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¿Cómo ha podido ocurrir y qué hacer para impedir un gobierno de la ultraderecha?

Los resultados de las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) celebradas este 13 de agosto en Argentina han supuesto un terremoto político y un durísimo golpe para la izquierda. Como antes en EEUU, Brasil o Chile, la extrema derecha ha conseguido un resultado histórico que manda una sería advertencia a la clase obrera ante las próximas elecciones presidenciales del mes de octubre.

En un contexto de vorágine inflacionaria, con un incremento de los precios superior al 100% en el último año, y soportando la mayor crisis desde 2001, fecha en que estalló el Argentinazo, el hartazgo de millones de personas con las políticas capitalistas del Gobierno peronista, el giro hacia la reacción de amplios sectores de las clases medias, y la estrategia de desmovilización y paz social decidida por la burocracia sindical, han generado un substrato fértil para que la demagogia populista del candidato ultraderechista haya cosechado unos resultados impensables hace poco tiempo.

Crisis del macrismo y retroceso histórico peronista

Con unas tasas de abstención notable, Javier Milei gana estas elecciones con 7.116.352 votos (30%), situándose en una posición privilegiada para poder llegar a presidir el Gobierno.

Milei es un fascista encubierto tras el rótulo ideológico del "capitalismo libertario":  se identifica con Vox, Bolsonaro y Donald Trump, niega el cambio climático y que haya habido desparecidos bajo la dictadura militar, a la que justifica sin complejo alguno, y no pierde ocasión de mostrar su desprecio por el movimiento feminista y la comunidad LGTBI.

Su estrategia desde hace años se basa en atacar a la “casta política”, combinando- con el cinismo y demagogia clásicos del fascismo- consignas como el “que se vayan todos”, que marcó el estallido social de 2001, e incluso símbolos identificados con aquella explosión social (intentando llegar a sectores de las masas populares y la juventud), con un programa ultraneoliberal que promete a los empresarios dolarizar la economía, eliminar todo tipo de impuestos, desregular el mercado de trabajo declarando la guerra a los sindicatos y recortar brutalmente el gasto social.

Milei y su partido, La libertad Avanza, ganan en 17 de las 23 provincias, aprovechando la bronca de cientos de miles de pequeños burgueses con el gobierno peronista, en pánico por el avance de la inflación que amenaza sus ganancias y ahorros, movilizados contra la tan manida "inseguridad ciudadana", y siempre dispuestos a vengarse de aquéllos que han hecho algo por juzgar los crímenes de una dictadura que tanto les enriqueció. También se apoya en la desesperación de sectores atrasados de los trabajadores atrapados en la miseria, y completamente furiosos con el peronismo gubernamental.

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Milei y su partido, La Libertad Avanza, ganan en 17 de las 23 provincias, aprovechando la bronca de cientos de miles de pequeños burgueses con el gobierno peronista, movilizados contra la tan manida "inseguridad ciudadana".

El avance de la ultraderecha de Milei pone de manifiesto asimismo el escaso atractivo de la derecha tradicional macrista, agrupada en la coalición Juntos por el Cambio (JxC), y las dificultades que tienen las formaciones conservadoras para retener apoyos en un momento de máxima polarización política frente a las formaciones neofascistas.

JxC suma 6.698.029 votos (el 28,3%), repartidos entre los dos candidatos que competían por la nominación presidencial en estas primarias. Por un lado Patricia Bullrich, exministra de Interior de Macri, conocida como la “Dama de Hierro” argentina y responsable de la brutal represión contra las huelgas y protestas durante su mandato, recibe 4.022.466  papeletas (17%). Su rival, el alcalde de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, presentado por los medios como la “derecha moderada” queda fuera de la carrera presidencial tras alcanzar 2.675.563 (el 11,35%).

Los resultados globales de la derecha macrista quedan muy lejos de sus expectativas, y pueden verse "obligados" a dar su apoyo a Milei y conformar un gran bloque de derecha y ultraderecha. En muchos aspectos el programa de Bullrich es indistinguible del que defiende Milei.

