En abril, la Alianza Democrática (AD) cumplió dos años de gobierno. Sin duda, una fecha para celebrar con champán por parte de patrones y caseros, para quienes AD ha gobernado descaradamente y sin una oposición consecuente de la izquierda institucional. Por eso, la huelga general del 3 de junio presenta una nueva oportunidad para frenar el paquete de contrarreformas laborales, pero también para avanzar en la construcción democrática de un plan de lucha combativo y creciente capaz de derrotar al Gobierno.

Para nosotros, los trabajadores, han sido dos años de ataques brutales que nos han dejado más pobres y con menos derechos. Tenemos en la huelga general la herramienta capaz de derribar este Gobierno de los patrones y conquistar derechos. La histórica huelga general del pasado 11 de diciembre mostró que tenemos fuerza para ello, solo nos falta una dirección a la altura.

Balance de dos años de Gobierno AD: alianza con fascistas dentro y fuera del país para atacar a los trabajadores

Hace dos años nos preguntábamos si el Ejecutivo minoritario de AD gobernaría apoyándose más en el PS, en Chega o negociando unas veces con uno y otras con otro. La respuesta no tardó. En pocos días AD olvidó la discusión sobre las “líneas rojas” y se alió sin vacilar con el partido fascista Chega para atacar a los trabajadores inmigrantes, demostrando representar fielmente al ala más reaccionaria de la burguesía en Portugal.

En tiempo récord anunciaron y aprobaron conjuntamente un paquete de medidas para restringir la inmigración legal, que incluía la eliminación de la “manifestación de interés”[1]. Crearon campos de concentración para inmigrantes, la UNEF, policía de inmigración, que como el ICE estadounidense lleva a cabo redadas para aterrorizar inmigrantes, y la AIMA, mediante la cual instituyeron una pesadilla burocrática verdaderamente kafkiana para mantener a los inmigrantes sin documentación.

Su mayor ataque conjunto, la modificación de la Ley de Nacionalidad, fue recientemente promulgado por el nuevo presidente António José Seguro (PS). Aumenta de 5 a 7 años el período de residencia necesario para adquirir la nacionalidad en el caso de inmigrantes de los Países Africanos de Lengua Oficial Portuguesa (PALOP) o de la UE, y a 10 años en el caso de inmigrantes de otros países. Como explicamos con más detalle en un reciente artículo, estas y otras medidas aprobadas junto con Chega, como la Ley de Extranjería y la Ley de Retorno, tienen como objetivo mantener a los trabajadores inmigrantes en la ilegalidad o como ciudadanos de segunda categoría, para que puedan ser explotados más fácilmente por los patrones.

Con los resultados de las elecciones legislativas de hace un año —victoria de la derecha y la extrema derecha y derrota histórica de la izquierda— el Gobierno se sintió con la suficiente confianza como para ampliar los ataques a toda la clase trabajadora. Pocos meses después, el verano pasado, presentaron el paquete laboral redactado por los empresarios para responder a su necesidad de aumentar beneficios basándose en una mayor explotación de la fuerza de trabajo: más precariedad, jornadas laborales más largas y menor organización sindical. El propio derecho a huelga es cuestionado, al ser boicoteado por la exigencia de un porcentaje fijo de servicios mínimos.

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Este es un Gobierno de extrema derecha: de los patrones y propietarios, del militarismo y la guerra, de la alianza con fascistas, de servilismo hacia el imperialismo estadounidense. 

Este Ejecutivo nos ha atacado en todas las esferas de nuestras vidas, y sin duda estamos peor ahora que hace dos años. En vivienda, implementó una serie de ventajas fiscales para rentistas y capitalistas que hicieron que la especulación y el aumento de los precios de la vivienda alcanzaran récords históricos. En educación, avanzó en la destrucción del Ministerio de Educación y Ciencia, en los recortes a la financiación de la investigación y en la precarización del profesorado. En sanidad, profundizó la infrafinanciación del Sistema Nacional de Salud y entregó centros de salud y hospitales al sector privado, provocando una fuga de trabajadores sanitarios hacia lo privado, más urgencias colapsadas y cerradas y un aumento drástico de las listas de espera, de partos en ambulancias y de mortalidad.

