La manifestación contra la extrema derecha más grande de la historia del Reino Unido. Así ha calificado la plataforma Together Alliance la movilización del pasado sábado 28 de marzo, y no es para menos. Las imágenes hablan por sí mismas: una demostración de masas con medio millón de personas inundando las calles de Londres, organizada desde abajo, con una fuerza espectacular, y que triplicó la movilización protagonizada por la extrema derecha hace apenas seis meses. Es el reflejo de la profunda polarización que está viviendo el país.

Los cambios que se están produciendo en la política y la sociedad del Reino Unido tienen una profundidad histórica, y marcarán las décadas venideras. Los tories, el partido conservador, tradicional representante de la burguesía imperialista británica, se encuentran al borde del abismo, mientras que el Gobierno laborista con Starmer al frente está suspendido en el aire y absolutamente cuestionado por sus votantes.

Este es el contexto en que ha transcurrido esta jornada histórica. Para continuar, extender y fortalecer la lucha contra la amenaza de la extrema derecha es necesario caracterizar la situación política correctamente. El tablero político en la cuna del parlamentarismo capitalista se resquebraja. La perspectiva que se cierne es de grandes choques y luchas explosivas en una de las grandes potencias económicas en el mundo.

De hecho, a pesar de que es difícil imaginar un escenario más favorable para el laborismo, hubo un cierto incremento del voto de castigo por su izquierda que recayó en el Green Party y en candidaturas independientes que centraron su campaña en la denuncia del genocidio sionista en Palestina.

El desastre del Gobierno laborista abre las puertas a la extrema derecha

Como explicamos en nuestra declaración tras las elecciones parlamentarias en 20241, el descontento inusitado que habían generado los sucesivos Gobiernos conservadores llevó a los laboristas a una victoria arrolladora. Pero no había ni un cheque en blanco a Starmer y su política de derechas, ni mucho menos un sentimiento de ilusión o expectativa por el cambio. De hecho, a pesar de que es difícil imaginar un escenario más favorable para el laborismo, hubo un cierto incremento del voto de castigo por su izquierda que recayó en el Green Party y en candidaturas independientes que centraron su campaña en la denuncia del genocidio sionista en Palestina.

Desde aquellas elecciones triunfales, la política nefasta de Starmer le ha llevado a niveles mínimos de popularidad, en torno al 22%. Muy cerca de los peores momentos de los conservadores Theresa May o Boris Johnson, y rozando el récord de Liz Truss, célebre por durar menos tiempo como primera ministra que lo que tarda una lechuga en descomponerse. Y es que el desempeño laborista en el Gobierno no es diferente a las odiadas políticas tories.

Los recortes, la precariedad, el incremento del coste de la vida y la vivienda han ido de la mano de una política militarista, racista, cómplice con el genocidio en Gaza y sumisa a EEUU. El compromiso del Gobierno Starmer de ser el garante del orden y beneficio capitalistas sitúa ahora mismo al Reino Unido en una situación social cada vez más degradada. Veamos algunos datos: en el sexto país más rico del mundo, el índice de satisfacción vital es menor del 11%; un tercio de la población vive con ansiedad grave, que llega al 43% en personas entre los 16 y 29 años; el 31% de la infancia vive en condiciones de pobreza. Este es el primer mundo capitalista.

Y todo apunta a un empeoramiento de la situación. Si bien el Bank of England pronosticó un crecimiento del 1,6% del PIB para este año, hace pocos días publicaba una revisión a la baja para situarlo en el 1%, y la realidad es que enero cerró con el 0%. Hablamos de una economía estancada. Teniendo en cuenta los efectos a medio plazo que va a generar la prolongación de la guerra de Trump y Netanyahu en Oriente Medio, podemos afirmar que la economía británica va de cabeza a la estanflación, lo que sin duda tendrá un impacto muy negativo en la vida de la clase trabajadora.

La guinda del desastre laborista ha sido la política racista de Starmer y la impunidad con la que ha permitido hacer a los aprendices de Trump y Milei. Este es el terreno sobre el que ha crecido la semilla de la reacción.

La amenaza de la extrema derecha

En septiembre del año pasado, el agitador fascista Tommy Robinson logró reunir en una manifestación a 150.000 personas en Londres, con un claro mensaje reaccionario y tono agresivo, centrando su discurso en el racismo y el odio a la población migrante, las personas LGTBI y la izquierda. Esta movilización causó un enorme shock entre la izquierda. De hecho, desde Together Alliance se marcó como objetivo superar en asistencia dicha manifestación.

La movilización de Robinson fue la puesta en escena para mostrar el músculo que ha ido ganando la extrema derecha después de los pogromos contra inmigrantes en verano de 2024 y diferentes agresiones y provocaciones. Es el reflejo en la calle del ascenso electoral de Reform UK, el partido reaccionario de Nigel Farage. Un crecimiento nada despreciable, que se sustenta en la fagocitación del tradicional partido conservador, los tories.

