Las elecciones del 17M han arrojado un balance político importante. Desmintiendo las encuestas que vaticinaban un triunfo arrollador del PP, la lista de Moreno Bonilla retrocede cinco escaños (de 58 a 53) y pierde la mayoría absoluta, mientras la extrema derecha de Vox, a la que también se la asignaba un gran resultado, crece tan solo cuatro décimas y un diputado más (de 14 a 15). Pero la gran noticia de la jornada saltó con el éxito de la candidatura de Adelante Andalucía encabezada por José Ignacio García, que logró cuadriplicar el número de sus diputados, de 2 a 8, pasando de 168.960 a 401.732 votos, un crecimiento del 137% respecto a 2022. Un resultado extraordinario que ha convertido a AA en el altavoz electoral del descontento de la clase obrera y la juventud andaluza contra las políticas reaccionarias del PP y la agenda capitalista del Gobierno central del PSOE y Sumar.

La otra gran señal de estas elecciones ha sido el hundimiento del PSOE que cosecha sus peores datos en unas autonómicas andaluzas: 947.713 votos, el 22,71% y dos diputados menos que en 2022 (de 30 a 28), aunque los batacazos, hay que recordar, comenzaron en 2018 con el resultado catastrófico de Susana Díaz, que consiguió 1.010.889, un retroceso del 28.4% respecto a 2015, y que supuso la pérdida de más de 400.000 papeletas y 14 diputados (de 47 a 33).
Nuevamente los estrategas del PSOE han demostrado que la rutina y la autocomplacencia siguen instaladas con fuerza. Su candidata, María Jesús Montero, encarna lo más vetusto, burocrático y burgués de la socialdemocracia: curtida en los tejemanejes del aparato del partido, servil con los empresarios y los terratenientes cuando ocupaba responsabilidades relevantes en los Gobiernos de la Junta andaluza, y con esa arrogancia insoportable que destilan los políticos profesionales con el sentir de los de abajo.
Su actuación en esta campaña ha sido pésima, protagonizando algunos momentos especialmente bochornosos, como cuando despreció con desdén a Jesús Galván y Manuel Balber, de la Coordinadora de Trabajadores del Metal de Cádiz, o pronunciando discursos atiborrados de lugares comunes y carentes de credibilidad. La que fue adalid de la privatización y los recortes de los servicios públicos andaluces se presentaba ahora como la defensora de una sanidad pública que, desde el mismo Gobierno central del que ha sido vicepresidenta, se ataca un día sí y otro también.
Esta demagogia socialdemócrata no ha movilizado ni convencido, y así lo han entendido cientos de miles de trabajadores y jóvenes dando la espalda a la candidatura del PSOE en un territorio que fue su bastión durante décadas. Los varapalos de Extremadura, de Aragón y de Andalucía ponen sobre la mesa una gran verdad: la propaganda de lo bien que marcha la economía o los guiños del No a la guerra son completamente insuficientes.
Para una generación de jóvenes que están aplastados por los caseros rentistas, por la precariedad y los salarios miserables, que padecen en primera persona la privatización de la Formación profesional, de la Universidad, y que además han llenado las calles en manifestaciones multitudinarias contra el genocidio en Gaza, contra el fascismo, por el derecho a la vivienda… las políticas del PSOE no solo los deja frios, les produce urticaria.
El PSOE está recogiendo la cosecha de ocho años en La Moncloa. Años en los que han sido incapaces de transformar las condiciones de vida de la clase obrera, de llevar a cabo reformas consistentes que mejoren de verdad la sanidad y la educación públicas, de depurar el aparato estatal de fascistas, de acabar con la legislación policial autoritaria, ocho años en los que las empresas del Ibex 35 están batiendo récords de beneficios. Esta es la realidad que da alas a la reacción para seguir gobernando en Andalucía, y que la acercan peligrosamente a poder hacerlo también estatalmente.

La base social y electoral de la derecha. Una explicación
La alta participación en las elecciones ha sido otro hecho significativo: un 64.84 %, lo que representa un 8.7% y 489.877 votos más que en 2022. Sin embargo, lo que desde el PP se consideraba como el ticket para revalidar su mayoría absoluta en el parlamento, se ha convertido en su contrario. El incremento de la votación ha favorecido a la candidatura más a la izquierda en estas elecciones, Adelante Andalucía, que ha logrado arrebatar al PP diputados clave en Cádiz, Sevilla y Málaga.
