La dirección de USTEC-STEs y ASPEPC-SPS firmó el viernes noche un preacuerdo con el Departament d’Educació que no recoge las reivindicaciones por las que las profesoras y trabajadoras de la enseñanza hemos desbordado las calles de Catalunya en las últimas semanas y meses.

Hemos protagonizado 15 jornadas de huelga totalmente exitosas, manifestaciones masivas, cortes de carreteras, ocupaciones y acciones multitudinarias a lo largo y ancho del territorio catalán. Esta maravillosa movilización es verdaderamente histórica, sin precedentes desde 1988. La marea amarilla se ha convertido en un tsunami y ha colocado la defensa de la educación pública en el centro del debate político en Catalunya, logrando un apoyo abrumador entre la clase trabajadora. ¿De verdad tenemos que conformarnos con este preacuerdo?

Desde Esquerra Revolucionària y el Sindicat d’Estudiants pensamos que no. Tal y como señalan los compañeros y compañeras de CGT, la Intersindical y la COS, y no pocos afiliados y afiliadas de los sindicatos que han suscrito este preacuerdo. Hay que continuar la lucha para conquistar un acuerdo que responda realmente a las necesidades de la educación pública y que esté a la altura de todo el sacrificio y disposición a la lucha que decenas de miles hemos demostrado.

El preacuerdo. ¿No podemos conseguir nada más?

La sorpresa y la indignación han sacudido a muchos docentes y trabajadores y trabajadoras de la educación al conocer los detalles del preacuerdo firmado el viernes por la noche.

Hay que decir las cosas como son. Este preacuerdo no es una victoria. Las declaraciones de la consellera Esther Niubó agradeciendo a USTEC y a ASPEPC-SPS su “incorporación al acuerdo con CCOO y UGT” y de Salvador Illa proclamando que es un “acuerdo histórico”, hablan por sí solas. Esto no es por lo que decenas y decenas de miles hemos luchado con uñas y dientes en estos últimos meses.

Los defensores de este acuerdo sitúan en el nuevo complemento salarial la mayor de sus bondades. Pero el aumento, planteado para aplicarse durante cuatro años, no sólo está lejos de compensar el poder adquisitivo perdido tras años de recortes e inflación sino que, además, no incorpora ninguna cláusula de revisión vinculada al IPC, por lo que en la práctica seguiremos perdiéndolo.

La otra medida que se pretende vender como nueva conquista es la dotación de personal para la inclusiva, pero ésta ya estaba planificada económicamente en el acuerdo con CCOO y UGT y es insuficiente.

Este preacuerdo no revierte el deterioro progresivo de la educación pública. De hecho, lo vuelve estructural. Ratios excesivas, sobrecarga laboral, burocracia asfixiante, falta de recursos para la inclusiva y precariedad de numerosos colectivos educativos... El preacuerdo no recoge ninguna medida concreta que ataje de lleno la emergencia educativa que sufrimos. No existe ningún compromiso concreto de reducción de ratios, una medida imprescindible para mejorar la calidad educativa y las condiciones de trabajo. La inversión en educación seguirá estando por debajo del 4% del PIB catalán, muy lejos del 6% que la propia LEC determina.

Tampoco hay una respuesta seria a la situación de la educación inclusiva. Las nuevas dotaciones anunciadas están muy lejos de cubrir las necesidades reales de los centros y difícilmente cambiarán la realidad cotidiana de alumnos y profesionales.

La precariedad que sufren las veladoras, las TIS, las TEEI y el Personal de Atención Educativa tampoco encuentra solución. No hay internalización de servicios ni garantías de estabilidad laboral. 

Este preacuerdo consolida el abandono y falta de reconocimiento a las educadoras del 0-3, que sufren una precariedad insoportable y que se han levantado en defensa de esta educativa esencial, con huelgas históricas sin precedentes, y a las que el Departament el viernes les canceló la reunión que tenían agendada, después de mucho reclamarlo, desde hace cinco meses.

Tampoco dice nada sobre los planes del Departament de enviar Mossos dentro de los centros, ni rechaza de plano la infiltración policial.

La sensación compartida por muchísimos compañeros y compañeras es evidente: con este acuerdo no percibiremos mejoras reales ni en nuestras condiciones laborales ni especialmente en la educación pública general.

