Entrevista a José Rodríguez Ruano, delegado sindical de jardinería por CGT en Valoriza, sector 3

Después de trece días de huelga indefinida, luchando contra la campaña de criminalización desatada desde el ayuntamiento de Madrid y amplificada por todos los medios de comunicación de la derecha, enfrentándose a cuatro poderosos monopolios económicos que se benefician desde hace décadas de la privatización de los servicios públicos para llenarse los bolsillos, frente a viento y marea…, los trabajadores de limpieza viaria y jardinería de Madrid han obtenido una gran victoria. Lo que parecía imposible se ha conseguido: ningún despido, de los 1.134 que la patronal puso encima de la mesa, y ninguna reducción salarial en las tablas, frente a la propuesta de los empresarios de una rebaja del 40%. Una lucha ejemplar de nuestra clase, que ha puesto de manifiesto toda la dignidad, fuerza y solidaridad que los trabajadores, en este caso los más oprimidos de entre los oprimidos, pueden generar cuando se plantea una batalla decidida y dispuesta a llegar hasta el final.
Para conocer más de cerca los detalles de cómo transcurrió esta movilización y extraer todas las lecciones entrevistamos a José Rodríguez Ruano, delegado sindical de jardinería por CGT en Valoriza, sector 3.

El Militante.— ¿Qué valoración haces del resultado de la huelga que habéis llevado a cabo?
José Rodríguez Ruano.— Como sabéis hemos conseguido echar atrás los planes de las empresas. Por cierto, estos planes, no me cabe la menor duda, estaban discutidos y acordados con los responsables del ayuntamiento de Madrid y a lo que hemos asistido durante el conflicto es al reparto de papeles entre ellos, echando cada uno balones fuera, eludiendo su responsabilidad con el propósito de que el tiempo pasara y se doblegara la resistencia de los trabajadores. No lo han conseguido, sus planes han sido desbaratados por la acción contundente de los trabajadores y por el apoyo social que hemos recibido del resto de los trabajadores y de toda la población en general.
Pero desde mi punto de vista este gran logro no ha sido lo único que hemos conseguido con esta lucha. El más importante ha sido la constatación de que ¡SÍ SE PUEDE! Esta consigna ha adquirido todo su sentido en estos trece días de huelga. ¿Los ataques se pueden frenar? Sí, con la condición de que se responda con la lucha. Y claro, que esta tenga como objetivo evitar todos los despidos y la reducción salarial. En demasiadas ocasiones se plantea por parte de las direcciones sindicales como punto de partida luchar por “conseguir” que en vez de 1.200 despidos sean 900 y que en lugar de una reducción salarial del 40%, “conseguir” que esta quede en el 25%. De esta forma la dirección de la lucha, los que deberían organizar la movilización y ayudar con argumentos y con su ejemplo a que los trabajadores fortalezcan la confianza en sus propias fuerzas, lo que hacen, lo pretendan o no, es echar jarros de agua fría y cultivar el fatalismo que la patronal y el gobierno nos quieren imponer. Por supuesto, otro aspecto importante es que esta respuesta de los trabajadores debe ser igual o más contundente que el ataque que nos obliga a luchar.
Con esta huelga hemos demostrado que este es el camino. Desde un primer momento hemos planteado no a los despidos, no a la reducción salarial y esto ha transmitido a la plantilla la confianza necesaria para protagonizar esta magnífica lucha.
EM.— Después de esta experiencia, ¿qué piensas del argumento tantas veces esgrimido por las cúpulas sindicales de UGT y CCOO, de que “no hay ambiente” para emprender una lucha contundente para echar atrás todos los ataques del gobierno del PP?