Aun así, Moreno Bonilla logra un resultado espectacular: el 41,60% con 1.735.819 votos, lo que representa un millón más de los que el PP obtuvo en las elecciones de 2018 cuando logró hacerse con la Junta de Andalucía. En esta ocasión el crecimiento del PP con respecto a 2022, nada más y nada menos que 146.547 votos, se ha traducido en una pérdida de cinco escaños y de la consiguiente mayoría absoluta por la alta participación global, creando un escenario más complejo para sus planes.
La perspectiva de encabezar un Gobierno en solitario, pretensión que ha hecho pública Moreno Bonilla a las pocas horas Vox de las elecciones, está en entredicho. Teniendo en cuenta que los 15 escaños de (576.635 votos, un 13,82 %) serán absolutamente necesarios para dar estabilidad a su Ejecutivo, su idea de repetir un acuerdo de legislatura con la extrema derecha, tal como ocurrió en 2018, no será tan fácil.
Vox ha condicionado la gobernabilidad del PP en Extremadura, en Aragón, en Castilla y León, y también en el País Valencià. Vienen de llevarse el gato al agua a pesar de las pamplinas de algunos dirigentes peperos, logrando consejerías claves en todos estos Gobiernos autonómicos. Y la posibilidad de repetir el escenario en Andalucía, donde ostentar ese tipo de consejerías, como las del Agricultura y Ganadería, les proporcionarán un gran poder, será un objetivo por el que Abascal y sus secuaces pelearán duramente.
En cualquier caso, la derecha y la extrema derecha, aunque retroceden en diputados, siguen manteniendo una mayoría parlamentaria cómoda (65 diputados) y superan ampliamente al bloque de la izquierda. Si sumamos los votos del PP, Vox, y SALF el total es de 2.418.215, frente a la suma del PSOE, Por Andalucía y Adelante Andalucía que es de 1.613.060. Respecto a 2022, y teniendo en cuenta el aumento de la participación general, el bloque de la derecha aumenta en 210.758 papeletas y el de la izquierda en 272.738, pero ojo, en este último bloque la subida se la lleva realmente Adelante Andalucía que crece en 233.762 votos.

Explicar con rigor por qué se mantiene esta tendencia electoral, cuáles son sus causas, y qué sectores componen la base social de las fuerzas de la reacción en una Comunidad que ha votado durante décadas a la izquierda tradicional, parlamentaria y reformista, tiene su importancia.
Andalucía replica un fenómeno que también se da en el resto de los territorios del Estado, y en el que el papel político de la socialdemocracia ha sido decisivo.
El PSOE construyó sus mayorías absolutas en Andalucía a partir de una memoria colectiva marcada a sangre y fuego por los crímenes de la dictadura franquista. La represión salvaje que golpeó a las ocho provincias con decenas de miles de fusilados, arrojados a fosas comunes y cunetas, y la opresión humillante de los señoritos terratenientes y los empresarios fascistas moldeó la conciencia de nuestra tierra. Una explotación bárbara, brutal y mezquina no solo generó atraso y miseria, también empujó a la emigración forzosa a decenas de miles de nuestras familias a Catalunya, Francia o Alemania durante mucho tiempo.
Andalucía vivió grandes episodios de lucha de clases en los años sesenta y setenta del siglo pasado, en las que los y las militantes de la izquierda política y sindical que habían sostenido la lucha clandestina, empezando por el PCE, el PTE, el SOC y muchas otras, escribieron páginas heroicas. Pero los pactos de la Transición y la consolidación del Régimen del 78 y la monarquía heredada del franquismo, gracias a la política de colaboración de clases que las direcciones del PSOE y del PCE impusieron, provocaron un gran reflujo y la desaparición de una parte fundamental de la izquierda combativa de aquel periodo.
Esas tradiciones históricas que la clase obrera logró reconectar se expresaron electoralmente en un reforzamiento extraordinario del PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra. Necesitaríamos mucho espacio para hacer un balance exhaustivo de lo que supusieron los Gobiernos socialistas en Andalucía. Indudablemente la modernización de los pueblos, donde se concentraba una parte considerable de los habitantes de la Comunidad, el establecimiento de servicios sociales inexistentes bajo la dictadura, la sanidad y la educación públicas o los derechos laborales que fueron arrancados con duras luchas obreras y jornaleras, crearon las condiciones para que esas mayorías electorales se revalidasen durante un largo tiempo. Pero, paralelamente a los cambios positivos en las condiciones de vida de sectores muy aplastados y humillados, la dirección del PSOE se dedicó a lo que ellos mismos denominaron “modernización del capitalismo español”.
