Bolivia vive una crisis revolucionaria que avanza con extraordinaria rapidez. En pocos días las protestas de masas contra los recortes y ataques del Gobierno de Rodrigo Paz, que ocupó el cargo hace apenas seis meses, se han transformado en insurrección abierta.
Millones de jóvenes, trabajadores y campesinos han entendido a través de su experiencia que la única respuesta al colapso económico del capitalismo boliviano y la brutal represión contra sus justas reivindicaciones, que ya ha causado cuatro víctimas mortales y centenares de heridos y detenidos, es echar a este Gobierno de la oligarquía títere del imperialismo estadounidense y alineado con la ultraderecha global.
Una auténtica explosión revolucionaria
Cuando escribimos estas líneas, decenas de cortes de carreteras mantienen bloqueados los accesos a La Paz, sede del Gobierno y capital administrativa. Las movilizaciones también han obligado a suspender la sesión especial del Parlamento en Sucre, capital del poder judicial y constitucional.

El Alto, ciudad que supera el millón de habitantes vecina a La Paz y epicentro de anteriores movimientos insurreccionales como los de 2003 o 2005, o del levantamiento contra el golpe fascista de 2019, está tomada en la práctica por los manifestantes. El martes 19, en respuesta a la represión del sábado 16, una marea obrera y popular descendia de El Alto a la capital, desarbolado al ejército y la policía e inundando las calles al grito de “¡Fuera Paz! O renuncias o te echamos”.
Cada día aparecen nuevas declaraciones de asambleas populares, cabildos abiertos o frentes formados por colectivos en lucha anunciando nuevos bloqueos y movilizaciones, extendiendo el movimiento a regiones donde las protestan todavía no estaban generalizadas.
Con el apoyo incondicional de sus principales aliados, Trump y Milei y el régimen nazisionista de Netanyahu, que denuncian las movilizaciones como parte de un plan para “desestabilizar la democracia en Bolivia” (¡!), Paz desplegó más de 5.000 soldados y policías el 16 de mayo para romper los bloqueos. Milei envió aviones con “ayuda humanitaria”, que –según los colectivos en lucha y organizaciones de derechos humanos- en realidad transportaban armas para la represión.
La izquierda boliviana está alertando de movimientos de tropas estadounidenses del Comando Sur, entidad militar que desde hace años influye decisivamente sobre una cúpula militar que ha protagonizado diferentes golpes de Estado sin que fuese depurada durante las dos décadas de Gobiernos reformistas del MAS (Movimiento al Socialismo).
La represión gubernamental del 16 alimentó el clamor exigiendo a los dirigentes sindicales, vecinales y populares romper cualquier negociación con Paz y que solo vale echar a este oligarca asesino. El Gobierno se vio obligado a replegar los cuerpos represivos pero las movilizaciones pidiendo su caída van a más.
Conclusiones cada vez más avanzadas
El comunicado de los trabajadores de Frigoríficos Rioplatense resume perfectamente la situación: “La dictadura de Rodrigo Paz intenta ahogar en sangre la dignidad de un pueblo, pero la calle ya dictó su sentencia. Pese a la brutal cacería policial que ya deja caídos, decenas de heridos y detenidos, los bloqueos y las barricadas se mantienen inquebrantables en todo el territorio boliviano. ¡Aquí nadie retrocede! El régimen persigue judicialmente a la dirigencia e intenta imponer falsos "corredores humanitarios" a punta de gases y perdigones con la complicidad de Gobiernos cipayos como el de Milei, pero la respuesta de las centrales obreras, campesinas y la juventud trabajadora es una sola: multiplicar la combatividad en cada piquete que asfixia al Gobierno hambreador”[1]. El comunicado finaliza llamando a la solidaridad internacional y continuar la lucha hasta vencer.

