La guerra de Iraq hacía demasiado tiempo que se había planificado en los elegantes despachos de la burguesía estadounidense. En 1991 el imperialismo norteamericano no consiguió el objetivo de acabar con Sadam Hussein y así hacerse con el control de un país tan rico. Tuvo que posponer para otro momento sus deseos. Pero hizo pagar a la población iraquí por esta pérdida de tiempo: el bloqueo económico llevó a la muerte a más de 500.000 niños en menos de una década por falta de alimentos y medicinas. Además los bombardeos continuaron en la zona de exclusión aérea, que no era más que una parte del país ocupado. EEUU esperaba la ocasión que le sirviera de excusa para volver a la carga contra este maltratado país: el 11 de septiembre de 2001, las terribles escenas de la muerte de centenares de personas en Nueva York fueron utilizadas, tendenciosamente, por un gobierno que pasará a la historia por su violencia sangrienta.

Como Trotsky explicara ya en 1914 ante la Primera Guerra Mundial, “en esto [la guerra], la diplomacia tiene una doble tarea a realizar. Primero, necesita desencadenar la guerra en el momento más favorable para su país desde el punto de vista internacional y militar. Segundo, tiene que usar métodos por los cuales responsabilice ante la opinión pública por el sangriento conflicto al gobierno enemigo” (León Trotsky, 1914, La guerra y la Internacional).

A miles de ciudadanos norteamericanos les quisieron convencer de que Iraq, después de la invasión a Afganistán, se había convertido en el refugio y paradero de Bin Laden y de terribles armas de destrucción masiva.

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Columna de tanques estadounidenses camino de Bagdad en abril de 2003.


Como no tardaron en darse cuenta millones de personas en todo el mundo, el petróleo era la base, la esencia, de esta terrible guerra. Pero otros motivos, no menos importantes, se unían al petróleo para que la burguesía más poderosa del planeta no dudara en atacar: la importancia geoestratégica del país, barrer la competencia europea en una zona decisiva para la economía mundial, los intereses personales de la familia Bush y sus aliados, y sobre todo, erigirse ante los pueblos oprimidos del mundo como la autoridad a la que hay que temer y por tanto adorar.

Todo el teatrillo alrededor de la ONU y de los inspectores sólo tenía como objeto crear una cortina de humo que engañara a la población de todo el mundo. Mientras tanto, EEUU ganaba el tiempo que necesitaba hasta tener sus preparativos bélicos dispuestos para la invasión.

Sin embargo la guerra no iba a ser el paseo triunfal que los imperialistas habían soñado. Como señaló Alan Woods en un artículo fechado en noviembre de 2002, meses antes de iniciarse el ataque: “En el otro lado de la ecuación, los iraquíes lucharán una guerra defensiva, no en Kuwait, sino en su propio país. El odio que existe hacia el imperialismo estadounidense se puede expresar en un espíritu de lucha que puede deparar desagradables sorpresas para los invasores. No va a ser una tarea sencilla ocupar un país como Iraq”. La caída fulminante de Bagdad y otras ciudades en manos estadounidenses hizo creer a los invasores que todo había ido según lo previsto (incluso mejor). El 5 de mayo de 2003, un George Bush exultante se dirigía a las tropas desde un portaviones declarando el fin de la guerra. En pocos días el pueblo iraquí, haciendo caso omiso de las petulantes palabras del presidente norteamericano, se levantó contra su ocupante iniciando una heroica lucha por la liberación nacional. El valor, la fuerza y la moral de resistencia arden en la mente de centenares de miles de hombres y mujeres en estos momentos.

Ese elevado espíritu de lucha entre los invadidos, en absoluto es igual en el campo invasor. Las deserciones empiezan a preocupar al Pentágono. La organización de los familiares de soldados muertos o heridos no son buenas noticias para el gobierno imperialista de los EEUU. La moral de la tropa es muy baja. El porcentaje de la población de EEUU contra la guerra aumenta cada día y con cada noticia de otro soldado muerto. Vietnam resuena en la cabeza y la memoria de los jóvenes que pueden ser llamados a filas. En Europa la invasión fue capaz de crear el movimiento antiguerra y antiimperialista más masivo de la historia. Un país tras otro se ven obligados por la presión interna a retirar sus tropas de suelo iraquí, como pasó con las españolas. Con esta ocupación se ha fomentado la rebelión en todo Oriente Medio y el mundo árabe; el odio al imperialismo se ha elevado a la enésima potencia. ¿Puede salir victorioso EEUU en estas condiciones? El imperialismo se encuentra enfangado en la situación política más difícil desde la guerra de Vietnam. La lucha de liberación nacional del pueblo iraquí y la oposición mundial de las masas, como diría Trotsky hace noventa años, está “apagando el aullido patriótico de estos chacales del capital” representados por el que quisiera pasar a la historia como el emperador del mundo en el siglo XXI, el ignorante señor Bush.

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La resistencia comenzó pocos días después de que Bush declarase "el final de la guerra".


De las excusas a las verdaderas causas

Históricamente, las clases dominantes de los regímenes y sistemas basados en la opresión de clases, de una mayoría por una minoría, han unido a la explotación de unos hombres sobre otros, la expoliación de unos pueblos sobre otros. Para atacar a otros territorios han inventado todo tipo de pretextos. Las Cruzadas fueron expuestas como una guerra santa, como un movimiento puramente religioso. Pero sus verdaderas causas fueron económicas. En aquella época (siglo XI) el rápido crecimiento de la población en Europa provocó que muchos hijos de nobles se quedaran sin tierras que dominar. Estos se armaron y encabezaron los ejércitos de asesinos y ladrones; siempre bajo la bandera de la Cruz. Pronto se vieron sus intenciones cuando en lugar de dirigir su atención a los centros religiosos lo hicieron a la Ruta de la Seda. Se llenaron los bolsillos gracias al saqueo de las ciudades, de la ocupación de tierras, etc. La actual lucha del imperialismo contra lo que han llamado “el eje del mal” no es más que la excusa de un fanático religioso como George Bush (en esto no se diferencia en absoluto de Bin Laden). Igual que en las Cruzadas, a los norteamericanos pronto se les vio el plumero: el primer pie puesto en Iraq fue encima de un pozo petrolero. Una razón bastante material, por cierto. No hay “conflicto de culturas” que valga, cuando lo que está en juego es el oro negro. Pero a pesar de que el petróleo es el motivo central de la invasión, no es el único.

“Para ella [la burguesía], el militarismo se ha hecho hoy imprescindible, por tres razones: 1) como medio de lucha para defender los intereses ‘nacionales’ frente a la competencia de otros grupos nacionales; 2) como importante destino de la inversión tanto del capital financiero como del capital industrial; y 3) como instrumento de dominación de clase en el interior del país sobre la clase obrera” (Rosa Luxemburgo, Reforma o revolución).

La propia situación política y social en el interior de la frontera estadounidense debido a la terrible crisis que el capitalismo atraviesa, es un motivo más. Desde el 11-S tres millones de trabajadores estadounidenses han perdido su empleo. 35 millones de norteamericanos viven por debajo del nivel de pobreza; de esos, 13 millones son niños. EEUU tiene el peor índice de pobreza infantil y la peor esperanza de vida de los países industrializados; 31 millones de estadounidenses no saben dónde van a conseguir su próxima comida. Según el Departamento de Agricultura se puede hablar de que nueve millones de personas en EEUU pasan hambre. El gobierno de Clinton y posteriormente el de Bush, desmantelaron el Sistema de Asistencia Social, de tal manera que los beneficiarios del mismo han pasado en pocos años de doce millones de personas a sólo cinco. Mientras, las empresas militares baten récord en beneficios. Esta política está provocando enormes contradicciones que le explotarán en la cara al gobierno de Bush más temprano que tarde. La política exterior del imperialismo no es más que la continuación de su política interna. No es la primera vez en la historia que la clase dominante utiliza una guerra para desviar la atención de las crisis internas. Intentan culpar a la amenaza terrorista de la pobreza y el desempleo. Así es como los gobernantes estadounidenses están propagando su tan cacareada “guerra contra el terrorismo”.