La reconversión industrial afectó duramente a Andalucía, con un reguero de miles de despidos y cierres de fábrica a finales de la década de los ochenta y noventa del siglo pasado. La negativa del PSOE a acometer una reforma agraria integral dejó intacto el poder de los terratenientes. La capitulación ante el imperialismo estadounidense y la entrada en la OTAN hizo de Andalucía la sede de las bases militares norteamericanas más importantes del sur de Europa. Los servicios públicos sufrieron a partir de 2008 una embestida brutal, colocando a la sanidad y la educación en unas condiciones muy difíciles.

Además, el PSOE cultivó en Andalucía el españolismo más descarado que estimulaba los prejuicios más reaccionarios, adulaba a las fuerzas armadas, la religión y la jerarquía eclesiástica, mimada con numerosas regalías en forma de subvenciones a la educación privada y a un patrimonio espectacular robado impunemente al pueblo.
Como en otros territorios, el PSOE andaluz se llenó de una legión de caciques grandes, medianos y pequeños y sus respectivos cortesanos, que ejercían un gran poder municipal, lucrándose con los pelotazos urbanísticos y con la corrupción más descarada. El saqueo de las cuentas públicas para engordar el bolsillo de los dirigentes, de las estructuras partidarias y del sindicato hermano, la UGT, estalló con el famosos caso de los ERE señalando directamente a los expresidentes socialistas de la Junta.
El PSOE andaluz, en sintonía con lo que se decidía en Ferraz, profundizó sus políticas capitalistas en todos los terrenos, aprobando leyes que fortalecieron y beneficiaron mucho a la patronal, aumentando las exenciones fiscales y dando barra libre en las adjudicaciones de terreno público a las grandes empresas turísticas, de la construcción… Fue cómplice durante muchos años de la destrucción del medio ambiente y de graves desastres ecológicos que proporcionaban enormes beneficios a los grandes agricultores y empresas mineras (Doñana, Aznalcóllar…), y de la misma forma legisló contra la población inmigrante cercenando sus derechos, coqueteando sin pudor con el discurso racista y criminalizándola. Toda su gestión política sembró desmovilización, desmoralización, y permitió a la reacción hacerse fuerte.
Sectores importantes de las capas medias urbanas y rurales, que durante un periodo se mantuvieron en el arco electoral del PSOE, giraron a la derecha con virulencia y nutrieron los resultados espectaculares del PP, y también de Vox. Esta pequeña burguesía, compuesta por decenas de miles de pequeños propietarios de viviendas, parte esencial de los caseros rentistas, que regentan explotaciones agrarias o son dueños de una multitud de negocios hosteleros que van viento en popa gracias al turismo y los bajos salarios que pagan a los y las trabajadoras inmigrantes, los especuladores e intermediario en todo tipo de actividad económica... son su apoyo más firme porque saben que una Junta del PP y de Vox cuidará seriamente por sus intereses. Que decir de los grandes empresarios del sector agroalimentario, de las empresas auxiliares de la industria, del hotelero, del pesquero, de la construcción, del inmobiliario… Son felices y fanáticos de un Moreno Bonilla, y de Vox por supuesto, porque les aseguran su enriquecimiento impune.
También capas de trabajadores atrasados, desmovilizados y desorganizados, a los que la burocracia sindical ha dejado completamente abandonados, y que sufren los golpes del empobrecimiento, son pasto de los cantos de sirena de la extrema derecha y la derecha extrema.
Por estas razones es imposible que este PSOE pueda arrancar a estas capas de su apoyo electoral al PP y a Vox. Si se trata de políticas capitalistas, o de virar a la derecha como reclaman algunos barones socialistas, ¿qué mejor que el PP y Vox?
Pero hay otra cara de la moneda. La juventud y la clase obrera que no compra el discurso de la reacción, que está desengañada con los diferentes Gobiernos de coalición que se han sucedido desde 2019, que lucha y protagoniza el movimiento contra el genocidio, las huelgas de numerosos sectores, las manifestaciones multitudinarias por la vivienda, que pone el cuerpo contra la extrema derecha no solo rechaza la hipocresía del PSOE y su “antifascismo” de postín, también es cada vez más refractaria a las organizaciones que actúan de muletas y blanquean las políticas de la socialdemocracia tradicional.
