La guerra imperialista desatada por Trump y Netanyahu contra Irán y el Líbano, y la resistencia del régimen de los ayatolás cerrando el estrecho de Ormuz y golpeando a las monarquías del Golfo, ha puesto encima de la mesa el debate sobre una posible recesión económica mundial. Una perspectiva que podría materializarse si el bloqueo y los combates continúan, y que se ha transformado en una poderosa razón para que el presidente estadounidense recule y busque con desesperación el acuerdo con Teherán.

Numerosos organismos internacionales como el FMI o la Agencia Internacional de la Energía (AIE) han calificado la situación como crítica. Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE, ha advertido que nos encontramos ante “la mayor crisis de seguridad energética de la historia”, superior incluso que las de 1973, 1979 y 2022 juntas.

Desde el comienzo de la guerra 14 millones de barriles diarios de petróleo se han evaporado del comercio mundial, lo que supone un acumulado de más de 1.000 millones hasta finales de mayo. El acuerdo de la AIE para liberar reservas estratégicas —400 millones de barriles— permitió aliviar momentáneamente la situación, evitando que alcanzara en tiempo récord un precio de 150 o 200 dólares por barril. Pero en estos tres meses de conflicto se han perdido más de 250 millones de barriles de dichas reservas —6,6 millones al día— con un precio en el umbral de los 100 dólares, lo que supone un aumento de entre un 25 y un 40% de lo que se paga hoy por los carburantes respecto a tres meses atrás.

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La guerra imperialista desatada por Trump y Netanyahu contra Irán y el Líbano, y la resistencia iraní cerrando el estrecho de Ormuz y golpeando a las monarquías del Golfo, ha puesto encima de la mesa el debate sobre una posible recesión económica mundial. 

El cierre del estrecho de Ormuz, señalan numerosos expertos, no puede continuar mucho más sin provocar consecuencias aún más desastrosas. El plazo límite que se dan es este mismo mes de junio, pero las bolsas siguen subestimando las advertencias: las ganancias especulativas que fondos de inversión, empresas petroleras y bancos están obteniendo con la subida de precios son fabulosas.

La crisis está impulsando ya la espiral inflacionaria en EEUU, con un aumento que llega al 3,8%, en un contexto de estancamiento en la zona euro y de recesión técnica en países de primer orden como Alemania. Muchos organismos ya han revisado a la baja las perspectivas de crecimiento en Europa y EEUU, y plantean un escenario de estanflación a corto plazo.

La fecha de junio tiene mucho que ver con el comienzo en el hemisferio norte de la temporada de vacaciones y de un calor extremo que implicará un crecimiento exponencial del consumo de petróleo y energía eléctrica, así como del inicio en muchos países del periodo de siembra que se verá afectado por las restricciones al sector de los fertilizantes, pues el 30% de su comercio mundial pasa a través del estrecho de Ormuz[1]

El coste de este cierre para numerosas empresas podría alcanzar más de 25.000 millones de dólares, destacando las aerolíneas con 15.000 millones. Otras industrias importantes como la automoción o la química también están duramente afectadas[2], pero todos los sectores se verán tarde o temprano golpeados por esta interrupción del suministro. Incluso aunque se llegará a un acuerdo y se abriera el estrecho en los próximos días, los efectos negativos seguirían notándose durante meses.

Numerosos países de Asia que han aportado significativamente al crecimiento mundial en los últimos años como India, Vietnam, Bangladesh, Indonesia, Filipinas… han adoptado medidas de racionamiento ante la interrupción del suministro de energía procedente de Oriente Medio. Un impacto de esta naturaleza en Asia, que se ha convertido en el eje más importante de la economía capitalista productiva, y que contaba con previsiones de crecimiento entre un 4 y un 5% para 2026, tendrá consecuencias de largo alcance atizando el descontento social y la lucha de clases.

Y lo más significativo: muchos de estos países, anteriormente aliados sólidos de EEUU, están recurriendo a China y también a Rusia, para poder paliar estos cortes del suministro. Las pretensiones de una guerra para debilitar al bloque imperialista rival se han convertido, por numerosos factores militares, económicos y diplomáticos en un fracaso evidente para Washington y su aliado sionista[3].

Deuda, burbujas y crédito privado

Todos estos acontecimientos adquieren especial gravedad por los profundos desequilibrios que ya enfrentaba la economía mundial, y que tienen su reflejo en el crecimiento estratosférico de la deuda sin parangón en la historia: 348 billones a escala mundial. Desglosada por naciones da aún más vértigo, pues en muchos casos alcanza o supera el 100% del PIB, una situación mucho peor que en el estallido de la Gran Recesión de 2008.

