Como todas las elecciones burguesas, las elecciones del 6 de octubre son una imagen estática y distorsionada de la lucha de clases. La imagen que proyectan, que es la de un retorno a la estabilidad, oculta un proceso de polarización social iniciado con la recesión de 2008 y que en estas elecciones se tradujo en una dura derrota electoral de la derecha. Los resultados de PSD y CDS son un desastre. Al mismo tiempo, el voto del PS y el aumento del número de diputados del partido de Costa no significan un cheque en blanco para su política.

Con una economía que presenta síntomas obvios de desaceleración, y a falta de una fuerte oposición de izquierdas, los sectores de las capas medias han visto en la estabilización política ofrecida por el PS la posibilidad de consolidar la mejora de sus condiciones materiales o, al menos, de no empeorarlas después de estos años de crecimiento económico. El voto útil de la izquierda volvió a concentrarse en el PS, alimentado por el sentimiento de optar por el mal menor. Pero no hay ilusión ciega alguna, como demuestra, por otra parte, la fuerte abstención, que supera el 45%.

El proceso de polarización social, la resultante radicalización de capas crecientes de la clase trabajadora y de la juventud que se expresan tan claramente en la tremenda ola de huelgas de los últimos años, en el cada vez más fuerte movimiento feminista, en la lucha de la juventud contra el cambio climático y otros fenómenos similares, han tenido una expresión distorsionada en estas elecciones. Y no podía ser de otra manera.

El BE y el PCP, bajo sus actuales direcciones, han seguido una política de conciliación de clases y han actuado como estabilizadores del régimen, en lugar de ser vehículos para expresar la rabia que los trabajadores y los jóvenes alimentan, cada vez más conscientemente, contra el capitalismo en todas sus manifestaciones — la crisis de vivienda, la precariedad, los salarios de miseria y el acoso laboral, la violencia machista y racista, la brutalidad policial, la inminente catástrofe medioambiental.

Estas elecciones se caracterizaron por cuatro años de conciliación de clases y por el tremendo esfuerzo de estabilización del régimen democrático burgués. Las burocracias del BE y del PCP dieron apoyo parlamentario al PS incluso cuando muchas de sus medidas se dirigían contra los intereses y la organización de la clase trabajadora y contra los derechos democráticos. Pero la débil economía portuguesa, que ha crecido basada en el turismo y en la más obscena especulación inmobiliaria, se va a ver afectada por una nueva crisis capitalista que creará las condiciones para una nueva y extremadamente dura etapa de la lucha de clases.

La derrota histórica de la derecha

El primer aspecto que hay que señalar en los resultados electorales es que la izquierda parlamentaria aumentó su representación en la Asamblea de la República, pasando de 122 a 138 escaños. Y si contamos como izquierda a los diputados del PAN que, a pesar de su programa, tuvo un crecimiento basado en el combativo y joven movimiento ecologista, la relación entre la izquierda y la derecha en el parlamento es de 142 a 84, incluyendo en estos últimos a Iniciativa Liberal y a Chega(*). En número de votos, la diferencia llegó a más de un millón a favor de la izquierda. ¡Es una derrota estruendosa para la derecha!

El PSD y el CDS-PP perdieron 356.920 votos en estas legislativas, respecto a 2015, cuando se presentaron en coalición. El CDS se despeñó patéticamente, con 216.448 votos, el 4,25%. Assunção Cretas, la reaccionaria que dio nombre a la Ley de liberalización del mercado inmobiliario y que se postulaba como primera ministra hace pocos meses, renunció incluso antes de la elección del primer diputado de su partido. El PSD, si ha sido capaz de evitar un resultado catastrófico, puede agradecérselo a la dirección del PS, que le ha proporcionado todo tipo de escándalos, desde casos de corrupción y nepotismo hasta el episodio en el que Antonio Costa se exaltó con un anciano en plena calle, y pasando por el "caso Tancos", la investigación que implicó a Azeredo Lopes, ex ministro de Defensa Nacional, como sospechoso de implicación en un robo de material militar -es decir, de tráfico de armas-. Pero nada de esto fue suficiente para detener la derrota de la derecha. Después de encuestas que llegaron a situarlo por debajo del 25%, el PSD obtuvo 1.420.553 votos, es decir, el 27,90%.

