Las políticas de austeridad y el capitalismo responsables de la tragedia

Desde el pasado miércoles 14 de julio, las lluvias extremas han provocado inundaciones catastróficas sin precedentes, especialmente al oeste de Alemania, con casi 200 muertos y más de 1.000 desaparecidos. Un fenómeno de bajas presiones llamado "Bernd" provocó precipitaciones por encima de los 148 litros por metro cuadrado, especialmente el viernes y el sábado; una cifra sin precedentes que ha sorprendido incluso a bomberos y trabajadores de emergencias con experiencia. Nos encontramos ante la tercera "inundación del siglo" en tan sólo 20 años, por encima  de las últimas grandes inundaciones en 2003 y 2013.     

Los valles del Rin y del Mosa se vieron especialmente afectados por el rápido crecimiento de de los ríos, generando daños enormes en carreteras, socavando viviendas, produciendo derrumbamientos y corrimientos de tierra, e incluso, como en el caso de Erfstadt-Blessems , arrasando pueblos enteros. La red eléctrica, las comunicaciones móviles y el suministro de agua han quedado cortados y dañados en un área inmensa. Además, existe el riesgo de daños graves y roturas en presas y embalses como Wassenberg o Steinbachtalsperre.

Este completo desastre, cuyas consecuencias solo podrán ser evaluadas plenamente a medida que pasen las semanas, no es simplemente fruto de unas circunstancias climatológicas desafortunadas o de "problemas de comunicación”. Es el resultado de una política que pone por encima los beneficios de las empresas capitalistas sin importar el cambio climático y la degradación medioambiental, al tiempo que gobiernos, estatales o municipales, impulsan medidas de austeridad que han mermado los servicios públicos y, entre ellos, los servicios de emergencias. Basta poner un solo ejemplo: la compañía de energía RWE, logró el año pasado pagar un total de 575 millones en dividendos a sus socios gracias a sus operaciones en el pozo de grava cerca de Blessem, en las inmediaciones de la zona residencial. Si esta operación tan lucrativa no se hubiera llevado a cabo, muy probablemente se habría evitado el corrimiento de tierra tan brutal que ha tenido lugar y que ha destruido una parte entera del pueblo.

Decenas de muertos fruto de los fallos en los sistemas de alerta

El periódico "The Times" informaba que el 10 de julio de que el sistema de alerta temprana de inundaciones europeo (EFAS) advertía de un riesgo "extremo"  ante las mayores inundaciones en 20 años[1]. A pesar de esto, el Ministerio del Interior de Renania del Norte-Westfalia sólo emitió una avisó oficial del peligro el 12 de julio, información que no llegó a los vecinos de las zonas afectadas. No existió ningún tipo de advertencia pública sobre el peligro que se avecinaba. Hasta la tarde del 13 de julio no se emitió una pre-alerta en el cuerpo voluntario de bomberos, y los servicios de protección civil solo fueron advertidos el mismo día 14 de julio. Los trabajadores de los servicios de rescate fueron abandonados a su suerte, sin que se llegaran a plantear medidas preventivas de evacuación. Era más importante mantener la normalidad económica en una de las regiones más industrializadas, como es la zona del Rin, que intentar salvar el máximo de vidas.

Además, desde hace mucho tiempo, y así lo admitieron los portavoces del Gobierno Federal en una rueda de prensa el 19 de julio, los sistemas de alerta temprana no funcionan adecuadamente. Ya el año pasado se supo que el “simulacro” para probar los sistemas de alerta temprana el pasado 10 de septiembre de 2020 "no funcionó", tal y como señaló el portavoz del Ministerio del Interior Sascha Lawrenz. Sin embargo –y a pesar de que esta situación es conocida desde hace casi un año- ¡ni siquiera se pudo facilitar información sobre cuántas sirenas de advertencia funcionan en Alemania o cuándo volverán a funcionar los sistemas de alerta que no lo hacen! Todo lo que señaló fue que “según sus investigaciones, las sirenas funcionaron en algunas comunidades”. Resulta lamentable que individuos como el ministro del Interior, Horst Seehofer, califiquen las críticas por la falta de medidas de advertencia y control  como una "campaña de retorica  barata"[2].  