Para mantener su poderío económico, además de exprimir a los trabajadores en su propio país, el capitalismo norteamericano necesita fortalecer aún más su posición en el mundo. Para que esto sea así están amenazando a los demás países con la utilización de su terror militar. Desde la caída de la URSS, EEUU ha emergido como la única superpotencia mundial. Cuenta con el 37% del total de gasto mundial en armas y el 40% de la producción mundial de armas. Ninguna otra potencia se acerca remotamente a esto y eso les ha llevado a sentirse como el policía del capitalismo mundial. El desequilibrio mundial que han creado les empuja, a su vez, a acentuar esta política para ocupar el vacío dejado por la URSS.

Quieren demostrar que no se va a ningún sitio sin su permiso y que aquel que no sea capaz de sonreír gustosamente a su dominio, como hiciera el servil señor Aznar, será castigado inquisitorialmente. Sadam Hussein fue un títere del imperialismo. Pero a veces algunos títeres rompen sus cuerdas y empiezan a moverse por sí solos, según sus propios intereses. Este fue el final de Sadam, que igual que Bin Laden pasó de ser amigo del imperialismo a tirano a derrocar. Así lanzan un mensaje muy claro a todo Oriente Medio, América Latina, incluso a Europa. El mensaje es “o estás conmigo o estás contra mí”. Pero el uso de la fuerza bruta en absoluto demuestra fortaleza. Detrás de todas las amenazas se encuentra una enorme debilidad: la crisis del sistema capitalista y por tanto de su máximo exponente actual, el imperialismo estadounidense.

El petróleo y Arabia Saudí

“El petróleo juega ahora un papel muy grande en la industria y el ejército. Dos tercios es extraído o utilizado por EEUU. En 1923 ya era el 72 por ciento. Se quejan de que se están terminando sus reservas de petróleo. Después de la Primera Guerra Mundial confieso que pensaba que estas quejas eran una excusa para apoderarse del petróleo de otros países. Pero ahora los geólogos admiten que, con el ritmo actual de consumo, EEUU sólo tendría petróleo suficiente para veinticinco años. Algunos piensan que durarán cuarenta años. Pero ya sea dentro de veinticinco o cuarenta años, EEUU necesitará diez veces más petróleo que los demás para su industria y barcos de guerra” (León Trotsky, Izvestia, 15/8/1924).

La necesidad de petróleo que tiene EEUU desde hace décadas es más que evidente. Para poder acceder a él debe controlar las reservas más importantes en el mundo. Pero el país que garantizaba hasta ahora en buena parte ese oxígeno necesario para la economía capitalista, Arabia Saudí, empieza a tambalearse.

Arabia Saudí es el mayor productor mundial de crudo y el mayor exportador a EEUU. La dictadura monárquica fundamentalista siempre fue apoyada por la burguesía norteamericana. Nunca les ha importado que el régimen utilice la tortura como método habitual contra sus oponentes políticos, que maltrate y discrimine a las mujeres ni que corte las manos a los ladrones. Esto era un mal menor si el petróleo saudí estaba preparado en sus barriles, listos para aterrizar en casa.

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La necesidad de petróleo que tiene EEUU desde hace décadas es más que evidente. Para poder acceder a él debe controlar las reservas más importantes en el mundo. 


La monarquía saudí ha conseguido mantenerse en el poder fruto de la represión, pero también de las concesiones económicas que pudo dar a la población por la entrada de regalías procedentes del petróleo. Pero esto se está acabando. Los ingresos por petróleo han caído y con ellos un 20% el nivel de vida de la población. El desempleo va en aumento y también el descontento.

Antes, EEUU confiaba ciegamente en el régimen saudí, hasta el punto de que, según algunas informaciones hechas públicas, la CIA no tenía ni siquiera un archivo interno sobre el país. Pero la confianza se vio truncada con el 11-S, cuando quedaron pasmados al comprobar que la mayor parte de los autores del atentado eran saudíes.

De la fe ciega han pasado a una total desconfianza. Temen que el sector del régimen en el que se basan pueda ser derrocado más pronto que tarde. Las divisiones en la familia real son cada día más intensas. De hecho por primera vez el gobierno saudí ha ofrecido contratos a empresas petroleras rusas y chinas, las cuales han accedido gustosamente.

La pérdida de Arabia Saudí sería un golpe para EEUU, con lo cual éste ya se está preparando. Las tropas norteamericanas en suelo saudí serán utilizadas en el caso de que el régimen amigo sea derrocado. Si esto pasara, es obvio que el ejército estadounidense ocuparía los campos petroleros situados mayoritariamente en una estrecha franja costera, dejando en manos árabes la arena del desierto.
Por eso Iraq es tan importante. Este país cuenta con las segundas reservas petroleras del mundo, después de Arabia Saudí. La posesión de estas valiosas reservas sería esencial para EEUU. Además, cualquier invasión de Arabia Saudí tendría que ser iniciada desde Iraq. Por lo tanto, el establecimiento de bases estadounidenses en ese país es una necesidad estratégica.

Pero con la invasión lo que han conseguido es aumentar las contradicciones en todo Oriente Medio y especialmente en Arabia Saudí. Con 145.000 soldados estacionados en Iraq y con otros 80.000 implicados en operaciones relacionadas con la invasión en otras partes de la región, un barril de pólvora está a punto de explotar.

Cuando la guerra estalla...

“Hemos visto como, cuando la guerra estalló, las masas fueron sometidas a los objetivos capitalistas de la guerra, con embaucadoras melodías de las clases dominantes. Hemos visto como las brillantes burbujas de la demagogia han explotado; como los tontos sueños de agosto se desvanecieron; cómo, en lugar de felicidad, cayeron sobre el pueblo el sufrimiento y la miseria; cómo las lágrimas de las viudas y los huérfanos de la guerra se hincharon hasta formar grandes torrentes, como el mantenimiento desgraciado de las tres clases; la canonización inmisericorde de la regla de las cuatro verdades —semiabsolutismo, gobierno de los junkers [nobles], militarismo, y despotismo policial— se erigieron como la amarga verdad” (Karl Liebknecht, El enemigo principal está en casa, octavilla de mayo de 1915).

EEUU saltó por encima de la ONU, que fracasó estrepitosamente en esta guerra. Los marxistas hemos explicado que este organismo no es más que una hoja de parra para esconder con ribetes “democráticos” los intereses reales de las potencias imperialistas.

El horror sin fin del capitalismo quedó mostrado en las pantallas de las televisiones de todo el mundo. Los aviones americanos e ingleses tiraban bombas inteligentes que partían por la mitad los cuerpos de hombres, mujeres y niños cuyo único delito era ser ciudadanos iraquíes. Pero la caída de Sadam en cuestión de semanas reflejó lo putrefacto de su régimen, basado en la opresión y represión brutal del pueblo iraquí. Muy pocos estuvieron dispuestos a dar su sangre por un tirano que se la había robado en otras muchas ocasiones. Incluso algunos de los sectores más cercanos a Sadam, personajes que habían participado abiertamente en la represión del régimen, se escondieron como ratas detrás de los faldones del imperialismo, vendiendo a su antiguo servidor. EEUU se creía que la ocupación iba a ser igual que los días de la guerra. Como Engels explicó refiriéndose a Bismarck: “la política de hierro y sangre había de tener éxito temprano para que deba hundirse por fin”.

Los que no estaban dispuestos a defender a Sadam esperaban que los imperialistas se fueran una vez cumplidos sus supuestos objetivos: acabar con el régimen totalitario. Pero lejos de irse los norteamericanos se quedaron para realizar sus verdaderos objetivos: sojuzgar a un pueblo para apropiarse de sus riquezas naturales con la misma fuerza bruta con la que habían aterrizado en el país. Lo que EEUU no imaginaba, es que su invasión iba a despertar una lucha de liberación nacional tan poderosa que no sólo no han sido capaces de apaciguar, sino que cada día arde con más fuerza.

...y empieza la resistencia

Una lucha como ésta no le interesa a ningún gobierno occidental. De hecho todos aquellos países o gobiernos que se opusieron a la guerra por motivos “humanitarios”, por ser una guerra ilegal e inmoral, como Francia y Alemania, hoy prefieren que las tropas extranjeras permanezcan hasta que haya “una situación estable”.

