Los trabajadores y trabajadoras de Correos, la mayor empresa pública del país, estamos en lucha. Convocadas por CGT, hemos realizado ya cinco jornadas de huelga con un seguimiento importante, especialmente en las grandes ciudades, a pesar del boicot de las cúpulas de CCOO, UGT, CSIF y Sindicato Libre.

Peleamos por eliminar la precariedad, conseguir la actualización de un convenio caducado desde 2013 e impedir el desmantelamiento que sufre la empresa desde su conversión en sociedad anónima estatal en 2001 y que está provocando un absoluto deterioro del servicio público postal.

A pesar de su titularidad pública y de ser el operador encargado de la prestación del Servicio Postal Universal (el derecho que tenemos todos a recibir correo en nuestros domicilios), Correos está gestionada como cualquier empresa privada, primando la obtención del máximo beneficio por encima de la calidad del servicio y de las condiciones laborales y salariales de su plantilla.

La entrega de la paquetería proveniente del comercio online es absolutamente prioritaria frente al resto de productos postales. La creación de la filial privada Correos Exprés tiene como objetivo que la empresa matriz, Correos, sea asimilada por esta filial para convertirse en una empresa de paquetería más que base sus beneficios en acabar con los derechos y condiciones laborales existentes, como el resto de empresas de la logística.

Por otro lado, nuestro poder adquisitivo ha caído en los últimos cinco años entre un 20% y un 25% y la precariedad se extiende sin freno, mientras el presidente disfruta de un sueldo de 200.000 euros al año y los 1.700 altos cargos se llevan 90 millones.

Resulta un escándalo que este expolio de una empresa pública, acompañado del más absoluto desprecio hacia los trabajadores, suceda con el consentimiento del Gobierno PSOE-UP y las cúpulas sindicales de CCOO y UGT (80% de la representación sindical), quienes han avalado todos los ataques. La única “actividad sindical” en la que se vuelcan con dedicación es en gestionar la formación para los exámenes de ingreso a la empresa, como si fueran academias privadas, lo que les suministra pingües beneficios y afiliados.

Correos quiere competir en el mercado recortando derechos laborales, empeorando las condiciones laborales y, en paralelo, ir reduciendo el número de funcionarios. En este proceso intentará imponernos convenios plagados de retrocesos y fusionar la empresa matriz con Correos Exprés.

Para frenar estos planes, la lucha es el único camino. Pero estos meses de movilización han vuelto a demostrar que no basta con poner el día de la huelga. Hay que prepararla y convocarla a conciencia, ir a los centros de trabajo, organizar reuniones y asambleas, repartir propaganda y mediante esta acción sindical dar confianza a los trabajadores en nuestras propias fuerzas. Esta es la forma de fortalecer el sindicalismo combativo y derrotar la estrategia de la empresa.


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