A finales de 2013, Navantia le adjudicó a Alcomar la concesión del servicio interior de limpieza, hasta esa fecha en manos de Acciona, presentando una oferta un 25% inferior a la de esta última y cuyo importe estaba por debajo del monto total de los salarios y las cotizaciones sociales de toda su plantilla, que Alcomar tenía que subrogar. Esta circunstancia ya dio lugar a toda una serie de movilizaciones de los trabajadores de Acciona a finales de enero y principios de febrero, durante el proceso de subrogación entre ambas empresas.
Una vez producida la subrogación, Alcomar presentó inmediatamente un ERE, en el que finalmente hubo acuerdo: una reducción del 40% de la jornada diaria, con la correspondiente merma salarial, para toda la plantilla durante seis meses (este ERE finaliza en septiembre).
El siguiente ataque no tardó mucho. Otro punto del acuerdo era el derecho de los trabajadores a disfrutar del 100% de las vacaciones pagadas. La negativa de la empresa a ese disfrute (incluso de la parte proporcional generada con Acciona y pagada por ésta a Alcomar, en lo que constituiría un trasvase descarado desde los bolsillos de los trabajadores al del empresario) provocó que, tras una serie de movilizaciones previas, los trabajadores de Alcomar iniciasen una huelga indefinida el 26 de junio.
La situación creada por la huelga provocó que, a partir del lunes 30, toda la factoría entrase en paro técnico y quedase paralizada.
Así, ese lunes el comité de empresa de Navantia convocó una asamblea general y, desde ese momento, los trabajadores nos constituimos en asamblea permanente a la espera de que se solucionase el tema, solución en la que la dirección de Navantia no demostró mucha prisa. Al contrario, la sensación de muchos trabajadores fue que había una actitud consciente por parte de la dirección de Navantia de dejar que la situación se prolongase, lo que podría responder a que contempla el conflicto de Alcomar como un primer pulso dirigido a imponer una rebaja generalizada en las condiciones laborales de los trabajadores subcontratados (y, más tarde, también de los de la principal). Tras tres días así, el miércoles 2, Alcomar cedió y aceptó pagarles todas las vacaciones a sus trabajadores.
Una vez más, queda claro que la lucha es la única vía para que los trabajadores nos hagamos respetar y defendamos nuestros derechos de la voracidad empresarial. Pero no se trata sólo de defendernos de los ataques, tenemos que pasar a la ofensiva, cuestionando el modelo de empresa al que nos quieren llevar y reivindicando una empresa pública respetuosa con los derechos de todos los trabajadores, sea de la principal o de las compañías.

Convenio de Navantia

Por otro lado, hay novedades importantes en lo tocante al convenio colectivo de Navantia. Tras la firma de un preacuerdo con la empresa por parte de 7 de los 12 miembros del comité intercentros en octubre pasado, preacuerdo que fue rechazado mayoritariamente por los trabajadores gallegos, la situación quedó en un impasse: no se firmó el convenio, pero tampoco continuó ningún tipo de negociación. Ahora, el 26 de junio, la comisión ejecutiva estatal de CCOO de Industria aprobó una resolución instando a no firmar el convenio y a que los representantes de todas las secciones sindicales de CCOO de Navantia acaten la misma. Esto no hubiera sido posible si la factoría de Ferrol no hubiese ofrecido una gran oposición —impulsada por el Sector Crítico de CCOO— a la pérdida de derechos aceptada por los dirigentes sindicales, que además tuvo un efecto en otras factorías, donde la crítica a la firma del convenio también fue importante. Esta resolución significa el entierro definitivo de un preacuerdo nefasto que renunciaba a muchos de los derechos conquistados a lo largo de décadas de lucha. La resolución desautoriza en toda regla a los representantes de CCOO partidarios de firmar el convenio, hasta el punto de provocar la dimisión del presidente del comité de empresa de la factoría de San Fernando y del comité intercentros de Navantia. Esperemos que detrás de él vayan otros, porque lo mejor es que estos “sindicalistas” que no quieren luchar para defender los derechos de los trabajadores se vayan y dejen de estorbar.
Lo que toca ahora son dos cosas: 1) luchar para que la empresa respete el convenio en vigor, cosa que no está sucediendo (no pagó el importe de las becas de estudio, ni las asimilaciones, acaba de anunciar que no abonará la paga compensatoria por el cierre de los comedores y los economatos); y 2) retomar la negociación colectiva no desde la óptica de la empresa, sino de la defensa de los derechos conquistados por los trabajadores y de un sindicalismo combativo, de clase, y democrático.


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