Sin duda alguna la fuerza más golpeada es la Unión por la Patria (UP), coalición que gobierna el país desde 2019. Pocas semanas antes de estas PASO, la derecha peronista, liderada por el presidente argentino Alberto Fernández, y la corriente de "izquierda", encabezada por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK), llegaban a un acuerdo para cerrar filas entorno a la candidatura de Sergio Massa, ministro de Economía. Massa, identificado con la derecha, los acuerdos y negociaciones con el FMI y sus “planes de austeridad”, y un hombre de confianza de la embajada estadounidense.

Massa logra 5.070.104 votos (21,4%), el peor resultado del peronismo en unas primarias desde 2011, que de repetirse en las presidenciales supondría el apoyo más bajo desde 1983. Massa retrocede la friolera de 7,1 millones de votos, el 58,46%  respecto a los 12.205.938 (47,79%) obtenidos por Alberto Fernández en las PASO de 2019, que le abrieron la puerta a una victoria aplastante en las presidenciales. El peronismo es derrotado por Milei en muchos de sus bastiones tradicionales, incluida Santa Cruz, región natal de los Kirchner, donde pierden por primera vez en 32 años.

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Milei es un fascista encubierto tras el rótulo ideológico del "capitalismo libertario": se identifica con Vox, Bolsonaro y Donald Trump, niega que haya habido desparecidos bajo la dictadura militar, y un largo etcétera.

El papel de CFK

Cristina Fernández de Kirchner ha criticado medidas del Gobierno como si no formara parte del mismo, pero a la hora de la verdad se ha negado a diferenciarse de forma clara y romper políticamente con Massa y Alberto Fernández, pese a las exigencias de amplios sectores de las bases peronistas que protagonizaron manifestaciones masivas en ese sentido.

Finalmente, una parte considerable de la militancia peronista combativa y a la izquierda, vinculados a la lucha en los barrios más pobres, y distintos movimiento de desocupados y piqueteros, descontentos con la designación de Massa, lanzaron una candidatura alternativa entorno a Juan Grabois, fundador del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE). Grabois planteó un programa centrado en la lucha por techo, tierra y trabajo y se presentó como el “verdadero candidato de Cristina”, aunque esta nunca le dió su apoyo expreso, ni tampoco intervino en la campaña. Pese a no contar con el respaldo de ningún sector decisivo del aparato peronista, esta candidatura ha recogido una parte del malestar por la izquierda, obteniendo 1.390.585, 5,9 % de los votos a nivel nacional y un 8% en el Gran Buenos Aires.

El malestar y rechazo a la política oficial también se ha reflejado en un aumento de 5,8 puntos de la abstención respecto a hace 4 años, a pesar de la obligatoriedad del voto.

Malos resultados para el FIT-Unidad

Este panorama electoral tan negativo surge paradójicamente tras varios años marcados por el ascenso de la lucha feminista, con las impresionantes movilizaciones de la marea verde que forzaron el reconocimiento del derecho al aborto, distintos conflictos y movilizaciones obreras y el resurgir de la lucha piquetera.

Meses antes de estas PASO estallaba también un levantamiento popular en Jujuy contra una constitución regional fuertemente represiva hacia el derecho a huelga y manifestación, y que fue aprobada conjuntamente por los diputados regionales macristas y peronistas.

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Este panorama electoral tan negativo surge paradójicamente tras varios años marcados por el ascenso de la lucha feminista y a pocos meses del estallido popular en Jujuy.

El estallido social en Jujuy unió a la clase obrera, maestros y empleados públicos, a los campesinos y pueblos originarios, en defensa de los derechos democráticos, de los territorios ancestrales y el medio ambiente, frente a la expoliación de los terratenientes y las multinacionales mineras atraídas por las reservas de litio, y todo ello se vinculó a la lucha por salarios, pensiones y condiciones laborales dignas. Esta rebelión social provocó varias huelgas generales regionales masivas y animó luchas reivindicativas en otras regiones y movilizaciones de solidaridad.

Un enorme malestar acumulado que contrasta con los resultados obtenidos por el Frente de Izquierda y los Trabajadores-Unidad, FIT-U. Los militantes de los partidos que integran el FIT-U han estado en primera línea de las principales batallas obreras y populares, pero es significativo que las tácticas de sus dirigentes, y en buena medida sus métodos sectarios hacia la base peronista combativa, no les ha permitido trascender y conectar con sectores más amplios de las masas. Han logrado 628.893 votos (2,7%), y pierden más de 100.000 votos  respecto a las PASO de 2015 y 2019.