El Gobierno nos abandonó completamente cuando afrontábamos las mayores dificultades. Durante los catastróficos incendios del año pasado o las tormentas de comienzos de este año, dejó a la población y a los municipios afectados completamente abandonados, causando muertes y destrucción totalmente evitables. La inmensa mayoría de las personas con viviendas dañadas por la tormenta Kristin siguen viviendo en esas condiciones degradantes, sin que se les ofrezca otra solución habitacional ni ayuda para las reparaciones. Somos literalmente sacrificados en favor de los beneficios de la burguesía nacional e internacional. Y aún aprovecha nuestra desgracia para avanzar en su agenda precarizadora, militarista, etc., como en el caso del Programa Portugal Transformación, Recuperación y Resiliencia (PTRR), disfrazándolo de ayuda a la recuperación.

Y ahora mismo, ante la guerra imperialista en Irán, cuando los oligopolios de la energía y la distribución alimentaria la usan como excusa para especular con los precios muy por encima de los costes reales —siendo Portugal el país de la eurozona donde más han subido los precios— el Gobierno no lanzó ni una sola medida que pudiera aliviar a los trabajadores, pero sí garantizó la transferencia de 600 millones a la burguesía.

En estos dos años nos ha hecho más pobres, con menos derechos, nos obligó a mudarnos a viviendas cada vez más alejadas de los centros urbanos o incluso a vivir en casas autoconstruidas, y destruyó los sistemas de salud y educación de los que dependemos. Por otro lado, multiplicó los beneficios para el gran capital y la pequeña burguesía. Gracias a ello, las empresas de la bolsa portuguesa alcanzaron beneficios récord en 2025 y el 10% más rico posee ahora más del 60% de la riqueza nacional.

También en el plano internacional, el Ejecutivo de AD se alió con el Gobierno fascista de Israel y el Gobierno fascistizante de EEUU en sus objetivos imperialistas. Se negó a romper relaciones con el Estado sionista de Israel mientras cometía genocidio contra el pueblo palestino —y ahora también contra el pueblo libanés—. Ante la OTAN, se comprometió a gastar el 2 % del PIB en defensa ya en 2025, solicitando para ello un préstamo de 5.800 millones, dinero que hace mucha falta para la sanidad, educación y vivienda públicas. En la guerra contra Irán, AD dio un paso más en su servilismo hacia estos gobiernos, permitiendo el uso de la base de Lajes para lanzar ataques mortales —incluidos drones asesinos— contra civiles inocentes en Irán. Pretenden aumentar los efectivos militares en varios miles y, si se lo permitimos, sacrificarán con entusiasmo a la juventud portuguesa por los intereses del imperialismo estadounidense o europeo.

La derrota del reformismo era inevitable ante la creciente crisis capitalista. Las burguesías occidentales en declive, frente al avance del bloque imperialista liderado por China, apuestan cada vez más por la extrema derecha y el fascismo: lideradas por el trumpismo estadounidense, todas las formaciones políticas occidentales de derecha giran hacia la extrema derecha. El PSD no es una excepción, habiendo adoptado íntegramente el discurso y el programa trumpista y de Chega. Ya no puede ser denominado “derecha tradicional”. Este es, sin lugar a duda, un Gobierno de extrema derecha: de los patrones y caseros, del militarismo y la guerra, de servilismo al imperialismo estadounidense.

Su alianza con Chega y las políticas y discursos antiobreros, antiinmigrantes, machistas y queerfóbicos —como el reciente ataque a la autodeterminación de género— han promovido el crecimiento de la extrema derecha y el fascismo en Portugal, así como un aumento drástico de crímenes de odio y violencia contra inmigrantes, mujeres y personas queer. La última alianza del PSD con Chega, proponiendo listas conjuntas para órganos externos del Parlamento —lo que permitió a Chega nombrar un juez para el Tribunal Constitucional y elegir representantes en órganos judiciales y de seguridad— abre el camino a más ataques.

No podemos seguir admitiendo toda esta violencia sobre nuestra clase. ¡La lucha de masas consecuente en las calles es el único camino para derrotar a la extrema derecha y al fascismo!