La oposición a la guerra encabezada por Francia, una potencia imperialista en decadencia que pretende contrarrestar el aplastante dominio del imperialismo norteamericano y defender sus áreas de influencia e intereses económicos en el mercado mundial, no puede engañar a nadie. El “pacifismo” del señor Chirac y de la clase dominante francesa se ha demostrado en numerosas ocasiones en sus antiguas colonias: Argelia, Indochina, África y muchos otros casos, donde los capitalistas franceses y sus militares no han dudado en masacrar a pueblos enteros si con ello defendían sus privilegios y beneficios. Alemania no tuvo problemas en causar la primera guerra europea en los Balcanes después de la segunda guerra mundial, provocando una guerra tras otra, devastación económica y humanitaria que todavía sufren hoy millones de bosnios, serbios, kosovares, etc.

Por eso desde los medios de comunicación burgueses de todo el mundo, incluidos los alemanes, franceses y españoles, nos dibujan a la resistencia como terroristas sanguinarios, porque según ellos “una cosa es estar en contra de la ocupación y otra disparar contra los ocupantes”. Al fin y al cabo lo que le piden a la población iraquí es algo tan piadoso como “poner la otra mejilla”, cuando te están masacrando con impunidad.

Un reciente informe de la Comisión de Naciones Unidas para los Derechos Humanos concluye que los niños iraquíes vivían mejor bajo Sadam. Con Sadam cerca del 4% de niños menores de 5 años pasaban hambre; a finales de 2004 la cifra se doblaba al 8%. Es curioso leer esto de una comisión de la propia ONU, la misma que llevó a cabo un bloqueo genocida contra el pueblo iraquí. Después de la invasión de 1990 la cantidad de niños menores de 5 años que murieron se multiplicó por seis. Para 1995 medio millón de niños habían fallecido como consecuencia del bloqueo con el que supuestamente el imperialismo iba a ayudar a los iraquíes. En un artículo de Terry Jones, en el periódico The Guardian, se explica que cuando un periodista de televisión señaló a Madeleine Albright que habían muerto más niños en Iraq por las sanciones que los que murieron en Hiroshima, ésta respondió: “pensamos que el precio vale la pena”. Si así se expresa una alta responsable de la anterior administración demócrata, qué no cabía esperar de los republicanos.

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EEUU ha violado constantemente los derechos humanos más elementales en Irak, practicando de forma sistemática la tortura contra la población. 


Según Associated Press, la Institución Brookings ha elaborado un informe en el que establece que entre 500 y 1.000 iraquíes mueren al mes como consecuencia de la guerra. Las enfermedades se han extendido. En Bagdad se han detectado brotes de hepatitis debido al nulo control de las aguas residuales. No hay vacunas con las que evitar la propagación de la enfermedad. El 50% del agua potable en Bagdad se pierde en la red de distribución, hecha trizas por los invasores. El índice de desempleo alcanza el 70%. Uno de cada cuatro iraquíes sobrevive gracias a las raciones de alimentos que son distribuidas por el Ministerio de Comercio, mientras que 2,6 millones son tan pobres que tienen que revender parte de las raciones para comprar otros productos básicos como medicinas. EEUU había prometido 12.000 millones de dólares para proyectos de reconstrucción, pero apenas se han recibido 2.000. Así que el gobierno iraquí colaboracionista ha anunciado un plan para acabar con las raciones de alimentos. Primero han matado a la población a bombas y ahora la quieren matar de hambre y sed (muchos no beben agua potable durante días). En el segundo país con más petróleo del mundo, es difícil hacerse con un litro de gasolina. Muchos sólo tienen electricidad durante cuatro horas al día. Mientras tanto, en un informe de enero de 2005 realizado por el Inspector General estadounidense para la Reconstrucción, se afirma que el gobierno ha “perdido” 8.800 millones de dólares.

A los obreros industriales no les va mejor. Un despiadado dirigente del partido de Sadam, el partido Baaz, ahora seguidor de los invasores y director de una empresa petrolera, reveló a un periodista (que formaba parte de una delegación del Movimiento Obrero de EEUU contra la guerra) la visión que tienen los nuevos gobernantes, entre ellos él. Le explicaba que “la privatización es buena porque atemoriza a los trabajadores. Hace que los trabajadores tengan miedo a perder su empleo. Ahora todo trabajador sabe que yo controlo su vida y la de su familia”. Una ley de los tiempos de Sadam que prohibía las huelgas se ha mantenido por parte de los ocupantes. Sadam y Bush tienen una misma idea de cómo hay que tratar a la clase obrera. En noviembre de 2003 el secretario general del Sindicato de Parados (UUI) Qasim Hadi y otro de sus dirigentes, Adil Salih, fueron arrestados por encabezar una manifestación de desempleados. El 29 de julio de 2004 los soldados estadounidenses detuvieron a 21 dirigentes de la UUI por acampar frente al ejército de ocupación y exigir empleos. Están destruyendo locales sindicales. Han abierto fuego contra manifestantes, tanto las tropas de EEUU como las británicas y las ucranianas, matando a decenas de sindicalistas.

Una situación como ésta, de regresión total de las condiciones de vida y de represión a todo un pueblo aviva la lucha. En la medida en que las tropas estadounidenses se sienten rodeadas, aisladas de las masas, sin apoyo, utilizan aún más la represión brutal para mantener su dominio. La agresividad y el salvajismo se ceban entre la población. El caso que más ha trascendido ha sido el de las torturas en la cárcel de Abu Ghraib, cerca de Bagdad. Pero es evidente que podemos afirmar que de los 17.000 detenidos en todas las cárceles de Iraq el 100% han sufrido algún tipo de torturas. Muy poca información independiente nos llega, pero es la suficiente como para saber que las torturas llegan hasta la muerte en muchos casos. Esta barbarie no es exclusiva de Iraq, ni de Guantánamo. Toda guerra imperialista, todo régimen opresor, utiliza sus hombres armados para derribar al oprimido mediante todas las técnicas que le sirvan para su fin. Por eso es necesario que los revolucionarios acabemos con este sistema como la única forma de poner fin a esta pesadilla. A las espeluznantes cárceles iraquíes hay que sumar las que el Pentágono ha dado nombre como “instalaciones transitorias” en las que se cree que hay unos 10.000 prisioneros. Nadie puede entrar en ellas para examinarlas. Y no dejan entrar a nadie porque son campos de exterminio, como lo fueron las prisiones secretas de Pinochet. La tortura es un medio de humillación que pretende romper la moral y la voluntad de un ser humano, destrozar su sistema nervioso, su confianza. A pesar de este horror contra los prisioneros, ningún oficial ni responsable de las torturas en Abu Ghraib ha sido juzgado y condenado, a lo más que se ha llegado ha sido a relevar de algunas funciones a algunos de los implicados.

El pretexto del imperialismo de “liberar a la población de la tiranía” es una broma de un gusto repugnante. El ejército ocupante y sus colaboradores iraquíes irrumpen por las noches en las casas de la población buscando a miembros de la resistencia. Las unidades estadounidenses no disponen de traductores suficientes, así que cuando llegan a una casa no comprenden a los civiles iraquíes y a la inversa. Si los iraquíes no siguen exactamente las órdenes de los americanos se convierten en sospechosos. Así es como han asesinado y arrestado a una gran cantidad de civiles que no tenían nada que ver con la resistencia. Ahora bien, desde el momento que una madre, una hermana o una compañera ve cómo se llevan a sus hombres de casa, ellas formarán parte de los miles de militantes o simpatizantes dispuestos a prestar ayuda o a formar parte de la resistencia.

La ideología imperialista parte de la noción de la superioridad nacional y racial. Consideran inferiores a los iraquíes. Por eso no tienen escrúpulos en usarlos como escudos humanos. Ahora han decidido secuestrar a mujeres para obligar a los hombres de la resistencia a entregarse.

