Hablamos con Iván Alcalá, presidente del Comité y miembro de CCOO. “Llevamos cerca de cinco meses en los cuales no tenemos ninguna propuesta firme de la empresa”, dice. “No estamos pidiendo ningún incremento. Partimos del anterior convenio, pero realmente fue una imposición, porque íbamos abocados, o bien a 208 despidos, o bien a una rebaja salarial del 8,66%. Todo el colectivo mediante referéndum eligió rebaja salarial. Pero estamos viendo que todas las Administraciones Públicas están empezando a recuperar días moscosos y la catorceava parte… No estamos pidiendo nada más que los demás, simplemente el mismo trato”.
La lucha de hace dos años sigue en la memoria de los trabajadores y es un factor en la situación. Un sector de la plantilla hasta el momento es reticente a participar en las asambleas y manifestaciones, y esto es un reflejo de cómo acabó la lucha. Meses de movilización y huelgas, de unidad y disposición enorme a la lucha de los trabajadores, de manifestaciones conjuntas con trabajadores de RENFE y ADIF, RTVV, subcontratas de Vodafone, estudiantes, de actividad del Grupo por la Extensión de la Lucha (idea propuesta por el Sindicat d’Estudiants)… permitían un paso adelante. Aceptar el chantaje de la empresa no era la única posibilidad, la alternativa (que ningún delegado ni sindicato planteó) era un plan concreto para profundizar la extensión de la lucha, y preparar de forma seria (y no como farol) una huelga indefinida para el 7 de agosto, el mismo día en que la Gerencia iba a anunciar los despidos. Pese a la falta de esta alternativa, un 30% votó no (posición defendida por TUC y CGT, frente a los tres sindicatos mayoritarios), y muchos de los que votaron afirmativamente lo hicieron porque nadie supo responder la pregunta clave (que hizo una trabajadora en la última asamblea): “si decimos no, ¿qué hacemos para evitar los despidos?”.

Aprender de la experiencia

El acuerdo de hace dos años creó malestar entre los trabajadores. ¿Tanto luchar para aceptar la propuesta inicial de la empresa? ¿Las enormes ganas de luchar de la plantilla, entonces, no sirven para nada? Por supuesto, ¡claro que sirven! Lo que falló fue un tipo de sindicalismo, el de la mayoría del Comité: el que confía más en la negociación que en la movilización, el que no toma las medidas necesarias para extender ésta, el que no estimula la participación y la iniciativa de los trabajadores.
En esta lucha, el factor tiempo y la contundencia es fundamental. Es posible un convenio, no sólo de recuperación del salario perdido, sino de aumento salarial, ya que de dos años para acá la gran mayoría de productos básicos y facturas han seguido aumentando. Es posible también un convenio que además de un aumento salarial incluya medidas concretas de mejora de la calidad del servicio (a pesar del convenio pasado, ¡se ha reducido la plantilla en 200 puestos!, y eliminado líneas, dejando poblaciones y barrios enteros sin servicio; mientras que la flota está envejecida y sufre gran cantidad de averías). Es posible todo ello, participando en las movilizaciones que se convoquen, y en las asambleas, y presionando al Comité para que vaya más allá, para una plataforma más completa, y para un plan de lucha más contundente, basado en la extensión de la lucha y en la preparación (con tiempo suficiente) de una huelga de 24 horas, que supondría un fuerte aviso al Ayuntamiento y a la vez una posibilidad de llegar a toda la población. En definitiva, se trata de luchar por recuperar un sindicalismo combativo, única forma de avanzar en la lucha, y en la confianza de los trabajadores en sus fuerzas.


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