Alternativa para Alemania (AfD) ha ganado por goleada las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt celebradas el 6 de septiembre con un 43,8% de los votos, 23 puntos porcentuales más que en las anteriores, quedándose a las puertas de la mayoría absoluta, a tan solo 3 diputados. Por primera vez desde el ascenso del nazismo la posibilidad de que un partido de extrema derecha pueda gobernar está encima de la mesa.
No solo ha superado en once puntos su propio techo electoral en Turingia en 2024, sino que ha logrado los mejores resultados de un partido en Sajonia-Anhalt desde la reunificación. Todo ello con una participación récord del 77,8%.
Un resultado tan contundente y una polarización de este calibre no se deben simplemente a que AfD sea mejor manejando las redes sociales, a las fake news o a que Ulrich Siegmund, su candidato, tuviera mayor carisma, tal y como plantean de forma peregrina algunos medios de comunicación.

Esta formación ultraderechista consigue 354.550 votos más que en 2021, de los que algo más de 100.000 según estimaciones de los medios burgueses provienen de los partidos de la derecha tradicional -probablemente sean más- principalmente de la CDU, y el resto, 170.000, de la abstención. Miles de personas que, en otras ocasiones, se habrían quedado en casa, esta vez han votado indignadas a esta supuesta “alternativa”.
Una caída de 19 puntos porcentuales para la CDU se traduce en 168.188 votos menos. «La derrota más dura en décadas», como el propio Merz tuvo que admitir, y la segunda mayor pérdida de votos en la historia de la República Federal. A pesar de un ligero aumento del SPD, del 8,4% (89.475 votos) al 9,3% (122.303 votos), el resultado general para el Gobierno federal no podría ser peor.
Los Verdes también aumentaron su porcentaje de votos, casi duplicándolos de 63.145 a 117.498. Pero nada puede ocultar el hecho de que, incluso juntos, ¡SPD y Verdes obtuvieron menos de la mitad de los votos de la AfD! No es de extrañar: el SPD, como miembro del Gobierno, es coautor de las actuales políticas de recortes y contrarreformas, y los Verdes, mientras hablan en el Bundestag sobre desgravaciones fiscales para los empleados, se alinean con los sectores más belicistas en su exigencia de una "política exterior activa" y en la defensa de los "valores fundamentales" frente a Rusia.
El BSW finalmente logró entrar en el Parlamento con poco menos del 5,27% de los votos y ya ha anunciado que entablará conversaciones con la AfD o, al menos, se abstendrá de votar para que la AfD pueda gobernar. En particular, en materia de inmigración, se han inclinado cada vez más hacia la extrema derecha y han combinado reivindicaciones sociales abstractas con posturas abiertamente racistas durante su campaña electoral.
Salto de la ultraderecha y crisis de la democracia burguesa
Estas elecciones regionales suponen un hito histórico, un salto cualitativo. Sajonia-Anhalt no es más que la punta del iceberg. En Turingia, también en el Este, AfD aspira a que se convoquen nuevas elecciones tras el colapso del grupo parlamentario de BSW, y del Gobierno de coalición en dicha región, pudiendo obtener hasta el 40% de los votos.
Para las elecciones regionales del próximo 20 de septiembre en Mecklemburgo-Pomerania Occidental las encuestas pronostican un 35% para la ultraderecha —que sería primera fuerza por encima del SPD— y un nuevo hundimiento de la CDU, que podría obtener los peores resultados de su historia, por debajo del 8%.
A nivel nacional esta formación de extrema derecha se sitúa como el primer partido en intención de voto (con el 27- 28%), seguida de la CDU-CSU (20-22%). Incluso en Berlín, donde las encuestas pronostican una victoria de Die Linke, y donde la izquierda podría gobernar, AfD alcanzaría hasta un 18% de los votos.
Pero más importante aún que los resultados de las encuestas es su creciente influencia en las calles: organiza fiestas populares masivas y movimientos juveniles más allá de sus campañas electorales, y todo ello sobre la base de reivindicaciones políticas que están muy lejos de “moderarse”. Al contrario.