La violencia del tirano

Muchos de los asesinatos y torturas más despiadados han sido llevados a cabo por mercenarios contratados por empresas norteamericanas. Bush, acompañado por los mejores hipócritas del mundo, se lamentaba al ver varios cuerpos humanos de extranjeros, supuestamente “trabajadores”, colgados o quemados en las calles de Bagdad. En enero de este año una bomba mató y mutiló a dos de estos supuestos trabajadores. Otro tercero cayó muerto en abril. El primero se llamaba Strydom, el segundo Gouws y el tercero Gray Branfield. Los dos primeros fueron reclutados por la empresa International Erinys como guardaespaldas de un general norteamericano. Strydom trabajó en la década de los 80 para Koovoet, un ala ultra violenta del ejército surafricano, los cuales pagaban muy bien por cada cuerpo asesinado de un activista negro que pudieran entregar. Gouws, por otro lado, llegó a admitir ante la Comisión Surafricana de la Verdad y la Reconciliación que él personalmente había incendiado las casas de 60 activistas antiapartheid, asesinó a Piet Ntuli (activista del Congreso Nacional Africano, ANC) y lanzó una bomba contra la casa de Fabian Ribiero, asesinando a 9 activistas. Gray Branfield, el tercer asesinado, trabajaba para una empresa en Iraq llamada Grupo Hart. Fue reclutado por el ejército surafricano en los 80. Como parte del Proyecto Barnacle, ayudó a la captura y asesinato de los principales líderes del movimiento antiapartheid en Suráfrica —incluido Joe Gqabi, representante de la ANC en Zimbabue—. Durante una operación secreta en Zimbabue, secuestró a un oficial de policía, ató explosivos a su cuerpo y tomó a su familia como rehén para asegurar la liberación de un comando surafricano capturado. También participó en un plan de ataque en un local de la ANC de Botswana, en el que 14 personas, incluyendo un niño, fueron asesinados mientras dormían. La brutalidad de los soldados de la época del apartheid está muy demandada en Iraq. Suráfrica es el tercer país con más mercenarios en Iraq después de EEUU y Gran Bretaña. Pero fascistas de muchas nacionalidades han aterrizado en Iraq: chilenos, alemanes, italianos, etc.

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Muchos de los asesinatos y torturas más despiadados han sido llevados a cabo por mercenarios contratados por empresas norteamericanas. 


Estos asesinos a sueldo cobran más de 1.000 dólares al día mientras la población no encuentra dónde comer. Lo más cínico de todo esto es que estos sujetos están cobrando del dinero que roban a los iraquíes. Las empresas de seguridad son las que más están ganando con la ocupación. De los 145.000 soldados estadounidenses, 9.000 británicos y 15.000 del resto de la coalición, se estima que 30.000 son expertos en seguridad. Son la segunda fuerza militar en Iraq. Si en 1991, durante la Guerra del Golfo, había un mercenario por cada 100 soldados, ahora es uno de cada cinco. Las empresas como Bechtel y Halliburton alquilan ejércitos privados para proteger sus inversiones. Estos deben sofocar cualquier intento de levantamiento en las ciudades. Pero también en las empresas. Estos asesinos están sirviendo para amedrentar a los trabajadores que se están organizando sindicalmente.

Por todos estos motivos la población se alegra cuando la resistencia suprime a un torturador. Ese ya no podrá matar a nadie más, piensan. Pero en Occidente sólo nos enseñan los cuerpos colgando de seres “humanos” y bárbaros iraquíes festejando la muerte.

Este terrible sistema de opresión que se llama capitalismo se está cebando especialmente contra algunos países. Uno de ellos es Iraq. La culpa es ser un país rico en materias primas. El imperialismo no puede sobrevivir sin actuar cruelmente. La violencia es innata a este podrido sistema; depende de ella para gobernar. Pero esa violencia también crea su reacción opuesta: la lucha contra la sumisión al dolor y a la represión, la lucha por la emancipación nacional. Eso es lo que ha empezado en Iraq.

Cuando se demoniza a la resistencia en los supuestos medios más progresistas se hace proporcionando informaciones sesgadas. Nos quieren hacer creer que la resistencia está matando fundamentalmente a población civil. Pero eso tampoco es verdad. Según el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales de Washington, el 75% de los ataques son contra las tropas ocupantes; un 21% son contra las fuerzas colaboracionistas (policías iraquíes, colaboradores del ejército, ...). Sólo un 4% de los ataques es contra blancos civiles. En cambio, el ejército norteamericano no tiene tantos miramientos. En Faluya, por ejemplo, pusieron como excusa para el bombardeo y el ataque que esta ciudad era una guarida de la resistencia. Pero el ejército sabía perfectamente que no quedaban miembros de la resistencia, pues éstos, al saber días antes que la ciudad sería asediada, salieron de ella. A pesar de eso, EEUU bombardeó la ciudad. Las escenas nos devolvieron a la mente el recuerdo de los bombardeos de las tropas hitlerianas a la ciudad de Gernika durante la guerra civil española. Se cree que los estadounidenses asesinaron a más de 3.000 civiles.

Muchas son las mentiras que nos dicen y muchas las verdades que nos ocultan. Desde el final de la guerra no se ha parado de bombardear ciudades, barrios y poblaciones. No sólo ha habido bombardeos contra Faluya, contra Nayaf, Nasiriyah y otras ciudades que fueron asediadas durante semanas. Diariamente los aviones de combate americanos están sobrevolando barrios y ciudades, las bombardean, saquean las casas, arrasan los hospitales, destruyen su cultura e historia quemando y devastando sus museos, escuelas, universidades.

Nos recuerdan cuántos soldados americanos llevan muertos (aproximadamente 1.550), pero no dicen nada de los cerca de 100.000 iraquíes que se creen han perecido por las balas directas del ocupante o por la falta de agua, comida o medicamentos a la que están sometiendo a esta sufrida población. Están lanzando un mensaje a toda la población: “si resistís, este será el castigo que tendréis”.

Es de esta forma como EEUU y Gran Bretaña están haciendo el trabajo de alistamiento de miles de jóvenes a la resistencia. En enero de 2005 el jefe de inteligencia de Allawi, Mohamed Abdullah Shahwani, declaró a French News Agency que quizá había unos 200.000 insurgentes (incluidos aquellos que proporcionan logística y refugio a los combatientes), superando en número a las tropas norteamericanas presentes en Iraq.

¿Quién forma realmente la resistencia?

Desde los medios controlados por el imperialismo se intenta presentar a la resistencia como terrorismo, pero los ataques de terroristas no representan ni el 10%. El periodista independiente Dahr Jamail, que ha estado en varias ocasiones en Iraq señalaba que al entrevistar a varios combatientes estos repetían una misma idea: “La resistencia lleva a cabo una guerra de guerrillas y tiene objetivos militares. En cambio los terroristas hacen muchas víctimas civiles con sus coches bomba. Las horribles decapitaciones y los secuestros están en la misma línea. En el caso de los secuestros hay que preguntarse a quién benefician. Secuestrando a personas que ayudan a los iraquíes la resistencia perdería un gran apoyo entre el pueblo. Los únicos que se benefician de los secuestros son los ocupantes ya que éstos les proporcionan la ocasión de justificar su presencia en Iraq”. La situación social que los americanos han creado con la invasión, el paro, el hambre, es un buen escenario para que se nutran las organizaciones delincuentes y gansteriles. Estas pueden estar utilizando los secuestros para conseguir dinero. Pero el caso de la periodista italiana Giulana Sgrena y todo lo que ha rodeado a su secuestro y al tiroteo en su liberación, lleva a tener serias dudas sobre si EEUU pudiera estar detrás de este tipo de actos o los consintiera para desprestigiar a la resistencia.

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Según la mayuría de las fuentes, el 80% de la población está en contra de la ocupación y apoya a la resistencia. Un apoyo como este significa la derrota, tarde o temprano, para los invasores. 


Según Abu Yusef, representante de la Corriente Patriótica de la Fuerzas Armadas Iraquíes (disueltas), integradas en la resistencia y entrevistado por miembros de la CEOSI (Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía Iraquí): “Los ocupantes, los traidores y colaboracionistas [son objetivos legítimos de la actividad armada]. Son objetivos de la resistencia igualmente la policía iraquí y la Guardia Nacional, milicias creadas por los ocupantes para protegerse de la resistencia y que son utilizados en la actualidad como vanguardia de las fuerzas de ocupación [en las operaciones contrainsurgentes]”. Sin embargo Abu Yusef es tajante al señalar que la resistencia nunca recurre a coches-bomba ni perpetra ataques indiscriminados que cuesten la vida a civiles iraquíes. “La resistencia —­añade— recurre a ataques con bomba en los arcenes [contra convoyes de las fuerzas de ocupación], bombardeo con misiles y proyectiles de mortero, lanzagranadas y armamento ligero”. Abu Yusef concluye que los terroristas están desvinculados de la resistencia.

