¡Solo la solidaridad internacional y la lucha de masas frenarán la barbarie nazi-sionista!
El genocidio sionista contra el pueblo palestino continúa sin tregua. Un nuevo informe de la ONU titulado Se ha destruido la esencia de la infancia[1] lo ha vuelto a confirmar, centrándose en describir cómo el ejército israelí ataca a los menores palestinos en su afán por exterminar a la población. “Sobre la base de todas las pruebas reunidas, el informe formula conclusiones jurídicas y determina que las autoridades y las fuerzas de seguridad israelíes atacaron y mataron deliberadamente a niños palestinos y destruyeron su infancia”, señala su responsable.[2]
Según este documento, las propias cifras oficiales reconocen más de 20.000 niñas y niños asesinados —el 30% de las víctimas de la barbarie sionista— y otros 44.000 heridos, muchos de ellos sufriendo amputaciones u operaciones sin anestesia. También señala como una práctica recurrente del ejército israelí los disparos a la cabeza, lo que pone en evidencia una actuación planificada.

Por otro lado, la destrucción del sistema sanitario y educativo, la hambruna, la falta de agua potable y el hacinamiento en tiendas de campaña en los campos de refugiados, así como la falta de servicios e infraestructuras para deshacerse de basura y residuos, provocando epidemias y enfermedades, agravan aún más el exterminio de la infancia palestina, incluyendo a mujeres embarazadas.
Se dan cifras récord en todos los ámbitos: más de 73.000 muertos oficialmente, sin contar los que siguen bajo los escombros, y cerca de 150.000 heridos; más de 1.700 trabajadores sanitarios asesinados y 34 hospitales, 240 centros sanitarios y 142 ambulancias destruidos; 263 periodistas eliminados sin escrúpulos, no solo en Gaza sino también en el Líbano, y otros 130 pendientes de confirmación: la mayor masacre de periodistas de la historia. Más del 25% de las criaturas menores de cinco años y de las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia sufren desnutrición aguda, y 151 niñas y niños han fallecido por desnutrición; el 47% de los medicamentos esenciales, el 59% de los suministros médicos y el 87% de los materiales para pruebas de laboratorio están agotados.[3]
Un auténtico holocausto, como el que perpetraron los nazis, que continúa siendo retrasmitido en vivo y en directo, y que cuenta con la necesaria complicidad de Estados Unidos y los Gobiernos de la UE, de los países árabes y del conjunto de la llamada comunidad internacional.
Tras la tregua farsa impulsada por Trump hace diez meses, la realidad sigue siendo igualmente atroz. Desde entonces más de 1.200 palestinos han sido asesinados en la Franja de Gaza y se calculan otras 5.000 muertes indirectas por heridas, enfermedades o hambre. La entrada de alimentos y medicinas se sigue realizando a cuenta gotas, en una cruel estrategia de lento exterminio mientras sigue sin haber maquinaria para retirar los escombros y poder comenzar así algún tipo de reconstrucción.
Israel, por su parte, que tras la “tregua” ocupó el 53% del territorio gazatí —del que se retiraría supuestamente en las siguientes fases de la misma— ha aumentado dicha cifra por encima del 60% y Netanyahu ha manifestado su intención de ocupar el 70% del territorio, dejando a cerca de dos millones de personas encerradas en un minúsculo campo de concentración. Hoy, cualquier palestino que traspasa la línea de demarcación establecida por los sionistas es asesinado sin miramientos.
De hecho, el ministro de Seguridad Nacional Ben Gvir, el Joseph Goebbels israelí, ha dicho abiertamente que habría que matar cada noche a 30 o 40 gazatíes para culminar el genocidio y garantizar el establecimiento de asentamientos sionistas en Gaza. Un planteamiento que ha tomado con las dos manos Netanyahu, que plantea ahora reactivar los bombardeos si Hamás no impide que se lancen cometas (¡!) desde Gaza. ¡Cualquier excusa sirve para culminar la limpieza étnica! ¡Son nazis y no se molestan siquiera en ocultarlo!
Al mismo tiempo, en Cisjordania continúa la limpieza étnica con constantes ataques y asesinatos por parte de los colonos israelís, que actúan como bandas paramilitares —las SS sionistas— en colaboración con el ejército. Las noticias de ataques, asaltos y desplazamientos son continuas, siendo cerca de 1.200 palestinos los asesinados desde octubre de 2023, la cifra más alta en décadas. Recientemente dispararon a un niño de 14 años que murió desangrado tras 45 minutos agonizando sin que el ejército israelí permitiera que se le asistiera.