Un discurso de clase y una oposición parlamentaria que han conectado
En la declaración de Izquierda Revolucionaria sobre las elecciones andaluzas del pasado 22 de abril escribíamos:
“En estos años la oposición en las calles a las políticas de Moreno Bonilla ha sido de envergadura (…) Manifestaciones masivas en defensa del derecho a la vivienda, contra los recortes en la sanidad y en la educación públicas, de miles de mujeres víctimas de la negligencia criminal en los cribados de cáncer de mama, luchas vecinales extraordinarias como la de Barrios Hartos en Sevilla, huelgas muy duras como las del metal en Cádiz, Acerinox, las limpiadoras de los institutos públicos de Córdoba o los bomberos forestales, movilizaciones multitudinarias contra el genocidio sionista, contra la violencia machista, de la juventud estudiantil contra el fascismo y el bullying, acciones constantes contra los desahucios… sería imposible nombrar todas las luchas que han recorrido de arriba abajo la comunidad andaluza.
Movilizaciones, huelgas y conflictos que han puesto en la picota a los aparatos burocráticos de CCOO y UGT, los grandes colaboradores de la Junta en estas dos legislaturas, con los que ha firmado numerosos acuerdos que han blanqueado su agenda antiobrera (…) Y lo mismo podemos decir de la mayoría de la izquierda parlamentaria e institucional.
En el caso del PSOE no es casualidad que sus declaraciones contra los recortes gocen de muy poca credibilidad: fueron precisamente los anteriores Gobiernos “socialistas” de la Junta los que abrieron de par en par las puertas a esos recortes, los que los iniciaron y generalizaron. Con respecto a la vivienda, el PSOE promovió un mercado inmobiliario dominado por la especulación, modificó leyes y ordenanzas para favorecer a los caseros rentistas y un tipo de urbanización depredadora que beneficiaba a las grandes empresas del sector, y que ha sido también la responsable de destrozar nuestras costas (…) El PSOE en Andalucía ha vagado sin ningún rumbo en estos cuatro años, limitándose a una oposición testimonial en las sesiones parlamentarias (…)
Tampoco ha sido mucho mejor la política de la dirección de Izquierda Unida y su fallido proyecto, Sumar. Su participación en el Gobierno central sosteniendo todas las políticas de la socialdemocracia, asumiendo la paz social como estrategia y alabando un “escudo social” extremadamente débil que existe más en su imaginación que en los hechos, sumado a todas las incongruencias de un discurso anti OTAN y contra el genocidio palestino para al final del día aprobar los presupuestos militares más grandes de la historia y seguir manteniendo relaciones diplomáticas, militares y comerciales con Israel… pasan factura y aumenta el desapego político de cientos de miles de trabajadores y jóvenes, que ven a estas formaciones como parte del problema y no de la solución (…)
El pasado 3 de abril se hacía pública la integración de Podemos en la coalición Por Andalucía, liderada por la IU de Antonio Maíllo (…) Este pacto ha generado un malestar evidente y justificado en las bases de Podemos. Y enlaza directamente con el tipo de “unidad” de la izquierda que se está intentando fraguar desde los aparatos, sin ningún balance serio de lo que ha significado la experiencia de compartir Gobierno con el PSOE, ni de las políticas que se han defendido en estos años (…) Se está manteniendo un relato para esta “unidad” circunscrito a lo único que se considera importante: los liderazgos mediáticos. En ningún caso se pretende romper con el statu quo de una izquierda lastrada por sus graves renuncias ideológicas (…)
Trasladando estas líneas al contexto de Andalucía, es evidente que Moreno Bonilla tiene margen para ganar las elecciones. La candidata del PSOE, la exvicepresidenta María Jesús Montero refleja muy bien la trayectoria errática a la que antes hacíamos mención (…)
En cuanto a Por Andalucía es obvio que recibirá los votos de cientos de miles de trabajadores, leales sobre todo a las siglas de IU, pero está muy lejos de generar la ilusión y la confianza necesaria. No es ningún secreto que el motor de esta candidatura está vinculado a lo más rancio de la burocracia sindical, de la política institucional, de los acuerdos de despacho y que, en los hechos, se conforma con asumir el papel de muleta del PSOE (…)
El terreno electoral siempre es el más complicado para las fuerzas de la izquierda que defienden un programa revolucionario. Evidentemente pensar que el parlamento puede ser el medio de la transformación socialista de la sociedad es una completa utopía. Pero el parlamentarismo todavía no es una fase superada, y la clase trabajadora y los jóvenes que han peleado duramente estos años no renunciarán a utilizar las próximas elecciones para asestar un golpe a Bonilla y a la extrema derecha.
