Entrevistamos a Belén López Cillero, investigadora del Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985) y autora del libro Por qué ninguén falou delas? recientemente publicado por la Diputación de A Coruña. Una denuncia demoledora y muy documentada de la sistemática represión franquista contra las mujeres de la clase obrera en los años de la dictadura y el postfranquismo y que durante demasiado tiempo se ha tratado de ocultar.
El Militante.- ¿Qué te lleva a comenzar esta investigación?
Belén López.- Hace dos años leí un artículo que explicaba lo que era el Patronato de Protección a la Mujer y sentí que no podía dejar el tema. Contactó conmigo Consuelo García del Cid, la primera persona que empezó a hablar del Patronato y a reivindicarlo cuando nadie la creía. Fue a hablar con el defensor del pueblo y el director de Memoria Histórica en el año 2013, quienes le dijeron que no había pruebas. De ahí salió mi propósito de colaborar en todo lo que pudiese para encontrar esas pruebas.

Lo que descubrí a partir de ahí fue algo inimaginable para mí hasta entonces; un entramado totalmente estructurado, organizado de forma piramidal desde el Ministerio de Justicia, que era donde estaba la Junta Nacional del Patronato de la que era presidenta de honor Carmen Polo de Franco, y que se dividía en juntas provinciales y locales. Estaba en manos de órdenes religiosas y su pedagogía era la anulación de la personalidad de la mujer por medio del miedo, del maltrato físico y psicológico. Se crea en 1941 y no se disuelve hasta bien entrada la democracia, en 1985, tras muchísima presión, denuncias de suicidios y malos tratos.
Aunque no sabemos con exactitud con cuántos centros contaba, si tenemos en cuenta que solo en la provincia de A Coruña había siete, podemos hablar de cientos, por los que se estima que podrían haber pasado hasta 80.000 mujeres.
EM.- ¿Quién iba a parar allí y qué se encontraban?
BL.- Mujeres de entre 16 y 25 años casi por cualquier motivo: salir a pasear y besarte con tu novio, frecuentar bailes, no cubrirte “suficiente” en la playa. Existían las celadoras de la moralidad que se paseaban por espacios públicos y reportaban conductas “inmorales”. Ser hija de rojos era otro motivo, se realizaban secuestros de Estado y las llevaban a un centro del Patronato. Ser “rebelde”, no tener una sexualidad normativa, ser pobre de solemnidad, quedarte embarazada fuera del matrimonio, en muchos casos de tu padre o de tu hermano… También había mujeres de familias adineradas y con poder que encerraban a sus propias hijas por no seguir la conducta esperada, moral y políticamente hablando.
Esta red la constituían centros propios del Patronato y multitud de congregaciones religiosas que colaboraban. Estaban también las maternidades, como la de Peñagrande en Madrid, otra en Canarias y otra en Catalunya. También había un pabellón psiquiátrico en Ciempozuelos (Madrid) destinado al Patronato y tenían concierto con otro en Arévalo (Ávila).
Cuando las mujeres eran muy molestas, lloraban mucho o lo que fuera, las mandaban fundamentalmente a Ciempozuelos y si eras lesbiana, o pensaban que lo eras, también. El trato era de incomunicación continua, se aplicaba electroshock, se las medicaba a tope y se practicaron lobotomías (perforaciones del cerebro). Posteriormente estas se sustituyeron por comas insulínicos, que eran más económicos, te metían azúcar por vena hasta causar desmayos. Decían que después quedaban muy “tranquilas”.
Hay una relación directa con los psiquiatras del régimen, como Vallejo-Nájera, que venía de trabajar con los nazis en Alemania y conocía muy bien la eugenesia. Tras el golpe de Estado en el 36, murió mucha gente y uno de los objetivos de la dictadura era repoblar el país de personas sin el famoso “gen rojo”. Las mujeres pobres fueron en estos centros los conejillos de indias de estas prácticas.

El Patronato de Protección a la Mujer y el de Protección de Menores estaban muy ligados, no se sabe muy bien dónde acaba uno y empieza otro.