Las encuestas para las elecciones locales del 7 de mayo dan a los tories una pérdida neta de alrededor de 1.000 concejales y se quedarían fuera o prácticamente fuera de los parlamentos regionales de Escocia y Gales. Por su parte, Reform UK podría alcanzar 2.000 concejales en Inglaterra y ser la segunda o tercera fuerza en los parlamentos escocés y galés. Según Electoral Calculus, si se celebraran elecciones hoy, el partido de Farage podría ser la fuerza con más escaños (estimando 308), rozando la mayoría absoluta.

Un decisivo sector de la burguesía se ha trumpenizado, apostando firmemente por Farage como hombre fuerte. Detrás de su demagogia racista y su discurso de antipolítica, se esconde un programa capitalista de recortes, privatizaciones y represión que es una amenaza para la clase trabajadora y la juventud.

Sin embargo, este giro no es uniforme en la sociedad. Si bien Reform UK supone una clara radicalización en el discurso y el programa respecto al tradicional partido torie, su base social es la misma y está nutrida fundamentalmente de los sectores conservadores, la pequeña burguesía y las capas más atrasadas, desmoralizadas y enfurecidas de la clase trabajadora y la juventud, que se ven atraídas por el lenguaje más contundente, la demagogia racista y aparentemente antisistema utilizada por Farage.

Un fuerte giro a la izquierda, especialmente entre la juventud, catapulta al Green Party

Cabría pensar que el lanzamiento en julio de 2025 del Your Party, liderado por Jeremy Corbyn y Zarah Sultana, encontraría en este ambiente un crecimiento relevante, como sucedió en un primer momento. Sin embargo, la elaboración del programa del partido, la composición de su dirección y su Conferencia funcional han sido una gran decepción. Luchas cainitas, maniobras, compromisos por arriba con las direcciones sindicales burocráticas y una orientación absoluta al terreno parlamentario han proyectado una imagen de “más de lo mismo” ante su potencial base social. El prometedor lanzamiento del Your Party en redes sociales se ha quedado en un hogar común para el laborismo de izquierdas, sin ser capaces de trascender a capas nuevas que se están radicalizando y buscan una alternativa anticapitalista coherente.

Pero de la misma manera que los tories son absorbidos por Reform UK, en el otro polo del escenario político, el Green Party está ganando una tajada nada despreciable de la base social del laborismo. Tras duplicar sus votos en las elecciones generales de 2024, en septiembre del 2025 se certificó un giro hacia la izquierda en el partido y su nueva dirección, encabezada por Zack Polanski, que se impuso en las elecciones internas con un 84% del voto.

Además de la enuncia de la complicidad británica con la ocupación y el genocidio sioniosta, Polanski y los suyos han adoptado un programa más a la izquierda de la socialdemocracia que a los partidos verdes europeos, que en muchos casos giraron a posiciones conservadoras y han formado parte de la gobernabilidad del sistema. Entre otras medidas, proponen: incremento de los impuestos a los millonarios, recorte del gasto militar, control estatal de los alquileres y más vivienda social, aislamiento térmico de la vivienda a cargo del Estado, nacionalización del sector del agua, subsidios energéticos, derechos para las personas inmigrantes o inversión en salud mental.

La movilización fue convocada desde abajo, con trabajo militante y una gran agitación.

Tan solo un mes después de la conferencia de los verdes, celebrada a principios de octubre de 2025, el Green Party alcanzaba los 100.000 miembros y este mes de marzo anunciaban haber llegado a los 215.000 afiliados, entre los que se cuentan 20.000 militantes en sus juventudes. Esta explosión en su censo apunta directamente a la base social del laborismo: 4 de cada 10 nuevos militantes lo habían sido previamente del Labour. Lógicamente esto se traduce al terreno electoral. En febrero, los laboristas perdían el histórico escaño por Gorton&Denton (Manchester) a manos de un diputado verde. Y las previsiones para las locales del 7 de mayo son de pesadilla para Starmer: de los 2.000 concejales que podrían perder en Inglaterra, 450 pueden pasar al Green Party, y además se enfrentan a una durísima derrota en Gales, donde tras 29 años gobernando (desde que existe el autogobierno galés) los verdes estarían a punto de obtener la mayoría absoluta.

Este crecimiento exponencial responde al avance en la conciencia entre importantes sectores de la clase trabajadora y la juventud. Lo de siempre, resignarse a votar al laborismo para que no ganen los tories, ya no vale. Girar hacia los verdes significa romper con las esclerotizadas tradiciones políticas en Reino Unido y apostar por la opción parlamentaria que más se diferencia del resto del escenario político institucional. Esa ha sido la fortaleza del Green Party frente al movimiento de Corbyn, que ya tuvo una oportunidad en la práctica que no aprovechó y que ya no es visto con la misma credibilidad, a pesar incluso de tener posiciones más a la izquierda que Polanski en algunos aspectos.

La manifestación de Togheter Alliance muestra el camino. ¡Ahora hay que levantar un programa socialista!

