Que las cumbres climáticas son una farsa orquestada por los mismos que destruyen el planeta es algo más que evidente. Pero su 28ª edición, celebrada en la capital de Emiratos Árabes Unidos, ha sido directamente un insulto a la inteligencia de todas y todos los que vemos con auténtico horror la catástrofe medioambiental que nos amenaza.

Hasta tal punto ha sido así, que finalmente han tenido que alcanzar un acuerdo de cara a la galería señalando en el borrador final que se abogará por transitar para “dejar atrás” los combustibles fósiles. Un acuerdo que rápidamente la prensa capitalista se ha lanzado a celebrar como “histórico”, como ya hicieron con el Acuerdo de París, pero que en la práctica es pura propaganda vacía. Los capitalistas y empresarios seguirán presentando las conclusiones de sus cumbres bajo un manto de unidad en su supuesta ambición climática, es decir: unidad para seguir lavándose la cara los unos a los otros y seguir haciendo negocio.

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Las cumbres climáticas son una farsa orquestada por los mismos que destruyen el planeta. Pero la COB28, ha sido directamente un insulto a la inteligencia de todas y todos los que vemos con auténtico horror la catástrofe medioambiental que nos amenaza. 

La otra pata del acuerdo, también calificada como un hito, es la concreción de un fondo para ayudar a los países más afectados por la catástrofe climática, que coinciden con los más pobres, con la ridícula cantidad de 1.000 millones de dólares. Y es que teniendo en cuenta las dimensiones del desastre climático, que ya está teniendo terribles consecuencias en forma de fenómenos climáticos extremos, sequías e inundaciones sin precedentes, o la destrucción de la biodiversidad del planeta, dicha cantidad resulta una broma de mal gusto.

Una broma que contrasta con los cerca de 200.000 millones que EEUU y Europa han invertido en la guerra de Ucrania, o con los beneficios estratosféricos de los grandes monopolios energéticos. Pero es que además, entre estas aportaciones, el Gobierno de Biden, ese paladín del progresismo y el ecologismo según algunos, aportará tan solo 18 millones de dólares. Y encima, como reconoce Greenpeace, aún no se sabe exactamente “de dónde va a salir el dinero”.

Una cumbre secuestrada por las petroleras

La COP28 ha sido pensada y organizada para defender los intereses de las multinacionales petroleras y del lobby de los combustibles fósiles. Para empezar, la reunión ha sido celebrada en Emiratos Árabes Unidos, una de las dictaduras petroleras del golfo Pérsico, el séptimo productor de estos combustibles a nivel mundial y que ya ha empezado a juzgar a 87 activistas climáticos por protestar contra la cumbre, presidida por Sultán Al Jaber.

Ahmed Al Jaber es el ministro de Industria de los EAU y también consejero delegado de ADNOC Drilling (Abu Dhabi National Oil Company), la empresa especializada en extracción de petróleo y gas en el país. En el balance de actividades de la compañía de 2022 se puede leer que consiguieron unos ingresos de 2.670 millones de dólares por la venta de hidrocarburos y unos beneficios netos de 802 millones de dólares, récord en la historia de esta empresa estatal de Emiratos Árabes Unidos. Además, también anunciaron que sus planes de crecimiento pasan por la explotación de hidrocarburos en tierra firme y en el subsuelo submarino.

Este multimillonario, en medio de la propia Cumbre llegó a hacer declaraciones negacionistas, afirmando que “no existe ciencia que respalde que se deban eliminar los combustibles fósiles para evitar el calentamiento global”. Declaraciones que finalmente rectificó ante el escándalo desatado, pero que demuestran que el negacionismo climático no es consecuencia de la locura o la ignorancia, sino de intereses materiales muy concretos y tangibles, seguir haciendo negocios a costa de lo que sea. ¡Así ha sido siempre bajo el capitalismo!

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El negacionismo climático no es consecuencia de la locura o la ignorancia, sino de intereses materiales muy concretos y tangibles, seguir haciendo negocios a costa de lo que sea. ¡Así ha sido siempre bajo el capitalismo! 

Una realidad que explica por qué la cumbre de Dubái también ha batido el récord en la cantidad de lobistas de los combustibles fósiles que han participado: 2.400, un incremento del 400% respecto al año pasado; hay más empresarios vinculados a la industria del carbón, el petróleo y el gas natural que los delegados de los 10 países más afectados por el cambio climático y siete veces más que representantes de las comunidades indígenas.

