Esta semana el Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado que endurecerá las leyes de extranjería y asilo, asumiendo los marcos políticos de extrema derecha del acuerdo inmigratorio aprobado por el parlamento europeo.

Un anuncio que se produce un mes después de que  141 personas migrantes perdieran la vida en las aguas de Ceuta en su intento desesperado de escapar de la pobreza y la dictadura marroquí, y cuando miles más sobreviven en condiciones infrahumanas en playas, polígonos y campamentos improvisados, donde los derechos humanos más básicos brillan por su ausencia.

Hombres, mujeres y niños inocentes no solo han perdido su dignidad, sino que son señalados y criminalizados como un ejército invasor. Y esto no es casualidad. Así se deshumaniza conscientemente a las víctimas para que la  política racista y xenófoba más despreciable se extienda como una mancha de aceite.

El discurso que alienta las agresiones para cazar inmigrantes como estamos viendo estos días, sin que el Gobierno mueva un solo dedo para impedirlo, el que trata a nuestros hermanos y hermanas que huyen de la barbarie como una amenaza  a la que hay que responder con la policía y el ejército…  representa un peligro mortal para toda la clase obrera.

El racismo es una poderosa arma política porque divide nuestras filas, porque introduce la sumisión a los ricos y a los poderosos que son realmente los que nos arrebatan todos los derechos. Ellos quieren que culpemos a los más pobres entre los pobres, y que no dirijamos nuestra rabia contra los auténticos responsables de nuestra miseria. Lo vemos en EEUU, en Francia, en Alemania y también en el Estado español.

El gobierno de Pedro Sánchez ha intentado aparecer con una posición diferente a la de estos canallas de Vox y del PP. Pero los hechos hablan por sí mismos.

En lugar de mostrar su empatía y solidaridad de verdad con las 141 personas que han perdido la vida, con sus familias y allegados, y con los miles que solo quieren un futuro mejor, este Gobierno ha cedido vergonzosamente a las presiones de la derecha, celebrando ruedas de prensa en las que sus ministros anuncian la expulsión de todos los migrantes, y proclamando ahora que endurecerán las leyes de extranjería y asilo.

El Gobierno de Sánchez sabe perfectamente que estás decisiones implicarán empeorar aún más la situación, ya de por sí inaceptable, de las personas migrantes; que fortalecerá a las mafias y harán que las muertes de migrantes se incrementen de manera exponencial.

Con estas medidas se está mandando una señal a todos los que expanden los discursos reaccionarios de odio: tenéis razón, son una amenaza, hay que expulsarlos. Y, como estamos comprobando, alentarán la violencia escuadristas de las bandas fascistas contra los migrantes. En definitiva, es asumir que no hay otra opción que las políticas de la extrema derecha.

Que un Gobierno que se declara de izquierdas sea capaz de hacer esto es una completa vergüenza. Y si piensan que así conseguirán retener votos, están completamente equivocados. Solo darán oxígeno a Vox y al PP y reforzarán su demagogia parda.

Desde Izquierda Revolucionaria lo decimos con claridad. Nuestras hermanas y hermanos migrantes no son las culpables de que no podamos acceder a una vivienda digna, de la destrucción de la sanidad y la educación públicas, de los bajos salarios y de nuestra precariedad, de la degradación de nuestros barrios, o de la violencia machista y de la protección policial y judicial a los agresores y maltratadores.

Nuestros enemigos son otros. Y no llevan chancletas ni flotadores, sino que visten de traje, viajan en yate, se hacen de oro saqueando la riqueza de África y apoyando genocidios y las guerras imperialistas, y lucen muy orgullosos sus pulseritas con la bandera española.

Toda nuestra solidaridad con nuestras hermanas y hermanos migrantes. Y toda nuestra fuerza para luchar contra la extrema derecha racista,  y nuestra firme oposición a una socialdemocracia en el Gobierno que a la hora de los hechos demuestra que está más del lado de los opresores y de este sistema criminal e inhumano, que de las oprimidas y oprimidos independientemente de donde hayamos nacido.

Siempre antifascistas y siembre antirracistas. ¡No pasarán!

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