EM.- En el libro mencionas también a los bebés robados en la maternidad de Peñagrande…
BL.- En realidad, los bebés se robaban en todas las maternidades de España, así que cómo no iba a suceder en Peñagrande, la más activa del Patronato. Primero las coaccionaban para darlos en adopción y, si por esa vía no lo conseguían, era frecuente que el bebé “muriese”. Tenemos muchos expedientes de bebés en muy buen estado que sorpresivamente morían días después. O las dormían con anestesia general y cuando despertaban el bebé ya estaba en la incubadora y desaparecía.
Pero el Patronato hacía muchas más cosas horribles. Por ejemplo, trata de mujeres en “nombre de Dios”. En Peñagrande los domingos seleccionaban a chicas y venían señores a por ellas. Tenían que pasearse por delante de ellos, normalmente cuando estaban en misa, y así seleccionaban con la que se querían casar.
Está probado que el Patronato suministró mano de obra doméstica a familias pudientes. En Madrid, y también aquí en A Coruña, había una congregación que se llamaba Religiosas de María Inmaculada, o del servicio doméstico, ellas se encargaban de buscarte este trabajo. Yo tengo expedientes de niñas desde los 11 años que mandaban a servir. Dependían de los informes positivos de sus patrones y para que fueran favorables en aquellas casas sufrían de todo, incluidas violaciones.
Además, en los centros del Patronato y congregaciones se trabajaba de forma gratuita entre 6 y 8 horas diarias, el tiempo que les quedaba entre que rezaban y limpiaban, que era todo lo que hacían allí dentro. Se han levantado congregaciones religiosas y todas sus propiedades con el trabajo esclavo de todas estas chicas.
EM.- Las víctimas llevan años peleando y parece que tanto esfuerzo está rompiendo el silencio de décadas. ¿Cómo es posible que durante tanto tiempo se haya mantenido oculto este terror sistemático? ¿Qué repercusión está teniendo?
BL.- Supongo que porque los intereses que estaban detrás entonces siguen estando ahí. Las mismas congregaciones religiosas que protagonizaron esta violencia y abusos siguen cobrando subvenciones públicas. Entre Oblatas, Buen Pastor, San Vicente de Paul, Federación Católica Servicios a la Juventud y Adoratrices, todas ellas implicadas directamente en la red del Patronato, recibieron 2.347.308 euros en subvenciones del Ministerio de Igualdad el año pasado.

Pero efectivamente, el esfuerzo de las víctimas está dando sus frutos. Consuelo García del Cid empezó la batalla en 2012 y después aparecieron más víctimas hasta que este mes de marzo 52 mujeres que quisieron dar la cara, y pudieron porque tenían documentación probatoria, recibieron el reconocimiento como víctimas de memoria histórica, lo que hasta ahora se les había negado. También se ha creado una comisión de investigación en el Parlamento.
Pero hablamos de una cifra minúscula y de que no existe ningún tipo de reparación económica y la tiene que haber. No pudieron estudiar, no cotizaron, para salir del Patronato o cumplías 25 años o te casabas, y muchas lo hacían con el primero que se ofrecía, muchas veces delincuentes, heroinómanos o maltratadores. Acabaron recibiendo palizas y criando criaturas en situaciones marginales. Hoy muchas de ellas están siendo víctimas de desahucios y todo esto ocurre porque el Patronato truncó sus vidas.
La respuesta de la gente que asiste a las charlas o descubre por los medios que sean este pasado terrorífico está siendo maravillosa. No vamos a parar de dar voz a las víctimas y hacer todas las actividades posibles.
En A Coruña tenemos programada una exposición en la Casa Museo Casares Quiroga en el mes de junio y vendrán las propias víctimas: Consuelo García del Cid, Paca Blanco y Loli Benita. Como cierre de la exposición se representará en el Teatro Colón, el 30 de julio, la obra sobre el Patronato Non precisamos perdoar dirigida por Eugenia Sanmartín. Estáis todas invitadas a participar y a seguir difundiendo este capítulo tan importante de nuestra Memoria Histórica.