Además, el Parlamento israelí ha aprobado, a propuesta de Ben Gvir, una nueva ley que restablece la pena de muerte, por horca, solo para la población palestina, y se están construyendo instalaciones para que se pueda asistir como público a dichos ahorcamientos. Una nueva barbaridad psicopática y fascista que se suma a la que viven los cerca de 10.000 presos palestinos sometidos a torturas y de los que ya 91 han sido asesinados bajo custodia israelí. Un caso mundialmente conocido es el del doctor Hussam Abu Safiya, quien se negó a abandonar a sus pacientes en el hospital Kamal Adwan de Gaza y por lo que permanece encarcelado desde hace 20 meses sin cargos, habiendo sufrido torturas y con su salud muy deteriorada.
La Junta de “Paz” de Trump, al servicio de la limpieza étnica y el genocidio
Y todo esto ocurre bajo el paraguas del imperialismo norteamericano y su mal llamada Junta de “Paz” para Gaza, presidida por Trump y que cuenta también en su cúspide con otro criminal de guerra como Tony Blair. Este organismo solo existe con el objetivo de dar cobertura para que Israel pueda continuar su limpieza étnica. Y lo peor es que esta Junta fue fruto de un acuerdo que terminó siendo avalado por la ONU, por su Consejo de Seguridad, contando para ello con la abstención cómplice de Rusia y de China, y con el apoyo explícito de la UE y de todos los Gobiernos europeos, incluido el de Pedro Sánchez, quien no dudó en acudir a Egipto a fotografiarse y darse la mano con Donald Trump.
Las últimas noticias a este respecto no hacen más que confirmar lo que ya dijimos en ese momento: que esta tregua era una completa farsa, y que no frenaría ni el genocidio ni la limpieza étnica del pueblo palestino.
A pesar de los constantes incumplimientos israelíes, Hamás, en línea con el régimen de Qatar y sus patrocinadores árabes, ha cumplido con todos sus compromisos. El último de ellos, la disolución de su Gobierno en la Franja de Gaza en favor de una supuesta “Comisión Técnica”, es decir, de cipayos serviles del sionismo y del imperialismo norteamericano. Sin embargo, con el Gobierno de Hamás disuelto y derrotado —y sin que dicha Comisión asuma efectivamente ningún poder— lo que se abre paso es el control creciente por parte de bandas criminales promocionadas por Israel.[4] Se trata de garantizar un caos que permita avanzar con la limpieza étnica y el exterminio.
Tras la disolución del Gobierno de Hamás, Israel debía comenzar la retirada de Gaza. Obviamente, no ha sido así. Ahora el sionismo exige un nuevo requisito: la entrega de las armas que aún queden en manos de Hamás, a lo que este se comprometió una vez que se produjera la retirada israelí de Gaza. Además, ahora no solo se exige la entrega de las armas ofensivas —como establecía el acuerdo— sino también las armas cortas defensivas que Hamás tenía derecho a conservar. Es evidente que Israel nunca tuvo ninguna intención de cumplir el acuerdo, y que por supuesto no permitirá el despliegue de una fuerza “pacificadora” encabezada por los países árabes. Su única alternativa es la expulsión de los palestinos de la Franja o su lento exterminio, tal y como ya está ocurriendo.

Todo esto no sería posible sin la colaboración abierta del imperialismo norteamericano (inicialmente con Biden y los demócratas, ¡no lo olvidemos!) y sin la complicidad de la UE, que sigue sin suspender siquiera el tratado comercial preferencial que tiene con Israel. La propia posición del Gobierno de Pedro Sánchez es otro ejemplo de esta vergonzosa inacción. A pesar de la retórica contra el genocidio y de las medidas anunciadas a bombo y plantillo hace casi un año, la realidad es que continúan las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con el ente genocida sionista, y también la represión contra el movimiento de solidaridad con Palestina, como demuestra el reciente procesamiento de los activistas que boicotearon la Vuelta ciclista. Peor aún es lo que vemos en países como Gran Bretaña, con los laboristas, donde se continúa persiguiendo y procesando a cualquiera que se manifieste a favor de la organización Palestine Action, o en Alemania, con el SPD, donde se continúa acosando y criminalizando a las y los activistas propalestinos en un ataque sin precedentes a los derechos democráticos.
Las ultraderecha europea y mundial gana posiciones en todo el mundo y lo hace gracias a la complicidad de la socialdemocracia con sus políticas reaccionarias y racistas, que cercenan cada vez más nuestros derechos democráticos. Gaza y Palestina son el mejor ejemplo al respecto. Cuando las “democracias” occidentales trataron de apaciguar a Hitler, ya sabemos cuáles fueron sus desastrosos resultados. Y lo mismo ocurre ahora respecto a Netanyahu y Trump.