Entre sus reivindicaciones durante la campaña electoral figuraban: la creación de un “grupo de trabajo para la deportación”, la supresión del derecho fundamental al asilo, la “remigración” de “refugiados de otras culturas” y “ciudadanos no asimilados”, banderas alemanas y guardias de seguridad en los colegios, la creación de una milicia ciudadana, la modificación de los planes de estudios sobre el Imperio Alemán y el nazismo, la presión sobre restaurantes y comercios extranjeros… El programa electoral más de extrema derecha con el que el partido se ha presentado jamás.

Su candidato en Sajonia-Anhalt lo es a su vez el del ala más fascista del partido. Por ejemplo, intervino en una reunión secreta de neonazis celebrada en Potsdam a finales de 2023, en la que también participaron empresarios y miembros de la CDU, donde elaboraron un plan para expulsar inmediatamente de Alemania a más de un millón de inmigrantes. Esto no significa que no sigan existiendo contradicciones en su seno entre un ala más abiertamente fascista y otra más autoritaria al estilo de Orban o Meloni.
En tan solo 13 años, AfD ha pasado de ser un pequeño partido, principalmente euroescéptico, a convertirse en un fenómeno de masas de extrema derecha que simpatiza abiertamente con grupos y redes neonazis. Se trata del ascenso más vertiginoso de un partido de esta naturaleza desde la época de Hitler.
Su base social también es comparable a la del fascismo clásico de los años 30 del siglo pasado. Por un lado, capas desclasadas de la pequeña burguesía, arruinadas por el gran capital y, por otro, sectores de dichas capas medias, pequeños y medianos empresarios, que sí se están enriqueciendo, que tienen un interés económico en la explotación y la privación de derechos cada vez más intensas de la clase obrera migrante. A ellos se suman sectores desmoralizados de trabajadores y capas de la burocracia estatal, especialmente entre las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, o en el ámbito militar.
Como ocurrió durante la República de Weimar, una parte fundamental de los sectores ganados por estos ultraderechistas son la base social tradicional de la derecha conservadora, en este caso de la CDU-CSU y del Partido Liberal, un proceso similar al ocurrido con Hitler y los nazis cuando arrancaron un importante apoyo entre los votantes de las formaciones de la derecha tradicional. Dinámicas similares a las que vivimos en los años 30, se están produciendo ahora, fruto de la crisis económica, de la austeridad salvaje, de una creciente desigualdad, de las políticas de rearme y de la completa bancarrota política del SPD y de sus Gobiernos de coalición con la CDU.
Pero aquellos que se extrañan sobre estos resultados solo tienen que ver la acción de gobierno de conservadores y socialdemócratas, tanto en Alemania como en el conjunto del continente europeo. Todos ellos reproducen al pie de la letra los argumentos de la ultraderecha contra la inmigración, asimilando su discurso.
¿Cómo no va a avanzar la demagogia de la extrema derecha neofascista, incluso entre sectores de la clase obrera golpeados duramente por las políticas capitalistas de esos Gobiernos al servicio exclusivo de la plutocracia financiera?
Según algunas encuestas, los resultados de Sajonia-Anhalt lo confirman: ¡Un 52% de los autónomos y un 59% de los trabajadores votaron a AFD!
Aquellos que se sorprenden por el fracaso de los supuestos “cordones sanitarios” contra la extrema derecha, del que Alemania es un supuesto ejemplo, obvian que dichos “cordones” hace mucho que han sido traspasados, en primer lugar en la propia UE, donde el Partido Popular Europeo, y también la socialdemocracia, gobiernan de la mano de la ultraderecha.

La austeridad capitalista allana la demagogia parda de AfD
La crisis capitalista, la guerra imperialista y el rearme están acelerando este giro a la derecha entre sectores de la burguesía y las capas medias, con total independencia de la voluntad de los políticos individuales.
En Alemania el año pasado cerraron 188.000 empresas, un 10% más que en 2024. Solo el 23% de las empresas califica su situación económica como buena. Gigantes tradicionales como VW están eliminando cientos de miles de puestos de trabajo —han anunciado el cierre de 4 fábricas en Alemania— y las exportaciones se desploman.