--------------------------------
Versión en galego.
Patronato de Protección a la Mujer. Ferramenta de represión de xénero e clase
Entrevistamos a Belén López Cillero, investigadora do Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985) e autora do libro “Por que ninguén falou delas? recentemente publicado pola Deputación da Coruña. Unha denuncia demoledora e moi documentada da sistemática represión franquista contra as mulleres da clase obreira nos anos da ditadura e o posfranquismo, e que durante demasiado tempo se tratou de ocultar.
El Militante.- Que te leva a comezar esta investigación?
Belén López.- Hai dous anos lin un artigo que explicaba o que era o Patronato de Protección a la Mujer e sentín que non podía deixar o tema. Contactou comigo Consuelo García del Cid, a primeira persoa que comezou a falar do Patronato e a reivindicalo cando ninguén a cría. Foi falar co defensor do pobo e o director de Memoria Histórica no ano 2013 e dixéronlle que non había probas e de aí saíu o meu propósito de colaborar en todo o que puidese para encontrar esas probas.
O que descubrín a partir de aí foi algo para min até entón inimaxinable; un entramado totalmente estruturado, organizado de forma piramidal desde o Ministerio de Justicia, que era onde estaba a Junta Nacional del Patronato da cal era presidenta de Honor Carmen Polo de Franco, e que se dividía en Juntas Provinciales e locales. Estaba en mans de ordes relixiosas e a súa pedagoxía era a anulación da personalidade da muller por medio do medo, do maltrato físico e psicolóxico. Créase en 1941 e non se disolve até ben entrada a democracia, en 1985, tras moitísima presión, denuncias de suicidios e malos tratos.
Aínda que non sabemos con exactitude con cantos centros contaba, si temos en conta que só na provincia da Coruña había sete; podemos falar de centos, polos que se estima que poderían pasar até 80.000 mulleres.
EM.- Quen ía a parar alí e que se encontraban?
BL.- Mulleres de entre 16 e 25 anos case por calquera motivo: saír a pasear e bicarte co teu mozo, frecuentar bailes, non cubrirte “suficiente” na praia. Existían as celadoras da moralidade, que se paseaban por espazos públicos e reportaban condutas “inmorais”. Ser filla de rojos era outro motivo, realizábanse secuestros de Estado e levábanas a un centro do Patronato. Ser “rebelde”, non ter unha sexualidade normativa, ser pobre de solemnidade, quedar embarazada fóra do matrimonio, en moitos casos do teu pai ou do teu irmán. Tamén había mulleres de familias adiñeiradas e con poder que encerraban as súas propias fillas por non seguir a conduta esperada, moral e politicamente falando.
A rede eran centros propios do Patronato e multitude de congregacións relixiosas que colaboraban. Estaban tamén as Maternidades, como a de Peñagrande en Madrid, outra en Canarias e outra en Catalunya. Tamén había un pabillón psiquiátrico en Ciempozuelos destinado ao Patronato e tiñan concerto con outro en Arévalo, Ávila. Cando as mulleres eran moi molestas, choraban moito ou o que for, mandábanas fundamentalmente a Ciempozuelos e se eras lesbiana, ou pensaban que o eras, tamén. O trato era de incomunicación continua, aplicábase electroshock, medicábaselles a tope, practicáronse lobotomías (perforacións do cerebro). Posteriormente estas substituíronse por comas insulínicos, que eran máis económicos, metíanche azucre por vea até causar desmaios. Dicían que despois ficaban moi “tranquilas”.
Hai unha relación directa cos psiquiatras do réxime, como Vallejo Nájera, que viña de traballar cos nazis en Alemaña e coñecía moi ben a euxenesia. Tras o golpe de Estado no 36, morreu moita xente e un dos obxectivos da ditadura era repoboar o país de persoas sen o famoso “gen rojo”. As mulleres pobres foron nestes centros os coellos de indias destas prácticas.
Patronato de Protección a la Mujer e Protección de Menores estaban moi ligados, non se sabe moi ben onde acaba un e comeza outro.
