Las elecciones locales celebradas el pasado 7 de mayo en Inglaterra, junto a los comicios para los Parlamentos de Escocia y Gales, han supuesto un auténtico cataclismo político. El Partido Laborista de Keir Starmer, que hace 22 meses obtuvo una amplísima mayoría, ha obtenido los peores resultados de su historia perdiendo 1.498 concejales y el control de más de 30 ayuntamientos, entre ellos bastiones obreros históricos como Birmingham, Sunderland, Hartlepool o Leeds. Por otro lado, los Tories, en pleno proceso de descomposición, continúan su caída libre, perdiendo 563 concejales, seis municipios, y quedando relegados al cuarto puesto en lo que también son los peores resultados de su historia. Un golpe demoledor a los dos partidos tradicionales que han dominado la política británica desde hace más de un siglo.

El principal beneficiario de esta debacle es el partido ultraderechista Reform UK de Nigel Farage, que se ha hecho con 1.452 concejales más, y el control de 14 consejos municipales, obteniendo gran parte de los mismos en zonas tradicionalmente laboristas del norte de Inglaterra, gracias al sistema de voto mayoritario, y beneficiándose así mismo de la descomposición acelerada del Partido Conservador. De acuerdo a cálculos de la BBC, Reform UK habría obtenido el 26% del voto nacional, casi el doble del 14% que logró en las generales de 2024 pero por debajo del 30% que obtuvo de promedio en las elecciones locales de 2025.
Pero la polarización política también ha tenido un claro reflejo por la izquierda con un importante crecimiento del Green Party de Zack Polanski, que habría obtenido el 18% del voto nacional frente al 11% en las elecciones locales de 2025, y frente al 6,3% de las elecciones generales de 2024. Unos resultados que le situarían como segunda fuerza política por encima de laboristas y conservadores. Un voto además que ha sido especialmente significativo en las grandes ciudades, y especialmente en Londres donde han conquistado las alcaldías de Hackney, Lewisham y Waltham Forest, históricos bastiones laboristas. Solo en Hackney los Verdes han pasado de 4 a 42 concejales sobre 57.
Por otro lado, las elecciones regionales en Gales, donde el laborismo ha gobernado ininterrumpidamente desde 1999, han puesto aún más en evidencia la debacle de Starmer obteniendo los peores resultados de su historia: de un 40% de los votos en 2021 a un pírrico 11%, quedando relegado al tercer puesto con apenas 9 escaños en el Senedd (Parlamento galés). Un voto que en su mayoría ha ido a parar al partido independentista gales Plaid Cymru, que roza la mayoría absoluta con 43 escaños sobre 96, doblando sus votos, y en menor medida a Reform UK, que irrumpe por primera vez con 34 escaños, llevándose también gran parte del voto de los conservadores, que apenas llegan al 10% quedando en cuarto lugar. También obtiene dos escaños el Green Party que entra por primera vez en el Senedd.
Por último, en Escocia, aunque el Partido Nacional Escocés (SNP) de John Swinney revalida su quinto mandato consecutivo, pierde 6 escaños. También el Partido Laborista pierde 5 escaños, quedándose en tan solo 17, y siendo igualado por UK Reform que irrumpe por primera vez en el Parlamento escocés arrebatando el grueso de sus escaños al Partido Conservador, que pierde 19 quedando en quinta posición con 12 escaños. Por encima se sitúa el Green Party que duplica sus escaños, pasando de 8 a 15, a tan solo dos del Partido Laborista.