Los ejércitos de ocupación se están enfrentando a una insurrección de masas de la población iraquí. Como el propio Abu Yusef declaraba, “lo importante no es el número de combatientes, sino el número de civiles que les apoyan”.

Según la mayoría de las fuentes, el 80% de la población está contra la ocupación y apoya a la resistencia. Un apoyo como este significa la derrota, tarde o temprano, para los invasores. La resistencia se está convirtiendo en una pesadilla para las tropas de ocupación. La táctica guerrillera de atacar y luego disolverse en un ambiente que garantiza su seguridad y escondite, enloquece a los ocupantes. Los soldados responden matando a decenas de civiles para encontrar a uno o dos insurgentes, lo que hace aumentar la rabia de la población. Ninguna persona que sale de sus casas para ir a buscar comida o trabajo, sabe si volverá. Los hombres, las mujeres, los niños, son cacheados en sus propias calles por soldados muertos de miedo. Han prohibido a los civiles acercarse a menos de 300 metros de los tanques y camiones militares. Los ataques en lugar de remitir después de las falsas elecciones del 30 de enero, han aumentado sobre todo en calidad. La media son 60 ataques diarios. Según el diario italiano Il Corriere de la Sera, en sólo 10 meses (del 1 de junio de 2004 al 30 de marzo de 2005) han sido 15.257 los ataques contra las fuerzas de ocupación. El 11 de abril de 2005, cien guerrilleros bien organizados consiguieron liberar a 150 presos de la cárcel de Abu Ghraib. EEUU tiene la intención de ir recluyendo a sus tropas alrededor de las 14 bases desplegadas por todo Iraq y situadas estratégicamente. De esta forma intenta dejar los focos más calientes, las calles de las ciudades a los policías iraquíes para que sean estos quien se las vean con la resistencia. Pero lo que han empezado a hacer los guerrilleros es atacar estas bases estratégicas. Es evidente que la guerrilla está llevando la iniciativa y a EEUU sólo le queda defenderse.

Los ataques a la industria petrolera están sirviendo para boicotear los objetivos norteamericanos de producción y robo del petróleo. Además estos actos sirven para medir el poder de la resistencia. Esto está afectando a la industria eléctrica: sin petróleo no hay electricidad y sin electricidad no se puede bombear ni refinar el petróleo. EEUU necesita cuanto antes un aumento de la producción de petróleo para alimentar su propia economía afectada muy seriamente por la sangría económica que supone la guerra. Están reforzando con más militares las infraestructuras petroleras, pero es insuficiente.

Todo esto no quiere decir que la resistencia sea absolutamente homogénea. Como explica Alan Woods: “en cualquier movimiento de liberación nacional hay todo tipo de tendencias diferentes e incluso contradictorias, tanto reaccionarias como progresistas. No se puede negar que hay reaccionarios fundamentalistas islámicos luchando contra los estadounidenses así como verdaderos luchadores por la libertad iraquí. De la misma forma, en la resistencia contra la ocupación alemana en Europa había tanto monárquicos reaccionarios como comunistas. Este hecho de ninguna manera puede poner en duda el carácter progresista del movimiento de liberación nacional. En cualquier caso, es un derecho inalienable de la población de Iraq decidir bajo qué tipo de gobierno quiere vivir. Esa decisión no la pueden tomar por ellos los ‘demócratas’ imperialistas en Washington y Londres. La población iraquí será capaz de decidir su propio futuro sólo cuando a estos ‘amigos’ extranjeros se les enseñe la puerta” (Alan Woods, Elecciones en Iraq: un engaño cínico, enero 2005).

A la vez que el movimiento es tan heterogéneo, también es cierto que la experiencia de la población va seleccionando a los sectores que deben estar a la cabeza de la resistencia. En Occidente nos aseguran que la resistencia es puramente islámica. Pero algunas informaciones que han llegado gracias a grupos independientes como la CEOSI nos traen otros mensajes. En la misma entrevista a Abu Yusef, éste explica como “los distintos componentes de la resistencia comparten el objetivo común de expulsar a los ocupantes y rechazan la hegemonía ideológica de una corriente sobre las restantes”, pero añade que la resistencia armada tiene que estar “[...] alejada del fanatismo religioso o de cualquier identificación étnica o confesional”.

Al contrario, la CIA junto a sus colaboradores, están intentando utilizar a organizaciones islamistas para crear escuadrones de la muerte contra el movimiento insurgente. Durante la entrevista de la CEOSI a Yusef éste le mostró una lista con un millar de nombres y datos de personas supuestamente contrarias a la ocupación y que deberán ser asesinadas. La lista, que ha sido filtrada por funcionarios del ministerio iraquí del Interior a la resistencia, ha sido elaborada conjuntamente por las milicias del Congreso Supremo de la Revolución Islámica en Iraq (CSRII), la organización Badr, y las milicias de Ahmad Chalabi (títere de EEUU).

Abu Yusef junto a otros nacionalistas se han organizado políticamente en una formación denominada Movimiento de Oficiales Libres (MOL). Es el mismo nombre que utilizaron el grupo de oficiales nasseristas en la revolución de 1958, en la que un golpe de Estado de éstos derribó a la reaccionaria monarquía.

Junto al MOL se han agrupado otras organizaciones: la Unión del Pueblo (escisión del Partido Comunista Iraquí, que colabora en el gobierno con los EEUU), el Partido Baaz y la Alianza Patriótica Iraquí. Estas organizaciones y muchas más, están participando en el debate para la creación del denominado Frente de Liberación Nacional que quiere presentarse como la rama política de la resistencia militar.

La explosión de organización entre la población que lucha contra la ocupación se está dando en todos los terrenos: educativo, sindical, mujeres, derechos humanos, etc. Un denominador común parece ser, es el rechazo a la lógica confesional y sectaria de las nuevas instituciones. Según la CEOSI, para el congreso fundacional del FLN hay al menos dos borradores de documentos; uno añade al nombre FLN el de Islámico y la otra no. El hecho de que haya una discusión sobre este tema refleja cómo las tradiciones laicas de este país están grabadas en la conciencia de muchos luchadores. De hecho ha sido la pobreza y con ella el avance del analfabetismo y la desestructuración social, la responsable del aumento de tendencias confesionales y sectarias. De ahí la importancia de este debate.

El papel de la clase obrera y los verdaderos comunistas

El movimiento contra la ocupación no sólo se da en las calles, también en la industria. La lucha de clases por parte de trabajadores y parados está comenzando. Los ataques a las condiciones laborales por parte de los imperialistas y sus multinacionales ya están siendo contestados en varias ciudades. En Basora y en Bagdad son varias las huelgas generales en la industria petrolera contra la privatización y el recorte salarial.

Nahrawahn, cerca de Bagdad, es un complejo de 150 fábricas que emplean a 15.000 trabajadores que cada día fabrican miles de ladrillos. Hombres, mujeres y niños trabajan allí durante catorce horas diarias por 1,5 dólares (60 centavos para los niños). No tienen seguro médico, paga de vacaciones, normas de seguridad ni asistencia médica para las heridas. El 11 de octubre de 2003, el 75% de los trabajadores decidieron ir a la huelga. Unos 400 trabajadores se dirigieron a las oficinas del dueño y exigieron seguridad social, jubilación, asistencia médica, contratos y aumentos salariales. El dueño no sabía que se acababa de formar un sindicato y les amenazó con el despido. Los trabajadores respondieron yéndose a sus casas, volviendo con sus armas y espontáneamente formaron un piquete frente a la fábrica, defendiendo la huelga e impidiendo la entrada de esquiroles. El dueño terminó concediendo un aumento salarial de 500 dinares (25 centavos) y aceptó negociar los beneficios sociales y sanitarios.

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El movimiento contra la ocupación no solo se da en las calles, también en la industria. En Basora y en Bagdad son varias las huelgas generales en la industria petrolera contra la privatización y el recorte salarial. 


