Tsipras y Syriza en Grecia, que sí contaba con una mayoría en el Parlamento y sobre todo en la calle, pero que acabo plegándose, a pesar del rotundo No del pueblo en el referéndum de julio de 2015, a los dictados de la UE y del gran capital. Esa política abrió la puerta para que la derecha griega volviera al poder.

La participación gubernamental de UP se ha convertido en un fiasco, tal y como ya planteamos que iba a ocurrir. Han querido formar parte de un Gobierno capitalista, y su principal cometido está siendo garantizar la paz social y camuflar las políticas de austeridad, contrarreformas y ataques a los derechos democráticos contra las que nos hemos movilizado una y otra vez todos estos años. Estas palabras pueden resultar duras, pero son la verdad.

Si la dirección de UP fuera coherente, saldría de este Gobierno y pasaría a una oposición contundente de izquierdas. Así contribuirían a construir una correlación de fuerzas favorable impulsando la lucha, la organización y la conciencia de la clase trabajadora y la juventud.

Vivimos una crisis histórica del capitalismo. El ascenso de la extrema derecha y el neofascismo es otra expresión de la barbarie hacia la que nos encaminamos. Pero, al mismo tiempo, asistimos a levantamientos de masas en todo el mundo contra este sistema. Los revolucionarios ni nos lamentamos, ni nos retiramos a ejercer la crítica retórica desde las tribunas periodísticas. Tratamos de entender la realidad desde un punto de vista de clase, y preparar las fuerzas para cambiarla radicalmente.

¡Únete a Izquierda Revolucionaria! ¡Únete a los comunistas revolucionarios!

 

Notas:

(1) El apartado 1.3 del Acuerdo señalaba literalmente lo siguiente: Derogaremos la reforma laboral. Recuperaremos los derechos laborales arrebatados por la reforma laboral de 2012. Texto íntegro: acuerdo de coalición PSOE-Unidas Podemos

(2) El 10% más rico de España concentra casi el 60% de toda la riqueza.  La pobreza y la desigualdad se consolidan en el segundo año de la pandemia. El beneficio del Ibex camina en 2021 hacia el récord histórico.


3 El PSOE resiste ante el avance de la derecha empujada por Vox. Un 15% de los votantes populares pueden pasarse a la extrema derecha.

4 La encuesta de EL PAÍS.

5 El origen de los derechos laborales. Ni relaciones laborales franquistas ni treinta años de concertación social, sino lucha de clases y movilización social.




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