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No es ningún secreto que el sistema capitalista nos condena a la barbarie. La rebelión social que estamos protagonizando por una vivienda pública, digna y universal lo pone en evidencia. Son los caseros rentistas, los fondos buitres, los bancos los que nos roban a mano armada y nos impiden tener una vida digna. Pero esto no es casualidad.
El capitalismo, y los políticos y partidos que aceptan su lógica, son el adversario. Si nos condenan a cobrar salarios miserables y a la precariedad crónica, mientras destruyen la sanidad, la educación y los servicios públicos, es precisamente porque organizan la sociedad para que una minoría acumule una riqueza obscena, a costa de la miseria para la gran mayoría.
Y este sistema no se puede reformar, no hay, ni habrá un capitalismo de rostro humano. Tan solo hay que contemplar el brutal genocidio contra el pueblo palestino y el reguero de guerras imperialistas que destruyen naciones enteras y matan a cientos de miles de inocentes. Estas atrocidades no son el fruto de la locura, sino de la lucha despiadada del imperialismo norteamericano, del sionismo y sus aliados europeos por mantener la supremacía mundial.
Y es en este contexto de crisis global en el que la extrema derecha y el neofascismo avanza, extendiendo su demagogia racista, machista y españolista. Un avance que también responde al fracaso de la socialdemocracia en el Gobierno, incapaz de enfrentar a los grandes poderes económicos, de depurar de franquistas el aparato judicial, policial y militar, de impedir la deshumanización y criminalización de nuestras hermanas y hermanos inmigrantes, como estamos viendo en Ceuta, han dado la espalda a las aspiraciones y necesidades urgentes de la clase trabajadora.
Pero frente a esta realidad hay otra muy diferente, y esta la marca nuestra clase cuando se pone en marcha, en las movilizaciones masivas en defensa de la enseñanza pública, en la enorme huelga de Airbus, en las manifestaciones multitudinarias contra la maquinaria asesina del sionismo y, por supuesto, en el gran levantamiento social por el derecho a la vivienda.
Esta situación nos interpela a todos y todas, a las que no nos resignamos ni confiamos en una democracia tutelada por los capitalistas, por una plutocracia que apoya abiertamente la agenda totalitaria de Trump, de Milei, de Ayuso y Abascal. Es el momento de decir basta, y dar un paso adelante.
Hay que tomar partido, y por eso te invitamos a que te organices en Izquierda Revolucionaria, que construyamos juntas un partido para la revolución socialista que organice toda la potencia transformadora de la clase obrera y de la juventud para derrotar a un enemigo poderoso.
Porque hay cambiar esta sociedad de raíz y mandarla al basurero de la Historia.
¡Únete a Izquierda Revolucionaria!
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