Otro ejemplo de cómo se está organizando el movimiento y las conclusiones que están sacando miles de activistas es la declaración del cabildo de trabajadores, jóvenes y campesinos autoconvocados de Senkata (El Alto), que ya fue un pilar de la resistencia contra el golpe de 2019: “Este comité se ha conformado por la falta de información, por el abandono de nuestras dirigencias del FEJUVE [Federación de Juntas Vecinales].Nosotros estamos autoconvocados, nadie nos está pagando. Tenemos un solo pedido que es a partir de las bases. Nosotros formamos tres cabildos el día de ayer y el día de anteayer también y a partir de este abandono que se siente en las bases de todo el distrito 8, pues nos nombraron a un grupo de vecinos, de vecinas que somos del distrito 8 para formar parte del comité de bloqueos. Nosotros ya no queremos diálogo. Nosotros lo que queremos ahora es la renuncia del actual presidente de Bolivia. ¿Por qué? Porque ya la Constitución la ha violado, está sacando decretos tras decretos. Entonces ya no queremos más diálogo, simplemente ya queremos la renuncia del presidente”.
En el mismo sentido se manifestaban mineros asalariados, maestros, campesinos y trabajadores fabriles, cuyos dirigentes descartaban “cualquier posibilidad de diálogo con el Gobierno y ratificaron que la única demanda es la salida del mandatario. “Muerto el perro, se acaban las pulgas”, afirmó uno de los representantes”[2].
Bajo el capitalismo no hay salida para el pueblo boliviano
Las primeras protestas contra Paz empezaron en diciembre, un mes después de tomar posesión. Como explicamos cuando ganó la presidencia[3], este burgués se impuso aprovechando la enorme frustración y rabia tras dos décadas de Gobiernos del MAS, llegado al poder tras las insurrecciones de 2003 y 2005.
La nacionalización de los hidrocarburos y otras medidas sociales respondiendo a la presión de sus bases, dieron inicialmente un apoyo masivo al Gobierno de Evo Morales.
Las exportaciones a Brasil y Argentina en un contexto de aumento de los precios internacionales del gas permitieron un crecimiento del PIB y margen de maniobra al Gobierno durante varios años. Pero la ilusión de que era posible transformar gradualmente el país pactando con sectores supuestamente progresistas de la clase dominante, alimentada por el propio Morales, su ministro de Economía Luis Arce y el vicepresidente García Linera, teórico del “capitalismo andino” alabado por la nueva izquierda reformista internacional, acabó en desastre.
El golpe de 2019, respondido por una insurrección popular, ya dejó claro que el único camino para Bolivia era acabar con el poder de la oligarquía terrateniente y empresarial. Pero Morales huyó del país y los dirigentes del MAS y la COB frenaron el levantamiento. Aun así, el Gobierno golpista –tras meses paralizado por protestas constantes- tuvo que convocar elecciones en las que arrasó nuevamente el MAS con Arce como candidato, apoyado por Morales.
Pero los cuatro años de Gobierno masistas acabaron con una crisis económica brutal resultado del colapso del capitalismo boliviano, escándalos de corrupción, la inhabilitación y expulsión de Morales, el descrédito absoluto del Gobierno y el partido y una derrota electoral apabullante.
Paz se impuso en segunda vuelta a otro candidato de la derecha hablando de fomentar el autoempleo y la pequeña propiedad y crear un “capitalismo para todos”. Desde el principio estaba claro que era demagogia barata para engañar a la clase media e incluso a sectores de la clase trabajadora decepcionados con el MAS y desesperados por el hundimiento de sus niveles de vida.
Cuando tomó posesión la pobreza afectaba al 40% de la población. Hoy es aún mayor. Mientras los salarios subieron un 5% el último año la inflación la ha hecho un 20%. En un país exportador de gas y que forma parte del triángulo del litio, el parasitismo de la burguesía boliviana condena a millones de personas a la miseria y hay desabastecimiento de gasolina.