El Gobierno Starmer asfalta el camino a la reacción
En el momento de escribir este artículo, más de 85 diputados laboristas han pedido públicamente la dimisión de Starmer, y la mitad del electorado británico considera que el primer ministro debe abandonar el cargo. Su popularidad personal está en el 18%, peor incluso que la de Liz Truss antes de su humillante salida de Downing Street.
Como ya advertimos tras la victoria laborista en las elecciones generales de 2024, el triunfo de Starmer no fue producto de ninguna ilusión en su proyecto, sino exclusivamente del rechazo a 14 años de gobierno conservador y de duras políticas de austeridad. El laborismo obtuvo aquella mayoría arrolladora con tan solo el 33,7% de los votos, tres millones menos que los que cosechó Corbyn en 2019. Una victoria muy ajustada, con una importante abstención en sus tradicionales bastiones obreros, y sustentada en el colapso del voto conservador y en las distorsiones que esto produjo fruto de sistema electoral británico (con el 33% de los votos obtuvo el 63% de los escaños).
Su Gobierno ha sido una continuación de las políticas de los Gobiernos conservadores: recortes brutales en sanidad y prestaciones sociales, despido de 10.000 funcionarios, eliminación del subsidio de calefacción que beneficiaba a 10 millones de personas mayores, ofensiva contra las pensiones por discapacidad y recortes en ayudas a la dependencia. Mientras tanto, el gasto militar se ha disparado: 2.200 millones de libras adicionales solo este año y un compromiso de alcanzar el 3,5% del PIB en defensa para satisfacer las exigencias de Trump.[i]
A esto se suma la complicidad activa con el genocidio sionista en Gaza, manteniendo el comercio de armas con Israel y declarando organización terrorista a Palestine Action, decisión que finalmente ha sido incluso tumbada por la justicia británica. Pero la guinda del pastel ha sido la política racista de Starmer, copiando sin pudor el discurso xenófobo de Farage para "que Gran Bretaña no sea una isla de extraños".
Esta es la política que ha pulverizado al laborismo en las urnas y que ha dado alas a la extrema derecha.
Reform UK, la "trumpenización" de la burguesía británica
Detrás del ascenso meteórico del partido de Farage hay una decisión estratégica de un sector importante de la burguesía británica que apuesta por una opción autoritaria, racista y profundamente reaccionaria para imponer la agenda neoliberal en condiciones de crisis económica y descomposición social.
Como ya señalábamos antes de las elecciones, Reform UK ha fagocitado al partido Torie, absorbiendo su base electoral y, también, atrayendo a sectores enfurecidos y desmoralizados de la clase trabajadora y la pequeña burguesía que ven en Farage una expresión aparente del "anti-establishment".
Sin embargo, el programa real de Reform es el del capital más reaccionario: privatizaciones, recortes, represión y división de la clase obrera en líneas racistas. Donde ya gobierna a nivel local, Reform ha aplicado recortes en servicios públicos, ha subido las tasas municipales y ha utilizado las instituciones para alimentar la división racista.
El crecimiento de Reform va de la mano del envalentonamiento de sectores fascistas, encabezados por elementos como Tommy Robinson. La movilización racista de septiembre de 2025 en Londres, que reunió a 150.000 personas, los pogromos contra inmigrantes del verano de 2024 y la escalada de agresiones a comunidades migrantes, LGTBI y a la izquierda evidencian que nos encontramos ante una amenaza muy real para los derechos democráticos.

El ascenso del Green Party
Tras la elección como líder en septiembre de 2025 de Zack Polanski con el 84% de los votos, los Verdes han pasado de 100.000 a 215.000 afiliados, de los cuales 20.000 son jóvenes. Una elección marcada por un fuerte giro hacia la izquierda alejándose de la línea conservadora adoptada por los partidos verdes europeos y que plantea, entre otras cosas, un impuesto a las grandes fortunas, recorte del gasto militar, control estatal de los alquileres, plan masivo de vivienda social, nacionalización del agua, derechos para los inmigrantes y denuncia frontal del genocidio sionista.
Polanski, de origen judío, ha sufrido en las últimas semanas la misma campaña de calumnias y acusaciones falsas de antisemitismo que en su día se utilizó para acabar con Jeremy Corbyn. Toda la maquinaria mediática del establishment se ha lanzado contra él. Los resultados electorales demuestran que la operación no solo no ha funcionado sino que probablemente ha hecho que sea visto con aún más simpatías por los sectores que han llenado las calles contra el genocidio en Gaza y contra las políticas reaccionarias de los laboristas.
Este perfil marcadamente de izquierda les ha permitido conectar de forma clara con los sectores más avanzados de la juventud y la clase obrera. Durante la campaña 200 concejales y candidatos del Green Party han firmado un compromiso prometiendo "oponerse a la austeridad" en los Gobiernos locales. Este será uno de los retos centrales que enfrentará ahora el partido y sus más de 500 concejales, en un contexto en que la financiación de los Ayuntamientos se ha reducido hasta en un 25% desde hace más de 10 años.
De cara a hacer frente a esta situación, Greens Organise, el grupo que aupó a Polanski al liderazgo del partido, plantea celebrar una cumbre para abordar la crisis de los Gobiernos locales donde coordinar a todos sus concejales y ayuntamientos pudiendo plantearse “huelgas o incluso intentos colectivos de establecer presupuestos ilegales”, de cara a enfrentar las políticas de austeridad y el llamado equilibrio presupuestario impuesto por Londres.ii