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Muchos países, anteriormente aliados sólidos de EEUU, están recurriendo a China y a Rusia, para poder paliar los cortes del suministro. La guerra para debilitar al bloque imperialista rival se han convertido en un fracaso para EEUU y su aliado sionista. 

En el caso de EEUU, la deuda total ha superado los 39 billones de dólares y el 125% del PIB, su récord histórico.

En 2026 el pago de los intereses de esta deuda supondrá un billón de dólares, y que de aquí a 2036 pueden desembolsarse hasta 14 billones de dólares. Una situación que solo se sostiene gracias al papel dominante del dólar en las transacciones comerciales y financieras mundiales que permite detraer una parte considerable de la riqueza global para sostener este endeudamiento, que es el que alimenta también la espiral especulativa en Wall Street. El dólar siguió siendo la moneda más utilizada en el mundo en 2025, con una participación del 59% en las reservas de divisas, del 88% en las transacciones internacionales y del 62% en los préstamos transfronterizos[4].

Pero incluso la impunidad de este saqueo comienza a erosionarse. Se trata todavía de números modestos, pero desde el régimen que encabeza Xi Jinping hay planes para lanzarse a la batalla en los mercados financieros y dejar de lado al dólar en las transacciones operadas por China[5].    

Las tensiones en el mercado de la deuda estadounidense, que han llevado al bono norteamericano a 10 años por encima del 4,5% y al bono a 20 años por encima del 5,6%, muestran cifras desconocidas desde 2008, en plena crisis financiera. Por otro lado, el déficit público ha alcanzado la cifra récord del 6%, muy lejos del objetivo del 2% que plantea la Reserva Federal. En estos años la deuda en manos de instituciones públicas, principalmente norteamericanas, ha pasado del 40 al 20%, mientras que la que está en manos de inversores privados se ha incrementado del 60 al 80%[6]. Es evidente que el maná que llena los bolsillos de la oligarquía financiera estadounidense sale de un saqueo a fondo de las arcas del Estado, de la destrucción de los servicios sociales, la salud y la educación públicas. Por eso las ilusiones de devolver la supremacía industrial a EEUU, un eje central del programa económico de MAGA, está en completa bancarrota.

Los grandes monopolios, la banca y los fondos de inversión están muy a gusto con este modelo parasitario de capitalismo especulativo. Trump gobierna para una plutocracia avariciosa que le respalda en su ofensiva imperialista porque se está haciendo de oro: en 2025 los beneficios empresariales se incrementaron en un 13,6%, hasta alcanzar el récord histórico de 3,41 billones de dólares. ¿Pero cómo es posible alcanzar semejantes cifras con una economía estancada y con crecimientos de la productividad que de ninguna manera las explican? Obviamente las razones son el gran negocio de la deuda y la especulación bursátil.

Otro aspecto preocupante se suma a este panorama sombrío: la parálisis de las economías de las monarquías del Golfo. Fruto de la guerra de Irán y de la reducción de extracción y comercialización de gas y petróleo prevén una caída notable de su PIB, que en el caso de Kuwait y Qatar[7] podría llegar hasta el 14%. Y esto abre una perspectiva negativa para EEUU, pues sus aliados podrían verse obligados a buscar liquidez vendiendo parte de los fondos soberanos que poseen, valorados en 5 billones de dólares, e invertidos en gran parte en deuda norteamericana y en acciones de Wall Street. Algo que también podría golpear a uno de los mercados más boyantes, el de la Inteligencia Artificial, afectando a sus empresas punteras si los anuncios de inversión anunciados por las monarquías petroleras se suspenden finalmente[8].

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Trump gobierna para una plutocracia avariciosa que le respalda en su ofensiva imperialista porque se está haciendo de oro: en 2025 los beneficios empresariales se incrementaron en un 13,6%, hasta alcanzar el récord histórico de 3,41 billones de dólares. 