Estos resultados se explican esencialmente por tres factores. En primer lugar, porque en todas las cuestiones de fondo, en todo lo que realmente importa a la clase dominante, la derecha no tiene alternativa al programa del PS. El Gobierno de Costa defendió los beneficios del gran capital con el mismo celo que caracterizó al Gobierno de Passos Coelho. Además, Costa consiguió una relativa paz social con el apoyo de la izquierda, y con este apoyo fue también capaz de aplastar huelgas cada vez que esa paz se vio perturbada. En resumen, en el contexto del crecimiento económico de los últimos años, el gobierno del PS ha sido, sin duda, mucho más útil para la burguesía de lo que habría sido un gobierno de la derecha.

En segundo lugar, porque la pequeña burguesía salió en 2015 de un período de quiebras masivas bajo un Gobierno PSD-CDS para vivir cuatro años de mejora económica bajo un Gobierno PS, y esto sólo podía traducirse en un refuerzo del PS entre las capas medias.

Por último, y una vez más, porque amplias capas de la clase trabajadora y grandes sectores de la juventud están girando profundamente a la izquierda. En más de 70 de los 308 municipios de Portugal, y en particular en municipios más jóvenes y con mayor composición de clase trabajadora, el PSD tuvo menos del 20% — por ejemplo: Amadora (18%); Loures (18%); Covilhã (17,8%), Marina Grande (16,6%), Setúbal (15,9%), Almada (15,8%), Barreiro (10,2%). Cuando no se abstuvieron, los trabajadores y los jóvenes votaron masivamente a la izquierda, contra la derecha y la extrema derecha, contra el machismo, el racismo y la destrucción del medio ambiente.

Ahora, la nueva recesión profundizará fatalmente la polarización social en el seno de la pequeña burguesía, y eso deja a la derecha sólo dos opciones: la extinción o la radicalización. Este proceso de reorganización tuvo sus primeros síntomas parlamentarios en la elección de un diputado de Chega y de un diputado de Iniciativa Liberal. Por eso, cuando al final de la noche André Ventura prometió que Chega será la mayor fuerza política en Portugal dentro de ocho años, sólo los estúpidos se rieron.

Si la izquierda mantiene su política actual, las condiciones para un crecimiento futuro de la extrema derecha se presentan como posible consecuencia de la próxima gran recesión y la descomposición del régimen democrático burgués que causará. La crisis pondrá en el orden del día el bonapartismo más reaccionario, al modo de figuras como Trump, Salvini o Bolsonaro. Las políticas de empobrecimiento y la represión salvaje de la clase trabajadora no serán una opción, sino realmente una necesidad para la burguesía. Aunque el cretino misógino y racista a la cabeza de la extrema derecha acabe siendo cualquier otro, la amenaza de Ventura debe ser tomada con la máxima seriedad por todos los militantes y activistas de la izquierda.

El crecimiento del PS

Revigorizado por los cuatro años de "geringonça", el partido de Costa obtuvo el 36,65% de los votos, lo que, en cifras absolutas, fueron 1.866.407 votos. El crecimiento ha sido de 118.722 desde las últimas legislativas.

Mientras tanto, el BE ha mantenido sus diecinueve diputados a pesar de la pérdida de 58.405 votos, es decir, ¡nada menos que el 10,6% de sus votos de 2015! Se quedó con 492.487, el 9,67% del electorado.

La CDU, duramente castigada por el papel de rompehuelgas que han desempeñado las direcciones del PCP y del sindicato CGTP durante los últimos cuatro años, ha recibido el 6,46%, y ha perdido 5 diputados y 115.202 votos, en una derrota que se suma al que fue su peor resultado de siempre en elecciones municipales en 2017.

Por último, Livre (**) ha entrado por primera vez en el Parlamento, una entrada diametralmente opuesta a la entrada de la Iniciativa Liberal y de Chega.