El fracaso de las medidas de advertencia y control de desastres, que han supuesto la perdida de decenas de vidas a pesar de que las previsiones estaban disponibles hasta con nueve días de antelación, tiene responsables con nombres y apellidos. A pesar de todo se intentan dar explicaciones peregrinas como que no había suficientes personas que se hubieran descargado NINA, la aplicación de alerta de desastres, o se intenta desviar la atención de esta tragedia hablando de los saqueadores o de cómo se interrumpen los trabajos de limpieza y rehabilitación por culpa de los curiosos.[3] 

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El fracaso de las medidas de advertencia y control de desastres, que han supuesto la perdida de decenas de vidas a pesar de que las previsiones estaban disponibles, tiene responsables con nombres y apellidos.

Las políticas de austeridad impidieron hacer frente a la catástrofe

De lo que no se informa es que en varios de los Estados afectados, como Renania-Palatinado o Renania del Norte-Westfalia, las brutales políticas de austeridad implementadas durante años han obligado a los municipios y regiones a reducir drásticamente el gasto público en los sistemas de extinción de incendios y de protección frente a desastres naturales. Ya en 2008, la necesidades de inversión en el sector público (en educación, infraestructura, seguridad...) de los municipios alemanes ascendían hasta los 700 mil millones de euros. Desde entonces, y tras la inclusión en la Constitución en 2009 de la regla de “déficit cero”, se ha obligado a los municipios y regiones a mantener un “presupuesto equilibrado”, es decir, limitar al máximo la inversión pública. Al mismo tiempo, las ganancias y dividendos empresariales no han dejado de crecer mediante la privatización de una gran parte de la antigua infraestructura pública a precios de saldo. 

La precarización de los servicios públicos se ha generalizado con el recurso a la figura del “voluntario alemán", tanto en el servicio de Protección Civil como en el de bomberos, que asumen una gran parte de la carga de trabajo, al tiempo que se imponen recortes para ahorrar en el cuerpo profesional de bomberos, en su equipamiento, y en la formación del personal. El Sindicato de Bomberos de Alemania ha estado advirtiendo durante años sobre las consecuencias de estas políticas de austeridad, especialmente en Renania del Norte-Westfalia y Alemania Oriental.[4]

En la capital del estado de Renania del Norte-Westfalia, Düsseldorf, se han eliminado hasta 200 puestos en el cuerpo profesional de bomberos con el plan “Administración 2020” en los últimos años. La consultora privada Moonroc fue contratada por una gran cantidad de dinero para determinar el potencial de ahorro en el departamento de bomberos. El resultado ha sido el despido de los entrenadores y formadores, una rebaja de los sueldos y un ahorro en el equipo hasta el punto de que los bomberos ya no tienen su propia ropa individual de trabajo, compartiéndola con el resto de sus compañeros.[5]

Los capitalistas son los responsables del cambio climático y de sus consecuencias

Las cifras son claras. Mientras que durante los veranos entre 1951 y 1960 el número de días al año con "inundaciones" se situaban en torno a los 20, en los veranos entre los años 2001 y 2010 se doblaron hasta las 50.                 

Sin embargo, el cambio climático no es consecuencia de unos hábitos de consumo “poco éticos”, como nos intentan vender. Solo cuatro grandes monopolios capitalistas como DAX RWE, HeidelbergCement, Lufthansa y Thyssen-Krupp son responsables de más de 260 millones de toneladas de emisiones de CO2.[6] Empresas de automóviles como Volkswagen y BMW obtienen ingentes cantidades de beneficios a costa de explotar a sus empleados y de obtener importantes ayudas gubernamentales, pero lo hacen independientemente de las necesidades sociales reales existentes o de las necesidades de protección del medio ambiente. En las regiones de Lusacia o Hambach[7], la policía se presenta a sí misma como el servicio de seguridad privada de multinacionales de la energía como RWE, que, a pesar de existir alternativas más ecológicas, continúan operando a través del carbón, presionando para expandir aún más las minas de lignito existentes en ambas regiones.

