Desde finales de mayo, las manifestaciones masivas se extendieron desde la ciudad portuaria de Vlorë hasta la capital, Tirana, y a través de su numerosa diáspora más allá de las fronteras de Albania. El motivo es la construcción de un monstruoso complejo turístico de lujo en la isla de Sazan y la laguna Vjosa-Narta, el último delta fluvial virgen de Europa, territorio natural protegido y hogar de cientos de especies animales, incluyendo focas, tortugas marinas y flamencos, que se han convertido en la mascota del movimiento y le dan nombre.
Para permitir la construcción de este y otros proyectos turísticos, el primer ministro Edi Rama aprobó una enmienda a la Ley de Áreas Protegidas de 2017, que entró en vigor en 2024. Este complejo turístico, ideado por Ivanka Trump, hija del presidente estadounidense, y financiado por fondos de inversión internacionales multimillonarios gestionados por su esposo, Jared Kushner, es el ejemplo más reciente y de mayor magnitud de una larga lista de casos de corrupción y venta de territorio nacional a capital extranjero perpetrados por el Gobierno del Partido Socialista —sucesor del Partido del Trabajo de Albania, el partido estalinista que gobernó el país durante décadas—, un partido socialdemócrata muy escorado a la derecha, en su cuarto mandato y que lleva 13 años en el poder.
Lo que comenzó como una campaña para defender estas regiones naturales vírgenes de la voracidad capitalista se ha convertido en una rebelión conocida como la "revolución del flamenco" contra la corrupción y el autoritarismo del Partido Socialista, la enorme influencia del capital imperialista depredador en el país y el creciente empobrecimiento de la clase trabajadora.

Una clase trabajadora maltratada por la restauración capitalista
El régimen estalinista de Enver Hoxha llevó la teoría del “socialismo en un país” al extremo, aislando a Albania del resto del mundo, incluyendo la Unión Soviética (1961) y China (1978). Las consecuencias fueron agravadas por la propia política de la burocracia del Partido del Trabajo de Albania, que dirigía con puño de hierro el Gobierno y el Estado. En lugar de utilizar los recursos del país para desarrollar los medios de producción, la burocracia los empleó en beneficio propio y en sus proyectos megalómanos. Como resultado, a principios de la década de 1990, Albania era el país más subdesarrollado y pobre de Europa, y fue arrastrada por la ola de restauración capitalista que arrasó el bloque soviético.
Entre 1990 y 1992, grandes empresas estatales y tierras fueron privatizadas a precios irrisorios, muchas de ellas a capital extranjero, y las cooperativas agrícolas fueron disueltas. La riqueza se concentró en manos de un puñado de capitalistas. El impacto de la restauración capitalista fue brutal: la producción se redujo a la mitad, el desempleo se disparó del pleno empleo al 30%, y la inflación alcanzó cifras de tres dígitos[1]. A mediados de esa década, miles de trabajadores, condicionados por la abrumadora propaganda procapitalista en medio del desastre del legado estalinista, fueron atraídos por esquemas piramidales dirigidos por la oligarquía, que llegaron a representar la mitad del PIB del país. Cuando estalló la burbuja, arrastró a amplios sectores de la población trabajadora a la pobreza.
Desde entonces, los dos principales partidos capitalistas, el Partido Socialista (PS) y el Partido Democrático (PD) —conservador—, se han alternado en el poder sin mejorar las condiciones de vida de la población. Ambos coinciden en promover la turistificación de la economía, y sus líderes forman parte de la oligarquía para la que han gobernado, con frecuentes escándalos de corrupción y abuso de poder, incluyendo la venta de tierras a capital extranjero. La entrada en la Unión Europea ha sido vendida a la clase trabajadora por la clase dirigente como la panacea para todos sus problemas, pero solo ha servido para abrir aún más el país a las privatizaciones y al capital extranjero, con el fin de satisfacer el modelo neoliberal del bloque europeo.
El inicio de la guerra en Ucrania y el consiguiente aumento especulativo de los precios del combustible y los alimentos elevaron el costo de vida y desencadenaron una ola de protestas en 2022. Las protestas también terminaron adoptando demandas contra la corrupción, pero finalmente fueron cooptadas por el PD en la oposición para exigir la renuncia de Edi Rama.