Además, el Gobierno de coalición del SPD y la CDU ha capitulado ante Washington y Tel Aviv, tanto en su respaldo sin fisuras al genocidio sionista en Gaza como en su agresión militar contra Irán y su defensa del Gobierno ultra de Zelenski. Una estrategia que ha tenido consecuencias catastroficas para la economía, y que se profundizará con las políticas de mucha más austeridad y rearme militar.
El Gobierno de Merz junto al SPD ha puesto en marcha el mayor programa de recortes desde la Segunda Guerra Mundial, mientras que los dividendos de los inversores permanecen intocables. Al mismo tiempo se plantea un salvaje programa de rearme que no tiene precedentes desde la subida de Hitler al poder, y que sitúa al país germánico en el cuarto del mundo en gasto militar: se calcula que en 2029 podría alcanzar los 189.000 millones de dólares, más del triple que en 2022, regando de dinero publico a los grandes monopolios capitalistas alemanes.
El actual Gobierno de coalición capitalista ha aprobado elevar la edad de jubilación a los 70 años, suprimir la prestación por cuidados, eliminar la jornada de 8 horas y la semana laboral de 40 horas, permitir los contratos temporales sin causa justificada y recortar aún más el presupuesto estatal de educación y sanidad hasta su colapso. Y es en este contexto en el que ultraderecha se presenta demagógicamente como una opción de oposición frente a esta catástrofe, planteando un discurso nacionalista beligerante, ¡los alemanes primero!, y señalando al inmigrante como el enemigo a batir. Lo mismo que hizo Hitler en medio de la dura austeridad de los años 30, situando como enemigo “al judío capitalista y bolchevique”.
Además, AfD dice estar en contra de la desindustrialización (sin explicar por qué ocurre) y exige la paz y que se deje de gastar dinero en Ucrania (exigiendo que se restablezcan las relaciones económicas con la Rusia de Putin). La AfD aboga por la paz, pero en realidad solo busca un imperialismo alemán más independiente de Estados Unidos y que coopere con la Rusia de Putin, cuyo modelo estatal y social reaccionario goza de considerable simpatía dentro de la AfD. Además reclama, por ejemplo, plazas gratuitas en guarderías y centros de día en Sajonia-Anhalt pero solo para los alemanes. Por supuesto, aboga por una reducción de los impuestos para las grandes empresas o propaga las bondades del “libre mercado”. Como el resto de formaciones de la ultraderecha mundial, Alternativa para Alemania es un producto depurado de las élites capitalistas.
Es tan evidente que esta demagogia social se alimenta de los duros recortes y de las políticas de austeridad del Gobierno burgués de la CDU y el SPD.

Sin un partido de los trabajadores que defienda la lucha de clases y, al mismo tiempo, canalice con un programa socialista y anticapitalista la ira justificada de millones de personas, el veneno del racismo y del nacionalismo populista resulta, muy eficaz: el 65% de los votantes en una situación económica precaria han votado a AfD y un gran flujo de sus apoyos ha venido de personas que no solían votar.
Por ello, la izquierda revolucionaria y el movimiento antifascista deben poner en primer plano las reivindicaciones de clase que combatan directamente la austeridad, la colaboración política con los capitalistas y ponga la lucha de masas en el centro de la ecuación.
Perspectivas
Independientemente del Gobierno que finalmente se forme en Sajonia-Anhalt, y de cómo se desarrollen las próximas elecciones regionales, la coalición CDU-SPD parece incapaz de estabilizar la situación.
En las últimas semanas hemos asistido a una ola sin precedentes de chovinismo y belicismo con motivo de los supuestos ataques de Rusia. El objetivo: desviar la atención hacia el “enemigo exterior” y avivar una nueva ola de “unidad nacional”. Sin embargo, no parece que esta estrategia le esté funcionando: el 83% de los encuestados está insatisfecho con Merz y el 85% con el Gobierno. Es la peor cifra jamás registrada por un canciller.
