Sánchez y sus ministros no dudan en presumir de una economía que, según ellos, “va como un cohete”. ¿Es real esta afirmación? y si lo es, ¿quién está al mando del cohete?

Sometido a una intensa presión desde la derecha, acosado por un aparato del Estado franquista que su partido se negó siempre a depurar, arrinconado en una precaria e inestable mayoría parlamentaria, y con unos resultados en los últimos comicios autonómicos realmente pésimos… Pedro Sánchez trata de reagrupar a su base electoral de cara a las generales.

En su relanzamiento ha cultivado cuidadosamente su imagen de líder del antitrumpismo y firme bastión ante la extrema derecha, lo que le ha granjeado una gran atención mediática. La otra pata de esta intensa campaña pública, como no, es la constante y machacona letanía gubernamental sobre la buena marcha de la economía, definida en no pocos medios de comunicación como un “nuevo milagro español”.

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Pedro Sánchez trata de reagrupar a su base electoral de cara a las generales cultivando su imagen de líder del antitrumpismo y "firme bastión" ante la extrema derecha, y una constante y machacona letanía gubernamental sobre la "buena marcha" de la economía. 

A la cabeza de la UE

En términos históricos los últimos datos de crecimiento del PIB español -un 2,8% en 2025- son relativamente modestos si los comparamos con los de los diez años previos a la gran crisis financiera de 2007, y las previsiones inmediatas tampoco son nada del otro mundo. El FMI, en su último documento de Perspectivas Económicas Mundiales del pasado mes de abril[1] prevé una ralentización de la economía española, que crecería un 2,1% este año y del 1,8% el siguiente.

Pero si comparamos estas cifras con las del resto de la Unión Europea, el panorama cambia radicalmente. La economía española está en cabeza de las europeas, y además a una notable distancia de los países más ricos y avanzados. Las cifras de Francia e Italia languidecen en un estancamiento casi crónico y Alemania, la gran potencia industrial y financiera del viejo continente, apenas empieza a levantar cabeza tras años de un profundo retroceso industrial provocado en gran medida por las sanciones a Rusia. Que la economía española haya crecido en 2025 a un ritmo 14 veces mayor que la alemana es, sin lugar a duda, algo notable, y no es de extrañar que Pedro Sánchez intente apuntarse este hecho en su haber.

En este contexto las agencias internacionales de calificación se apresuran a subir el rating del Estado español[2] y la situación de la deuda pública mejora de forma sustancial, abriendo la posibilidad a reducir las emisiones de deuda y, por consiguiente, los pagos de intereses en los próximos años[3].

Estas cifras están induciendo un fortísimo crecimiento del empleo. Desde el año de la pandemia (2020) hasta el cierre del 2025, la economía española ha generado uno de cada cuatro puestos de trabajo que se crean en la Unión Europea. Mes tras mes se baten récords de afiliación a la Seguridad Social, y desde diversas patronales se insta al Gobierno a facilitar la inmigración ante las dificultades para cubrir los puestos de trabajo con salarios bajos.

Este crecimiento del empleo ha tenido innegables efectos en la situación de los sectores económicamente más deprimidos de la población. Aunque su nivel sigue siendo muy alto, la pobreza ha disminuido[4]. Entre 2015 y 2025 el porcentaje de población en riesgo de pobreza se ha reducido un 12%, y la caída ha sido aún más intensa entre quienes sufren pobreza extrema o exclusión, cuyo peso ha descendido un 28% en ese mismo periodo, hasta el 8% en 2025.

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El nuevo “milagro español” solo se sostiene gracias al empobrecimiento progresivo de los asalariados, que es especialmente agudo entre los trabajadores inmigrantes, mientras los beneficios empresariales baten récords. 

Especulación febril y productividad estancada

Pero las estadísticas son muchas veces engañosas. Detrás de estas cifras hay sombras de las que Pedro Sánchez prefiere no hablar, y es que este alto crecimiento tiene su principal motor en sectores con bajísimo valor añadido, como es el turismo o la hostelería, y está profundamente imbricado con actividades puramente especulativas y parasitarias.

Los datos que recientemente ha publicado la AIREF (la Autoridad Fiscal del Estado español)[5] no dejan lugar a duda. La inversión sigue siendo más baja que antes de la crisis del coronavirus en 2020 y, lo que es más preocupante, es especialmente escasa en aquellos apartados que, como la inversión en maquinaria y bienes de equipo o en la mejora de la agricultura y ganadería, tienen la mayor capacidad de promover un crecimiento económico sólido y duradero.

La consecuencia es un estancamiento en el crecimiento de la productividad, algo que a medio y largo plazo pasará factura. Un reciente informe de Fedea[6] sobre este tema lo deja bien claro: “la productividad por hora trabajada había aumentado solo un 3% desde 2019 hasta la mitad de 2025, mientras que la productividad por ocupado o por empleado equivalente a tiempo completo sigue estancada o por debajo de los niveles prepandemia, evidenciando debilidades estructurales persistentes”.

En contraste, la afluencia de capitales hacia el sector inmobiliario, una constante en la economía española desde los años 60 del siglo XX, no deja de incrementarse. La especulación con pisos turísticos o con alquileres abusivos sigue siendo el destino más deseado del gran capital doméstico e internacional, y también de un enjambre de especuladores a pequeña escala, pequeño burgueses e incluso asalariados relativamente acomodados, que intentan sacar tajada del saqueo inmisericorde de los salarios de las capas de trabajadores sin acceso a la propiedad de la vivienda. Como hemos explicado en otras ocasiones, este enriquecimiento parasitario de los rentistas inmobiliarios está detrás del crecimiento de la extrema derecha.