El Gobierno acorralado y la burguesía dividida
El Gobierno inició su mandato eliminando el impuesto a las grandes fortunas y con el decreto 5503, subiendo brutalmente el precio de la gasolina. Tras negociar con los dirigentes de la COB estos aceptaron un nuevo decreto (5516) manteniendo lo esencial del ataque.
Animado por esta concesión, Paz continuó atacando la educación y sanidad públicas, y aprobó la Ley 1720, apuesta estratégica de la oligarquía boliviana y el imperialismo para favorecer la concentración de tierras al servicio de la agroindustria y el latifundio.

Todos estos ataques han unificado el malestar de jóvenes, trabajadores, campesinos y vendedores ambulantes.
Aunque el Gobierno hizo el amago de retirar alguna de estas medidas intentando dividir al movimiento, este continuó. Y la represión salvaje del 16 de mayo lo ha elevado a un nivel superior.
La clase dominante está en shock y dividida ante la respuesta de las masas. Tras fracasar su primer embate intentando aplastar al movimiento, Paz ha organizado un “encuentro popular” para movilizar a los empresarios, las capas medias y los sectores más reaccionarios de la población. Apoyándose en los medios capitalistas nacionales e internacionales, presenta a los manifestantes como “delincuentes violentos”, responsabilizando a Evo Morales de estar detrás, utilizando la judicatura capitalista para presentar denuncias por estupro y trata contra él.
Camacho, dirigente de las bandas fascistas de Santa Cruz durante el golpe de 2019, ha cerrado filas con Paz.
Decenas de miles de partidarios de Morales se han sumado a las manifestaciones, pero el expresidente, se desmarcó de la consigna de echar a Paz, limitándose a exigir que ceda a las reivindicaciones populares. Paralelamente, el presidente colombiano Gustavo Petro se ofrecía como mediador para “buscar fórmulas pacíficas de salida a la crisis política boliviana”[4].
La reacción del Gobierno ha sido acusar a Petro de injerencia, pero otros sectores de la clase dominante se mantienen a la expectativa, y barajan la posibilidad de deshacerse de Paz y buscar algún tipo de acuerdo o componenda para ganar tiempo y margen de maniobra.
Los llamamientos al diálogo de Petro, Lula o del propio Evo podrían ser utilizados para buscar un pacto apoyándose en el vicepresidente Edman Lara, que lleva meses enfrentado a Paz y pidiendo su dimisión, u otros dirigentes burgueses que, de momento, guardan silencio entre bastidores. Lara un antiguo capitán de policía podría contar con apoyos en la cúpula militar y policial.
Otros sectores de la clase dominante, como la burguesía de Santa Cruz y sus bandas paramilitares fascistas, que el Gobierno del MAS tampoco desarticuló tras ser derrotadas en 2019, están pasando al ataque. Agrupados en la racista “Asamblea de la Cruceñidad” convocaron una “Gran Marcha por la Democracia” para este jueves 21 de mayo, llamando a la participación en ella utilizando la más rancia y agresiva demagogia reaccionaria.
Los reaccionarios llaman a movilizarse “contra los golpistas que cercaron a los bolivianos y ante las amenazas de bloqueos en Santa Cruz” (…) “Por la democracia, la libertad y el derecho a trabajar. Ya está bueno de asfixiar la economía de los bolivianos (…) Entre las determinaciones asumidas también se anunció la creación de un Consejo Autonómico para la Materialización de la Nueva Relación con el Estado”[5], esto último en la misma línea que cuando la oligarquía de Santa Cruz decidió realizar por cuenta propia un referéndum para la creación de su autonomía departamental en medio de pedidos de "independencia", como reacción a la crisis revolucionaria de 2005.

Levantar una dirección revolucionaria basándose en los cabildos y asambleas para tomar el poder
Miles de activistas desconfían con razón de los dirigentes políticos y sindicales tradicionales porque cada paso en esta lucha lo han dado a rastras y son responsables de haber desaprovechado durante años una oportunidad revolucionaria tras otra.