JRR.— Yo soy delegado sindical y militante de CGT, y lo primero que tengo que decir sobre esto es que desde la dirección de mi sindicato también se recurre a ese argumento, que sinceramente considero que no tiene nada que ver con la realidad. Los trabajadores de jardinería y limpieza viaria hemos participado como un solo hombre en la huelga; el esquirolaje ha sido anecdótico y hemos demostrado que estamos dispuestos a hacer los esfuerzos que sean necesarios para luchar por nuestros derechos. No creo que seamos una excepción respecto al resto de los trabajadores. Lo que sí es cierto es que en este conflicto ha existido un factor que ha contribuido a que esto se manifieste de manera clara: como antes explicaba, los compañeros que dirigen los sindicatos de limpieza viaria y jardinería han captado el ambiente de descontento en las plantillas y han transmitido su disposición a luchar en serio y por reivindicaciones por las que merecía la pena hacer sacrificios. Lo trabajadores sí queremos luchar, lo que estamos es hartos de participar en acciones que en la práctica solo tienen un carácter simbólico, que los sindicatos organizan para pasar el trámite y que todos sabemos de antemano que no van a servir para nada.
A mi, particularmente, esta huelga me ha ayudado mucho a comprender la realidad del ambiente entre los trabajadores. El trabajo sindical cotidiano es muy duro, sobre todo en estos momentos de ofensiva rabiosa por parte de los empresarios y el gobierno contra los derechos de los trabajadores y cuando hay seis millones de parados. En el día a día los trabajadores intentamos resistir esta presión trabajando y en muchos casos tratando de pasar desapercibidos. Pero esta realidad debemos evitar que se convierta, para los sindicalistas, en el “árbol que no nos deja ver el bosque”. Esa es otra gran lección de esta huelga. Esa aparente “apatía” en el día a día, en la inmensa mayoría de los casos se debe a que los trabajadores saben o intuyen claramente que el ataque contra sus derechos es general, que traspasa las fronteras de su empresa y que solo se podrá parar de forma colectiva y contundente.
Cuando hay una propuesta de lucha firme, clara, con objetivos por los que merece la pena luchar, los trabajadores estamos dispuestos a llegar muy lejos. En este sentido nosotros no hemos sido una excepción sino que, como también demuestran los trabajadores de la educación, la sanidad, los de las lavanderías de los hospitales y los del alumbrado de Madrid, que van a ponerse también en huelga indefinida, somos la regla.
EM.— ¿Alguna cuestión más que quisieras destacar?
JRR.— Sí. Para los muchos sindicalistas, muchos de ellos de CCOO y UGT, que estamos luchando por un modelo sindical distinto al que están imponiendo las cúpulas de los sindicatos mayoritarios, y que consideramos, por ejemplo, que las luchas deben tender a unificarse, esta huelga nos ha reafirmado en que tenemos razón y en que la mayoría de los trabajadores coinciden con nosotros.
Si desde las uniones regionales de CCOO y UGT, que son los sindicatos con mayor implantación y por lo tanto los que tienen mayor responsabilidad, se realizara la actividad sindical con el mismo criterio con el que se ha llevado a cabo nuestra lucha, considero que la victoria que hemos alcanzado podría haber sido total e incluso podría haber provocado la caída del ayuntamiento del PP. La huelga llegó a un punto en que, para que esta subiera el nivel necesario para doblegar definitivamente a las empresas y al ayuntamiento, había que enmarcarla en la lucha general contra el PP de Madrid. Había que incorporar a la lucha a todos los trabajadores públicos o que realizan servicios públicos gestionados por empresas privadas; haber puesto en lugar destacado como objetivo a conseguir, además de la defensa del empleo y los salarios, la remunicipalización de los servicios públicos y haber puesto encima de la mesa la convocatoria de una huelga general en Madrid, como mínimo de todos estos trabajadores.
El acuerdo firmado, y este es uno de sus mayores logros, ha supuesto un gran impulso, un gran paso adelante para que los miles de sindicalistas que compartimos estos criterios consigamos imponer el modelo sindical que hoy necesitamos los trabajadores; un sindicalismo combativo, democrático, de clase, revolucionario y anticapitalista.


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