Desde Izquierda Revolucionaria de ninguna manera planteamos la abstención. Queremos barrer a la derecha con métodos que sí sirven, los de la huelga y las movilizaciones masivas, con un programa socialista que arranque el poder a los capitalistas, pero en el terreno electoral no es lo mismo que gane la derecha a que no lo haga, incluso para lograr los anteriores objetivos.
Con todas las diferencias que evidentemente tenemos, desde Izquierda Revolucionaria apoyamos en estas elecciones el voto a Adelante Andalucía, la coalición liderada por José Ignacio García y que en el Parlamento ha tenido una actitud beligerante contra las políticas de Bonilla y de Vox, que se ha situado al lado de numerosas luchas sociales y obreras, dando voz a colectivos que han sufrido la represión policial y judicial.
Adelante Andalucía concentrará el apoyo de miles de activistas y jóvenes que han sido muy activos en las movilizaciones, incluso de muchos votantes de Podemos y de IU, porque están muy descontentos y frustrados con las políticas del PSOE, con el entreguismo de las burocracias sindicales y con los gestos vacíos de una izquierda institucional que sigue apegada a una estrategia que no sirve para frenar a la extrema derecha”.
Reproducimos esta parte de nuestra declaración porque el análisis que hacíamos de las tendencias fundamentales que iban a expresarse en estas elecciones ha sido corroborado en los hechos.
Por Andalucía ha podido salvar los muebles y mantener sus cinco diputados. Pero la candidatura de Maíllo no logra arrastrar nuevos apoyos: con 263.615 votos, el 6,31%, es la única candidatura que retrocede respecto a 2022 y pierde 20.412 papeletas, un 1,40% menos, en unas elecciones donde la participación crece sustancialmente.
Las razones de esto están explicadas en las líneas anteriores: la credibilidad de los dirigentes de IU, defensores entusiastas de la acción gubernamental, está cuestionada. Las palabras bonitas que nos venden Maíllo y sus amigos se contradicen con la realidad que padecemos millones de trabajadores y jóvenes. No es como nos lo pintan, no. Y esta suficiencia ministerialista, típica de los hombres y mujeres de Estado, y que entra en fragrante contradicción con su discurso político, tiene consecuencias.

Por eso es tan importante que Adelante Andalucía haya obtenido estos resultados sobresalientes. Con respecto a 2002 cuadriplica sus diputados (de 2 a 8) y más que duplica sus votos (de 168.960 a 401.732, pasando de un 4,58% a un 9,62%). Si se suman los votos alcanzados por Adelante Andalucía y Por Andalucía el resultado es 665.347 papeletas, casi 90.000 más que Vox, y un 15.93%, dos puntos por encima de los de Abascal.
El crecimiento de la candidatura de José Ignacio García ha sido vertiginoso en todas las provincias andaluzas, pero en Cádiz y Sevilla aún más sobresaliente y les coloca como tercera fuerza electoral por delante de Vox.
La provincia en donde más votos obtienen es Sevilla, con 133.956, y crece del 6,26% hasta el 12,9%, pero en su capital lo hace hasta el 13,9%. En Dos hermanas, bastión del PSOE y localidad clave del cinturón metropolitano sevillano, pasa de 4.296 votos y un 6.93% en 2022, a 11.600 papeletas y el 15.37 % en 2026.
En la provincia de Cádiz también logra un avance notable, pasando del 8% de los votos al 14,34%, en Jerez obtiene 17.119 papeletas, el 16.19 % frente a las 7.364 y el 7.79 % de 2022, y en Puerto Real conquista 5.634 votos, el 25.65 %, y se convierte en la segunda fuerza por delante del PP.
Su progresión es también notable en Málaga, donde consigue un escaño, y en la capital más que duplica su apoyo: del 4,6% al 11,2% gracias al respaldo en los barrios obreros. En Granada y Huelva también duplica su apoyo respecto a 2022 y obtiene un escaño en cada provincia. En la capital onubense pasa de 2.914 votos a 7.255, un 10,43% gracias al apoyo joven y de los barrios obreros. En la provincia de Córdoba logra otro escaño, y en su capital supera a Por Andalucía, y se alza con 16.997 votos, el 9.5 %.