Nada de esto es culpa ni de los trabajadores de estas multinacionales, ni de aquellos que tienen contratada la electricidad con RWE o que vuelan con Lufthansa. Es una consecuencia de cómo funciona el sistema capitalista. Bajo el capitalismo, una ínfima minoría controla los medios de producción de la sociedad y los usa de acuerdo con sus intereses privados, buscando obtener las máximas ganancias posibles al margen de las consecuencias medio ambientales o de cualquier otro tipo. Mientras este puñado de monopolios capitalistas controle la economía, no podrá haber una verdadera transformación ecológica.

Aquellos que defienden el sistema, ¡ahora lloran lágrimas de cocodrilo!

Es completamente comprensible el malestar existente contra el candidato a canciller de la CDU y primer ministro del estado de NRW, Armin Laschet, que fue fotografiado riéndose ostentosamente en una rueda de prensa. Sin embargo, los montajes que hemos vivido tanto con Merkel como con el vicecanciller y candidato del SPD Scholz, visitando a los afectados y mirando los destrozos generados por las riadas de barro junto al primer ministro de Renania-Palatinado, Malu Dreyer, son un auténtico paripé.

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Los montajes tanto con Merkel como con el vicecanciller y candidato del SPD Scholz, visitando a los afectados y mirando los destrozos generados por las riadas de barro son un auténtico paripé.

Todos ellos han sido responsables de las políticas de austeridad implementadas durante años. Armin Lachet, como primer ministro de Renania del Norte-Westfalia, apoyó sin fisuras todas las medidas de austeridad; Olaf Scholz, como alcalde de Hamburgo, hizo lucrativos negocios con las empresas privatizadas de energía y agua y estuvo involucrado en importantes escándalos financieros; y Merkel garantizó que los directivos de la VW salieran ilesos del escándalo de las emisiones.

Ahora han anunciado ayudas para los afectados por este desastre por 400 millones de euros, ¿pero qué es esto en comparación con las ayudas, garantías y préstamos por más de un billón de euros aprobados el año pasado en favor de la banca y los grandes monopolios capitalistas? ¿Qué valor tiene esto, cuando tantas muertes y tanta destrucción se podrían haber evitado? 

Por otro lado, la candidata a canciller de los Verdes, Annalena Baerbock , ha planteado la necesidad de combatir el cambio climático pero buscando el apoyo a su programa "Protección climática”, que busca implementar un capitalismo verde. Las medidas que plantea, como los impuestos al CO2, suponen culpabilizar  y castigar a las familias trabajadores que no tienen capacidad para cambiar de coche o para comprar un coche eléctrico. Pero además, combatir el cambio climático es imposible sin tocar la propiedad capitalista de los grandes monopolios, como la experiencia está demostrando.  ¡Nosotros somos las víctimas, y ellos los culpables!

En este contexto es necesario levantar una alternativa revolucionaria y anticapitalista, que además contaría con un amplio apoyo al ser cada vez más evidente la situación a catastrófica que enfrentamos. Die Linke tendría una gran oportunidad apareciendo como esa alternativa, y señalando con contundencia a los responsables de esta situación, los capitalistas y los políticos a su servicio.

El problema es el capitalismo. ¡Solo la lucha de la clase trabajadora puede poner fin a la miseria, la escasez de suministros y la destrucción del medio ambiente!

Cada vez es más evidente para más personas la crisis que padece el sistema capitalista, que ni siquiera puede garantizar la protección más básica y que enfrenta nuevas crisis de manera permanente. ¿Qué va a ocurrir con las personas que han perdido sus hogares y sus pertenencias? ¿Qué pasará con todos aquellos empleados que no puedan ir a trabajar durante las próximas semanas o con los innumerables puestos de trabajo que han quedado destruidos? ¿Cuáles serán las lecciones para futuros desastres ambientales? ¿Cómo se va actuar frente a la grave amenaza del cambio climático?

