Entrevista a Héctor González, sindicalista de las 6 de La Suiza
El 31 de marzo el Consejo de Ministros aprobaba el indulto a las 6 sindicalistas de la pastelería La Suiza. Una victoria de estas sindicalistas valientes, que no se han rendido nunca, resultado de la lucha en las calles, de una movilización sostenida durante años y la solidaridad de miles de activistas y colectivos de la izquierda en Asturias, el resto del Estado y a nivel internacional.
Las 6 de La Suiza fueron perseguidas por hacer lo que cualquier organización obrera debe hacer: defender a una trabajadora que había denunciado acoso sexual y abusos laborales. Por este “delito” fueron condenadas a tres años y medio de prisión por un aparato judicial infestado de franquistas que muestra cada día sus estrechos vínculos con la extrema derecha, con los empresarios hosteleros y de otros sectores que nos acosan y denigran.
Este ataque se inscribía en una ofensiva autoritaria del Estado que va a más: Pablo Hasél, los 6 de Zaragoza, las 7 de Somosaguas, multas y detenciones constantes de activistas y trabajadores combativos, listas negras contra sindicalistas...
Pero han conseguido lo contrario de lo que perseguían, ni más ni menos que amedrentarnos y paralizarnos. Y se ha demostrado una vez más que la lucha sirve y es el único camino.
Entrevistamos a uno de los condenados e indultados de La Suiza, Héctor González.
El Militante.- Lo primero, queremos daros la enhorabuena por todo lo que habéis conseguido en estos años. ¿Qué valoración hacéis de que por fin haya llegado el indulto y cuál creéis que ha sido la clave para conseguirlo? ¿Qué pensáis hacer para darle difusión a esta victoria?
Héctor González.- La valoración es agridulce porque, en el plano personal, la recuperación de una libertad plena siempre es positivo, eso no se puede negar, aunque sea a través de una medida de gracia como el indulto y no de una medida de justicia como sería el que se nos hubiera reconocido inocentes en alguna de las instancias en las que estuvimos obligadas a pleitear.
¿Qué nos ha llevado al indulto? Pues nosotras creemos que ha sido, lógicamente, la presión popular; la presión de miles y miles, decenas de miles de personas o de cientos de miles de personas en todo el Estado español, la solidaridad internacional que hemos recibido de Estados Unidos, Latinoamérica, Italia, Alemania, Suiza, Inglaterra, de Francia, Portugal… Y luego la presión importantísima y el éxito de apoyo que se tuvo ya más concretamente en Asturias y específicamente en Gijón.
Todo eso fue consiguiendo ampliar los horizontes del apoyo, que al principio era minoritario porque éramos un colectivo laboral muy pequeño, de una pequeña empresa y de un sindicato que es minoritario. Sin embargo, el ser capaces de juntar cada vez más gente y conseguir más apoyos ha hecho que, al final, esto se haya convertido en algo, vamos a decir, casi universal, y es lo que ha permitido este indulto, que se sumara al indulto el Gobierno asturiano y un montón de movidas y declaraciones que nos han ayudado muchísimo.

Respecto a la difusión, no queremos poner el foco en el indulto, queremos ponerlo en el problema del recorte de libertades que está habiendo.
EM.- Imaginamos que estáis muy satisfechos con la campaña de solidaridad que habéis desarrollado todos estos años…
HG.- La valoración es muy positiva, porque no deja de ser una campaña que se inicia en una pequeña ciudad, Gijón no deja de ser una pequeña ciudad, por un pequeño sindicato, en un sector laboral que no está muy organizado y una empresa pequeña, que se contrapone con grandes sectores laborales donde tienes más capacidad de movilización por el tamaño de la empresa y la implicación de la gente.
Sin embargo, creo que ha habido bastante inteligencia por parte de la CNT y del Grupo de Sofitu (apoyo) para trabar relaciones y ampliar las miras, entendiendo que no era un ataque solo contra una organización o unos militantes específicos por ser de esa organización. Era un ataque a toda la clase trabajadora.