EM.- No libro mencionas tamén os bebés roubados na Maternidade de Peñagrande
BL.- Os bebés roubábanse en realidade en todas as maternidades de España así que como non ía suceder en Peñagrande, a maternidade máis activa do Patronato. Primeiro coaccionábanas para dalos en adopción e, se por esa vía non o conseguían, era frecuente que o bebé “morrese”. Temos moitos expedientes de bebés en moi bo estado que sorpresivamente morrían días despois. Ou durmíanas con anestesia xeral e cando espertaban o bebé xa estaba na incubadora e desaparecía.
Pero o Patronato facía moitas máis cousas horribles. Por exemplo, trata de mulleres en “nome de Deus”. En Peñagrande os domingos seleccionaban rapazas e viñan señores a por elas. Tiñan que pasearse por diante deles, normalmente cando estaban en misa, e así seleccionaban con cal querían casar.
Está probado que o Patronato subministrou man de obra doméstica a familias con cartos. En Madrid, e tamén aquí na Coruña, había unha congregación que se chamaba “Religiosas de María Inmaculada, o del servicio doméstico”. Elas encargábanse de buscarche traballo no servizo doméstico. Eu teño expedientes de nenas desde os 11 anos que mandaban a servir. Dependían dos informes positivos dos seus patróns e para que fosen favorables naquelas casas sufrían de todo, incluídas violacións.
Ademais, nos centros do Patronato e congregacións traballábase de forma gratuíta entre 6 e 8 horas diarias, o tempo que lles quedaba entre que rezaban e limpaban, que era todo o que facían alí dentro. Erguéronse congregacións relixiosas e todas as súas propiedades con traballo escravo de todas estas rapazas.
EM.- As vítimas levan anos pelexando e parece agora que tanto esforzo está a romper o silenciamiento de décadas. Como é posible que durante tanto tempo se mantivese oculto este terror sistemático?
BL.- Pois supoño que porque os intereses que estaban detrás entón seguen a estar aí. As mesmas congregacións relixiosas que protagonizaron esta violencia e abusos seguen a cobrar subvencións públicas. Entre Oblatas, Buen Pastor, San Vicente de Paul, Federación Católica Servicios a la Juventud e Adoratrices, todas elas implicadas directamente na rede do Patronato, recibiron 2.347.308 euros en subvencións do Ministerio de Igualdad o ano pasado.
Mais efectivamente, o esforzo das vítimas está a dar os seus froitos. Consuelo García del Cid comezou a batalla no 2012 e despois apareceron máis vítimas até que o mes pasado cincuenta e dúas mulleres que quixeron dar a cara, e puideron porque tiñan documentación probatoria, recibiron o recoñecemento como vítimas de memoria histórica que até agora se lles negara. Tamén se creou unha comisión de investigación no Parlamento.
Pero falamos dunha cifra minúscula e de que non existe ningún tipo de reparación económica e ten que habela. No puideron estudar, non cotizaron, para saír do Patronato ou cumprías vinte e cinco anos ou casabas e moitas facíano co primeiro que se ofrecía, moitas veces delincuentes, heroinómanos ou maltratadores. Acabaron recibindo palizas e criando criaturas en situacións marxinais. Hoxe están a ser vítimas de desafiuzamentos moitas delas e todo isto pasa porque o Patronato truncou as súas vidas.
A resposta da xente que asiste ás charlas ou descobre polos medios que foren este pasado terrorífico, está a ser marabillosa e non imos parar de dar voz ás vítimas e facer todas as actividades posibles. Na Coruña temos programada unha exposición na Casa Museo Casares Quiroga no mes de xuño e virán as propias vítimas: Consuelo García del Cid, Paca Blanco e Loli Benita. Como peche da exposición representarase no Teatro Colón, o 30 de xullo, a obra sobre o Patronato Non precisamos perdoar, dirixida por Eugenia Sanmartín. Estades todas convidadas a participar e a seguir a difundir este capítulo tan importante da nosa Memoria Histórica.




















