Millones de personas quedamos horrorizadas al ver barrios enteros rodeados de llamas en Belfast la pasada semana, después de que cientos de fascistas y unionistas se hayan organizado para llevar a cabo pogromos contra la población inmigrante en la capital de Irlanda del Norte. Durante dos días seguidos Belfast ha ardido, literalmente. Todo empezó tras un ataque con cuchillo cometido presuntamente por un solicitante de asilo. La respuesta de los ultraderechistas no tardó en llegar.

Las imágenes hablan por sí solas y parecen sacadas de una película de terror. Quemaron edificios sociales y muchas familias tuvieron que abandonar sus hogares. Los datos y direcciones concretas de esas viviendas habían sido publicados a través de redes sociales. Ante el avance de decenas de jóvenes encapuchados por las calles, numerosos comercios tuvieron que bajar las persianas y el transporte público colapsó por completo. También el miércoles 10 de junio fue atacado el hotel Chimney Court, lugar donde se alojan los solicitantes de asilo mientras tramitan sus expedientes, y se continuaron organizando otras acciones violentas en distintos puntos de la ciudad.

Esta cacería estaba organizada de forma muy consciente y nadie en el aparato del Estado movió un dedo por impedirla, pese a que conocían de sobra los movimientos que se estaban fraguando. Según informa el diario The Guardian: “durante los últimos ocho meses, un grupo de vigilancia advirtió reiteradamente al Servicio de Policía de Irlanda del Norte (PSNI) que activistas antinmigración estaban difundiendo las direcciones de las propiedades que fueron blanco de los disturbios de esta semana en Belfast”.[1] Este artículo habla de docenas de informes enviados al PSNI entre noviembre de 2025 y junio de 2026. 

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Esta cacería estaba organizada de forma muy consciente y nadie en el aparato del Estado movió un dedo por impedirla, pese a que conocían de sobra los movimientos que se estaban fraguando. 

Quienes sí han respondido de forma contundente han sido decenas de miles de trabajadores que el sábado 13 de junio llenaron las calles de la ciudad al grito de “el odio es la única amenaza para nuestras calles” o “Belfast contra el racismo”, en una de las manifestación antifascistas más grandes que se recuerdan en Belfast, aislando a estos neonazis y demostrando que esta es la única manera de frenar el avance de la extrema derecha. Una movilización que se replicó en otras ciudades de Irlanda del Norte, Escocia e Inglaterra,[2] como Glasgow, Derry, Brighton, Sheffield, Newcastle, Liverpool…

Una campaña de criminalización orquestada por la ultraderecha

El agitador fascista Tommy Robinson o Elon Musk, uno los mayores representantes y líderes de la internacional reaccionaria, no tardaron en esparcir su racismo por redes sociales y alentaron a la población a manifestarse, diciendo que “este es el único camino”. Pero no tenemos que irnos tan lejos, estos hechos han sido también muy aplaudidos por la ultraderecha del Estado español, así Abascal rápidamente salió a opinar sobre los inmigrantes: “Europa no está condenada a convivir con quienes la apuñalan, degüellan y violan en plena calle todos los días. Hay otro futuro. Intolerancia total frente a esta barbarie, y deportaciones inmediatas”. Declaraciones de este calado son las que están detrás, aquí también, de las cacerías por parte de sus seguidores fascistas, por ejemplo, contra la población magrebí en Torre-Pacheco, con la total complicidad de las fuerzas policiales.

Lo que está sucediendo en Belfast no es el inicio de la criminalización y la deshumanización hacia población migrante, es la continuación de la estrategia y de la demagogia de la ultraderecha para avanzar posiciones. Estos sucesos se producen después de los pogromos contra la población migrante en el Reino Unido en agosto de 2024, dirigidos por Tommy Robinson, y de la manifestación del pasado septiembre donde más de cien mil fascistas salieron a las calles de Londres. Y también se producen a tan solo dos semanas de la “Cumbre de Reemigración” celebrada en Oporto, donde fuerzas de la ultraderecha europea, entre otras Vox o AfD, o figuras como de Gregory Bovino, exjefe de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos con Trump, se reunieron para defender una “Europa blanca”.

¿Y qué respuesta han dado la “democrática” y “civilizada” Unión Europea y cada uno de sus Gobiernos capitalistas ante esto? Obviamente, ninguna. De hecho, este último mes la UE ha aprobado crear centros de internamiento en terceros países para enviar allí a los inmigrantes y después deportarlos. Han bendecido de esta manera la política de la reaccionaria Meloni de construir, por ejemplo, un centro en Albania de estas características. Estas medidas racistas forman parte del pacto migratorio y de asilo que se aprobó el pasado 12 de junio, definido por la Unión Europea como “un nuevo comienzo en la gestión migratoria del club comunitario que persigue tener fronteras exteriores sólidas y seguras”, aumentando los controles y acelerando las expulsiones, en lo que es considerado ya como el acuerdo más restrictivo de su historia.

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Decenas de miles de trabajadores llenaron las calles de la ciudad el sábado 13 de junio al grito de “Belfast contra el racismo”, en una de las manifestación antifascistas más grandes que se recuerdan en la capital de Irlanda del Norte. 

Y todo ello, por supuesto, se puede llevar adelante con la complicidad de la socialdemocracia, que en esencia defiende con una fraseología, digamos, más suave e hipócrita las mismas políticas de la derecha y la extrema derecha de criminalización y estigmatización de las personas migrantes. Un factor político decisivo para allanar el camino al avance de la ultraderecha. 

La lucha en las calles es el camino

Lo que ha sucedido en Belfast no es un caso aislado. Nos estamos encontrando con escenarios que nos recuerdan, y mucho, a lo que hacían los nazis con la población judía en los años 30 del siglo pasado en Alemania.

Pero frente a esa barbarie que provoca el sistema capitalista nos levantamos muchos. Decenas de miles de personas han vuelto a señalar a los verdaderos enemigos de la clase trabajadora: los capitalistas que legislan contra nosotras y nos aplastan diariamente con sus políticas capitalistas y racistas e intentan dividirnos con su discurso fascista de la  “prioridad nacional”.

No acabaremos con el racismo confiando en las instituciones que, como ya hemos visto, dictaminan leyes y acuerdos que condenan siempre a las clases trabajadoras, ya sean nativas o extranjeras, con la explotación laboral, la represión y los recortes sociales. La respuesta por parte del pueblo de Belfast —como hace unos meses la histórica movilización de más de medio millón de personas en las calles de Londres— nos señala cuál es el camino. Así es como derrotaremos a los fascistas, con la movilización en las calles, levantando un programa revolucionario y organizándonos en todos los centros de trabajo, de estudios, en cada ciudad, pueblo o barrio, desde abajo, contra su odio.

 Notas:

[1]La policía fue advertida durante meses sobre las direcciones atacadas en los disturbios de Belfast

[2]Post en x

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