El mercado de la IA se ha convertido en el terreno del juego bursátil más delirante de las últimas décadas, y ha generado una burbuja que si estalla podría dejar pequeña la crisis financiera de 2008. Hace unas semanas se informó que NVIDIA alcanzó una capitalización bursátil de 5,6 billones de dólares, por encima del PIB de Alemania. Ahora Elon Musk planea la salida a Bolsa de SpaceX, compañía de cohetes, satélites e IA, por un valor de 75.000 millones de dólares a pesar de registrar pérdidas en 2025 por 4.937 millones de dólares. En definitiva, el círculo virtuoso de las ganancias bursátiles no lo es tanto, más bien responde a un método podrido despegado de la realidad productiva y que amenaza con una explosión de consecuencias imprevisibles:

          “Los grandes de la tecnología van camino de invertir entre 350.000 y 500.000 millones de dólares solo este año en infraestructura para inteligencia artificial, y las proyecciones apuntan a que el gasto acumulado podría alcanzar los tres billones de dólares en 2028. Goldman Sachs ha señalado que el mercado bursátil ya ha incorporado unos 19 billones de dólares en valor vinculado a la IA.

           En julio, un estudio de Massachusetts Institute of Technology (MIT) tituló un debate que llevaba meses cocinándose en los mercados: el 95 por ciento de las empresas que habían invertido en inteligencia artificial generativa no estaban obteniendo ningún retorno medible. La investigación analizó 300 iniciativas empresariales y reveló lo que sus autores denominaron la brecha de la IA generativa: una minoría de compañías extraen millones en valor mientras una inmensa mayoría se ha quedado atascada en proyectos piloto sin impacto real en sus cuentas. Las empresas estadounidenses habían invertido de forma colectiva entre 35.000 y 40.000 millones de dólares en estas iniciativas, y casi todo ese dinero no había producido nada cuantificable.

           Hay otro elemento que preocupa a los analistas más críticos, y es la estructura financiera que sostiene buena parte de la inversión. Las llamadas operaciones circulares entre las grandes tecnológicas recuerdan a las prácticas de la burbuja puntocom, cuando las empresas se compraban servicios entre sí para inflar sus cifras de ingresos. Nvidia invierte en OpenAI, que destina gran parte de ese dinero a comprar los propios chips de Nvidia. Microsoft posee el 27 por ciento de OpenAI y representa casi una quinta parte de los ingresos de Nvidia. Y Nvidia garantiza comprar lo que CoreWeave no consiga vender hasta 2032, una red de dependencias cruzadas que hace muy difícil saber cuánta de la demanda real de inteligencia artificial es orgánica y cuánta es producto de un circuito cerrado de dinero que se mueve entre las mismas manos”[9].

Así es. Las monsergas gubernamentales sobre “asimilar errores” y “sacar conclusiones” es música pasada. La economía casino no ha desaparecido, se ha camuflado de diferentes maneras, pero sigue siendo el modelo dominante en EEUU y Occidente. La subida de los índices bursátiles está propulsada por las empresas vinculadas a la IA “hasta el punto de que el 37% del valor del principal índice bursátil estadounidense, el S&P500 (que incluye a 500 grandes empresas), se concentra ahora en solo siete empresas –NVIDIA, Microsoft, Alphabet o Amazon- que también se encuentran entre las que más invierten en infraestructura en IA”[10].

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Las monsergas gubernamentales sobre “asimilar errores” y “sacar conclusiones” es música pasada. La economía casino no ha desaparecido, se ha camuflado de diferentes maneras, pero sigue siendo el modelo dominante en EEUU y Occidente. 

Otro aspecto importante que alerta sobre los desequilibrios orgánicos de esta fase histórica de dictadura del capital financiero es el comportamiento de los grandes fondos de inversión, que a su vez actúan como motor de un sistema de crédito privado paralelo. Este sector vivió un impulso colosal tras la crisis financiera de 2008 ante las restricciones de liquidez en el sector bancario, generando un mercado opaco de crédito del que se tiene un conocimiento limitado. Una de las señales que indica que las previsiones no son buenas es que fondos muy conocidos, incluido Blackrock, han sufrido peticiones de retirada de capital de hasta 14.000 millones de dólares en el primer trimestre de 2026, y parece que los impedimentos para limitar los reembolsos están generalizándose:

          “Blue Owl Capital ha sido uno de los casos más visibles. Sus inversores pidieron retirar el 41% de su fondo tecnológico, valorado en 6.200 millones de dólares, y el 22% de su fondo de crédito, de 36.000 millones. La gestora limitó las salidas al 5%. Blackstone recibió solicitudes de retirada de 3.700 millones de dólares en BCRED, uno de sus grandes vehículos de crédito privado. Apollo también limitó reembolsos”[11].