La insistencia de los dirigentes del FIT-U en proponer como eje de su política la consigna de Asamblea Constituyente libre y soberana, una fórmula con la que llevan agitando años y que ofrece como solución de los gravisimos problemas de la población instaurar un tipo de parlamentarismo burgués "mejor" y más "libre", no ha ganado ni credibilidad ni el oído de los oprimidos y los trabajadores. Y no es casualidad. Las masas argentinas no son idiotas, y entienden que con un nuevo tipo de Parlamento las cosas no van a ser diferentes. Por si hubiera dudas, el ejemplo de Chile y el aborto de la Asamblea Constituyente actual lo han dejado muy claro.

Si en el programa introduces confusión política y das bandazos, y si en la lucha de clases cotidiana te empecinas en una actitud sectaria, rechazas la unidad de acción y no planteas con seriedad una táctica de frente único con los sectores que quieren dar la batalla al peronismo de derechas y a la reacción, entonces las dificultades para avanzar en este complicado escenario se multiplican.

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La insistencia de los dirigentes del FIT-U en proponer como eje de su política la consigna de Asamblea Constituyente libre y soberana, no ha ganado ni credibilidad ni el oído de los oprimidos y los trabajadores.

Es un error, y cada vez más serio, que los dirigentes de los partidos del FIT guarden silencio sobre este retroceso en sus declaraciones públicas, minimicen el peligro real que supone el triunfo de la ultraderecha, y no hagan una evaluación autocrítica. Este no es precisamente el enfoque que se necesita.

Levantar una izquierda revolucionaria de masas para derrotar a la extrema derecha

La victoria de Milei representa una amenaza muy seria y hay que prepararse con rigor para hacerle frente. Las elecciones de octubre, y noviembre (si hubiese segunda vuelta) serán las más críticas y polarizadas de la historia argentina reciente. Sería criminal infravalorar la posibilidad, muy real, de que este fascista pueda llegar al poder, como ha hecho hasta ahora un sector de la izquierda reformista, fiándolo todo a que la división del voto entre ultraderecha y derecha impida su victoria en primera vuelta y en una hipotética segunda vuelta Milei (o Bullrich) sean derrotados por el “mal menor” que representa Massa.

La nefasta situación de la economía argentina puede ir incluso a peor en los meses que faltan hasta las elecciones, con Massa como uno de los responsables directos de los recortes y medidas de austeridad. Junto a este factor, el apoyo de de la poderosa Sociedad Rural Argentina (SRA) a Milei, y la euforia y decisión de ir a por todas en contra de la izquierda, los sindicatos y el movimiento obrero que agita sin ninguna moderación entre sus bases, demuestran que la situación no es para tomarla a la ligera. Los sectores clave de la oligarquía se preparan para un enfrentamiento decisivo.

Los bandazos desesperados a derecha e izquierda de las capas medias y sectores de las masas populares aplastados por la crisis son un síntoma de que la lucha de clases está llegando a un punto crítico. O la izquierda les muestra que es capaz de levantar un programa y una organización revolucionarios para luchar por el poder y transformar la sociedad o, si se queda a medio camino,  limitándose a discursos y palabras, serán los fascistas quienes sigan avanzando y se hagan con el poder.

Los militantes del FIT-U y de la izquierda peronista más combativa deben romper con políticas etapistas y gradualistas, con esas consignas carentes de contenido de clase como la Asamblea Constituyente, y defender con toda la energía y audacia un programa socialista que plantee la expropiación de la tierra, los bancos y las grandes empresas para acabar con la catástrofe económica y social que amenaza a millones de oprimidas y oprimidos. Inseparable de ello hay que impulsar comités de acción y autodefensa para luchar contra el fascismo en cada barrio, en los centros de estudio y trabajo, que permitan al tiempo una movilización masiva en las urnas y en la calle para derrotar a la reacción.

La clase obrera argentina se enfrenta a momentos decisivos.


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