Así, los portavoces de los sindicatos firmantes del preacuerdo han pasado de hablar de un acuerdo histórico a justificarlo como lo único a lo que podemos aspirar, argumentando que no tenemos fuerza para más. ¿Nos lo están diciendo de verdad? ¿Después de que hayamos perdido cientos de euros por las huelgas y nos estemos movilizando continuamente de forma masiva? ¿No les ha quedado claro por qué luchamos y toda nuestra disposición a ir hasta el final?

Estos argumentos son inaceptables. No responden a la realidad. Y nos lo dicen dirigentes que llevan días diciendo que llegarán a un acuerdo muy ventajoso para el colectivo y que las huelgas podrían ser desconvocadas.  Que han rechazado extender la lucha educativa al conjunto de la clase trabajadora, negándose incluso a convocar una manifestación un sábado donde pudieran movilizarse las familias y los trabajadores y trabajadoras en defensa de la educación pública.

Ahora firman con nocturnidad y alevosía un preacuerdo que pretendían que votáramos online durante el fin de semana, con una gran falta de transparencia y mientras desconvocan las huelgas previstas para la semana que viene. 

Los dirigentes de USTEC y ASPEPC-SPS defienden este preacuerdo como un “primer paso” y una “victoria parcial”, y que si ahora no lo aceptamos acabaremos el curso sin nada. Este discurso no solamente es falso y desgraciadamente se parece mucho al del Departament d’Educació, sino que pretende ocultar que están frenando la lucha.

Somos duros, pero hay que decirlo claramente. No podemos tachar esta forma de actuar más que de vergonzosa, más propia de los dirigentes de CCOO y UGT, más propia de burócratas que de genuinos representantes de los trabajadores y trabajadoras.

El PSC vuelve a dar la espalda a la educación pública

Además, este acuerdo demuestra una cuestión política de fondo. El PSC y el PSOE vuelven a enseñar cuál es su verdadera política cuando se trata de los servicios públicos. Han tenido una nueva oportunidad para conectar con millones de trabajadores y trabajadoras de Catalunya y del conjunto del Estado, para colocarse claramente del lado de quienes defienden la educación pública y para demostrar con hechos que existe una alternativa a los recortes y la privatización.

Podían haber asumido las reivindicaciones fundamentales de la huelga, realizar una inversión masiva en educación pública y dar una respuesta contundente a la ofensiva reaccionaria de la derecha y la extrema derecha. Pero han optado por la política habitual de la socialdemocracia cuando gobierna: migajas para la clase trabajadora, beneficios extraordinarios para los grandes empresarios, los bancos y los rentistas.

¡La lucha debe continuar! ¡Podemos ganar!

Si algo han demostrado estas intensas semanas de movilización educativa es precisamente la enorme fuerza que tenemos cuando los y las trabajadoras nos organizamos y luchamos, cuando impulsamos asambleas en los centros, ponemos en marcha cajas de resistencia, nos unimos a los movimientos sociales y colectivos en lucha… El Govern no abrió negociaciones por voluntad propia. Lo hizo porque miles de docentes llenaron las calles de todo el país, porque la huelga ganó apoyo social y porque la comunidad educativa demostró que estaba dispuesta a continuar la lucha. Cada pequeña concesión arrancada ha sido fruto de la movilización. Sabemos muy bien que a nosotras nadie nos regala nada.

La lucha educativa ha llenado las calles de todo el Estado de profesores y trabajadoras de la educación. Ahora mismo continúa la formidable huelga indefinida en el País Valencià, y en Madrid se ha anunciado para el inicio del próximo curso. También por esto, cuando hemos demostrado un vigor tan extraordinario e incluso existe la posibilidad de unificar todas estas luchas en una gran respuesta estatal, resulta incomprensible firmar un preacuerdo tan insuficiente y poner todos los esfuerzos en desmovilizar.

Tenemos que ampliar y fortalecer el movimiento. Para ganar necesitamos incorporar a toda la comunidad educativa y al conjunto de la clase trabajadora a esta lucha. 

Podemos ganar. Lo hemos demostrado durante estas semanas. Por eso llamamos a votar en contra del preacuerdo, mantener las huelgas de la próxima semana y preparar la continuación de la lucha desde abajo, a través del debate democrático en las asambleas de centro. 

Esta lucha todavía no ha terminado. Y precisamente porque hemos demostrado nuestra fuerza, tenemos todas las razones para seguir adelante.

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