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Es necesario unir a toda la clase trabajadora. Una cuarta parte de los trabajadores son inmigrantes; la CGTP debe incluir sus reivindicaciones en la Huelga General del 3 de junio y en las posteriores. 

¡Construir una huelga general democrática y combativa para derribar al Gobierno del capital y al fascismo!

Abandonada por la socialdemocracia y la izquierda reformista, la clase trabajadora tomó en sus propias manos la tarea de oponerse a este Gobierno. Fue la presión de la clase trabajadora la que obligó a las burocracias sindicales a convocar la huelga general del 11 de diciembre. Una huelga histórica en la que los tres millones de trabajadores que participaron demostraron no solo el rechazo total al paquete laboral, sino también al Gobierno del capital y a la extrema derecha. Las grandes movilizaciones del 25 de Abril y del 1º de Mayo de este año, con mensajes antifascistas y contra el Gobierno, fueron una nueva prueba de la fuerza y voluntad de nuestra clase para derrotar no solo el paquete laboral, sino también a este gobierno del capital y a los fascistas.

La resolución de la CGTP y el discurso de su secretario general, Tiago Oliveira este 1º de Mayo no dejan lugar a dudas: el gobierno es “enemigo de los trabajadores”, lleva a cabo una “ofensiva contra los trabajadores” y una “política de asalto a los derechos fundamentales”. Estamos de acuerdo. Pero entonces, ¿por qué insisten únicamente en una huelga general defensiva centrada en derribar el paquete laboral? ¿No debería la principal organización de los trabajadores hacer todo lo posible para derribar a un gobierno al que caracteriza de esta manera? Claro que sí. De hecho, querer derrotar el paquete laboral pero mantener el gobierno es permitir que los ataques continúen de otra forma.

La cuestión es que el PCP, que dirige políticamente la CGTP, respeta las “reglas de la democracia burguesa” escritas por la clase dominante, según las cuales el gobierno se decide con un voto en una papeleta cada cuatro años y la lucha sindical se limita a cuestiones económicas. Se niegan a utilizar la huelga general para construir una lucha política capaz de derribar al gobierno, y mucho menos para superar el podrido sistema capitalista. La burguesía, en cambio, no tiene ningún problema en cambiar el régimen político para defender sus intereses de clase. La Historia está llena de ejemplos de guerras imperialistas y golpes de Estado llevados a cabo para instaurar regímenes como las dictaduras fascistas cuando la clase trabajadora se levanta y cuestiona los intereses de las burguesías imperialistas y nacionales. Este mes se cumplen cien años de uno de esos golpes en Portugal, que sumergió a la clase trabajadora en una larga noche fascista que duró casi 50 años y de la que despertó gracias a la lucha de sus hermanos en África.

Estas direcciones burocráticas tienen también un miedo infundado: que la caída de este gobierno refuerce a la extrema derecha e incluso pueda traer un Gobierno de Chega. Una visión pesimista de quienes no confían en la clase trabajadora ni comprenden el potencial de una huelga general combativa para revitalizar las organizaciones y movimientos de izquierda. Si el fascismo avanzó en Portugal fue precisamente porque durante años la izquierda renunció a hacer oposición en las calles a los Ejecutivos de António Costa —que gobernó para el gran capital— y durante el primer año y medio de Montenegro —que normalizó y adoptó el programa de Chega— mientras vivíamos cada vez peor y nos hacíamos cada vez más pobres. Cuando las masas trabajadoras salen a las calles, barren a los fascistas. Pero para ello necesitan una dirección con un programa y métodos correctos, que confíe en la clase trabajadora y en su capacidad para derribar el paquete laboral, el gobierno y el sistema capitalista.