Y no es de extrañar, ya que hay mucho dinero en juego. Según un estudio del instituto Climate Analytics, las 25 mayores petroleras ganaron entre 1985 y 2018, 30 billones de dólares en beneficios, casi el PIB combinado de China y EEUU. Aquí está la respuesta a por qué se va a seguir permitiendo la captura, utilización y almacenamiento de carbón –el combustible fósil más contaminante del mundo– y se seguirán financiando proyectos de fracking, de arenas de alquitrán y otros procesos muy contaminantes que necesitan de un elevado consumo de agua, conllevan graves riesgos medioambientales y generan una enorme cantidad de residuos tóxicos.

Un planeta en colapso

La pantomima escenificada en Dubái llega en el momento más alarmante respecto al estado de nuestro planeta.

Es una catástrofe inminente que está alterando en su esencia todos los equilibrios del planeta para la vida: el CO₂ expulsado por el sector fósil sigue aumentando (un 1,1% este año), en los últimos 50 años se han extinguido el 56% de las especies, el número de desastres relacionados con el cambio climático se ha triplicado en los últimos 30 años, entre 2006 y 2016 el aumento del nivel del mar a nivel global fue 2,5 veces más rápido que durante casi todo el siglo XX, ya son 20 millones las personas que cada año se ven obligadas a abandonar sus hogares como consecuencia del cambio climático y, no menos importante, 2023 se cerrará como el año más cálido registrado no desde 1850, cuando comenzó la era industrial, sino desde hace dos milenios, e incluso desde el Holoceno hace 11.000 años.

Así lo explica Jesús Iglesias Saugar[1], embajador del Pacto Climático de la UE: “El objetivo deseado de no rebasar los 1,5 grados centígrados de calentamiento global […] está prácticamente muerto hoy. […] No hemos sabido explicar bien la barbaridad que eso significa y peor aun lo que supone. No es un poco más de calorcito en invierno, es la descomunal energía que hemos añadido al sistema para calentar la Tierra entera cerca de grado y medio en apenas 200 años. Actualmente lo hacemos al ritmo de cinco bombas atómicas de Hiroshima por segundo. Y esa energía excesiva se manifiesta en una mayor violencia, en fenómenos meteorológicos devastadores, cada vez más frecuentes e imprevisibles…”.

No hay solución bajo el capitalismo

La COP28 ha vuelto a ser una prueba más (para quien la necesitara) de la imposibilidad de frenar la barbarie ecológica bajo el sistema capitalista y su lógica. No es “la acción del hombre” en abstracto ni siquiera “la economía fósil” quien nos ha conducido a este callejón sin salida: es la producción anárquica capitalista, su carácter completamente irracional y despilfarrador, y el dominio de la economía mundial por un puñado de monopolios, ya sea en la actividad minera, petrolera, gasista o agroalimentaria, que coloca el máximo lucro por encima de todo, incluido de las necesidades humanas y medioambientales.

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El avance tecnológico nos permitiría enfrentar la catástrofe ecológica, pero ese avance tiene que estar al servicio de un sistema diferente, el socialismo, donde podamos planificar y producir de forma racional y armónica con nuestro planeta.

Incluso los planes que se han puesto encima de la mesa, y que tampoco se cumplen, planteando “triplicar la capacidad mundial de energía renovable”, bajo el capitalismo, ese capitalismo verde que desde la socialdemocracia nos intentan vender, conllevan la extracción desaforada de recursos de todo tipo sin ningún tipo de planificación ni racionalidad: minerales como las tierras raras, necesarias para hacer paneles solares, o como el litio, para las baterías de los coches eléctricos. Tal y como explicó Marx, el capitalismo explota la naturaleza como lo hace con el trabajador, rompiendo cualquier tipo de equilibrio, produciendo una “fractura metabólica”, y arruinando la tierra igual que condena a la miseria al trabajador.

Todas las cumbres climáticas fracasan porque no hay ningún tipo de intención de tomar decisiones radicales que vayan a la raíz del problema. El avance tecnológico nos permitiría enfrentar la catástrofe ecológica, pero ese avance tiene que estar al servicio de un sistema diferente, el socialismo, donde podamos planificar, organizar y producir de forma racional, eficiente, teniendo en cuenta los recursos existentes, los medios y nuestra interacción con la naturaleza, y estableciendo una relación armónica con nuestro planeta donde devolvamos a la naturaleza lo que la naturaleza nos da. Pero para ello, solo hay un camino, expropiar la riqueza que atesoran una minoría de monopolios capitalistas, y acabar definitivamente con este sistema criminal.

 

 

[1] Hablemos del colapso

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