Los resultados de este auge especulativo son apabullantes. Los beneficios de las inversiones mobiliarias e inmobiliarias y los beneficios por incrementos patrimoniales crecieron un 14% respecto al año anterior y, por primera vez, superaron la barrera de los 100.000 millones de euros[7], es decir, el equivalente al 6% del PIB español. Una acumulación significativa de capital, lograda sin arriesgar nada en el proceso productivo pero cimentada mediante un trasvase fabuloso de plusvalía obrera.

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Los aparatos de CCOO y UGT han sido durante años un factor de primer orden para favorecer una expansión económica basada en el recorte constante de los salarios, y los servicios como la educación o la sanidad que dependen de las Administraciones Públicas. 

Los salarios a la baja y la vivienda por las nubes son los motores reales del “milagro español”

Los datos oficiales reflejan un saqueo de los salarios y una reducción de su poder adquisitivo escandalosa. Según la OCDE, el salario medio español está prácticamente estancado desde 1995 y apenas ha subido un 5%, frente al 30% de los países analizados por esa institución.

La última Encuesta Anual de Estructura Salarial del INE[8], referida a 2023 (últimos datos publicados), confirma que una buena parte de los salarios en España oscila alrededor del SMI. De acuerdo con esa encuesta, un 18,51% de las personas trabajadoras cobraban en 2023 el SMI o menos y un 48,65% entre una y dos veces el SMI. Solo el 32,83% ganaba dos veces o más el SMI. Estos datos confirman que el Estado español tiene los salarios más bajos de los 15 países más ricos de la Unión Europea. O, dicho en otras palabras, estamos a la cabeza de la UE en cifras macroeconómicas y en beneficios de los más ricos, pero a la cola en salarios.

Esta es la constatación de que el nuevo “milagro español” solo se sostiene gracias al empobrecimiento progresivo de los asalariados, que es especialmente agudo entre los trabajadores inmigrantes. Es verdad que la pobreza extrema se ha reducido, pero lo ha hecho gracias a un empobrecimiento generalizado que mantiene a millones solo ligeramente por encima de la barrera estadística que define la “pobreza”, algo que podría cambiar de forma catastrófica si se produjese una nueva recesión.

A la rebaja salarial real se suma el crecimiento obsceno de los alquileres y las fuertes alzas de los precios de los productos de primera necesidad, especialmente de los alimentos. No es de extrañar que, según los datos de Funcas[9], más de la mitad de los inmigrantes que llegaron al Estado español desde 2002 ya han abandonado el país, empujados por la precariedad laboral y la imposibilidad de acceder a una vivienda mínimamente digna, una tasa de permanencia notablemente inferior a la de las principales economías europeas. Parece que la regularización de inmigrantes del Gobierno de Sánchez, innegablemente muy positiva, tiene más que ver con las necesidades empresariales de mano de obra barata que con la voluntad de defender los derechos de la población inmigrante.

Un nuevo movimiento huelguístico desborda a las burocracias de CCOO y UGT

Como estamos viendo estos días con las extraordinarias huelgas de los trabajadores de la educación y de otros sectores como el metal, un crecimiento económico basado en sobreexplotar, precarizar y reducir los salarios de la clase trabajadora acaba conduciendo a un recrudecimiento de la lucha de clases y al desbordamiento de la burocracia sindical, incapaz de frenar y controlar el creciente malestar social.

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Pero todo tiene un límite y las huelgas que están estallando, superando el freno que los aparatos de CCOO y UGT tratan de imponer, señalan que la paciencia de millones de trabajadoras y trabajadores, especialmente los más jóvenes, se ha acabado. 

Los aparatos de CCOO y UGT han sido durante años un factor de primer orden para favorecer una expansión económica basada en el recorte constante de los salarios, tanto los directos (los que paga el empresario en la nómina), como los indirectos (los servicios como la educación o la sanidad que dependen de las Administraciones Públicas). Sin estos dirigentes sindicales entregados en cuerpo y alma al servicio de la paz social y la desmovilización, este empobrecimiento generalizado de la clase trabajadora, que es el motor real de los buenos datos macroeconómicos, no hubiera sido posible.

Pero todo tiene un límite y las huelgas que están estallando señalan que la paciencia de millones de trabajadoras y trabajadores, especialmente los más jóvenes, se ha acabado. Se están produciendo cambios significativos en la conciencia y en la actitud de capas significativas de nuestra clase, y la tarea de los revolucionarios es participar e impulsar este proceso de luchas contundentes, organizadas desde abajo, que retoman las mejores tradiciones de las asambleas democráticas y decisorias, de las cajas de resistencia, de las manifestaciones multitudinarias. Este es el único camino para recuperar todo lo que nos han robado, y el medio para construir una organización comunista con sólidas raíces en el movimiento obrero.

 

Notas:

[1] WORLD ECONOMIC OUTLOOK Global Economy in the Shadow of War

[2] Moody’s y Fitch mejoran la nota a España por su fortaleza económica

[3] El Tesoro recorta en 5.000 millones de euros la emisión de deuda pública para 2025

[4] Análisis de la exclusión social y económica en España y sus territorios

[5] EVOLUCIÓN RECIENTE DE LA FORMACIÓN BRUTA DE CAPITAL FIJO

[6] El desempeño de la productividad en España y sus causas

[7] Los españoles ingresan por primera vez más de 100.000 millones con las inversiones, el alquiler y la venta de casas

[8] Encuesta Anual de Estructura Salarial (EAES). Año 2023. Datos Definitivos

[9] LOS LÍMITES DE LA INMIGRACIÓN PARA EL AJUSTE DEMOGRÁFICO EN ESPAÑA

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