A finales del año 2022 y comienzos de 2023 se han ido publicando los informes anuales de las grandes Instituciones capitalistas internacionales (FMI, Banco Mundial, Foro de Davos). Estos organismos y foros reúnen a lo más granado de la clase dominante: banqueros, directivos de multinacionales, gurús económicos o representantes de los Gobiernos de todo el mundo.

Una lectura a estos materiales, en los que los estrategas del capital presentan las perspectivas para su sistema, es muy llamativa. Y no solo porque traten de las recetas para mantener sus obscenos beneficios saqueando la riqueza que genera la clase obrera con su trabajo.

La cuestión es otra. Los apologistas mediáticos y académicos de este engendro llamado  libre mercado acusan constantemente a los marxistas revolucionarios de agoreros y catastrofistas, de exagerar respecto a los  males que corroen el capitalismo, o de plantear una visión apocalíptica de la realidad. Bien, pues es la hora de la sinceridad y poner blanco sobre negro la visión que tienen las instituciones capitalistas de su propio sistema.

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Los materiales en los que los estrategas del capital discuten y presentan las perspectivas para el capitalismo, ponen blanco sobre negro la visión enonrmemente pesimista que tienen las instituciones burguesas de su propio sistema. 


Policrisis y colapso medioambiental

Sin duda el informe del Foro de Davos[1] brilla con luz propia. Tras congregar esta semana a gran parte de la elite económica y política mundial en esta ciudad de los Alpes suizos, los melindrosos debates y las acarameladas críticas que hemos oído, como la compungida regañina del presidente del Gobierno español Pedro Sánchez, han tratado de suavizar la gravedad del momento. Por eso es importante no fijarse en el teatrillo escénico y leer lo que dice el informe anual del foro. Hay que quedarse bien con la copla. El informe dice así:

"La próxima década se caracterizará por crisis medioambientales y sociales, impulsadas por tendencias geopolíticas y económicas subyacentes. La crisis del coste de vida se clasifica como el riesgo global más grave en los próximos dos años, alcanzando su pico a corto plazo. La pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas se considera uno de los riesgos globales que más rápidamente se deteriorará durante la próxima década, y los seis riesgos medioambientales existentes figuran entre los 10 principales riesgos de cara a los próximos 10 años".

Los problemas son tantos y tan graves, y están tan interconectados, que “están dando lugar al riesgo de policrisis, donde crisis dispares interactúan de tal manera que el impacto global de las mismas excede la suma de cada una de ellas”.

Solo a corto plazo el informe señala como riesgos altos los siguientes: crisis por el coste de la vida; colapso o falta de infraestructuras y servicios públicos; colapso sistemático de importantes cadenas de suministro; erosión de la cohesión social; enfrentamiento geoeconómico (guerra económica y comercial); conflictos interestatales y colapso del Estado.

El Informe destaca  el completo fracaso de todas las políticas para revertir la catástrofe climática y medioambiental, que ya está teniendo gravísimas consecuencias: “Sin cambios significativos en las políticas o sin inversiones, la interacción entre los impactos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la seguridad alimentaria y el consumo de recursos naturales acelerará el colapso de los ecosistemas, amenazando las fuentes de comida y medios de subsistencia en economías climáticamente vulnerables, amplificando el impacto de los desastres naturales, y limitando cualquier progreso en la lucha contra el cambio climático”.

Guerra económica entre las potencias y creciente militarización

Otro de los aspectos más sobresalientes en el informe es la referencia al choque entre las grandes potencias imperialistas, principalmente entre EEUU y China aunque no se los cite textualmente, advirtiendo del peligroso recurso al nacionalismo económico:

"La guerra económica se está convirtiendo en la norma, con la perspectiva en los próximos dos años de crecientes enfrentamientos entre las potencias globales e intervención estatal en los mercados. Las políticas económicas se utilizarán de manera defensiva, buscando garantizar autosuficiencia y soberanía frente a las potencias rivales, pero también cada vez más de manera ofensiva para limitar el ascenso de otros. El uso intensivo de armas geoeconómicas [proteccionismo y guerra comercial] destacará vulnerabilidades de seguridad fruto de la interdependencia comercial, financiera y tecnológica entre economías globalmente integradas, generando una escalada creciente de desconfianza y desacoplamiento".

Una situación que está dando lugar a un “repunte en el gasto militar y la proliferación de nuevas tecnologías entre un sector cada vez más amplio de actores que podría conducir a una carrera global armamentística”, con riesgos a largo plazo de “conflictos multidominio [operaciones militares que afectan a numerosos ámbitos simultáneamente] y guerra asimétrica, con el despliegue de armamento basado en nuevas tecnologías potencialmente más destructivo que el que hemos visto durante las últimas décadas”.

Perspectivas sombrías para la economía mundial

Todos los textos presentan unas perspectivas económicas sombrías, que además podrían empeorar fácilmente. El FMI advierte que “se avecinan nubarrones de tormenta (...) más de una tercera parte de la economía mundial se contraerá este año y el próximo, mientras que las tres mayores economías –Estados Unidos, la Unión Europea y China- continuarán estancadas. En pocas palabras, lo peor está aún por llegar, y para mucha gente 2023 se sentirá como un año de recesión”. Y todo ello “en un momento en que la economía mundial permanece en un estado históricamente frágil”[2].