Numerosas voces están pidiendo ya la cabeza de Merz y que sea sustituido por otro dirigente de la CDU. El Gobierno está en una situación cada vez más precaria. La erosión de la base electoral de la CDU-CSU, que se está pasando masivamente a AfD, es cada vez más crítica y alarmante. La posibilidad de un Gobierno federal con la ultraderecha crece con fuerza en la principal potencia de la UE. Algo que se suma a las perspectivas en Francia, donde Le Pen lidera las encuestas para las presidenciales.
¿Un Gobierno de AfD en Sajonia-Anhalt o a nivel federal significaría el establecimiento inmediato de un régimen dictatorial y al desmantelamiento de todas las libertades democráticas? Creemos que sería difícil un escenario así a corto plazo, pero eso no significa que avanzaría de manera rápida hacia medidas totalitarias y bonapartistas que representan una amenaza muy seria para la clase obrera y la juventud alemana y de todo el continente europeo.
Lo más probable es que Alternativa para Alemania, al estilo de Trump, maniobre entre las instituciones, impulse con mayor intensidad la reestructuración autoritaria del Estado —que ya comenzó bajo la “Coalición del Progreso” de Olaf Scholz— y experimente hasta dónde puede llegar para imponer su agenda totalitaria y represiva. La situación sigue muy abierta, pero debemos estar preparados.
Un factor central, como estamos viendo en los casos de EEUU, Italia o en la Argentina de Milei, es la resistencia en las calles que sí está encontrando la ultraderecha, y el hecho de que la clase obrera y la juventud no haya sufrido hasta ahora una derrota decisiva que suponga su aplastamiento y la destrucción de sus organizaciones. En Alemania, a pesar de las dificultades, también vemos elementos claros de dicha resistencia, como la manifestación de 15.000 personas en el Estado de Sajonia-Anhalt previa a las elecciones, las manifestaciones multitudinarias que han congregado a más de 150.000 personas por numerosas ciudades de Alemania tras los resultados en dicho Estado, el movimiento que se ha levantado contra el genocidio sionista en Gaza a pesar de la brutal criminalización desatada contra el mismo o las masivas huelgas estudiantiles contra el servicio militar obligatorio, que continuarán este otoño.
¿Podrá AfD, una vez en el Gobierno, resolver las contradicciones que han socavado el dominio de los antiguos partidos? Por supuesto que no. Eso solo se puede conseguir con la ruptura revolucionaria con el sistema capitalista, al que la ultraderecha sirve pese a su demagogia. Sin embargo, sería ingenuo confiar en que AfD, una vez en el Gobierno, se “desinfle” automáticamente. Se han sentado las bases para que la extrema derecha siga avanzando en toda Alemania, y la crisis no hará más que acelerar este proceso, impulsando y agravando la lucha de clases como no se había visto desde los años 30.

El papel de Die Linke. ¡Combatir a AfD y los recortes levantando una política revolucionaria y con la huelga general!
El partido escindido de Die Linke —el BSW— vuelve a revelarse como un callejón sin salida. La estrategia de Wagenknecht de ganar votos cediendo ante las posturas racistas de la AfD ha fracasado estrepitosamente, alentando aún más ideológicamente a AfD.
Por otro lado, Die Linke, que en este proceso de polarización cada vez más extrema continúa creciendo electoralmente, y se sitúa como primera fuerza en las próximas elecciones en Berlín, sigue limitándose principalmente a la acción parlamentaria. Es cierto que se oponen a los recortes del Gobierno, pero no acompañan dicha oposición de un plan de lucha y de un llamamiento a los sindicatos y a sus bases para impulsar la huelga general. Su propia política “realista” en el Este, de gestión capitalista, ha ayudado al fuerte ascenso de la extrema derecha en dichos Estados.
La dirección del Partido de la Izquierda se alinea completamente con el supuesto 'bloque de los demócratas' junto a los partidos burgueses, mientras que su campaña electoral se limita principalmente al llamamiento moral a votar 'democráticamente' contra la AfD (que el voto 'democrático' vaya específicamente a La Izquierda, a Los Verdes o al FDP es, por supuesto, irrelevante dentro de esta lógica).