La guerra en Irán, librada este año por Israel y Estados Unidos, ha incrementado nuevamente el costo de vida para una población en la que una quinta parte vive por debajo del umbral de la pobreza y dos quintas partes están en riesgo de pobreza[2].
El régimen capitalista solo ha traído miseria —y emigración masiva— a la juventud y la clase trabajadora albanesas. Ya no se hacen ilusiones de que ninguno de los dos partidos principales pueda gobernar según sus intereses y buscan una salida a este sistema.
La “revolución de los flamencos”: un gran paso adelante en la lucha contra los partidos burgueses
Para desatar el malestar masivo, acumulado durante décadas, hacia este sistema y sus partidos, bastó con un vídeo viral de un hombre que protestaba contra el complejo turístico siendo agredido y arrastrado por guardias de seguridad privados, ante la mirada impasible de la policía estatal.
Las protestas llegaron rápidamente a Tirana y se han sucedido diariamente sin interrupción durante más de un mes en su plaza central.
El movimiento comenzó exigiendo no solo el fin del proyecto, sino también la dimisión del primer ministro Edi Rama y su Gabinete. El aumento de la concienciación en comparación con movimientos anteriores es notable, y existe un claro entendimiento de que el otro partido de la burguesía, liderado por Sali Berisha —ni más ni menos que el presidente de Albania de 1992 a 1997 y que tuvo que dimitir tras el estallido social provocado por la estafa piramidal que bajo su mandato alentó— tampoco será la solución. Gritos de "¡Rama a la cárcel, Berisha a la cárcel! ¡Revolución, revolución!" resuenan en las calles.
Sin una organización centralizada, trabajadores, organizaciones ecologistas, pequeños partidos de oposición y colectivos de izquierda se han organizado y movilizado a través de las redes sociales. Los jóvenes han liderado las protestas y, como en otros movimientos encabezados por la Generación Z, las banderas de Palestina y One Piece también están presentes, demostrando el carácter internacionalista de la lucha por la emancipación de un sistema inherentemente autoritario y corrupto. La respuesta inicial del Gobierno fue recurrir a teorías conspirativas sobre "mercenarios digitales" y "agentes patrocinados por el Estado", "incluidos los de Irán", para explicar las manifestaciones.
Cuando el intento de sofocar las protestas con cañones de agua fracasó el 3 de junio, alimentando la movilización de los días siguientes, el Gobierno adoptó la estrategia de ignorar las protestas.

La «revolución de los flamencos» no es un hecho aislado, sino parte de una ola más amplia de protestas que recorrió los Estados de la antigua Yugoslavia y otras partes de los Balcanes. Desde 2024, se ha gestado en Serbia un poderoso movimiento contra su Gobierno corrupto, cuyo detonante fue el derrumbe de una estación de tren y la muerte de 16 personas, consecuencia del uso de materiales de mala calidad en la construcción para maximizar las ganancias, con probable corrupción gubernamental en la selección de la constructora. Inicialmente liderado por jóvenes serbios y posteriormente por trabajadores de la educación, la salud y otros sectores, la combatividad del movimiento escaló desde protestas masivas, pasando por ocupaciones de ayuntamientos y carreteras, hasta llegar a huelgas generales sectoriales. El presidente Aleksandar Vučić se vio obligado recientemente a presentar su dimisión en un intento por contener la fuerza del movimiento, que se ha mantenido activo durante dos años.[3]
La clase trabajadora albanesa sin duda ha aprendido lecciones de estos movimientos. Su objetivo debe ser intensificar la lucha, consolidar el movimiento como una clase trabajadora organizada y avanzar con un plan de lucha y una lista de demandas debatidas democráticamente en los centros de trabajo. Este plan, entre otras medidas, debería recoger la nacionalización de la tierra y las empresas en manos del capital extranjero y nacional, para ponerlas bajo el control democrático de los trabajadores. Solo así se podrá frenar a las oligarquías nacionales, al capital imperialista depredador y a sus Gobiernos clientelistas, y avanzar en la conquista de mejores salarios y otros derechos para alcanzar una vida digna.
Notas:
[1]The Rise and Fall of the Pyramid Schemes in Albania
[2]Understanding Poverty and Social Exclusion in Albania Through SILC Indicators
[3] Serbia’s protesters press on even after Vucic promises to step aside



















