Se trata de una carnicería en la que las víctimas son mayoritariamente jóvenes y familias trabajadoras que huían desesperadamente de las condiciones de miseria, extrema explotación y desempleo crónico a los que les somete la dictadura alauita, un régimen de terror y opresión para su pueblo.
Por supuesto, este crimen de Estado es el resultado de la acción imperialista de la UE, que somete al continente africano a un saqueo permanente, y de las políticas migratorias reaccionarias, de extrema derecha, que hoy abrazan todos los Gobiernos del viejo continente.
Estos Gobiernos han subcontratado la vigilancia de sus fronteras a regímenes como el de Erdogan en Turquía y el de Mohamed VI en Marruecos. Les financian generosamente con miles de millones de euros para que levanten fronteras militarizadas, para que violen todos los derechos humanos, para que actúen como lacayos gestionando campos de concentración donde se hacinan en condiciones inhumanas cientos de miles de migrantes provenientes de países en guerras y bajo conflictos brutales que el imperialismo occidental ha desencadenado.
No podemos olvidar que la burguesía española es el principal socio comercial del régimen marroquí, con un intercambio bilateral que supera los 22.000 millones.
Empresas como Repsol, Acciona, CAF, el Banco de Santander, las grandes inmobiliarias y constructoras, así hasta más de 350 firmas españolas, tienen grandes inversiones en el país, asegurándose beneficios extraordinarios gracias a salarios miserables y a la completa ausencia de derechos laborales y sindicales.
Estos intereses estratégicos del capitalismo español y las leyes migratorias racistas de la UE, son un eje esencial de las políticas imperialistas y colonialistas españolas. Políticas que el Gobierno de coalición del PSOE y Sumar defienden con vehemencia.
¿Qué vale la vida de los trabajadores y los jóvenes marroquíes que han muerto o deambulan por las calles de Ceuta? Son pobres, son carne de cañón. Su vida no importa.
El Gobierno de Pedro Sánchez, que se presenta internacionalmente como el campeón de la lucha contra Trump, ha mostrado una cara muy poco amable en esta ocasión. Ha declarado abiertamente que la entrada de estos 70.000 migrantes supone una “violación de la integridad territorial de España”, lo que es lo mismo que hablar de una invasión.
En lugar de mostrar su empatía y solidaridad con las personas que han perdido la vida, con sus familias y allegados, y con los miles que buscan un futuro mejor y son capaces de arriesgar todo, este Gobierno ha cedido a todas las presiones de la derecha.
Hacienda gala de un españolismo repugnante, el ministro del interior Marlaska, el de Exteriores y la ministra de Defensa Margarita Robles, han rivalizado en declaraciones a cual más patriotas, más racista y más xenofoba.
Todos ellos han dejado claro que expulsarán a todos y todas las migrantes, y que les importa un bledo los derechos humanos que se pisoteen. Han respaldado la campaña de criminalización contra estos migrantes, dando pábulo a los bulos sobre supuestas violaciones e inseguridad. Han reforzado los efectivos de la guardia civil, de la policía y de militares para patrullar las calles de la ciudad, y detener a cientos de migrantes a los que ha devuelto en “caliente” a la frontera dentro de camiones militares o forzados por la acción policial.
En estos momentos se calcula que más de 7.000 migrantes siguen en las calles de Ceuta, de entre ellos cerca de 2.000 niños no acompañados. Pero el Gobierno “más progresista de la historia” ha sido incapaz de movilizar recursos materiales para dar una asistencia humanitaria eficaz.
Los migrantes duermen en las calles, en barracones o en la playas en condiciones insalubres, y apenas está siendo asistidos con apoyo de comidas o alimentos. Estas necesidades básicas no están siendo resueltas por el Estado español, la cuarta economía más grande de Europa, porque se están utilizando como un arma para forzar su salida nuevamente hacia Marruecos.
Hay una situación desesperada, y en este caldo político la extrema derecha ha intentado agitar su demagogia reaccionaria y lanzar pogromos violentos con la consigna de “cazar a los migrantes”.
Pero como se ha visto en numerosos medios de comunicación y redes sociales, los fascistas han fracasado en su intento de movilizar a una masa suficiente para una cacería masiva, y han sido enfrentados por jóvenes ceutís musulmanes, que han rechazado su lenguaje fascista, racista e islamófobo.
Pero no podemos engañarnos. La acción del Gobierno y su actitud represiva, con el único fin de expulsar a los migrantes lo antes posible, crean las mejores condiciones para que la derecha siga avanzando en su campaña racista promoviendo la división de la clase obrera.
La socialdemocracia ha demostrado en estos acontecimientos críticos su incapacidad para combatir al fascismo y la extrema derecha, y en un ejemplo de cinismo repugnante califica a la dictadura marroquí de socio confiable. Y no es casualidad.
Si se sigue declarando lealtad a la OTAN, si se continúa apoyando y participando de los engranajes de la UE imperialista, si se acepta la legislación racista de las fronteras bloqueadas solo para los pobres, si se mantienen los enclaves coloniales de Ceuta y Melilla, si se abandona al pueblo saharaui y se colabora activamente con la dictadura sangrienta de Mohamed VI, todo lo demás es pura palabrería.
Miles de jóvenes en chancletas, desesperados por tener un futuro digno, dispuestos a dejarse la vida por pasar a nado a Ceuta, no son una “invasión”. Son los oprimidos del mundo, son las víctimas de un sistema capitalista que nos hunde en la barbarie y que hay que derrocar cuanto antes.
Nosotros no nos equivocamos de barricada. Toda nuestra solidaridad con los migrantes marroquíes, con nuestras hermanas y hermanos muertos, con sus familias y amigos. No estáis solos, no estáis solas.
Y todo nuestro desprecio a los fascistas, a Vox y al PP, perros de presa del capital, franquistas, racistas, machistas, y nuestra firme oposición a una socialdemocracia en el Gobierno que a la hora de los hechos demuestra que está del lado de los opresores y de este sistema criminal.



