Los salarios de los estibadores iraquíes de Um Qasr fueron reducidos cuando comenzó la ocupación, hasta que los trabajadores se hartaron y organizaron un sindicato. El día que los estibadores fueron a elegir a sus nuevos representantes sindicales, el director del puerto les dijo que se habían cancelado las elecciones recurriendo a una prohibición de 1987 y despidió a tres trabajadores que, a pesar de la prohibición, intentaron organizar el sindicato. Las provocaciones de la empresa continuaron y el conflicto se radicalizó organizándose hasta una manifestación que terminó cuando los soldados intervinieron. Las noticias de lo que estaba ocurriendo en Um Qasr llegaron a los estibadores norteamericanos. Al conocer el despido de los estibadores de Um Qasr, el sindicato de estibadores de San Francisco (International Longshore and Warehouse Local 10) inmediatamente condenó la represión y los sindicatos de estibadores de la costa occidental organizaron el 20 de marzo de 2004 un día de huelga en solidaridad con los trabajadores iraquíes, coincidiendo con las manifestaciones en todo el mundo con motivo del aniversario de la invasión de Iraq.

KBR, una empresa designada a dedo para la reconstrucción, llevó a la refinería petrolera de Bergeseeya, cerca de Basora, a una empresa de la construcción kuwaití, una subcontrata que utiliza trabajadores indios y pakistaníes más baratos. Para proteger sus empleos los trabajadores iraquíes fueron a la huelga. En la Empresa de Petróleo del Sur (SOC) los trabajadores organizaron un sindicato y consiguieron que no se contratara mano de obra extranjera. Después, los trabajadores de SOC exigieron salarios más altos, amenazando con la huelga y con parar la producción de petróleo. Además dijeron que se unirían a la resistencia armada si las tropas de ocupación reprimían su protesta. La situación llegó a ser tan tensa que el ministro del petróleo fue a Basora y aceptó reestablecer a los salarios que había antes. El salario establecido en SOC finalmente se adoptó en la mayoría de los centros de trabajo del sector petrolero. La lucha se extendió a la industria energética, donde amenazaron con parar el suministro energético. Los trabajadores de esta industria son potencialmente muy poderosos porque sus acciones pueden paralizar toda la economía iraquí.

Los EEUU utilizan las estructuras sindicales que creó Sadam Hussein para evitar una organización independiente de la clase obrera. Pero los trabajadores se están organizando en nuevos sindicatos. El más grande es la Federación Iraquí de Sindicatos de Trabajadores —la IFTU— que fue creado por activistas del Movimiento Sindical Democrático de Trabajadores, una organización obrera clandestina bajo Sadam y dirigida por el Partido Comunista. Sin embargo, su dirección tiene vínculos con el actual gobierno interino. El otro sindicato es la Federación de Consejos y Sindicatos de Trabajadores de Iraq (FWCUI). Fue formado el 8 de diciembre de 2003 por representantes de los trabajadores de todo el país y está bajo la dirección del Partido Comunista de los Trabajadores. El tercer sindicato es el Sindicato de Parados de Iraq (UUI), se creó en mayo y está afiliado al FWCUI. El UUI está haciendo campaña por “puestos de trabajo para todos los trabajadores o subsidio social de 100 dólares mensuales para los parados”, la vieja reivindicación del movimiento obrero internacional, “trabajo o salario completo”.

Estas organizaciones jugarán un papel clave en los futuros acontecimientos de Iraq. Su existencia demuestra que incluso en las condiciones más difíciles y bárbaras, el movimiento obrero está vivo. Desgraciadamente, la dirección de estas organizaciones se niega a participar en la resistencia armada. Esto significa que la dirección de la resistencia recae sobre elementos ajenos a la clase obrera.

En la revolución de 1958, la política de colaboración de clases del Partido Comunista de Iraq (PCI) llevó a traspasar la dirección del movimiento a los oficiales nasseristas. Éstos, aunque llevaron a cabo reformas positivas en el terreno social y nacionalizaciones de empresas, acercándose a la esfera de influencia de la URSS, no dejaban de ser defensores del capitalismo. Además, una vez en el poder, la ayuda prestada por las organizaciones obreras a los oficiales fue devuelta con represión. El PCI pasó a ser una organización clandestina.

En la actualidad los elementos más conscientes de los trabajadores, revolucionarios, comunistas, deben participar dentro del movimiento de resistencia, del Frente de Liberación Nacional, con su propio programa. El FLN va a aglutinar a los sectores que están contra la ocupación. Hay que aprovechar esto para trabajar dentro por un programa socialista a la vez que se lucha en las fábricas organizando los sindicatos con una política en defensa de los salarios, las condiciones laborales y los derechos democráticos de los trabajadores. Todo esto debería tener como objetivo construir un partido obrero marxista, capaz de disputar mañana el poder a los elementos capitalistas extranjeros o nacionales. La única forma de acabar con esta ocupación o con futuras invasiones es acabando con quien realmente las causa, que es el capitalismo. La clase obrera encontrará en esa lucha a muchos aliados: los campesinos (que la ocupación les está quitando sus tierras y hasta les obliga a plantar sólo las semillas que USA exporta a Iraq), los estudiantes, las mujeres, las nacionalidades oprimidas, etc.

EEUU intenta dividir a la resistencia

En el segundo aniversario de la caída de Bagdad, 300.000 personas, dirigidas por el clérigo Moqtada Al Sadr bajo el lema “No a los EEUU, no a la ocupación” salieron en manifestación por las calles de Bagdad para obligar al nuevo gobierno a la retirada inmediata de las tropas extranjeras, calificando a Bush y Blair como terroristas. Aunque la manifestación había sido convocada por los chiíes, los líderes religiosos sunníes dieron el apoyo a la marcha haciendo que un gran número de sunníes participaran en ella.

Esto revela las presiones enormes que están recibiendo los líderes religiosos desde sus bases y pone en duda a corto plazo la previsible guerra civil que tanto se deja caer en los medios occidentales. Nuevamente el periodista Dahr Jamail recoge algunos testimonios de los resistentes. Dice que al entrevistar a la gente y preguntarles si eran sunníes o chiíes la respuesta más frecuente con la que se encontró fue: “Soy musulmán, soy iraquí”.

Lo que está en cuestión y en eso coinciden muchos kurdos, chiíes y sunníes, es que comparten un mismo sentimiento de dignidad nacional, la soberanía real de su país. Aunque parece ser que la mayoría de los resistentes son sunníes, eso cambiará rápidamente. También los chiíes se han levantado varias veces, como en Najaf, Sadr City y Kerbala. Los sunníes y los chiíes se apoyan mutuamente como se demostró en abril de 2004 cuando los ocupantes asediaron Najaf y los combatientes sunníes dieron armas y entrenaron a la resistencia chií.

Los imperialistas estadounidenses han jugado desde el principio la carta de las diferencias religiosas y nacionales. Han intentado basarse en los kurdos y chiíes contra los sunníes, que fueron la principal base de apoyo de Sadam Hussein. Es verdad que los kurdos y los chiíes fueron brutalmente reprimidos por Sadam Hussein, pero eso no significa que los imperialistas sean sus amigos. Los gobiernos de Washington y Londres en el pasado fueron totalmente indiferentes a los sufrimientos de los kurdos y chiíes de Iraq. Ahora los utilizan como para dividir el movimiento de liberación nacional y para poder controlarlo. Cuando Sadam Hussein utilizó gas para bombardear a los kurdos, Washington guardó silencio. Seguían vendiendo armas químicas a Sadam Hussein, en su guerra contra Irán. Durante la anterior Guerra del Golfo los norteamericanos incitaron a la población chií del sur de Iraq para que se levantaran contra Sadam Hussein, después cruzaron los brazos y miraron como les aplastaban.

Los marxistas nos oponemos implacablemente al desmembramiento de Iraq, porque eso degeneraría en conflictos sectarios y étnicos con consecuencias espantosas para toda la población de Iraq. La población kurda debe entender que aliarse con el imperialismo sólo les acarreará problemas. No aliarse con EEUU en absoluto significa que la lucha histórica de este pueblo por sus derechos democráticos flaquee. Más bien al contrario: aliados al capital un pueblo oprimido jamás conseguirá sus derechos. Para los marxistas la lucha por conseguir los derechos democráticos hoy en Iraq pasa por luchar junto a sus hermanos del resto del país por expulsar a las tropas extranjeras. No habrá autonomía real ni derechos culturales, lingüísticos, nacionales, con la bota militar encima de un país entero. Sólo el socialismo podría crear las bases para una verdadera autodeterminación de los pueblos históricamente oprimidos. El responsable de la situación del pueblo kurdo, igual que la del pueblo palestino, kosovar, checheno, etc., es el sistema al que sirve Bush, el podrido capitalismo. El socialismo significaría la mayor explosión de cultura y libertad que los kurdos jamás hayan soñado. Pero para construir esa sociedad necesitamos estar unidos junto a toda la clase obrera y campesinos iraquíes. EEUU va a utilizar la autonomía kurda para dividir y enfrentar al pueblo de Iraq, del mismo modo que utilizó en Kosovo a las organizaciones que en un primer momento habían sido creadas por los kosovares para luchar contra la opresión del régimen de Milósevic y que luego se convirtieron en sus marionetas. Ese fue el caso del ELK transformada en una organización reaccionaria y sectaria, financiada por los imperialistas, que más tarde atentaría contra civiles serbios inocentes. Los kurdos no pueden dejarse engañar y deben unirse a la resistencia contra la ocupación imperialista.