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Guerra económica entre las potencias y creciente militarización, colapso medioambiental y unas sombrías perspectivas para la economía mundial. Esas son las previsiones de los estrategas serios del capital. 


En la misma línea se expresa el Banco Mundial[3], con una visión aún más pesimista: “Los países emergentes y en desarrollo se enfrentan a un periodo de varios años de crecimiento lento impulsado por una pesada carga de la deuda y escasas inversiones; al mismo tiempo, el capital mundial es absorbido por las economías avanzadas que enfrentan niveles de deuda pública extremadamente altos y tasas de interés crecientes. El bajo nivel de crecimiento y de inversión empresarial agravará los retrocesos en materia de educación, salud, pobreza e infraestructura, que ya son devastadores, así como las crecientes demandas derivadas del cambio climático”.

El endeudamiento sin precedentes existente en la economía mundial, tanto en los países en desarrollo como en las grandes potencias, EEUU, China, Gran Bretaña, Japón o numerosos países de la UE, ha desatado todas las alarmas en un momento en que los Bancos Centrales están incrementando bruscamente los tipos de interés para intentar frenar la espiral inflacionista.

En el informe del Foro de Davos se subraya este peligro:

"Los Gobiernos y los bancos centrales podrían enfrentar constantes presiones inflacionarias en los próximos dos años, sobre todo ante la posibilidad de una guerra prolongada en Ucrania, cuellos de botella continuos fruto de una pandemia que persiste y una guerra económica que estimula el desacoplamiento de las cadenas de suministro... Una falta de equilibrio entre las políticas monetarias y fiscales aumentará las probabilidades de shocks de liquidez, de una recesión económica más prolongada y de estrés en la deuda a escala mundial... La fragmentación económica mundial, las tensiones geopolíticas y reestructuraciones duras podrían contribuir a extender las tensiones respecto a la deuda en los próximos 10 años".

El Banco Mundial, tras plantear una perspectiva de crecimiento del comercio global del 1,6% en 2023, frente al ya modesto 4% de 2022, pone encima de la mesa una perspectiva de “estrés financiero entre fondos soberanos, bancos e instituciones financieras no bancarias como consecuencia de la combinación de nuevas restricciones monetarias, menos crecimiento, y la caída de la confianza en un contexto de deuda elevada” que podría dar lugar “a un frenazo más pronunciado e incluso a una recesión mundial este año”.

¡Más lucha de clases!

Con una sinceridad que es de agradecer, el informe del Foro de Davos señala otra importante idea: “Las consecuencias de esta nueva era económica pueden ser una diferencia creciente entre países ricos y pobres y el primer retroceso en el desarrollo humano en décadas”. Algo que como bien ha señalado el último trabajo sobre desigualdad de la ONG Oxfam no afecta a los grandes magnates capitalistas, al 1% de la población, que ha acumulado 2/3 de la nueva riqueza generada desde diciembre de 2019, 42 billones de dólares.

Tal y como venimos insistiendo los marxistas, el crecimiento extremo de la polarización social es un combustible para el estallido de crisis revolucionarias. Y el informe de Davos parece que no contradice esta previsión:

"Los efectos colaterales se sentirán más agudamente entre los sectores más vulnerables de la sociedad y en los Estados ya frágiles, lo que contribuirá al aumento de la pobreza, el hambre, las protestas violentas, la inestabilidad política e incluso el colapso del Estado. Las presiones económicas también erosionarán a los hogares de ingresos medios [clase media], lo que generará descontento y polarización política".

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Otro de los aspectos centrales que destacan los análisis de los estrategas del capital, es el aumento de la polarización política y social y una gran agudización de la lucha de clases a escala mundial.


Una inestabilidad sistémica que bombea la lucha de clase con rebeliones obreras como la que vive Gran Bretaña y ahora también Francia, o insurrecciones como las que están protagonizando los trabajadores en Perú, pero que también alimenta la desesperación de sectores de las capas medias que han virado bruscamente hacia la extrema derecha y el fascismo, como hemos visto recientemente en Brasil. Una situación tan brutal en la base material de la sociedad tiene que reflejarse inevitablemente en la superestructura: la crisis de la democracia burguesa y de los modelos tradicionales de dominación construidos en los países capitalistas desarrollados tras la Segunda Guerra Mundial.

A su manera, el informe del Foro de Davos tampoco pasa por alto este fenómeno:

"La creciente frustración de los ciudadanos por los retrocesos en el desarrollo humano y la disminución de la movilidad social, junto con una brecha cada vez mayor en valores e igualdad, plantean un desafío existencial para los sistemas políticos de todo el mundo. La elección de líderes menos centristas [qué manera más sutil de designar a la extrema derecha], así como la polarización política entre las superpotencias económicas durante los próximos dos años, también pueden reducir aún más el espacio para la resolución colectiva de problemas, fracturando alianzas y conduciendo a una dinámica más volátil…"

La radiografía de estos informes nos llama a la reflexión, a pensar seriamente  la profundidad de la crisis que sacude el capitalismo, pero sobre todo nos interpela para pasar a la acción, a la lucha y la organización consciente y militante.

 

 Notas:  

[1] The Global Risks Report 2023 18th Edition

[2] FMI: AFRONTAR LA CRISIS DEL COSTO DE VIDA OCTUBRE DE 2022

[3] La desaceleración abrupta y prolongada golpeará con fuerza a los países en desarrollo


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