Por lo tanto, la victoria de la izquierda no fue la misma para todos los partidos. El peso del PS ha aumentado aplastantemente dentro de la izquierda, lo que indica que el BE y la CDU — pero principalmente la CDU — han perdido votantes en favor del partido de Costa.

De hecho, el PCP llega al final de cuatro años de "geringonça" no sólo debilitado electoralmente, sino también orgánicamente, y el BE, aun consolidando sus posiciones parlamentarias, no es capaz, sin embargo, de crecer. Los programas de estos partidos, a pesar de los adornos lingüísticos, han resultado en la práctica equivalentes al programa de Costa. Y esa es la razón por la que el PS tuvo sus mejores resultados precisamente en los municipios donde los salarios están por debajo de la media nacional. Llamada a elegir entre el producto original y las diferentes copias, la clase trabajadora tiende hacia la mayor fuerza política y rechaza las imitaciones.

¡Hay que romper con la conciliación de clases!

La victoria de Costa lo coloca en una posición delicada, no porque no haya alcanzado la mayoría absoluta y todavía necesite al menos una fuerza de la izquierda para aprobar los presupuestos, sino porque tendrá que gobernar en un nuevo ciclo de crisis capitalista que va a superar en todos los aspectos la crisis anterior y que, por tanto, va a obligarle a lanzar una nueva ola de políticas de austeridad.

Costa pretende repetir sus acuerdos con todas las fuerzas políticas. Con la izquierda, acuerdos declarados para mantener la paz social; con la derecha, puntualmente, para salvar a la banca, para mantener las leyes laborales de la Troika y la liberalización del mercado inmobiliario, en suma, para defender los intereses de la burguesía.

Catalina Martins, hablando en nombre de la dirección del BE, ya se dispone, lamentablemente, a repetir la receta de 2015. La CDU, por su parte, adoptó una posición más cautelosa de dar apoyo puntualmente a cada medida y fue apoyada por Livre. Sin embargo, lo fundamental no es rechazar acuerdos escritos, es rechazar la conciliación de clases y la subordinación a las políticas de austeridad y de recortes sociales.

La dirección del PCP puede ahora inflamar su discurso contra el PS, pero si continúa alejando a sus militantes y activistas de los movimientos que no controla — e incluso hostilizando estos movimientos —, si continúa contribuyendo al aplastamiento de huelgas como la de los enfermeros y la de los conductores de materiales peligrosos, si continúa traicionando incontables luchas en centros de trabajo en todo el país — manteniendo el aislamiento de las acciones en lugar de hacerlas avanzar hacia una lucha unificada de toda la clase trabajadora —, su crisis se profundizará. Estará, como ya hemos escrito, trabajando para la liquidación de su propio partido.

Por su parte, la dirección del BE, concentrando su actividad en el parlamento y otras instituciones del Estado burgués y tratando de subordinar los movimientos sociales a su agenda electoral y a la estabilidad del Gobierno y del régimen, seguirá el mismo camino.

Continuar esta política es desarmar a los trabajadores. Y con la nueva crisis, la conciliación de clases será nada menos que criminal.

Una lectura correcta de estas elecciones revela un avance de la clase trabajadora y de la juventud, la enorme fuerza que tenemos. Para realizar todo este potencial lo que nos falta es construir una izquierda combativa, con fuertes raíces en el movimiento obrero, en la juventud y en los movimientos sociales, con un programa verdaderamente socialista y alternativo al programa de conciliación de clases y de sumisión a los capitalistas que sigue el PS. Necesitamos avanzar en un programa de organización y de lucha desde los centros de trabajo y de estudio. La tarea del momento es la de unificar las numerosas huelgas y acciones que tienen lugar en todo el país, y preparar a los trabajadores y a la juventud para los choques de la lucha de clases en el próximo período, levantando un programa para la transformación socialista de la sociedad.

¡Es la hora de organizarse y luchar!

* Chega es un partido portugués de extrema derecha fundado hace apenas cinco meses a raíz de una escisión del PSD.

** Livre es un partido fundado en 2014 a raíz de una escisión por la derecha del Bloco.


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