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Los marxistas nos oponemos implacablemente al desmembramiento de Iraq, porque eso degeneraría en conflictos sectarios y étnicos con consecuencias espantosas para toda la población de Iraq. 


Dividir Iraq iría en contra de los intereses de toda la población iraquí. Debilitaría seriamente la lucha de liberación nacional contra el imperialismo. Afortunadamente, después de generaciones de lucha contra el imperialismo se ha forjado una conciencia nacional iraquí, que no se destruirá fácilmente. La mayoría de los iraquíes se sienten iraquíes, independientemente de las diferencias religiosas, lingüísticas y culturales. Esto se pudo ver en la larga guerra entre Irán e Iraq, donde muy pocos iraquíes chiíes apoyaron a Irán, donde los chiíes iraníes constituyen la aplastante mayoría. A pesar de todos los esfuerzos de los imperialistas de sembrar división en las filas del movimiento de liberación nacional, tanto chiíes como sunníes han participado en la insurrección contra el invasor extranjero.

La única alternativa para garantizar el pleno derecho a la autodeterminación de las nacionalidades que componen Iraq, y a la mismo tiempo asegurar una existencia fraternal y unida del pueblo iraquí libre de la explotación y la barbarie capitalista, es un Iraq socialista

Las elecciones farsa

La verdadera razón por la que los insurgentes se opusieron a las elecciones fue porque suponían una mentira y un engaño al pueblo iraquí y la opinión pública mundial. Las elecciones no pretendían introducir una verdadera democracia. ¿Cómo puede ninguna persona ser libre con una bota extranjera en el cuello? El objetivo real de las elecciones era bastante claro: legitimar la invasión de Iraq encabezada por EEUU y disfrazar la cruel realidad de la ocupación extranjera bajo la fachada de una administración títere.

Aquellos iraquíes que fueron a los colegios electorales tenían muy poca idea de a quién estaban eligiendo para los 275 escaños de la asamblea nacional y las 18 asambleas provinciales. Como la mayoría de los 111 partidos que se presentaron a las elecciones han tenido que mantener en secreto los nombres de todos sus candidatos, excepto los más veteranos, la gente no sabía por quien iba a votar.

La cuestión principal es que las elecciones en Iraq han sido un fraude gigantesco y cruel. Aquellos iraquíes que votaron lo hacían por la paz, el empleo y la vivienda. Votaron por la autodeterminación y para echar a los odiados ocupantes extranjeros. Pero con el actual gobierno no conseguirán ninguna de estas cosas.

EEUU habla de democracia. Pero democracia significa que las personas pueden decidir libremente quién les gobierna y determinar su propio destino.

El ejército y la policía son dos apoyos fundamentales para cualquier gobierno burgués. ¿Cómo puede un gobierno decir que es libre si no tiene una fuerza propia para defenderle o poner en práctica sus decisiones? Los estadounidenses se asegurarán que mantienen firmemente en sus manos el control de la “seguridad”. Esto significa que Washington será quien mantenga el poder estatal, no el gobierno de Bagdad.

Un ejemplo lo hemos tenido cuando el nuevo presidente iraquí, el kurdo Jalal Talibani anunció en el mes de abril de 2005, una amnistía para los presos. Según Talibani sólo quedarían excluidos de la amnistía los implicados en “matanza de civiles”. Inmediatamente EEUU se ha opuesto ya que ellos quieren que también queden fuera los integrantes de la guerrilla que han atacado a sus soldados.

Según el periodista Dahr Jamail el ejército estadounidense manda tanto a la Guardia Nacional Iraquí como a la policía. Si el ejército entra en una comisaría y pronuncia las palabras mágicas “Tomamos el mando”, la policía no puede hacer nada hasta que se marchen.

EEUU no ha llegado a Iraq para darle el poder a un gobierno títere que va a estar sometido a unas presiones por parte de la población que difícilmente soportará. Por eso el ejército estadounidense, desde el punto de vista de los intereses de la burguesía norteamericana, no puede irse de Iraq. Sólo saldrá del país si es derrotado. Y esa derrota no se dará a través de elecciones, sino de una lucha abierta en las calles de las principales ciudades y en las instalaciones industriales del país.

Desmoralización entre los soldados ocupantes

La brutalidad de la guerra y, sobre todo, la actitud de rechazo de la población hacia unos soldados que se creyeron que les recibirían con los brazos abiertos, está provocando desmoralización entre los soldados. El Pentágono ha reconocido la deserción de 5.500 soldados estadounidenses en Iraq hasta abril de 2005. También hay deserciones en el ejército británico.

Un tercio de las tropas estadounidenses en Iraq son reservistas y guardias nacionales. El diario San Francisco Chronicle publicó los resultados de una encuesta el 27 de marzo pasado. En ella se decía que “el 70% de los encuestados caracterizaban la moral de los soldados como ‘baja o muy baja’”. Los problemas son más pronunciados entre los soldados rasos y los reservistas. “Casi el 75% de los soldados dijeron que la dirección de su batallón era pobre o mostraba una ausencia de preocupación por los soldados... El estudio fue iniciado por el ejército después de varios suicidios que crearon preocupación por la salud mental de los soldados en Iraq (...) El Pentágono está muy preocupado porque los más que frecuentes y largos viajes de combate inciten a más soldados a salir del ejército que a realistarse, especialmente si la misión es en Iraq o Afganistán”.

Muchos ilegales en EEUU se enrolaban en el ejército como una forma de lograr la nacionalidad y se calcula que unos 30.000 de los 142.000 soldados de EEUU en Iraq tienen estas características. De los más de 1.500 soldados de EEUU muertos, 142 no eran todavía ciudadanos estadounidenses. Ahora el número de estos extranjeros que se enrolan en el ejército está disminuyendo. Por ejemplo, la Iniciativa Mexicana contra la Guerra hizo un llamamiento a la deserción de los hispanos que integran el ejército estadounidense. De momento se ha logrado un descenso de un 12% de reclutas mexicanos en el año 2004 en comparación con el año anterior.

Cientos de soldados estadounidenses han perdido la vida, miles están mutilados y agonizando, ocultos en hospitales militares en Alemania y otras partes. Los oleoductos son saboteados, los convoyes atacados.

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La brutalidad de la guerra y, sobre todo, la actitud de rechazo de la población hacia los soldados está provocando desmoralización en las tropas estadounidenses. 


La ausencia de bases sociales para las fuerzas ocupantes se refleja en su fracaso a la hora de organizar una fuerza militar iraquí fiable para trabajar al lado de las tropas británicas y estadounidenses. La administración norteamericana dice que ha reclutado a 30.000 iraquíes para este propósito. Pero muchos informes sobre el terreno dicen que la cifra real está próxima a los 12.000. Además, sólo una fracción de este número ha completado un entrenamiento serio. Probablemente no más de 5.000 soldados iraquíes pro-coalición podrían ser considerados en el momento actual una fuerza de combate.

‘Todo el personal militar debería negarse a luchar’

Las deserciones aumentarán como pasó en Vietnam. Steve Morse del GI Rights Hotline (Línea de atención a los derechos de soldados), afirma que el número de llamadas que han recibido ha pasado de 17.000 en 2001 a más de 32.000 en 2004. Aproximadamente el 38% corresponden a soldados que han desertado o están pensando en desertar.

