Esta semana ha dado comienzo la EBAU. Tras un curso escolar desastroso donde el ministerio de Educación y las Consejerías educativas han dejado tirados a millones de estudiantes, en el que la mayoría hemos cursado el año de forma semipresencial, 200.000 de nosotros y nosotras nos tenemos que enfrentar a estas pruebas injustas y arbitrarias para conseguir una plaza en la universidad pública.

La EBAU es una medida clasista que perpetúa una universidad para la élite

El año pasado vivimos una situación surrealista. A pesar de la grave situación sanitaria, en plena desescalada, con la sanidad pública colapsada, y contra las recomendaciones de los expertos, las administraciones educativas defendieron a ultranza celebrar la selectividad con unos protocolos ridículos (abrir las ventanas y llevar mascarilla). Esto sucedía cuando la incidencia era de ocho casos por cada 100.000 habitantes en las dos semanas anteriores. Este año, los primeros exámenes han empezado con una incidencia de 122 por cada 100.000. Nuestra salud y nuestra educación daban igual entonces, y dan igual hoy.

Ante una crítica creciente hacia la gestión del ministerio de Educación y nuestra petición de suspender la EBAU2020, Isabel Celáa prometió que las pruebas serían más “flexibles”. Esto no significó la creación de las plazas necesarias ni la supresión de las notas de corte o las tasas universitarias, por supuesto que no. Como ya denunciamos entonces desde el Sindicato de Estudiantes, esa “flexibilidad” ha provocado un aumento demencial de las notas de corte para este año (han aumentado en el 70% de las titulaciones). Por ejemplo, en la Universidad Complutense de Madrid piden un 13,6 sobre 14 para estudiar ingeniería informática, un 13,4 para medicina, 11’9 para enfermería, 11’7 para ADE o 11’03 para derecho. Unas notas imposibles de conseguir para la mayoría de estudiantes que hemos cursado este año en la pública, sin medios ni condiciones, muchos de nosotros golpeados por el aumento dramático de las enfermedades mentales.

A esta situación se suma el propio precio de los exámenes, la primera barrera que tenemos que poder superar. El precio medio (contando la matrícula ordinaria y la de las materias optativas) ronda los 185 euros en Aragón, 183 en Castilla y León, 143 en Catalunya o 139 euros en Madrid. Y todo esto, tras un año donde la crisis económica ha golpeado de lleno a las familias trabajadoras.

Hoy nos enfrentamos a la EBAU pero las trabas no terminan con si aprobamos estos exámenes o si conseguimos llegar a la notas de corte. Después nos enfrentamos a unas tasas universitarias desorbitadas, la falta de becas o, para colmo de los colmos, a la nueva ley universitaria del ministro Castells –a quien vamos a bautizar como el ministro de la privatización–.

Como hemos señalado en muchas ocasiones desde el Sindicato de Estudiantes, la EBAU es una criba injusta y arbitraria que supone la expulsión de miles de estudiantes de familias obreras de la Universidad. Se nos trata de convencer permanentemente de que estos exámenes son necesarios, inaplazables y casi sagrados. Pero no es cierto. Su única razón de ser es la de ocultar la falta de plazas y de inversión en la Universidad pública. Si hubiera plazas para todos y todas, no habría motivo para hacer ninguna selección, ni para que hubiera notas de corte.

Sin embargo, ante la privatización y la falta de inversión en la universidad, la EBAU se ha convertido en los verdaderos juegos del hambre. Nos venden que es una medida que nos “equipara” a todos y todas y que fomenta la “igualdad de oportunidades” independientemente de nuestro nivel económico o del centro donde estudiamos. Qué gran mentira.

Esta competición no tiene nada que ver con lo académico. Es una criba clasista, que castiga a los estudiantes de familias trabajadoras y beneficia a aquellos con más recursos económicos. ¿Quién lo tiene más fácil en la EBAU? ¿Los de la privada que se pueden permitir academias privadas, clases particulares o viajes al extranjero para estudiar inglés o los estudiantes de la pública que vivimos en casas pequeñas, sin buena conexión a internet y que estamos en centros sin recursos? La respuesta es clara, que no nos tomen por tontos.

Ni EBAU ni notas de corte. ¡Por una universidad 100% pública y gratuita!

Isabel Celáa, que está igual que desaparecida que el ministro Castells, ha salido para defender la selectividad y nos ha hablado de “fomentar la equidad” entre los distintos exámenes de cada CCAA. Pero lo que necesitamos no es ni una selectividad única, ni flexibilidad en estas pruebas.

Lo que exigimos es que se elimine de una vez por todas la EBAU y que se defienda de verdad la universidad pública. Terminar con la desigualdad de clase en la educación o con el abandono escolar pasa por rescatar la educación y universidad pública, eliminar la selectividad y suprimir las notas de corte, crear decenas de miles de plazas en la universidad pública, garantizar su gratuidad para que todas y todos podamos acceder a los estudios superiores y dejar de hacer de nuestra educación un negocio.

No a la EBAU, sí al derecho a una educación digna para los hijos e hijas de los trabajadores.

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