El País Valencià se ha convertido en la referencia indiscutible para todos los que defendemos la pública. El arranque de la huelga indefinida el pasado 11 de mayo ha sido un golpe demoledor para el Govern PP-Vox. Con un seguimiento del 90% desde sus primeras jornadas y los centros de estudio vacíos, piquetes y columnas masivos han teñido de verde las calles de barrios, pueblos y ciudades cada día. Un auténtico clamor social con un mensaje unánime a la Conselleria: no vamos a parar hasta acabar con esta situación indigna.

No es para menos. La situación en las aulas es límite. La iniciativa de estudiantes y profesores llena las redes sociales de vídeos donde se muestran las condiciones deplorables. No es solo una lucha por la mejora de los salarios, es que las ratios son imposibles, los barracones están sin climatizar, hay goteras, plagas de ratas y pulgas que golpean muchos centros, institutos declarados oficialmente en ruinas donde damos clase, sufrimos censura y ataques constantes al valencià... Contra todo esto nos levantamos.

La arrogancia y el desprecio de la consellera Ortí han sido su respuesta a este clamor. Primero trató de enfrentar a familias y a profesores diciendo que los estudiantes son “víctimas” de un conflicto sindical, mientras vendía su gestión como un ejemplo de inversión en la pública. Las posteriores propuestas de acuerdo que presentaron con tono ultimatista y amenazante, una auténtica basura y un insulto al movimiento, han sido masivamente rechazadas. La campaña mediática para tachar a los docentes de vagos ha sido la guinda que faltaba para llenarnos de más indignación. Una provocación tras otra, que ha sido respondida con una contundencia demoledora.

La realidad es que sus maniobras y calumnias esconden el pavor a lo que estamos haciendo. El lamentable acuerdo firmado por ANPE y CSIF con la Conselleria no ha logrado desactivar al movimiento: la huelga sigue, solo que ahora liberada del lastre que supone la extrema derecha sindical que es ajena al maravilloso movimiento asambleario en cientos de centros. ¡Ahí radica nuestra fuerza!

Un docente un voto, ¡quienes luchamos decidimos!

Una de las claves más importantes de este tsunami arrollador han sido las asambleas democráticas de miles y miles de profesores, que hemos preparado a conciencia las fuerzas para golpear. Docents en Lluita y su coordinadora de asambleas han puesto en práctica la conclusión que miles de trabajadores hemos sacado: no podemos esperar por nada ni por nadie que nos traiga la solución; si queremos acabar con este desastre hay que pasar a la acción, ponernos en marcha, levantar la autoorganización en cada instituto, en cada escuela y frenar a este Govern de la única forma posible, peleando en las calles. Así es como echamos a Mazón y así es como hemos conquistado cada uno de los derechos que hoy defendemos.

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Una de las claves más importantes de este tsunami arrollador han sido las asambleas democráticas de miles y miles de profesores, que hemos preparado a conciencia las fuerzas para golpear. 

Con mucha razón, las compañeras y compañeros de Docents en Lluita hemos advertido a los dirigentes sindicales en las asambleas abiertas online, en las que participan más de mil personas, de que no queremos negociar a cualquier precio ni cualquier cosa y que no vamos a aceptar propuestas de migajas. La cada vez más popular consigna “Un docente, un voto” ha conectado con el clima de hartazgo profundo con un modelo de sindicalismo burocrático, de pacto social y que rehúye la confrontación.

Tenemos muy malas experiencias a nuestras espaldas que nos lo recuerdan: excusas para postergar las huelgas constantemente o incluso acuerdos contra la voluntad de la mayoría de los docentes, como han hecho en Catalunya los dirigentes de CCOO y UGT. Pero no hemos llegado hasta aquí para que decidan por nosotras. La huelga y la movilización en la calle deben mantenerse hasta que logremos nuestras reivindicaciones. Todos los pasos deben ser debatidos democráticamente y las decisiones refrendadas en las asambleas.

No podemos aceptar argumentos como que hay que rebajar nuestras exigencias para “facilitar” la negociación. Esto siempre ha sido y es una trampa. Tampoco podemos caer en la estrategia de dilatar las negociaciones que pretende la consellera para desgastarnos, hay que redoblar la respuesta y trasladar a la mesa de negociación cuál es la verdadera correlación de fuerzas en las calles. Las dimisiones en bloque de los equipos directivos en los centros o la amenaza de hacer lo mismo por parte de los docentes que corregirán la PAU son una iniciativa maravillosa para acompañar las movilizaciones y generar más presión.

Por una huelga general para echar al Govern del PP-Vox

La lucha educativa está expresando también la profunda rabia que existe contra el Govern, algo que va mucho más allá de las aulas. Es el Govern de la gestión criminal de la DANA, de los barrios y pueblos destruidos y abandonados, del trasvase de dinero público a manos privadas, de los amigos del OPUS, del españolismo rancio que persigue nuestra lengua, de todos los servicios públicos devastados, de la corrupción y los chanchullos a costa de nuestro sufrimiento y nuestra precariedad. Esa es la razón por la que la solidaridad con esta huelga está prendiendo y traspasando con creces los muros de los centros de estudio.

La convocatoria de huelga indefinida estudiantil por parte del Sindicat d’Estudiants es una gran aportación en esa dirección. La manifestación del sábado 23 de mayo con decenas de miles fue una demostración de que la clase trabajadora valenciana está de nuestro lado y dispuesta a dar la batalla con uñas y dientes por la educación pública. ¡Ese es el camino! Existen razones y fuerza para levantar una huelga general contra el Govern de pesadilla de la derecha extrema y la extrema derecha que llevamos sufriendo demasiado tiempo. Y ahora es el momento, ¡podemos echarles, podemos ganar!

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