Esta mañana, varios cientos de trabajadores de Navantia-Ferrol y sus compañías auxiliares realizamos una asamblea-paro, convocada por el comité de empresa de la factoría, en solidaridad con Manuel Balber y Jesús Galván de la Coordinadora de Trabajadores del Metal. Estos compañeros cumplen hoy diez días encerrados en una grúa para exigir su derecho a un trabajo digno y en su tierra, y el fin de las represalias por atreverse a practicar un sindicalismo de clase y combativo.

En la asamblea, en la que intervinieron Carlos Díaz, presidente del comité, y Xaquín Gª Sinde, delegado de CGT y militante de Izquierda Revolucionaria, se dio apoyo a las justas reivindicaciones de los compañeros, se recordó que también en Ferrol se vivieron casos de listas negras (Tecnymo, Nervión…) y se instó a la dirección de la empresa y al Gobierno a darle una salida justa a la situación, para que ambos puedan trabajar en la bahía de Cádiz.
Sin embargo, la actitud de Navantia, con la vergonzosa complicidad del Comité Intercentros, va en sentido contrario. A las trabas iniciales para proporcionarles agua y comida, a la incomunicación y aislamiento a los que están siendo sometidos, se sumaron ayer la tardanza en atender médicamente una indisposición de Manuel o el cierre hoy por la mañana del aparcamiento exterior de la factoría, ante la convocatoria en él por parte de la CTM de una concentración de apoyo para las tres de esta tarde.

El único objetivo de todo esto es tratar de quebrarles la moral. No lo están consiguiendo. Y además refleja que la solidaridad de clase que no ha parado de crecer durante estos días está haciendo mella en Navantia. Si se creen que con más represión nos van a silenciar, se equivocan.
Desgraciadamente, las represalias laborales que sufren Manuel y Jesús desde hace tantos años es el pan nuestro de cada día de muchos trabajadores combativos. Si lo es en una empresa pública gestionada por un Gobierno progresista, ¿qué no va a suceder en las empresas privadas?
Frente a esto, a los trabajadores y trabajadoras solo nos queda elevar nuestra conciencia y nuestra organización: debemos pensar y actuar como clase. Y el primer deber de un trabajador o trabajadora con conciencia de clase es la solidaridad.
A pesar de la empresa y de sus cómplices sindicales, ¡esta lucha la vamos a ganar!
¡Una sola clase, una sola lucha!




