La lucha por la liberación de Palestina es la lucha contra el fascismo y el capitalismo
En este contexto, Israel celebrará nuevas elecciones este mes de octubre. Aunque las encuestas dan una cierta ventaja a la oposición, el problema de Netanyahu no es la pérdida de votos hacia su “izquierda”, sino en favor de la ultraderecha sionista nazi que más ardientemente defiende e implementa el genocidio contra el pueblo palestino. Según dichas encuestas, Poder Judío —el partido de Ben Gvir— podría pasar de 6 a 10 escaños, e incluso aspirar a 15. Detrás de todo esto está el nefasto papel jugado por la llamada oposición “democrática” a Netanyahu y su Gobierno.
Esta oposición laica ha justificado en todo momento la limpieza étnica y el holocausto en Gaza, así como la brutal intervención contra el Líbano. Fruto de ello, entre la población judío-israelí cerca del 80% se declaraba poco o nada preocupada por las informaciones de hambruna y sufrimiento en la Franja de Gaza.
Dicha oposición se ha entregado completamente a los delirios supremacistas de Netanyahu o Ben Gvir y sus consecuencias se harán sentir en la sociedad israelí, pudiendo avanzarse más aún hacia un Estado autoritario y teocrático con crecientes rasgos fascistas. La sociedad israelí se aproxima cada vez más a la realidad de la Alemania nazi tras la llegada de Hitler al poder en 1933, siendo el espejo de la ultraderecha neofascista mundial.
Este es un posible futuro, si no hay un giro en la situación, poniéndose en evidencia que sí se puede volver al negro pasado del fascismo y del nazismo. Estas son las graves consecuencias cuando en vez de combatir al fascismo se practican y defienden, con mayor o menor intensidad, sus políticas reaccionarias y racistas.
La terrible realidad que vive el pueblo palestino requiere de un análisis sobrio, serio y del que se saquen conclusiones que permitan avanzar. Como hemos venido explicando, y como se está viendo en los hechos, el único aliado real del pueblo palestino han sido los movimientos de solidaridad de masas que se han desatado a lo largo y ancho de todo el planeta. La propia tregua farsa de Trump fue gestada a consecuencia de ello, ante el temor tanto del Gobierno Trump como de los gobiernos europeos y árabes de que las crecientes movilizaciones de solidaridad, a través de huelgas y de la acción directa de la clase obrera y de la juventud, pudieran dar un decisivo salto hacia adelante. Los paros realizados por los estibadores, las huelgas estudiantiles, incluida las dos huelgas masivas del Sindicato de Estudiantes en el Estado español, las diversas flotillas que han intentado romper el cerco a Gaza y centenares de acciones directas cotidianas contra intereses sionistas y norteamericanos, y contra los cómplices del genocidio marcan el camino a seguir.

A pesar de los intentos de aplacar este masivo movimiento, la lucha no ha cesado. Y el próximo 10 de octubre habrá una nueva jornada internacional de solidaridad con Palestina. Pero además, y esto es muy importante, el genocidio sionista, la complicidad de EEUU y la UE, la pasividad de la comunidad y las instituciones burguesas internacionales, han tenido un impacto brutal en la conciencia de la clase obrera y la juventud, destapando la realidad de barbarie que se esconde tras la propaganda capitalista y deslegitimando aún más este sistema.
Los actuales acontecimientos muestran también el completo fracaso de la estrategia política de Hamás, subordinada en todo momento al dictado de las burguesías y Gobiernos árabes. Obviamente, como siempre hemos señalado, el pueblo palestino tiene derecho a la autodefensa armada frente a la maquinaria colonialista sionista, pero el problema es ¿al servicio de qué programa político se plantea dicha lucha? Como ya ocurrió en el pasado con la OLP, subordinar la lucha del pueblo palestino al apoyo de las oligarquías árabes o a supuestos aliados como China, Rusia o Irán —que excluyó de su acuerdo con EEUU cualquier mención a Gaza— termina convirtiéndose en un callejón sin salida.
Para enfrentar el genocidio sionista, necesitamos levantar el programa del socialismo revolucionario y del internacionalismo proletario, vinculando la lucha por la liberación del pueblo palestino con la lucha contra el capitalismo. Un programa que denuncie y combata a los gobiernos y los capitalistas árabes, actores necesarios en esta masacre, y que llame al levantamiento de sus pueblos contra sus opresores y en solidaridad con el pueblo palestino. Un programa que se base en la solidaridad de clase forzando a los gobiernos occidentales a romper cualquier relación con el Estado de Israel. Un programa que llame a acabar con el Estado sionista y a conformar un Estado socialista palestino en el marco de una Federación Socialista de Oriente Medio.
Notas:
[1] “The essence of childhood has been destroyed”: Israel’s deliberate targeting of Palestinian children in the Occupied Palestinian Territory since 7 October 2023
[2] Una comisión de investigación de la ONU concluye que Israel comete genocidio.




