En primer lugar, es necesario unir a toda la clase trabajadora. Una cuarta parte de los trabajadores en Portugal son inmigrantes y tanto los sindicatos como los partidos de izquierda muestran poca voluntad de organizarlos o defender sus derechos de manera consecuente. Es imperdonable que la CGTP siga callada ante los ataques contra este importante sector de la clase trabajadora y no incluya ninguna de sus reivindicaciones en la huelga general. Traer a nuestros hermanos inmigrantes a la lucha significa producir materiales en sus idiomas, acercarse a ellos y adoptar sus reivindicaciones para la huelga general: exigir la derogación de las Leyes de Nacionalidad, de Extranjería y de Retorno; la regularización de todos los trabajadores inmigrantes; la abolición inmediata de la AIMA y de las fuerzas policiales racistas y fascistas que los agreden en comisarías y los trafican en el Alentejo.

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Para una participación masiva en la huelga es necesario que sea construida según los métodos democráticos de nuestra clase y que tenga objetivos y un programa capaz de entusiasmarnos. 

También es necesario utilizar los métodos democráticos de nuestra clase. La huelga general no puede ser entendida como un único día de lucha convocado desde arriba por la burocracia. Debe ser un proceso construido a lo largo de meses, debatido por las bases en comités de huelga y asambleas que reúnan a todos los trabajadores de cada lugar de trabajo, sin sectarismo, sin divisiones de nacionalidad, empresa o tipo de contrato. Discutir la tabla reivindicativa, la planificación de las acciones durante los días de huelga, la construcción de una caja de resistencia… Es en estas discusiones donde se convence a los trabajadores indecisos, donde se consigue garantizar una gran participación en la huelga general y evitar que ningún trabajador quede aislado y luego sea víctima de represalias patronales. Todo esto hace que nosotros, los trabajadores, tomemos en nuestras manos la construcción de la huelga, aumenta nuestra conciencia política y la confianza en nosotros mismos y en nuestra fuerza como clase.

También es necesario un programa de transición capaz de entusiasmar a toda la clase trabajadora y que nos indique el camino a seguir incluso después de la caída del paquete laboral (y del gobierno). Exigir la derogación de las leyes laborales de la época de la Troika, el refuerzo de los derechos laborales, el aumento del salario mínimo a 1.600 € para poder vivir dignamente, el aumento de la financiación del Sistema Nacional de Salud y de la Educación, la expropiación de las viviendas en manos de bancos y fondos inmobiliarios para que todos tengamos una casa donde vivir, la nacionalización de la banca y de los sectores económicos fundamentales bajo control de nuestra clase para democratizar la producción y poder controlar los precios, rechazar la guerra imperialista y destinar a los servicios públicos los millones invertidos en la guerra…

Solo una huelga general construida por todos, de forma democrática y con reivindicaciones avanzadas puede derrotar el paquete laboral y al Gobierno. Llamamos a todos los trabajadores a construir la huelga general del 3 de junio de forma democrática en cada centro de trabajo y a participar masivamente en ella. Debemos poner todas nuestras fuerzas en derrotar el paquete laboral ese día, como primer paso en la derrota del gobierno. Pero no nos desanimaremos si el paquete laboral no cae y pasa a votación en el Parlamento. Tanto si cae como si no, debemos considerar este día como un peldaño más en la construcción de un plan de lucha cada vez más fuerte. Y por eso todos los trabajadores deben construir y mantener comités de huelga y asambleas funcionando más allá del día 3, y elegir delegados que, en un comité nacional de huelga, puedan discutir un plan de lucha creciente, una huelga general de 48 horas o más hasta ganar y conquistar nuestras reivindicaciones. Estos comités serán los cimientos del futuro gobierno de los trabajadores.

La respuesta a un sistema que nos arrastra hacia el fascismo, las guerras imperialistas, el genocidio, las pandemias y el desastre ecológico solo puede venir de la lucha consecuente de masas y de la construcción de una dirección revolucionaria cuyo objetivo sea el socialismo.

¡Todos a la huelga general del 3 de junio! ¡Construirla democráticamente en todos los lugares de trabajo!

¡Construir un plan de lucha creciente hasta derribar al Gobierno, conquistar derechos y frenar el fascismo!

¡Únete a Esquerda Revolucionária!

 

 Nota:

[1]Un mecanismo legal vigente en Portugal hasta su derogación el 3 de junio de 2024, que permitía a extranjeros regularizar su situación laboral y de residencia sin necesidad de visa previa.

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