Presionados por el ambiente insurreccional, los dirigentes de la COB han dicho que mantienen las movilizaciones y cortes de carretera, pero ya ha habido varias tentativas de aflojar la presión e incluso firmar acuerdos que han sido rotas por la autoorganización del movimiento desde abajo.
Un ejemplo escandaloso fue el pacto firmado por los dirigentes de la COR de El Alto el mismo 16 de mayo, que el Gobierno intentó utilizar para dividir la lucha mientras reprimía a los sectores más combativos.
El movimiento ha pasado hasta ahora por encima de todas estas maniobras. La resolución del Cabildo autoconvocado de Senkata del lunes 19 muestra el instinto de las masas pero también su preocupación: “Muchos de nuestros hermanos están detenidos. ¿Y qué pasa con sus familias? Hay muertos, ¿qué pasa con esas personas? ¿Qué pasa con los hijos que han quedado huérfanos? ¿Qué pasa con las mujeres que han quedado viudas o viudos? ¿Qué pasa con esas cosas? El distrito 8 siempre ha luchado, siempre ha luchado por Bolivia, por El Alto, siempre han luchado. Y qué está pasando ahora? La maldita FEJUVE del Sur [Federación de Juntas Vecinales] han tenido reunión el día domingo sin consultar a la base, se han ido a las reuniones, sin decirnos nada, ¿qué vamos a hacer, compañeros? ¿Cómo vamos a hacer? Desde el principio nosotros hemos exigido la renuncia de Paz”.
La clave es unir este instinto a un plan y estrategia conscientes para vencer. Al tiempo que hay que seguir exigiendo a los dirigentes de la COB, la FEJUVE y el resto de organizaciones obreras y populares que mantengan el paro indefinido y los bloqueos hasta vencer, es imprescindible levantar una dirección revolucionaria con confianza en la fuerza del movimiento y voluntad de llevarlo hasta el final basándose en los cabildos y asambleas populares.
La primera tarea es extender estos cabildos y asambleas a todo el país y unificarlos en una asamblea nacional revolucionaria de trabajadores y campesinos mediante delegados elegibles y revocables, manteniendo el paro y los bloqueos de carreteras, organizando milicias obreras y campesinas de autodefensa contra los fascistas y los cuerpos represivos y llamando al mismo tiempo a los soldados, que sufren también la miseria y corrupción de la oligarquía, a formar sus propios cabildos y unirse al levantamiento.

Un punto clave es dar un paso adelante, uniendo al bloqueo de carreteras para desorganizar y paralizar a la clase dominante la toma de las empresas y centros productivos. Esto aseguraría el control de la electricidad y demás servicios básicos y el suministro de bienes de primera necesidad a los barrios obreros y populares, poniendo en jaque al Gobierno y dejando claro sin lugar a ninguna duda a las capas medias y los sectores más indecisos de la población que hay fuerza para vencer y es posible levantar un poder de la clase trabajadora que acabe con el dominio de la oligarquía y frene el colapso económico del único modo que es posible hacerlo: nacionalizando bajo control obrero los bancos, latifundios y grandes empresas para planificar democráticamente la economía.
Una victoria de las masas en Bolivia desplazaría nuevamente el péndulo de la lucha de clases hacia la izquierda en todo el continente, impulsando una nueva oleada revolucionaria, empezando por países que ya viven un levantamiento social contra la ultraderecha como Argentina y otros países vecinos de Bolivia como Chile o Perú.
Notas:
[1]TRABAJADORES DEL FRIGORIFICO RIOPLATENSE
[2] Fabriles marchan en La Paz, rechazan diálogo y exigen la renuncia de Rodrigo Paz
[3] Tras 20 años de gobierno del MAS: La derecha vuelve al poder en Bolivia
[4] Pdte. Petro se ofrece a mediar en la crisis de Bolivia y llama al presidente Rodrigo Paz a recordar el legado de su padre
[5] Cívicos cruceños convocan a la ‘Marcha por la Democracia’



















