Por su interés publicamos este artículo escrito por Santiago Martín Barajas Coordinador del área de Agua de Ecologistas en Acción y publicado en el periódico digital El salto. Pincha aquí, para acceder a la publicación original.

Estamos a un paso de que se produzca un colapso hídrico en varias regiones de nuestro país, pero la falta de lluvia no es el principal problema. La producción del regadío se lleva del 85 al 93% del agua embalsada. Y esto tiene muy poco que ver con la soberanía alimentaria: el 75% de la producción hortofrutícola se destina a exportación.

Estamos viviendo un año muy caluroso y aparentemente seco. Los embalses se encuentran nada menos que 20 puntos porcentuales por debajo de la media de los últimos años para esta misma fecha. Y en numerosos pueblos han comenzado a producirse cortes en el suministro por la supuesta falta de agua que vivimos. Pero profundicemos un poco en esta situación: si bien en el pasado otoño llovió un 17% por debajo de la media y el invierno fue bastante seco, también es verdad que durante la pasada primavera llovió un 12% por encima de la media. Y no olvidemos que la mayor parte de las lluvias en nuestro país se concentran en los meses de otoño y primavera. Por tanto, tampoco se podría considerar, ni mucho menos, que estemos ante un escenario de sequía grave ni prolongada.

Entonces, si solo ha llovido algo menos que en años pasados, ¿a qué se debe el estado de los embalses? La respuesta resulta más sencilla de lo esperable: más que a la falta de lluvias, lo que ocurre es que existe un exceso de consumo, generado por el regadío, cuya superficie no para de crecer, y que supera ya con creces los cuatro millones de hectáreas. De hecho, supone actualmente entre el 85% y el 93% del consumo total de agua en nuestro país, dependiendo si tenemos en cuenta los retornos (se denomina retornos al agua que vuelve al sistema después de utilizarse, que en el abastecimiento a poblaciones es del 80%, mientras que en el regadío es de tan solo el 10%). Y eso sin tener en cuenta el regadío ilegal, que siempre se ha estimado entre un 5% y un 10%, pero que en algunas zonas recientemente estudiadas, se ha visto que asciende nada menos que hasta el 30%.

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No nos vale la excusa de que necesitamos toda esta producción agraria para poder comer, ya que la mayor parte de esa producción se envía fuera. 


El fomento irresponsable del regadío por parte del Ministerio de Agricultura y de algunas comunidades autónomas está disparando el consumo neto de agua en nuestro país. Nos encontramos con situaciones inverosímiles pero reales como que algunos cargos públicos están fomentando sin ningún pudor la proliferación del regadío ilegal. Tal es el caso del presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, que hace unos meses anunció que pretendía legalizar 1.600 hectáreas de regadíos en el entorno del Parque Nacional de Doñana. De esta manera, el mensaje que se manda a la ciudadanía es que si creas regadíos de forma ilegal, tarde o temprano te los van a legalizar.

Que el nivel tan bajo de los embalses está provocado por el consumo excesivo del regadío, resulta también evidente al comparar el nivel de los diferentes embalses en función de los usos a los que destina el agua. Por ejemplo, en la Comunidad de Madrid, los embalses se encuentran al 63%, nada menos que 23 puntos porcentuales por encima de la media de los embalses del conjunto del país. La razón es que los embalses de Madrid, operados por el Canal de Isabel II, se dedican casi exclusivamente al abastecimiento urbano, sin derivar apenas nada de agua al regadío. Sin embargo, en Andalucía, donde la mayor parte del agua se destina al regadío, se encuentran de media ahora por debajo del 30%.

Además, ya se riega durante todo el año, especialmente en la mitad sur peninsular y en la costa mediterránea. Actualmente, en España el agua se deriva al regadío conforme llega a los embalses. Unos embalses que han pasado de ser almacenes de agua para convertirse en estaciones de transferencia de este recurso. En los últimos años estamos viviendo al día con el agua, sin apenas capacidad de respuesta ante una sequía, por pequeña que esta sea.

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El Ministerio de Agricultura tiene la capacidad legal y el deber de restringir, de manera importante y de forma inmediata, el volumen de agua derivado a los regadíos. 


Por todo ello, resulta inaceptable que cada vez haya más pueblos con cortes de agua en nuestro país, privando o dificultando el acceso de agua potable a sus habitantes. El agua es un derecho humano reconocido por las Naciones Unidas y no se le puede negar a la población cuando, a la vez, se está gastando masivamente en una actividad económica privada como es el regadío.

Además, la producción del regadío en España tiene muy poco que ver con la soberanía alimentaria. De hecho, aproximadamente el 75% de la producción hortofrutícola se destina a la exportación, y también una parte importante de la producción de vino y de aceite de oliva (este último supone ya el cultivo que ocupa más superficie regada, del orden de 850.000 hectáreas). Es decir, no nos vale la excusa de que necesitamos toda esta producción agraria para poder comer, ya que la mayor parte de esa producción se envía fuera de España. Ni siquiera se puede decir que, al menos, se gasta ese agua para impulsar el desarrollo económico local, porque los beneficios de las exportaciones se concentran en muy pocas manos, las de los grandes propietarios de la agroindustria.

Con todo, lo que está claro es el nivel actual de los embalses es muy preocupante. Estamos a un paso de que se produzca un colapso hídrico en varias regiones de nuestro país, que tendría lugar si este otoño que viene resultase seco. En ese caso, es más que previsible que en 2023 se apliquen cortes y restricciones importantes en el abastecimiento de agua a varios millones de personas. Por tanto, resulta esencial actuar de inmediato para evitar que esto suceda.

La solución no es nueva y el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) tiene la llave para empezar a hacerlo. Este Ministerio tiene la capacidad legal y el deber de restringir, de manera importante y de forma inmediata, el volumen de agua derivado a los regadíos, al menos hasta alcanzar unos niveles de agua almacenados en los embalses más próximos a la media de los últimos años. Sin embargo, el citado Ministerio ha hecho caso omiso a estas demandas, que desde hace meses realizamos desde Ecologistas en Acción.

El regadío, cuya superficie no para de crecer, y que supera ya con creces los cuatro millones de hectáreas

Esta falta de previsión por parte del Miteco es, en parte, la responsable de la situación en la que actualmente se encuentran las cuencas hidrográficas. Se está incluso poniendo en riesgo el abastecimiento de cada vez más municipios. Es necesario actuar de inmediato, restringiendo de forma muy importante el suministro al regadío hasta conseguir una cierta recuperación de los embalses y, de esa manera, garantizar los derechos del conjunto de la población.

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