Sin duda se planteará una importante batalla dentro del propio partido, donde existen concejales y cargos públicos que aspiran, y han actuado, siguiendo la lógica de la austeridad impuesta por el Gobierno central. Por eso mismo, tanto Polanski como su amplia base de apoyo en el partido deben adoptar ya con claridad una posición que rompa definitivamente con las políticas de austeridad, adoptando un programa anticapitalista, y organizando a la juventud y a la clase trabajadora en una batalla en las calles, mediante un movimiento de masas y la acción directa, para que los Ayuntamientos bajo su control se conviertan en un ejemplo de la alternativa que es posible levantar frente a laboristas y conservadores, y frente al discurso racista de Reform UK. ¡Nos jugamos mucho!
Frente al éxito del Green Party, tenemos el absoluto fracaso del Your Party de Jeremy Corbyn y Zarah Sultana que no ha podido presentar más que unas pocas candidaturas obteniendo unos resultados exiguos. Un reflejo de la falta de confianza en un proyecto, el de Jeremy Corbyn, que tuvo ya grandes oportunidades pero que fracasó incapaz de enfrentarse a las políticas capitalistas y a la burocracia laborista. Si a eso sumamos que el partido ha comenzado su andadura purgando a todas las corrientes y elementos más a la izquierda, este es el resultado. Un buen ejemplo del que sacar lecciones sobre cómo no construir una genuina alternativa de izquierdas.
Crisis capitalista y lucha de clases
Los datos electorales son la confirmación más rotunda de la crisis orgánica que atraviesa el régimen parlamentario británico. El voto conjunto de laboristas y conservadores alcanzó el 97% en 1951; en 2017 todavía sumaba el 82%; en 2024 cayó al 57%; las últimas encuestas lo sitúan ya en un 45% e incluso por debajo del 40%.i[ii] Esta crisis política se inscribe en un cuadro de profunda decadencia del capitalismo británico.

Pero es muy importante mirar más allá del escenario parlamentario. La masiva movilización antifascista del 28 de marzo, las gigantescas manifestaciones contra el genocidio sionista que han abarrotado Londres durante los dos últimos años, la oleada huelguística de 2023-2024 y la desobediencia civil masiva contra la criminalización de Palestine Action demuestran que hay un proceso de radicalización profundo entre los sectores más avanzados de la clase trabajadora y la juventud, y que explica el giro a la izquierda con el voto al Green Party.
Lo que está ocurriendo en Gran Bretaña es la expresión más nítida de las contradicciones del capitalismo, por un lado, una burguesía dispuesta a utilizar las armas más reaccionarias para sostener sus beneficios; por otro, una clase trabajadora y una juventud que comienzan a buscar una alternativa anticapitalista.
Pero hace falta dar un paso más, levantar una organización marxista revolucionaria que se proponga la transformación socialista de la sociedad y la expropiación de los grandes monopolios capitalistas que hacen jugosos negocios con la barbarie, la guerra y la miseria.
Notas:
[i]El nuevo partido de Corbyn y la lucha de clases en Gran Bretaña
ii Can Green councils avoid austerity?
i[ii]Medio millón se manifiestan contra el fascismo en Londres. Perspectivas para la lucha de clases en Reino Unido




