El soldado estadounidense veterano de 39 años, Carl Webb, que desertó, comenta: “Esta es una guerra por el petróleo y los beneficios. Creo que esta guerra no es para liberar al pueblo [iraquí], sino para oprimirlo”. Cuando en agosto su unidad de la Guardia Nacional le anunció que empezaba la instrucción, Webb no acudió. Lo mismo hizo cuando su unidad partió a Iraq en enero. Ahora es un fugitivo. “Aunque el gobierno [de EEUU] no actuara de forma ilegal al utilizar a los reservistas, a la Guardia Nacional y a los jubilados como está haciendo, yo seguiría oponiéndome a la guerra... Creo que todo el personal militar debería negarse a luchar en esta guerra del imperialismo”.

Otro soldado que ha sido muy conocido por su oposición a la guerra ha sido el sargento de 28 años Camilo Mejía, que fue puesto en libertad el 15 de febrero de 2005, después de ser condenado a un año de prisión militar por negarse a volver a Iraq. “La justificación de esta guerra es el dinero y ningún soldado debería ir a Iraq y dar su vida por petróleo... Uno de nuestros sargentos disparó a un niño que llevaba un rifle AK-47. Los otros dos niños que iban con él salieron corriendo cuando el niño herido empezó a arrastrarse tratando de salvar la vida. Un segundo disparo lo detuvo, aunque seguía con vida. Cuando un iraquí trató de llevarlo a un hospital civil, unos médicos armados de nuestra unidad le interceptaron e insistieron en llevar al chico a un complejo militar. Allí se le negó asistencia médica porque se suponía que una unidad diferente iba a tratar a los heridos de nuestra unidad. El chico murió después de que otra unidad se negara a tratarlo”.

El ejército no está aislado de la sociedad, al contrario es un reflejo de ella. Hemos visto una pequeña minoría de asesinos y psicópatas en Abu Ghraib, que no son más que carne de cañón de los mandos reaccionarios. En el otro extremo hay soldados honestos y con la mente abierta a posturas de izquierdas, incluso revolucionarias, como vimos en Vietnam. Gracias a uno de estos salieron a la luz las fotos de las torturas a pesar del peligro que podía suponer para él. En medio de ambos sectores está la gran parte del ejército. El ambiente entre éstos se puede moldear según las circunstancias. Una de las presiones más fuertes que van a recibir, además del propio odio del pueblo iraquí, es la radicalización contra la guerra en Estados Unidos. Las encuestas ya hablan de una mayoría en contra de la guerra y a favor de la salida de las tropas. Esto va a conectar con la mayoría de soldados que viven en condiciones de extrema tensión. Veteranos de Iraq Contra la Guerra hizo pública la denuncia de los familiares de 17 soldados que habían sido detenidos por negarse a cumplir una misión suicida. Dicha misión trataba de transportar camiones cisterna en mal estado cargados de combustible por una de las carreteras más peligrosas que rodean Bagdad. Esta es la seguridad que proporcionan a sus propios soldados.

Protestas antes que en Vietnam

Aunque todavía no hay tantos desertores y soldados como en el momento de más fuerza del movimiento estadounidense contra la guerra de Vietnam a principios de los setenta, los soldados y sus familias se están organizando en contra de la intervención en Iraq mucho antes de que lo hicieran sus homólogos hace casi cuarenta años. En julio de 2004, sólo un año y medio después de que empezara la guerra, se fundó Veteranos de Iraq Contra de la Guerra. Por el contrario, Veteranos de Vietnam Contra la Guerra se fundó en abril de 1967, unos cinco años después de que empezara oficialmente el conflicto. Y a diferencia de lo que ocurrió durante la Guerra de Vietnam, las familias de los soldados han estado en la primera línea de las manifestaciones en contra de la invasión de Iraq. Más de 2.000 pertenecen ya a Military Families Speak Out (Familiares de los Soldados Hablan Claro), que se formó en noviembre de 2002, cuatro meses antes de que EEUU invadiera Iraq. Algo histórico.

Si esto sucedió en EEUU antes y durante la guerra, en el resto del mundo lo que hubo fue una explosión contra la intervención imperialista y la ocupación posterior. Podemos decir sin temor a equivocarnos que las movilizaciones del sábado 15 de febrero de 2003 fueron el movimiento antiimperialista más grande que la historia haya vivido. Decenas de millones de personas se movilizaron a lo largo y ancho del globo. Sólo en el Estado Español siete millones de personas abarrotaron las calles de 350 localidades y ciudades donde se convocaron manifestaciones. Se colapsaron los trenes y metros, las carreteras y accesos a todas las grandes ciudades. Días antes la gente quería colaborar con los organizadores de las movilizaciones. Se preparaban miles de pancartas, se participaba en charlas en los institutos, facultades, sindicatos, etc. No olvidemos que la presión de los trabajadores obligó a UGT a convocar una huelga general de dos horas, que fue seguida también por los demás sindicatos de clase excepto por la dirección de CCOO. Claro que muchos obreros y militantes de CCOO hicieron caso omiso a Fidalgo y participaron en el paro.

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Manifestación en EEUU contra la guerra de Irak. 


En Gran Bretaña, los maquinistas de tren se negaron a transportar armas para el ejército británico desplegado en Iraq. La guerra ha dividido al Partido Laborista. En Italia, Berlusconi está entre la espada y la pared porque a su política antiobrera se suma que la gente le ve como un muñeco al servicio de los intereses estadounidenses en Iraq. Aznar y el PP fueron derrotados en las urnas el 14-M después de la mayor movilización social que vivió el Estado español desde los años setenta. La guerra de Iraq y la postura servil de Aznar ante el imperialismo estadounidense, tuvo mucho que ver con la derrota electoral de la derecha.

La explosión social en toda Europa y en especial en el Estado Español ha sido un aviso del movimiento obrero y juvenil al imperialismo, pero también a todos los escépticos del mundo. Las experiencias vividas esos días de lucha están ya selladas en la conciencia de las masas que participaron y que comprobaron por sí mismas sus fuerzas. Eso es un legado para un futuro no muy lejano.

EEUU va a perder la guerra

Todo el dinero que el gobierno estadounidense está dedicando a la guerra en Iraq se está traduciendo en una profundización de la crisis económica en su propio país. Se están destinando a la guerra cerca de 4.000 millones de dólares al mes. El coste de la maquinaria militar aumenta vertiginosamente. EEUU gozaba de un superávit presupuestario del 1% en el año 2000. Con la política de Bush el déficit llegó al 4% antes de la guerra de Iraq. Se calcula que en estos momentos se está invirtiendo en la guerra un 4% del PIB, lo que está alimentando la crisis. Es imposible mantener esto mucho tiempo, pero EEUU no puede retirar sus efectivos en Iraq por que esto significaría una humillante derrota. El problema es que están agotando no sólo los recursos económicos, sino también los humanos (no puede reclutar los soldados que necesita para mantener el contingente de ocupación).

EEUU va a tener que retirarse de Iraq agachando la cabeza. Esa sería una de las mejores noticias que todos los pueblos oprimidos del mundo podrían recibir. Nos han pintado al imperialismo como algo tan poderoso que es imposible de vencer. Si el pueblo iraquí, ayudado por el pueblo norteamericano en lucha contra su propio gobierno y unido mundialmente a la oposición de millones de jóvenes y trabajadores, derrota a EEUU, significará un impulso tremendo a la lucha antiimperialista y por el socialismo. Un fracaso del imperialismo haría más difícil que los intentos de nuevas invasiones o amenazas vertidas contra otros países, como contra Venezuela, pudieran llevarse a cabo.

La derrota del imperialismo sería una victoria histórica de los oprimidos por deshacerse de sus cadenas, de las sucesivas que vendrán en el camino. A lo largo y ancho del mundo el capitalismo ha preparado, sin quererlo, procesos revolucionarios profundos que le llevarán a la sepultura. Alí Primera, revolucionario y artista venezolano cantaba: “Hace 400 años que mi patria está preñada, ¿quién le ayudará a parir pa’ que se ponga bonita?”. La guerra es la partera de la revolución. Serán los trabajadores, campesinos, indígenas, las nacionalidades oprimidas en lucha y armados con la teoría del socialismo científico los que harán parir una nueva sociedad, pacífica y libre: el socialismo.

 

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Este artículo ha sido publicado en la revista Marxismo Hoy número 14. Puedes acceder aquí a todo el contenido de esta revista. 

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