Sarah Breeden, subgobernadora del Banco de Inglaterra alerta sobre esta situación afirmando que “el crédito privado ha pasado de la nada a dos billones y medio de dólares [3 billones según otras estimaciones] en los últimos 15 o 20 años. Hay apalancamiento, opacidad, complejidad e interconexión con el resto del sistema financiero. Todo ello guarda similitud con lo que vimos durante la crisis financiera mundial”[12]. Una deuda oculta al margen de la banca convencional que puede jugar el papel de acelerante del incendio.

Lucha interimperialista y crisis de sobreproducción

Detrás de todas estas contradicciones y desequilibrios se encuentra la crisis de sobreproducción, el talón de Aquiles de la economía capitalista y que atiza la lucha por el control de los mercados y las áreas geoestratégicas, en definitiva, por la hegemonía mundial. El ascenso de China como superpotencia manufacturera indiscutible la alimenta en todos los sectores, como en el campo de los semiconductores, o de los coches eléctricos, donde China ya acapara el 60% del mercado mundial[13].

Fruto de la misma existe una sobreabundancia de capitales que buscan desaforadamente la mayor rentabilidad a costa de lo que sea, incluida la extensión de los mercados más allá de sus propios límites, generando burbujas especulativas desaforadas ya sea con la IA, con la deuda o con ese mercado opaco del crédito privado.

La diferencia con la crisis de 2008, y es una diferencia de calidad, son las enormes tensiones que existen entre las grandes potencias, entre China y EEUU, que dificulta un entendimiento global tal como ocurrió en aquella ocasión de cara a salvar el capitalismo con un rescate masivo del sistema financiero. En el contexto actual, la lucha a muerte entre el imperialismo norteamericano y el imperialismo chino es una fuente de inestabilidad y caos que atizará, en el caso de una recesión mundial, la lucha de clases a niveles desconocidos.

Pero que haya dificultades para una coordinación global de este tipo, debido a la intensificación de la lucha por la hegemonía, no significa que nos encontremos ante una fragmentación sustancial del mercado mundial, o ante un desacoplamiento en bloques económicos independientes liderados por cada una de las potencias imperialistas en pugna, como algunos análisis pretenden confirmar y de los que se hacen eco economistas de izquierda, incluso algunos que se consideran marxistas.

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El factor más importante para los marxistas son las consecuencias de una recesión de envergadura en la lucha de clases. Una crisis semejante a la de 2008 tendría efectos más trascendentales todavía, en un contexto como el actual de gran polarización social y política. 

La perspectiva de la “desglobalización” no tiene anclaje, por ahora, en la realidad económica, precisamente cuando nos encontramos ante un mercado mundial más interconectado, e interdependiente, que en ninguna otra época de la historia del capitalismo. Lo ocurrido con el estrecho de Ormuz, o el completo fracaso de Trump para frenar a China mediante una política de aranceles agresivos lo han vuelto a dejar muy claro.

La propaganda capitalista no lo reconoce y recurre a teorías que ocultan el trasfondo del asunto: la pérdida del liderazgo estadounidense y europeo de la globalización, y su reemplazo por China.

Un buen ejemplo de ello, como hemos señalado, es el mercado de coches eléctricos, donde China en apenas cinco años ha pasado a controlar el 60% del mercado mundial, con unas exportaciones de más de 2,5 millones de coches eléctricos, incrementándose las mismas en un 115% respecto a otros países asiáticos, en un 35% respecto a la UE y en un 290% respecto a México y Canadá, e indirectamente EEUU. Una expansión que además va acompañada de un fortalecimiento del mercado interno chino, que consume 13,2 millones de los 15,9 millones de coches eléctricos que producen. Una nueva confirmación de los pasos de gigante que sigue dando la economía china frente a la decadencia industrial occidental.

Pero, sin duda, el factor más importante para los marxistas son las consecuencias de una recesión de envergadura en la lucha de clases. Tal y como ocurrió con el estallido de 2008, que implicó la mayor oleada de conflictividad política y social desde los años 70, una crisis semejante tendría efectos más trascendentales todavía. En un contexto de enorme polarización social y política, de auge de la extrema derecha pero también de un endurecimiento de la respuesta obrera en numerosos países, con huelgas generales y huelgas sectoriales indefinidas, autoorganización y métodos clasistas que se retoman con fuerza producto de la escuela que ha significado el control burocrático de los sindicatos y la experiencia fallida del nuevo reformismo 2.0, podríamos asistir a movimientos de masas que desemboquen en crisis revolucionarias abiertas.