En ese sentido creo que tuvimos un acierto en esa campaña y fuimos capaces de transmitírselo al conjunto del movimiento sindical, que así lo entendió, y al conjunto de la izquierda política, la sociedad civil, del mundo de la cultura y en definitiva de la clase trabajadora, que también lo entendieron. Y eso creo que fue lo primero, lo más importante. Luego están las valoraciones que podamos hacer de la repercusión del apoyo que hemos recibido fuera de Asturias, tanto Madrid como Barcelona y decenas de pueblos y ciudades donde se han ido haciendo actos, donde se fue recopilando solidaridad, que ha sido muy importante. Y, como te comentaba, también actos internacionales.
La gente puede acordarse de cuando hubo una visita incluso al Parlamento Europeo y hablamos con algunos eurodiputados y eurodiputadas, pero todo lo que fueron las movilizaciones y los actos y campañas de concienciación y de solidaridad a lo largo de Europa y América han sido muy importantes.
Por nuestra parte, valoramos la coordinación de elementos del movimiento estudiantil como algo muy positivo. El apoyo que recibimos en todo momento de una organización como el Sindicato de Estudiantes, similar al que hemos recibido de otras organizaciones, ha sido excelente, impecable y la valoramos como muy positiva porque, además, entendemos que la lucha juvenil o estudiantil y la lucha obrera son dos caras de la misma moneda. Porque todos somos estudiantes antes de ser trabajadores y la gran mayoría de estudiantes forman parte o vienen del seno de la clase trabajadora.
EM.- Estamos asistiendo a un recrudecimiento de la represión al sindicalismo combativo y a los movimientos sociales. ¿Qué creéis que implica que el tribunal no solo admitiera la denuncia del empresario, sino que acabara condenándoos a prisión?
HG.- Lo hemos repetido hasta la saciedad, lo valoramos negativamente puesto que se están equiparando las concentraciones y protestas con coacciones, la reunión con obstrucción a la justicia, es decir, la negociación con obstrucción.
¿Esto por qué? Porque hay una serie de elementos en la política, la judicatura, las instituciones y el Estado de este país que consideran que hay que aplicar mano dura para disciplinar a la clase trabajadora, que consideran que lo que se ha vivido los últimos 15 años, sobre todo a partir del 15M —que les puso muy nerviosos y nerviosas—, no debe repetirse. Y que para ello se necesita mano dura y disciplina.
Y con esa mano dura y disciplina lo que se está haciendo es estrechar los cauces de la acción sindical y de todo lo que serían los derechos democráticos y constitucionales. En definitiva, y en última instancia, tratar de cercenar y estrechar los cauces de expresión, organización y movilización que son las herramientas de la clase trabajadora.
EM.- ¿Qué pensáis de esta ofensiva represiva que se da bajo el Gobierno PSOE-Sumar y que, por ejemplo, este no haya derogado la Ley Mordaza?
HG.- A nosotras no se nos aplica la Ley Mordaza, sin ella hubiésemos estado siendo juzgadas igual porque nos aplican otros capítulos de la ley de enjuiciamiento criminal. No obstante, como no puede ser de otra manera, estamos decepcionadas con que el Gobierno no haya hecho absolutamente nada para derogarla.
Hace diez años dijeron que llegarían y en una semana lo tendrían resuelto. Vamos para ocho años y no se ha hecho absolutamente nada. Esto pone de manifiesto que la izquierda es mucho más timorata en el Gobierno que la derecha. Y eso debería dar para pensar. En los ambientes más a la izquierda se tiene claro que ese es el problema de la socialdemocracia, pero igual a la socialdemocracia sí que le debería dar por pensar un poco, aunque solo fuera por defender sus cadáveres de votos, por qué la derecha es mucho menos acomplejada a la hora de defender sus intereses, a su gente y sus planteamientos de lo que es la socialdemocracia.




