Apenas una hora después de la publicación de los resultados electorales de Sajonia, la dirección de Die Linke se apresuró a anunciar que están “en principio dispuestos a mantener conversaciones sobre la formación de un Gobierno al margen de la AfD”. “Quieren hablar con todas las fuerzas democráticas sobre cómo mejorar la vida de la gente y defender la democracia”. ¿Se olvidan que han sido precisamente la CDU-CSU y el SPD, en coalición desde hace más de una década, los que en medio de una creciente crisis capitalista han abierto las puertas a la ultraderecha de AfD?
Die Linke vuelve a repetir el error histórico del Frente Popular, es decir, la idea de que, ante el auge del fascismo, las fuerzas de izquierda deben colaborar con los partidos tradicionales de la democracia burguesa para frenarlo. Pero la realidad, como hemos venido señalando, es que esos partidos de la derecha tradicional giran cada vez más hacia la ultraderecha, asumiendo sus postulados y su discurso.
Otra idea que se plantea es que hay que apoyarse en el aparato del Estado para frenarlos, proponiendo recurrir a las instituciones burguesas para ilegalizar a AfD. Estas mismas ideas ya se plantearon en los años 30 ante el auge del partido nazi, cosechando un estrepitoso fracaso. La socialdemocracia delegó en la policía, los jueces o el ejército, que se pasaron con armas y bagajes al bando de Hitler. El propio aparato del Estado, como se ve hoy en EEUU y otros países donde la ultraderecha ha llegado al Gobierno, está virando bruscamente hacia posiciones autoritarias y cada vez más ultraderechistas, incrementando la maquinaria de represión, el ICE es un ejemplo paradigmático, y reprimiendo a fondo a las organizaciones de la izquierda combativa.

Mientras que AfD hacía campaña con lemas como “Resistencia en las urnas”, los principales lemas de Die Linke eran “La patria es para todos” y “Nunca más es ahora”. ¡Ni una palabra sobre los ataques sociales, la desindustrialización o el rearme en la lucha contra AfD! Una realidad que ha facilitado la penetración ultraderechista entre importantes sectores de la clase obrera, especialmente en el Este, donde la pobreza, la desigualdad y la precariedad son mayores y donde contrarreformas como la de las pensiones perjudican aún más a los trabajadores.
Lo que necesitamos es levantar una resistencia activa de masas en las calles, planteando la necesidad de la huelga general ya, tanto para enfrentar el salvaje plan de recortes del Gobierno como para impedir los ataques a nuestros derechos democráticos y para combatir a AfD y su discurso racista y ultraderechista.
Un plan de acción que unifique en la lucha a las y los trabajadores alemanes y migrantes, que tienen un importante peso en amplios sectores de la economía alemana, y que señale al enemigo común, los grandes monopolios capitalistas, que a pesar de la crisis se siguen forrando con los planes de austeridad y sus políticas de rearme. Hay que impulsar dicha movilización levantando un programa anticapitalista y socialista que exija:
-¡Revocar los recortes y el plan de contrarreformas! ¡En defensa de los servicios públicos! ¡Abajo los planes de rearme! ¡Ni un euro público para los monopolios capitalistas y la militarización!
-Evitar la desindustrialización y la destrucción de puestos de trabajo. ¡No al cierre de empresas! ¡Empresa cerrada, empresa nacionalizada!
-Luchar contra AfD, contra su racismo, su machismo y su homofobia. Defender a nuestras hermanas y hermanos inmigrantes. ¡Nativa o extranjera, la misma clase obrera!
-¡No a los ataques contra los derechos democráticos! ¡Depuración del aparato del Estado de elementos fascistas! ¡No a la criminalización de las protestas en solidaridad con Palestina!
-Por un programa socialista para combatir al fascismo: nacionalización de las industrias clave, expropiación de los bancos y las grandes empresas bajo control democrático de los trabajadores.




