Trazar una perspectiva cerrada respecto a los ritmos no es nuestra intención, pues pueden prolongarse por diferentes factores y verse sometidos a todo tipo de distorsiones. Pero el topo de la Historia, y las políticas del imperialismo occidental, están trabajando para un escenario semejante. El desafío para los revolucionarios de todo el mundo es evidente, y nos exige desprendernos de cualquier rutina y pereza mental, redoblar nuestros esfuerzos por comprender la dinámica fundamental de los procesos, e incrementar nuestra capacidad de organización y combate para fusionarnos con el movimiento de masas y ofrecer una dirección política a la altura.

 

Notas:

[1]La economía mundial contiene el aliento ante el histórico desplome de los inventarios de petróleo: "Lo peor está por llegar"  El petróleo roza el punto de no retorno para la economía mundial: "Implica el cierre de industrias y la entrada en recesión"

[2]Aerolíneas, químicas y bienes de consumo: los sectores más golpeados por la guerra con Irán

[3]La diplomacia del barril: China sube las ventas de crudo a sus vecinos y gana influencia

[4]La desdolarización del mundo. ¿Qué significa este concepto y cómo puede afectarnos?

[5]“Recientemente, la internacionalización del RMB se ha acelerado notablemente, pero a diferencia del pasado, el principal motor de esta expansión ya no es solo la liquidación de transacciones comerciales. Ahora se extiende a la inversión y financiación transfronterizas, la asignación de activos en el extranjero y la infraestructura financiera global.

En primer lugar, en lo que respecta a pagos y liquidaciones transfronterizas, el uso del RMB ha aumentado drásticamente. La proporción de RMB utilizada por sectores no bancarios en los ingresos y pagos transfronterizos de China se disparó del 17% a finales de 2016 al 56% en marzo de este año —más del doble— y ha revertido de hecho el dominio absoluto anterior del dólar estadounidense (mientras tanto, la participación del dólar cayó al 40% durante el mismo periodo). Al mismo tiempo, el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos (CIPS) ha experimentado un crecimiento explosivo en su actividad, con un aumento de casi el 50% en el volumen promedio diario de transacciones. En un solo día de abril de este año, el volumen de transacciones alcanzó los 1,22 billones de RMB, marcando un máximo histórico. En segundo lugar, la base de la liquidación de operaciones con materias primas se ha fortalecido cada vez más. En marzo y abril de 2026, la proporción de operaciones con materias primas liquidadas en RMB alcanzó un máximo histórico del 33,5%, un salto significativo con respecto al promedio del 11,5% registrado entre finales de 2017 y 2022 (…)         

En un contexto de altas tasas de interés globales y un diferencial de tasas de interés invertido entre China y Estados Unidos, el mercado de bonos chinos en USD continúa contrayéndose, mientras que el mercado de bonos en RMB extraterritoriales (bonos Dim Sum) se ha expandido más del doble, alcanzando un total de 244 mil millones de dólares. Desde principios de este año, las emisiones de entidades extranjeras (especialmente bancos globales) han aumentado un 180% interanual, representando la mitad de todas las emisiones de bonos en RMB extraterritoriales”.

Más allá de los acuerdos comerciales: la internacionalización del RMB marca el comienzo de una ventana dorada

[6]La guerra ha llegado en el peor momento: EEUU debe hasta la camisa y el déficit no hay quien lo arregle

[7]La previsión es que el PIB de EAU caiga en un 6%, el de Arabia Saudí en un 3% y el de Omán en un 1%. Por otro lado el transporte de las importaciones a la región, que incluyen el 100% de los alimentos, se ha multiplicado por 6. Las exportaciones al Golfo sin pasar por Ormuz encallan entre puertos saturados y camiones en el desierto

[8]El otro polvorín del Golfo: los petroestados suman cinco billones en sus fondos soberanos, volcados en deuda y acciones de EE UU  Los países del Golfo quieren convertirse en potencias en IA.

[9]¿Hay realmente una burbuja de la IA? Esto es lo que dicen los datos

[10]Es posible que se avecine una nueva crisis financiera; no se desarrollará como la anterior. Es posible que se avecine una nueva crisis financiera, pero no se desarrollará como la anterior

[11]Wall Street abre la veda contra el crédito privado. Wall Street abre la veda contra el crédito privado

[12]Es posible que se avecine una nueva crisis financiera; no se desarrollará como la anterior. Es posible que se avecine una nueva crisis financiera, pero no se desarrollará como la anterior

[13]China acapara el 60% de las ventas de coches eléctricos en el mundo. China acapara el 60% de las ventas de coches eléctricos en el mundo

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