La manifestación de 500.000 personas el pasado 28 de marzo es un soplo de aire fresco y vitalidad. Ahí radica su importancia, iniciar un camino para derrotar a la extrema derecha. La movilización fue convocada desde abajo, con trabajo militante y una gran agitación. Cientos de comités en barrios y localidades han hecho un despliegue de fuerzas para concluir en una jornada en donde se prepararon 110 caravanas de trenes y autobuses desde distintas ciudades para converger en Londres, o puntos de quedada en los diferentes barrios de la ciudad. Cientos de colectivos, asambleas, organizaciones, etc., han sido parte activa de la movilización, distribuyéndose en diferentes bloques: migrantes, antirracistas, mujeres, estudiantes, ecologistas, LGTBI, socialistas, antibelicistas... Destacó la gran presencia sindical, gracias al impulso del movimiento obrero desde las bases, lo que obligó a las direcciones de los sindicatos a convocar activamente la jornada.

Algunas sectas que se denominan marxistas y revolucionarias han vertido críticas muy negativas respecto a esta jornada, que califican como “simplista” y “moralista”, e incluso ponían un gran interrogante respecto a su posible masividad. Tras el éxito de la cita y el golpe de realidad, estos grupos que se dedican a poner nota al movimiento han tenido que recoger cable.

Para los comunistas revolucionarios este es un debate fundamental en la batalla de masas contra el fascismo.

Es evidente que quienes impulsan Together Alliance no pretenden ofrecer una alternativa socialista contra el fascismo. De hecho, invitar al Partido Liberal y a personajes que son parte del establishment a formar parte de esta plataforma es un error y no aporta ninguna claridad política. Esta amalgama se refleja en las consignas principales de los organizadores de la movilización: “Separados perdemos, unidos resistimos”, “Amor, esperanza, unidad” o “Levántate contra la extrema derecha”.

Sin embargo, y a pesar de estos intentos de edulcorar el mensaje, es claro y sonoro que ha sido la clase trabajadora y las consignas anticapitalista y contra la guerra lo que ha marcado el tono en esta manifestación. Los trabajadores y la juventud han cogido en sus propias manos este cauce y, lo más importante, lo han hecho para descargar un duro golpe a la reacción, a Farage, Robinson y sus secuaces y a sus protectores de la City.

Una demostración de fuerza antifascista tan potente plantea a los comunistas intervenir con la máxima audacia, sin ningún sectarismo, sin la arrogancia típica de los universitarios de clase media, entendiendo el paso adelante que está dando el movimiento. Este es el punto de partida para defender un programa socialista consecuente contra el avance de la extrema derecha desnudando a todos aquellos que lo hacen posible: el gobierno capitalista de Starmer, sus políticas antiobreras y racistas, y todo un sistema que aplasta los servicios públicos para llenar los bolsillos de la oligarquía financiera.

Por supuesto que la "unidad" en abstracto no nos va a permitir ser más eficaces en la lucha contra los fascistas, y esconder que el problema es el capitalismo para no molestar a dudosos aliados que se suman a este carro por motivos oportunistas, supone un grave error de principios.
Pero sería una estupidez no ver el enorme potencial de esta movilización y que es el fruto de la enorme presión que los acontecimientos están colocando sobre los dirigentes sindicales y de la izquierda reformista, y que ya se puso de manifiesto
en las masivas manifestaciones contra el genocidio sionista que han abarrotado Londres en los dos últimos años.

El avance de la extrema derecha representada por Reform supone una amenaza real a los derechos democráticos conquistados con la lucha obrera, a nuestras condiciones de vida y una cuña para dividir en líneas racistas a la clase trabajadora. Menospreciar esto es un error de necios. Por eso, la tarea de los comunistas revolucionarios no es ponerle nota al movimiento y dirigirnos a él con arrogancia. Al contrario. Es necesario seguir impulsando la batalla, animando las movilizaciones de masas, la organización antifascista dentro de las empresas y de los sindicatos, en los barrios y comunidades, con un programa de clase que ponga el foco en la lucha contra el capitalismo y sus agentes en el Gobierno y en el parlamento.

La crisis política en Reino Unido tiene muy pocos precedentes. La estabilidad del régimen parlamentario se basó en el equilibrio de poder entre laboristas y tories. El voto conjunto de ambos partidos en Inglaterra llegó al pico del 97% en 1951; en 2017 se colocaba aún en el 82%, en 2024 bajó hasta su mínimo histórico, un 57%. Las encuestas actuales reducen el voto a ambos partidos a un dramático 45%.

Parece claro que la capacidad de la burguesía para orientar el descontento popular y la polarización hacia el escenario controlado de Westminster se está viendo muy, muy debilitada. La crisis de dominación de la burguesía y la perspectiva de una fuerte crisis económica del capitalismo briánico, dependiente hasta la médula de EEUU, no hace más que agudizar la situación.

El escenario de radicalización hacia la izquierda de los sectores con mayor vitalidad de la clase obrera y la juventud por un lado, y de trumpenización de la clase dominante británica y sus representantes políticos abre el camino a choques explosivos y de profundo calado que abrirán una nueva fase en la lucha de clases.

1 Izquierda Revolucionaria: Reino Unido. Los conservadores sufren una derrota devastadora, pero Starmer se enfrentará a una intensa lucha de clases

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