Todos estos retos solo pueden ser enfrentados por la clase trabajadora. Miles de personas por toda Alemania ya están mostrando su solidaridad y compromiso participando en reuniones o ayudando en las tareas de búsqueda y limpieza. Tenemos que organizarnos en los centros de trabajo y en los barrios, luchar y exigir al Estado que se garanticen todos los recursos necesarios para asistir a las familias afectadas y reconstruir las zonas afectadas.

Existen recursos para ello. Hay que expropiar inmediatamente los inmuebles vacíos y los hoteles para poder realojar a todas las familias afectadas. Hay que nacionalizar las industrias de energía, de abastecimiento de agua y de la construcción bajo el control de los trabajadores con el fin de comenzar la reconstrucción de inmediato y en beneficio de las familias trabajadoras. Hay que constituir comités de investigación para poder exigir cuentas a políticos y empresarios responsables con sus decisiones de las consecuencias de la catástrofe, y para garantizar que ninguna empresa haga negocios y se beneficie a costa de esta tragedia. 

Las inundaciones finalmente han demostrado que este gobierno no protegerá nuestras vidas. Por eso mismo, ¡tenemos que luchar por un programa socialista para hacer frente a esta catástrofe en las fábricas, en los barrios y en los centros de estudio!    

Exigimos,

• Instalar centros de suministro público con artículos de aseo gratuitos, equipamiento médico y ropa.

• Reversión de todos los recortes en el cuerpo de bomberos y en los equipos de control de desastres: bonificaciones especiales y de riesgo para los servicios de emergencia, creación de nuevos puestos en el cuerpo profesional de bomberos, y fin de los recortes en el equipamiento y en la formación.

• Retribución completa del salario en caso de enfermedad y garantía de seguridad laboral para todos los trabajadores afectados.

• ¡Juicio y castigo y a los responsables de la catástrofe! Por una comisión de investigación que dé a conocer todas las alertas y advertencias que fueron desatendidas por las Instituciones políticas.

• Formación de Comités democráticos de vecinos para organizar la respuesta y controlar las acciones y políticas a desarrollar tras la tragedia.

• Acabar con las políticas de déficit cero. Por un plan de inversión pública para financiar adecuadamente todos los municipios invirtiendo en educación, transporte, infraestructura y emergencias civiles.

• Expropiar a las grandes inmobiliarias y las viviendas vacías. Abrir los hoteles y los inmuebles vacíos para las familias afectadas.

• Expropiación de la industria de la construcción y constitución de una empresa pública con el fin de reconstruir en beneficio de todas las familias afectadas.

• Protección del clima y de unas condiciones de vida dignas para la clase trabajadora: eliminación de la industria del carbón garantizando todos los empleos; conversión del suministro de energía a energías renovables; transporte público gratuito; producción sostenible y respetuosa con el medio ambiente en todos los sectores. Para ello hay acabar con las ayudas públicas millonarias que las grandes multinacionales reciben y expropiar inmediatamente a los grandes monopolios capitalistas de la energía, del transporte y de la producción de mercancías.       

• Expropiación de la banca y de todos los sectores clave de la economía bajo el control de los trabajadores.   

 

[1] Informe británico: las autoridades alemanas han sido advertidas de las inundaciones 

[2] Desastre por inundaciones en Alemania: qué áreas golpeó con especial dureza y qué consecuencias han persistido hasta ahora

[3] Inundaciones en Alemania: saqueadores asaltan las tiendas

[4] Cuerpo de bomberos: los ahorros municipales ponen en riesgo vidas

[5] https://bit.ly/3y9Tfkg

[6] Emisiones de CO2 de empresas DAX seleccionadas en 2018

[7] En la región de Hambach existen bosques de gran valor medioambiental que hoy día están amenazados por proyectos de cara a ampliar las minas de lignito.

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