La candidatura de José Ignacio García ha sacado a cientos de miles de jóvenes de la bolsa abstencionista y los ha movilizado, y también ha conquistado el voto de decenas de miles de trabajadores que anteriormente lo habían hecho por Podemos o Izquierda Unida.
Adelante Andalucía ha sido una herramienta para golpear a la extrema derecha y a la derecha extrema, como correctamente ha señalado José Ignacio en una campaña muy potente, con un lenguaje de clase muy claro, que ha conectado directamente con la juventud precarizada, extenuada y robada por un sistema que no le ofrece nada.
Su denuncia certera de los caseros rentistas y los especuladores, de Quirón, Asisa y Adeslas, de los grandes empresarios, de las políticas racistas y contra la mujer de la extrema derecha, la forma en que ha desmontado en debates y en las redes sociales las apariencias “moderadas” de Moreno Bonilla señalando lo que en realidad es, el mayordomo de los poderosos, le ha granjeado un apoyo extraordinario.

Se abre una nueva perspectiva en Andalucía para la izquierda combativa. Es evidente que los actores que impulsan Adelante Andalucía, empezando por los compañeros y compañeros de Anticapitalistas, cuentan con la experiencia de otros proyectos que se iniciaron espectacularmente y que han acabado bastante mal.
Ellos formaron parte del núcleo promotor de Podemos, y su ruptura se produjo por motivos políticamente justificados y que compartimos desde Izquierda Revolucionaria: la participación de la formación morada en el Gobierno de coalición con el PSOE, lo que junto con otros errores de grueso calado —como la designación a dedo de Yolanda Díaz como cabeza de cartel por un Pablo Iglesias que abandonaba la escena— han resultado letales.
José Ignacio García y sus compañeros están insistiendo en el andalucismo como una seña de identidad fundamental. Desde no pocos sectores de la izquierda se está cuestionando machaconamente este enfoque, y siempre con descalificativos bastante doctrinarios. Ciertamente las tendencias andalucistas burguesas y pequeñoburguesas del pasado reciente, encarnadas en el Partido Andalucista, solo arrojaron agua al molino de la socialdemocracia, o peor aún. Es evidente también que Moreno Bonilla juega al andalucismo del señoritismo, disfrazándose de lobo con piel de cordero.
Andalucía es una tierra empobrecida y golpeada por una oligarquía que siempre ha sido rabiosamente españolista, espina dorsal de la clase dominante, y orgullosa de sus tradiciones golpistas y fascistas. No es tampoco casual que la idea de un andalucismo de izquierdas cuente con un cierto arraigo y apoyo en sectores de nuestra clase, y que ahora pueda proyectar una imagen más sólida y positiva ligada a un lenguaje y a un programa que se reivindica anticapitalista. Si lo comparamos con la agenda política, y los movimientos tácticos y estratégicos de la izquierda reformista no andalucista, o no nacionalista, siempre dispuesta a aceptar la lógica que impone las reglas del capitalismo, no es extraño que pueda resultar atractivo.
Pero las opresiones que sufrimos como trabajadores y trabajadoras, como jóvenes, derivan de nuestra opresión como clase social y de la existencia del capitalismo. Por supuesto, los comunistas revolucionarios estamos en contra, radicalmente en contra, de cualquier manifestación de opresión nacional, de género o de raza, y sabemos que la mejor manera de combatirlas es construyendo una alternativa de lucha por derrocar este sistema y conquistar el socialismo.
El futuro de Adelante Andalucía no se decidirá por debates doctrinarios ni academicistas respecto a la cuestión nacional andaluza. Se decidirá en los hechos y en la práctica de su política. La perspectiva de nuevos avances electorales, la posibilidad real de contar con representación en el Parlamento estatal, de ganar cientos de concejales, como ocurrió con Podemos, abre una disyuntiva: construir una maquinaria electoral, que atraiga a mucha gente, y también al ejército de arribistas y ventajistas que utilizarán las siglas para encumbrar su carrera personal; o utilizar este éxito para la construcción de un gran frente político que integre a lo mejor de la izquierda combativa, del sindicalismo asambleario y de clase, y de los movimientos sociales.

Desde Izquierda Revolucionaria apostamos por esta segunda opción, y contribuiremos a la lucha en común para lograrlo, con la movilización masiva en las calles, con la autoorganización desde abajo y con una política de independencia de clase. Hoy estamos más fuertes para barrer en el futuro a la derecha y a la extrema derecha apostando claramente por una estrategia de transformación socialista de la sociedad.



















